24 de noviembre del 2017
Archivo Particular
10 de Noviembre de 2017
Por:
Carolina Sanín

La vida de Diana de Gales es variada y grande literariamente: es tragedia clásica, tragedia de Ibsen, cuento de hadas al revés, comedia de costumbres y novela de triángulo amoroso.

'La historia de Diana', otro documental sobre Lady Di

Acaba de estrenarse en Netflix un nuevo documental sobre Lady Di (Story of Diana), cuando ya parece que la princesa se ha representado de suficientes maneras (en el cine, en la televisión, en libros y en miles de revistas) y cuando la resurrección de su improbable peinado en la cabeza de Donald Trump nos ha hecho un guiño lo bastante explícito para que entendamos que el arco narrativo de la historia contemporánea del espectáculo comienza con la trágica celebridad de una mujer anodina que se convirtió en la más grande reina de nuestro tiempo y llega a su culmen con la triunfante celebridad de un hombre igualmente anodino, estrella de reality shows, que se convirtió en el presidente más poderoso del mundo.

El documental fue dirigido por Rebecca Gitlitz, dura 240 minutos, está dividido en dos partes y es un producto convencional, correcto y ampliamente informativo sobre la vida de la Princesa de Gales. Su uso de la música popular es pertinente y efectivo. Cuenta con muchísimos videos y fotos del personaje, editados con expresividad y coherencia. Los testimonios del hermano y los amigos de la princesa, y en especial los de los periodistas que cubrieron su vida, dan pie a un análisis profundo. Por momentos la directora cae en el lugar común y usa imágenes de relleno: rotativas de prensa, o las múltiples portadas en las que la princesa apareció. Es demasiado reiterativa la apreciación de que “debía ser muy difícil vivir así”, y es un poco desconcertante la imagen de una bailarina de ballet que se usa como estribillo y con la que se alude a la afición temprana de Diana por la danza. A lo mejor la bailarina sugiere el relato de lo que habría pasado si Lady Di hubiera seguido el camino de su talento, no el arduo camino de la construcción de una imagen consistente de sí misma.

Parecería que todavía necesitáramos contarnos la vida de Diana porque hay algo en ella que es relevante para todos. Quizá la historia sea interesante porque comienza con el matrimonio de los príncipes en lugar de terminar con él, y así subvierte el arquetipo del relato con el que se nos ha enseñado cómo la vida desemboca en su final. O quizá la peculiaridad de la historia estribe en que parece haber terminado en la mitad, lo cual hace que su trama sea plenamente visible y a la vez revela que la muerte es el final de la vida pero no llega al final de la historia. Sin duda, la vida de Diana es variada y grande literariamente: es tragedia clásica, tragedia de Ibsen, cuento de hadas al revés, comedia de costumbres y novela de triángulo amoroso.

Diana cobra relevancia hoy como víctima sacrificial ─e inaugural─ de la contemporánea desarticulación entre la vida privada y la publicidad de la propia personalidad. Su historia interpela a todos los usuarios de redes sociales, pues cristaliza el sueño de la manipulación del personaje propio y la voracidad con la que nuestra búsqueda de un público nos hace sus víctimas. Es también relevante lo que Lady Di sigue mostrándonos sobre las mujeres: el hambre emocional, que toma las formas de la anorexia y la bulimia; el costo que tiene para una mujer ser más cautivante que el hombre que la tiene cautiva y que su madre, y el extravío con el que una mujer asume la urgencia de incidir en el mundo. El personaje de Diana quizá nos señale también el misterio ─o a la total carencia de misterio─ del carisma. Hace que nos preguntemos por la relación entre la reproducción de la imagen y el poder, y que nos preguntemos si el poder solo existe en la fantasía. 

 

 

*Publicado en la edición impresa de noviembre de 2017.