11 de diciembre del 2019
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15 de Diciembre de 2017
Por:
Catalina Barrera

Los métodos de reproducción asistida han evolucionado a pasos agigantados en los últimos 30 años. ¿Cómo funcionan los tratamientos para lograr un embarazo cuando este no se consigue de forma natural debido a problemas de fertilidad?

Los hijos de la ciencia

La primera bebé “hecha en laboratorio” en Colombia nació en 1985. El responsable de esta hazaña fue el doctor Elkin Lucena, pionero en reproducción asistida en el país. Ese año algunos lo juzgaron por creerse Dios. Sin embargo, quienes no lo hicieron acudieron a él para ganarle la batalla a la infertilidad.

En ese entonces las clínicas de reproducción asistida en Colombia eran pocas, los costos eran elevados y las tasas de embarazos exitosos oscilaban entre el 10% y el 15%. Pero luego de ese primer nacimiento, el concepto de “familia tradicional” tuvo un cambio de 360 grados.

Mujeres u hombres pueden convertirse en madres o padres solteros; parejas homosexuales considerar la idea de tener un hijo sin adoptarlo y con su propio material genético; parejas heterosexuales con problemas de fertilidad conservar la esperanza de quedar en embarazo.

En el mundo de la ciencia hay dos grandes técnicas de reproducción asistida que, a su vez, permiten diferentes opciones para engendrar un hijo.

El primer método, poco utilizado en la actualidad por la baja tasa de embarazo que tiene, es la inseminación artificial, que consiste en poner semen de donante dentro del útero y esperar “naturalmente” que un espermatozoide alcance el óvulo y lo fecunde.

El segundo es la fecundación in vitro, o ICSI (en inglés, intracytoplasmic sperm injection), que consiste en inyectar un espermatozoide al óvulo. Este método es el más común y efectivo dentro de las técnicas de reproducción asistida actuales, pues arroja una tasa de alrededor del 75% de embarazos exitosos. El médico especialista en reproducción asistida, Ignacio Madero, explica que en el ICSI se utilizan medicamentos para estimular la ovulación múltiple, obtener de esos folículos los óvulos y a cada uno inyectarle un espermatozoide. Una vez el óvulo es fecundado, empieza el día cero. A partir de ahí se puede esperar al día tres (en estado de mórula) o día cinco (en estado de blastocisto) para que el embrión sea transferido al útero.

Además de aumentar la tasa de embarazo sustantivamente, esta técnica ha permitido otros avances. Cuando apareció el ICSI también empezaron a aparecer los embarazos múltiples. Mellizos, trillizos y hasta cuatrillizos venían al mundo gracias a la nueva práctica de laboratorio. Esto sucedía debido a que varios óvulos eran inyectados con espermatozoides, y esos embriones se transferían al útero de la mujer. De esa práctica resultaba que uno o más se implantaran en la pared del útero. Hoy, un tratamiento de fecundación in vitro puede costar entre 6 y 10 millones de pesos.

El mágico día cinco

Desde que las técnicas de laboratorio permitieron que se desarrollara el óvulo fecundado al día cinco, formando el blastocisto, los embarazos han sido más efectivos. “En un principio se hacían transferencias de embriones múltiples en el estadio del desarrollo de día 3 (mórula), es decir, con un desarrollo de 6 a 10 células. Con el avance en los medios de cultivo y el mejoramiento de las tecnologías en el laboratorio, hoy transferimos embriones de día 5 de desarrollo (blastocisto). Ese es el embrión fundamental para iniciar el desarrollo de un embarazo que termine en un ser humano normal”, dice Lucena.

Esta práctica no solo ha aumentado las tasas de éxito sino que ha permitido una nueva técnica que se conoce con el nombre de PGD, o diagnóstico genético preimplantación. Con este método se han podido determinar enfermedades transmisibles en los embriones, como la hemofilia, antes de que el embarazo suceda. A los embriones en día 5 se les hace una biopsia, es decir, se les retira una célula y de ahí se extrae el ADN. Con ese estudio molecular se puede determinar el género del bebé y una enfermedad específica. Generalmente se hace la prueba en diferentes embriones y se descartan los que tengan alguna enfermedad. Los demás se transfieren al útero para empezar el ciclo normal del embarazo.

Opciones para todos

Diferentes familias significan diferentes situaciones. Gracias a la ciencia, las parejas han podido experimentar nuevos métodos para convertirse en padres. Estos son algunos casos que se pueden presentar y que la ciencia soluciona por medio del ICSI.

Hombre soltero

Se extrae semen del solicitante para que los espermatozoides, con su material genético, sean implantados en un óvulo obtenido en el banco de óvulos. Ese embrión, en día 3 o 5, es transferido a una madre subrogada (la madre que presta el vientre).

Mujer soltera / Pareja heterosexual con deficiencia del hombre

Por medio de medicamentos se estimula la producción de óvulos. Se inyecta un espermatozoide obtenido del banco de semen en cada óvulo de la mujer. Los embriones resultantes pasan al útero de la paciente en día 3 o 5.

Pareja heterosexual con deficiencia de la mujer

Si la mujer no puede llevar el embarazo por problemas médicos, por ejemplo: que no tenga un útero adecuado, se usa la figura de madre subrogada. Puede extraerse su material genético para que sea fecundado con semen de su pareja. Una vez el embrión esté en el estado adecuado podrá ser transferido a otro vientre. Si, por el contrario, el problema es directamente de la producción de sus óvulos, se utiliza uno del banco de óvulos que sería fecundado con un espermatozoide de su pareja. En el momento adecuado, sería transferido a su vientre.

Pareja homosexual mujer-mujer

 “Normalmente ellas están muy bien organizadas y saben cuál es la que lleva la función de mamá y cuál la función de papá”, dice Lucena. En ese caso, la pareja se pone de acuerdo y la que hace la función de “mamá” pone sus óvulos. Estos óvulos se llevan a la fertilización y al desarrollo embrionario con un semen de donante previamente seleccionado.

Pareja homosexual hombre-hombre

El que tiene la función de “papá” pone sus espermatozoides y el otro pasa de alguna manera desapercibido. Esos espermatozoides fecundan un óvulo de donante y el embrión se transfiere al vientre de una madre subrogada.

¿Y a los cuántos años?

La edad es un factor importante. Según el doctor Madero, “en mujeres menores de 35 años, el 54% de los embriones analizados son anormales. Pero cuando llegamos a los 40 años, ese porcentaje sube al 82%”. El paso de la edad puede generar problemas de alteración cromosómica en los embriones, lo que genera trastornos genéticos como el Síndrome de Down. Por lo mismo, no solo los bancos de semen o de óvulos sirven como donantes anónimos. También hay prácticas personalizadas en las que una mujer, que aún no quiere tener hijos pero está en la edad adecuada para hacerlo, congela sus óvulos bajo una técnica conocida como criopreservación. Esta práctica le permitirá quedar embarazada a los 40 años con la calidad de los óvulos de cuando tenía diez años menos.

 

La ley de la familia feliz

 

La genética y la relación filial de los hijos que nacen a partir de estas prácticas han generado un debate jurídico que aún no se resuelve, sobre todo en el caso de la madre subrogada. Para explicar la situación actual hablamos con dos expertas en la materia.

 

Emilsen González

Representante del Centro de Estudios sobre Genética y Derecho de la Universidad Externado de Colombia.

 

La ley es muy clara para una pareja heterosexual, casada o en unión de hecho permanente, sobre lo que se puede hacer. Las técnicas autorizadas fundamentalmente son inseminación artificial y fertilización in vitro. Los casos que exigen buscar la base constitucional, la sentencia, etcétera, son aquellos de parejas homosexuales varones, porque ellos necesitan la madre por encargo. Entonces, como no está regulada esta figura, pues no sabemos cómo se debe actuar. Las madres que están cobrando por el alquiler de su vientre no están incurriendo en este momento en ningún delito porque no alcanzan a caer, por ejemplo, en trata de personas, falsedad personal o adopciones ilegales. Entonces, todo depende de cómo se maneje.

 

Ahí hay un vacío jurídico que tendría que llenarse con mucha interpretación constitucional y con las normas tradicionales que se quedan estrechas.

 

Isabel Cristina Jaramillo

Abogada especialista en Derecho de Familia de la Universidad de los Andes.

 

La legislación colombiana no tiene ningún artículo, ley o reglamento específico sobre maternidad subrogada. En ese sentido, algunas personas, por algún tiempo, sostuvieron que eso lo que quería decir era que estaba prohibido. Y decían que estaba prohibido por dos razones: la primera es que, como en Colombia la persona que da a luz es la madre, el contrato de maternidad subrogada iba a ser una negociación en contra de ese principio general. El otro argumento es que esa legislación colombiana prohíbe que uno comercie con partes de su cuerpo.

 

Frente a esos dos argumentos hay contraargumentos. Con respecto al primero, la Ley 1060 del 2006 estableció la primacía de la maternidad genética sobre la maternidad del parto. Entonces, la filiación materna hoy día puede ser por parto o por genética. Contra el segundo, en principio la mujer que alquila su vientre no está vendiendo su cuerpo, ni está vendiendo un niño. Está prestando su cuerpo. Cargar el material genético de una persona por un tiempo se parece más a cargar ladrillos todos los días durante 9 meses para que otra persona se enriquezca. Lo que se está vendiendo no es el bebé, lo que se está vendiendo es el servicio de portar al bebé.

 

 

*Publicado en la edición impresa de noviembre de 2017.