22 de septiembre del 2018
#MeToo, después de la tormenta
Archivo Particular
13 de Septiembre de 2018
Por:
Catalina Barrera

El movimiento que tomó forma en redes sociales y destapó cientos de acusaciones de abuso sexual logró acabar con la imagen y hasta con la carrera de decenas de artistas del mundo del espectáculo. ¿Qué pasa con quienes cayeron en la ‘boca del lobo’?

#MeToo, después de la tormenta

El 15 de octubre de 2017, la actriz estadounidense Ayssa Milano publicó en su cuenta de Twitter: “Si has sido acosada o abusada sexualmente, escribe ‘Me too’ (Yo también) como respuesta a este tuit”. Fue suficiente para partir en dos la historia del mundo del espectáculo de Hollywood. Bastaron apenas 24 horas para que su publicación tuviera casi 50.000 réplicas y para que la etiqueta #MeToo se usara casi 500.000 veces. Ese día, Milano abrió la puerta a la denuncia pública en redes sociales.

 

Pronto, la etiqueta se convirtió en un movimiento y las denuncias se escucharon de voces de reconocidas actrices, como Salma Hayek, Ashley Judd y Annabella Sciorra. Cientos de actrices se sumaron al movimiento y usaron sus cuentas de redes sociales para hacerlo ‘oficial’, para que el mundo conociera que fueron víctimas de abuso sexual. Los acusados terminaron siendo grandes figuras de la industria cinematográfica, como el reconocido productor Harvey Winstein. Las denuncias colectivas contra el magnate hicieron que su emporio, construido alrededor del estudio cinematográfico The Weinstein Company, se desmoronara en menos de un año y que él esté expuesto a ser condenado a cadena perpetua.

 

A principios de 2018, los diarios The New York Times y The Washington Post recibieron el Premio Pulitzer al Servicio Público por sus informes sobre el abuso sistemático contra mujeres que Weinstein ejerció. Una de las galardonadas fue Melena Ryzik, periodista cultural de The New York Times, coautora de investigaciones sobre el comediante Louis C.K. y Russell Simmons, magnate del hip hop.

 

La reportera aseguró a REVISTA CREDENCIAL que “muchos de los hombres prominentes en la industria del entretenimiento que enfrentaron acusaciones creíbles de mala conducta fueron destituidos o renunciaron a sus trabajos y no hay duda de que algunos de estos hombres han perdido posición social. Pero hasta ahora solo una persona, Harvey Weinstein, ha sido arrestada y acusada en el sistema judicial, aunque la Policía en todo el país continúa investigando a otros presuntos autores, como Russell Simmons”.

 

El tribunal de la opinión

 

La lista de hombres señalados desde el 15 de octubre pasado se suma por cientos. Se han enfrentado por los menos a una denuncia pública en redes sociales personajes de la talla de Woody Allen, Dustin Hoffman, Oliver Stone, Kevin Spacey, Kirk Douglas, Ben Affleck y Morgan Freeman. A ellos se suman Mario Batali, James Toback, Ryan Seacrest, Aziz Ansari, Charlie Rose, Matt Lauer, Garrison Keillor, James Franco, Gary Oldman, Brett Ratner, Chris Savino, John Besh, Terry Crews y Steven Seagal.

 

Las consecuencias, aunque no han sido judiciales, sí han dejado a muchos desterrados de Hollywood. A raíz de varios señalamientos, el actor Kevin Spacey, famoso por su papel de Frank Underwood, fue despedido de la serie House of Cards en noviembre del año pasado. Además, se eliminaron las escenas de Todo el dinero del mundo, filme de Ridley Scott, donde fue reemplazado por Christopher Plummer.

 

Ese mismo mes, el presentador de televisión Charlie Rose fue retirado por la cadena CBS debido a los señalamientos de acoso sexual hechos por ocho de sus presuntas víctimas. Por la misma época, el estudio Warner Bros. anunció la ruptura de su relación empresarial con el director y productor Brett Ratner, tras conocerse varias acusaciones de agresión sexual en su contra, que van desde comportamientos inapropiados hasta violaciones.

 

Como estos, varios artistas han resultado envueltos en un sinnúmero de acusaciones mediáticas. Sin embargo, la mayoría ha sido el resultado de un diálogo en redes sociales que no ha logrado llegar a los estrados judiciales. Para Susan Bisom-Rapp, decana asociada y profesora de la Facultad de Derecho Thomas Jefferson en San Diego, California, “las redes sociales fueron una forma poderosa de galvanizar y expandir un movimiento dirigido a la justicia social y a la dignidad en el lugar de trabajo. Pero la mayoría de las acusaciones no resultan en cargos judiciales”.

 

Evan Nierman, fundador de Red Banyan, empresa de relaciones públicas especializada en crisis, cree que “si bien las redes sociales desempeñan un papel importante al dar voz a miles de mujeres y hombres que han sido víctimas de mala conducta sexual, se requerirá un esfuerzo concertado y un cambio en nuestra cultura para lograr una solución significativa al problema de la discriminación de género y acoso sexual. Las redes sociales son el amplificador de las quejas, pero también pueden ser un medio para ataques personales injustificados e inmerecidos y para el asesinato de la reputación”.

 

Y aunque varios de esos artistas han roto el silencio y se han pronunciado públicamente al respecto, las acusaciones no dejan de ser una oportunidad para que las organizaciones en las que trabajan los dejen en el olvido.

 

El caso más reciente es el del reconocido actor y director estadounidense Morgan Freeman, quien ofreció disculpas tras las acusaciones de acoso sexual de ocho mujeres. “Cualquiera que me conoce o ha trabajado conmigo sabe que no soy alguien que intencionalmente ofendería o haría sentir incómodo. Me disculpo con cualquiera que se haya sentido incómoda o irrespetada, nunca fue mi intención”, aclaró.

 

Este comportamiento se ha vuelto uno de los únicos salvavidas que tienen los artistas luego de ser bombardeados en redes sociales, justificada o injustificadamente. Al respecto, Nierman afirma que “los acusados de conducta sexual inapropiada generalmente tienen tres opciones: ignorar las acusaciones y esperar que se vayan; disculparse y trabajar para redimirse, o, si fueron acusados injustamente, luchar por la verdad. Aunque cada situación es diferente, esconder la cabeza en la arena nunca es una buena estrategia”.

 

Justicia por mano propia

 

La instigación en redes sociales no solo parece ser una manera de alzar la voz contra los presuntos agresores, sino también para alegar por mano propia contra el sistema judicial de Estados Unidos. Según Bisom-Rapp, la protección legal contra las represalias que pueden enfrentar las mujeres que denuncian es muy débil. Además, las víctimas de hostigamiento deben radicar una queja interna a sus empleadores antes de presentar un caso ante el tribunal o se podría desestimar su caso. Dado que las quejas conducen a represalias, las víctimas simplemente se quedan calladas y se niegan a presentarse.

 

Existen otros requisitos legales que son difíciles de cumplir. Por ejemplo, que las víctimas deban mostrar que el hostigamiento fue severo o generalizado, por lo que los jueces interpretan esos requisitos para que sea extremadamente difícil que las víctimas insistan.

 

A esta opinión se suma Sandra Sperino, profesora de la Facultad de Derecho de la Universidad de Cincinnati. “Es muy difícil para alguien presentar un reclamo en un tribunal civil y ganar. Los procesos administrativos y judiciales son largos y existen muchos obstáculos legales”, advierte.

 

Y si bien todos los expertos consultados coinciden con que las celebridades acusadas públicamente de conducta sexual inapropiada corren el riesgo de perder el mayor activo, su reputación, las consecuencias aún no son claras. Según Sperino, “es demasiado pronto para decir qué efecto tendrá el movimiento #MeToo en el sistema legal de Estados Unidos. No está claro cuántas víctimas de acoso sexual presentarán demandas civiles y cómo los tribunales responderán ante ellas”.

 

Lo cierto es que, como dice Rachel Arnow-Richman, profesora y directora del programa de Ley del Trabajo de la Universidad de Denver, “ ‘perder’ a algunas de estas personas puede abrir la puerta a nuevos y diversos artistas y líderes de la industria, particularmente mujeres, que han sido maltratadas o simplemente han sido ignoradas en una industria controlada por ‘grandes’ hombres”.

 

 

*Publicado en la edición impresa de agosto de 2018.