18 de octubre del 2019
AFP
10 de Septiembre de 2012
Por:

La clase media llega al paraíso.  

Ricardo Silva Romero

Justin Bieber

De puertas para afuera

No estamos ya, a los 35, para estos trotes: no estamos en edad de seguir a Justin Bieber. “Cada generación lanza a un héroe en las listas de ventas”, canta Paul Simon. Y el héroe de hoy, de cara de niño, sonrisita puritana y talento innegable, es esta persona de 17 años que lo ha vivido todo en pocos meses: el cristiano canadiense Justin Bieber. Que aun cuando vaya por el mundo como un niño blanco que juega a ser un rapero, aun cuando su corte de pelo sea imitado por los lectores de las revistas de adolescentes, y sus trabajos musicales, una serie de discos titulados My World, hayan sido comprados por más de diez millones de personas en el mundo, parece ser un tipo auténtico. Según Forbes es, detrás de Lady Gaga y Oprah Winfrey, la tercera celebridad más poderosa del planeta. Pero su éxito depende de seguir siendo solo un niño.

De puertas para adentro 

¿Cómo llegamos aquí? ¿En qué momento se convirtió este Bieber en un personaje seguido en Twitter por 9.758.212 personas? Primero: nació en Ontario, Canadá, el 1 de marzo de 1994. Segundo: su madre, una hija de inmigrantes franceses llamada Pattie Mallette, lo tuvo a los 18 años (y hoy, a los 35, no está para estos trotes), pero siempre lo animó a que se dedicara a los deportes: el niño Bieber siempre se mostró interesado en las reglas del fútbol, la emoción del hockey y las tensiones del ajedrez. Tercero: un día, a escondidas de su madre, comenzó a interesarse en la música: a los doce años aprendió, sin ayuda, a tocar todos los instrumentos que se encontró por ahí hasta que se atrevió a participar en una competencia local. Pattie, conmovida por los talentos secretos de su hijo, subió la actuación a YouTube. 

Punto de giro 

Y orgullosa, consciente, de pronto, del talento de su hijo, se dedicó a cargar en YouTube las mejores interpretaciones del niño. Y poco a poco Justin Bieber se fue convirtiendo en una celebridad de la más famosa de las páginas web de videos. Fue en 2008, en YouTube, donde lo descubrió un productor de Atlanta llamado Scooter Braun. Y fue así como, a los 13 años, Bieber se transformó en una empresa ambulante: Braun trajo al proyecto al exitosísimo cantante Usher, Usher trajo al empresario Antonio L.A. Reid y Reid involucró a Island Records. El primer disco sencillo de Bieber, One Time, apareció en julio de 2009. Y, cinco meses después, ya estaba en las listas de ventas de todo el mundo, en el concierto de fin de año de la Casa Blanca, en la nueva versión, en beneficio de Haití, de We Are the World. 

Talón de Aquiles 

Bieber tiene metido en la cabeza el cristianismo ciego de su madre: estuvo a punto de rechazar la ayuda de Braun, hoy en día su manager, cuando se enteró de que era judío. Y como no le ha cambiado aún la voz, como solo tiene 17 años y el día apenas le alcanza para asimilar el hecho de que diez millones de personas quieran ser como él, capotea las preguntas más difíciles de las entrevistas con frases como “abortar es matar a un bebé” o “el homosexualismo de la gente no me afecta ni debería afectar a nadie”. Y, siguiendo los consejos enfáticos de su madre, de Usher y de Braun, hace lo mejor que puede para seguir siendo como era antes de la fama. La mitad del tiempo habla la lengua de los raperos, pero cuando llega a la casa, de noche, es un niño canadiense de clase media.


Noticia de última hora 

La única manera de emocionarse con Justin Bieber, si uno tiene 35 años, es ser la mamá de Justin Bieber. Pero cada generación lanza a su héroe a las listas de éxitos. Y, después de días de escuchar una y otra vez la música de esta persona, después de ver las fotografías de sus estatuas de cera en los museos de Madame Tussaud, puedo dar fe de que este héroe al menos tiene sentido del humor, participa en la composición de sus éxitos y dice en voz alta que no le interesa la nacionalidad estadounidense porque “Canadá es el mejor país del mundo”. Eso es: Bieber vino al mundo al tiempo con Lady Gaga para que a los niños de ahora no se les olvide que siempre hay dos maneras, por lomenos, de encarar las cosas de todos los días.