19 de septiembre del 2020
Fotografías | Shutterstock
12 de Agosto de 2020
Por:
Diego Puentes

El nombre de esta aguerrida hija de inmigrantes escaló hasta el tercer lugar en las encuestas de intención de voto para las elecciones primarias a la presidencia de Estados Unidos. Mujer y afroamericana, tiene todo para hacerle frente a Donald Trump en las urnas.

KAMALA HARRIS la carta demócrata

LA ESCALADA de Kamala Harris en las encuestas se explica, principalmente, por su exitosa participación en el primer debate del partido demócrata para escoger candidato o candidata para el periodo 2020-2024 de la presidencia de los Estados Unidos. Durante la emisión, la senadora californiana se encargó de poner sobre la mesa la discusión alrededor de las dificultades que aún viven tanto afroamericanos como mujeres en ese país. Con argumentos fuertes pero serenos, Harris cuestionó al favorito de los candidatos de su partido, el ex vicepresidente de los Estados Unidos Joe Biden, por haber trabajado conjuntamente con senadores que “han construido toda su carrera política basados en el segregacionismo y la discriminación”. Fue así como la mujer logró despertar interés en una audiencia que parece adormecida por la larga lista de candidatos demócratas que se postularon este año: ¡24!
 
 
  • Recurrente número uno
Harris nació en Oakland, California, el 20 de octubre de 1964. Su madre, ya fallecida, era inmigrante india y, a la vez, una reconocida investigadora del cáncer de mama. Su padre, por su parte, oriundo de Jamaica, es ex profesor de economía de la Universidad de Standford. Desde que Kamala era pequeña, la pareja la llevó recurrentemente a marchas y reuniones por la defensa de los derechos civiles, hecho que le sirvió a Harris para forjar un espíritu litigante y liberal.
 
 
La mujer se graduó primero de Economía y Ciencia Política en la Universidad de Howard, y, luego, de Derecho en la Escuela Hastings, de la Universidad de California. En 1990, al año siguiente de terminar sus estudios de abogacía, empezó su carrera pública. Primero como fiscal adjunta del condado de Alameda y luego en las altas ligas: fue fiscal del distrito de San Francisco y, un par de años después, ocupó el puesto de fiscal general de California –la primera afroamericana y asiaticoamericana en hacerlo–, tras una reñida elección con su oponente republicano. Después de una decidida y cautelosa carrera en los tribunales, se lanzó al senado en 2016 en representación del mismo estado y, finalmente, el 21 de enero de este año anunció su candidatura a la presidencia. Hoy es la cuarta mujer en sumarse a la riña por la Casa Blanca en nombre del partido demócrata, así como la segunda mujer afroamericana en haber sido elegida como senadora en toda la historia del país norteamericano.
 
 
 
  • Tenacidad y empatía
Si Harris se ha ganado la atención nacional ha sido porque la gente percibe estos dos elementos –diferentes en naturaleza pero no excluyentes el uno del otro– en un discurso que la mujer de 54 años expresa extraordinariamente bien. En la carrera hacia la Casa Blanca, para un candidato es clave identificarse con conceptos como los mencionados: el electorado esperará que sigan estando ahí durante su ejercicio como presidenta del país más poderoso del mundo.
 
Ceñida a la línea tradicional norteamericana de “The Rule of Law” (el gobierno de la ley), como fiscal fue implacable en la aplicación de las normas. Muchos la catalogaron como la policía fiscal, pues durante su administración aumentaron visiblemente las detenciones a causa de una rígida implementación del código penal, hecho que afectó incluso a múltiples familias afroamericanas. Esto podría favorecerla, debido al populismo punitivo que caracteriza al electorado estadounidense. Tan estricta fue como fiscal que incluso algunos demócratas progresistas la critican por sus decisiones pasadas, como no permitir que la posesión de drogas fuera considerada un delito menor o por promover la sanción con cárcel a los padres de los niños que se ausentaran o abandonaran la escuela. Asimismo, por oponerse a terminar con la severa ley californiana de los 3 strikes, que dobla el tiempo de las sentencias de personas reincidentes en los mismos delitos.
 
Sin embargo, en su administración también defendió la reforma a la justicia “con inteligencia”, creando el programa de Back on Track (de nuevo por el camino correcto) para la resocialización de los presos. Además, se opuso decididamente a la pena de muerte en varios casos en los que se exigía esta condena, e invirtió grandes esfuerzos para reducir las desigualdades que ponen a las mujeres en situaciones de riesgo.
 
Como senadora ha sido radical en su discurso contra la corrupción y los presuntos delitos de la administración actual. Es ampliamente conocida, de hecho, por las audiencias en las que enfrentó –y puso contra las cuerdas– a pesos pesados de la administración Trump, como el procurador general, Jeff Sessions; el ex secretario de Seguridad Nacional John F. Kelly, y el fiscal general adjunto Rod Rosenstein, por el escándalo de la infiltración rusa en las elecciones presidenciales pasadas. Esto suma puntos ante el mundo, pues le confiere a Harris un halo de fortaleza frente al poder.
 
Pese a las críticas por su ‘mano dura’, las propuestas de Harris también se alinean con las de sus compañeros de campaña más progresistas. Propone, por ejemplo, un seguro médico gratuito, un prekinder universal y la condonación de la deuda a los estudiantes por préstamos universitarios. Asimismo, propende por un recorte de impuestos de $500 dólares por mes para familias de bajos ingresos y expone la necesidad de garantizar los derechos reproductivos de la mujer. La legalización de la marihuana está dentro de sus propuestas, así como un plan para brindar ciudadanía a los inmigrantes establecidos. Habla, además, de una reforma a la justicia que no esté únicamente concebida como una guerra contra la criminalidad.
 
 
  • Retos colosos
Dentro de la lista de tareas de Harris está, al mismo tiempo, la de consolidar un apoyo amplio en la base liberal de clase media y la de mantenerse independiente y progresista. En ello va bien pues –entre otras cosas– lo ha logrado al renunciar a que grandes corporaciones hagan donaciones a su campaña. No obstante, el reto es inmenso cuando se aspira a ocupar la Oficina Oval: los candidatos son sujeto de presiones en múltiples frentes.
 
Si Harris se mantiene en los primeros lugares de las encuestas –aprovechando la exposición nacional de los debates–, eventualmente recogerá la tendencia de muchos votantes indecisos de estar con el lado ganador. Pero todo está por verse. Lo cierto es que el perfil, narrativa y desempeño de esta candidata son promisorios. En un gobierno como el de Trump, una mujer afroamericana y exfiscal es ideal para hacerles frente a los insultos y bajezas con las que el actual presidente suele moverse en el terreno electoral. Habrá que ver –también– si Estados Unidos ha lidiado lo suficiente con su machismo y racismo como para elegir a una mujer negra en la posición más poderosa del planeta. ◆
 
 
*Publicado en la edición impresa de agosto de 2019.