19 de septiembre del 2020
FOTOGRAFÍA CORTESÍA AMIRA ABULTAÍF
12 de Agosto de 2020
Por:
Amira Abultaif Kadamani

Para el psiquiatra Pablo Zuleta, entender esta verdad científica es clave en la discusión sobre el consumo de sustancias psicoactivas. Él y otros expertos sostienen que el enfoque prohibicionista, que están adoptando diversos mandatarios locales, es falaz e inefectivo si se quiere preservar la salud pública y la convivencia social.

“La mayoría del consumo de drogas no es problemático”

UNO DE los mayores temores que provocó la decisión de la Corte Constitucional en junio pasado de levantar la prohibición absoluta de consumir sustancias psicoactivas en espacios públicos (en sentido estricto, desde un café hasta una papeleta de basuco) es que esa permisividad induzca al consumo masivo y recurrente, dé mal ejemplo a los menores y derive en caos social ante la idea de que los consumidores se vuelvan delincuentes. La sentencia reivindica la libertad y autonomía de las personas, pero también establece que las autoridades pueden restringir o vetar ciertos consumos en ciertos contextos y que la policía debe intervenir ante la alteración del orden público, según lo explicó el constitucionalista Rodrigo Uprimny en una columna en El Espectador. De ahí que se mantuvieran normas restrictivas, como el artículo 34 del Código de Policía, que impide ingerir alcohol o psicoactivos en entornos educativos. El alto tribunal, cuyo fallo tiene algunas ambigüedades a juicio de Uprimny, dejó en potestad de los órganos legislativos la regulación del uso de dichas sustancias. Pero más allá de esa calibración entre interpretación jurídica e intención política, es crucial entender qué dice la ciencia al respecto. Pablo Zuleta – director del Área de Consumo de Drogas, Salud Pública y Educación del Centro de Estudios sobre Seguridad y Drogas (cesed) de la Universidad de los Andes– responde varios interrogantes.
 
  • ¿Qué tan amplia es la investigación en Colombia sobre el consumo de psicoactivos y salud mental?
La mayoría de los estudios miden el consumo, pero hay muy poca investigación –por no decir nula– sobre la frecuencia de los trastornos mentales asociados al consumo. De hecho, el ingreso de estos al pos ocurre desde agosto del 2013, y el modelo de atención para vincular a las eps solamente se da a finales de 2016, por lo que hasta ahora estamos viendo y midiendo esos efectos y la implicación de tratamientos estructurados para los adictos.
 
  • En psiquiatría no hay un consenso sobre si el uso de psicoactivos genera desórdenes mentales o es al revés. ¿Cuál es su postura?
Por un lado hay que considerar la relación entre trastorno mental y el uso problemático de psicoactivos, lo que se denomina patología dual. Por cifras sabemos que la mayoría de personas con consumos problemáticos no tienen otra patología asociada. Pero previo a eso hay que entender si el consumo problemático de sustancias psicoactivas es el que mayormente se presenta con el uso, y la respuesta clara es que no. Las estadísticas muestran que la mayoría de las sustancias no generan trastornos en las personas y que la gente las consume de forma experimental u ocasional, y los usos frecuentes –que llevarían a un consumo problemático– realmente no son tan altos (véase tabla). Por eso, el enfoque de estudiar estas sustancias está más centrado en los grupos de riesgo: universitarios, escolares, población carcelaria y habitantes de calle.
 
 
 
  • ¿No hay mucho subregistro en las estadísticas?
Sí, en buena medida porque los estudios de los que disponemos parten de encuestas hechas en las casas, y en un espacio familiar, un hijo, por ejemplo, no va a admitir tan fácilmente frente a la mamá que fuma, a no ser que todo el mundo ya sepa, caso en el cual sería un consumo problemático. Asumimos que hay un subregistro, pero no sabemos si es de consumo una vez en la vida, en el último año o mes (tipos de respuesta del estudio). Importante recalcar que desde que se autorizó por primera vez el porte de la dosis mínima, en 1994, el consumo no se disparó.
 
  • ¿Se concibe que el consumo se torna problemático cuando afecta la salud del individuo o en tanto que genera dificultades de convivencia social?
Los dos. Este concepto amplía la noción de dependencia que se tenía, pues lo que puede llegar a pasar, y que se ve muy frecuentemente, es cuando se detecta, por ejemplo, a un joven que está usando una sustancia y que no tiene problemas laborales, académicos ni estudiantiles, pero genera un impacto familiar que se convierte en disfuncionalidad. Muchas veces el individuo no tiene trastornos mentales de cambio de comportamientos graves, sino una disminución en su capacidad de esfuerzo en sus actividades cotidianas, que es una disfunción por consumo con unos estándares de gravedad diferentes.
 
  • Es bien sabido que en psicología y psiquiatría cualquier terapia debe partir de la voluntad del paciente, pero con el consumo de sustancias ¿qué tanto se enajena la voluntad?
Depende de qué tipo de persona estemos hablando; supongo que de quienes tienen consumo problemático, ¿cierto?
 
  • Del consumo que empieza siendo habitual y que –por ahí derecho– se vuelve problemático.
Eso es falso, completamente contraevidente. La mayoría del consumo en el mundo no es problemático. Que haya gente que se pierda, sí, y a esos –que deben ser tratados como enfermos– hay que hacerles un tratamiento que es muy complejo, en parte porque no lo hemos estudiado con calma por estar metidos en la discusión de si se prohíben o no las drogas, con enfoques que llevan a falacias. Vale decir que hay cero bibliografía sobre el éxito de tratamientos obligatorios. Hay muchos vacíos de información que se han llenado con creencias individuales y no con desarrollo científico.
 
  • ¿Y el temor de la gente de que un consumidor se vuelva delincuente y afecte la convivencia social?
Entiendo la preocupación, pero esa noción proviene de considerar que la desinhibición individual es riesgosa. ¿Qué produce la embriaguez de cualquier sustancia? No en todos los casos es desinhibición. Ahora, el cocainómano que va a hacer cosas las hace a escondidas, como decirle mentiras a la esposa e irse a un burdel; la desinhibición es en privado. Lo mismo pasa con el bazuquero. Un marihuanero o un alcohólico ladrón no es lo más frecuente. La gente usa sustancias psicoactivas porque quiere probar o porque le gustan, no porque esté enajenada. Eso que permite la desinhibición es lo que uno convierte en herramienta terapéutica para que la persona lo logre sin estar embriagado. En Colombia el consumo más problemático es el del basuco, seguido por la marihuana, pero la magnitud es algo que no tenemos y es parte del trabajo que estoy desarrollando con algunos centros de rehabilitación. Cabe aclarar que el riesgo de la marihuana es más bajo que el del tabaco y el alcohol juntos. 
 
  • ¿Ante los vacíos informativos, no cabe un principio de precaución en vez de la apertura del consumo?
No tiene sentido. La posibilidad de que el uso personal pueda estar vinculado a los derechos individuales no asegura que el consumo per se vaya a cambiar. Es mucho más efectivo hacer una regulación sobre el consumo de psicoactivos como ocurrió con el tabaco. En la medida en que se generó información veraz sobre sus riesgos y se establecieron restricciones de compra, venta, lugares de consumo, publicidad, además de aumento de precio e impuestos, se logró una disminución gigantesca al punto de que hoy es un vicio relegado socialmente.
 
  • ¿Qué piensa de los decretos expedidos por mandatarios regionales y del proyecto de ley que cursa en el Congreso, en los que se prohíbe el consumo en ciertas horas y lugares, como parques, entornos escolares o deportivos?
Es un saludo a la bandera porque cuando el jíbaro está cerca del colegio ya hay una permeabilidad en los menores, no es que la permeabilidad empiece ahí. Es una fantasía que se tiene en la que se adjudica la responsabilidad al vendedor de psicoactivos, pero esos límites se han traspasado en la casa, no en los espacios escolares o públicos.
 
  • ¿Se refiere a que los niños crecen en su hogar viendo a sus padres consumir?
Tomando trago.
 
  • Pero no fumando marihuana.
Pero agrediendo verbal o físicamente a la mamá, violando a la niña, borrachos… La trasgresión de los límites no se debe a una sustancia particular, sino a una estructura social que la genera, siendo flexible con unas cosas e inflexible con otras. Cuando dicen “tenemos que hacer una reforma para combatir el abuso sexual en el país”, ¿qué se debe reformar? El hogar. Si vamos a cambiar la permisibilidad de sustancias psicoactivas en Colombia, ¿por qué sustancia debemos empezar? ¿Por la heroína –a la que todo el mundo le tiene miedo– o por el alcohol? Cuando se trata de poner un armatroste que vigile una parte de la sociedad que no es la que falla, no sirve de nada. Es necesario regular sin poner un velo a las implicaciones reales de los psicoactivos para la sociedad, pero tampoco promoviendo su uso. De ninguna otra forma encontraremos las rutas adecuadas de prevención, pues la abstención como fórmula global no es una ruta basada en ciencia. Cuanto más estrictas sean las medidas restrictivas al acceso de sustancias de forma legal, mejor es el resultado. ◆
 
*Publicado en la edición impresa de septiembre de 2019.