25 de noviembre del 2017
Archivo Particular
11 de Julio de 2017
Por:
Pablo de Narváez

A pesar de que su periplo en el cuadro merengue comenzó mejor que como terminó, nadie puede discutir que James Rodríguez hizo parte del Real Madrid más efectivo de la historia. ¿Qué más puede uno pedir?

¿Fracasó James en el Real Madrid?

 “Quiero hacer historia en el Real Madrid”. Con esas palabras el crack colombiano se presentó como jugador del equipo merengue en 2014, luego de ser el sorpresivo goleador del Mundial de Brasil. Y comenzó a escribirla de inmediato. Solo el fichaje, negociado con el Mónaco, costó 80 millones de euros, uno de los diez más caros de la historia de este deporte.

Desde entonces, vivió tres temporadas y obedeció a tres técnicos. Bajo la batuta de Carlo Ancelotti, su papel fue protagónico. Sin embargo, con Rafa Benítez en el banco el brillo del colombiano se fue opacando a la par que disminuían sus minutos en cancha; y con Zinedine Zidane la luz terminó de apagarse. De ser estrella rutilante, James fue relegado progresivamente del equipo base hasta convertirse en un jugador residual que ni siquiera fue tenido en cuenta en el equipo que disputó la final de la Champions League este año.

Con Ancelotti, James jugó 46 partidos (3.619 minutos), gritó 17 goles y concretó 17 asistencias en Liga, Copa del Rey, Champions League, Supercopa de Europa y Mundial de Clubes. En la temporada que acaba de finalizar, en cambio, jugó 33 partidos (1.823 minutos), anotó 11 goles y realizó 12 asistencias contando los mismos torneos.

“Ser ubicado como extremo, una posición en el esquema táctico que no es la natural y en la que se siente incómodo, la aparición de nuevas figuras en el mediocampo como Isco, Ascensio y Lucas Vázquez, y no ser alineado en partidos importantes han sido los factores deportivos que lo han relevado”, cuenta el argentino Jorge Valdano, quien fuera jugador, entrenador y mánager del Real Madrid.

La suplencia en la final de la Champions League de 2016, la primera de la ‘Era Zidane’, contra el Atlético de Madrid, ya había sido un palo en la rueda. Luego, tras la final del Mundial de Clubes, en diciembre de 2016, en la que el Madrid venció al Kashima Antlers, de Japón, por 4 a 2 sin James en la cancha, él mismo cuestionó su falta de acción. "No puedo asegurar si voy a seguir. Quiero quedarme, estoy feliz aquí, pero quiero jugar más", declaró en zona mixta. La gota que rebosó la copa cayó el pasado 3 de junio, en la segunda final de Champions del equipo en los último tres años, contra Juventus, en Cardiff. Ni siquiera estuvo entre los 18 convocados.

“James tuvo la intención de salir del club hace bastante. Pero la directiva no lo dejaba porque había hecho una inversión muy grande y, como es entendible, quería exponerlo para subir sus acciones. Pero al mismo tiempo no lo ponían, jugaba un día y otro no. Una incongruencia”, cuenta Javier Herraez, periodista de la Cadena Ser, de España.

¿En el lugar equivocado?

Incongruencia o no, la verdad es que James se encontró de pronto en una plantilla numerosa en calidad que ha sido quizás la más eficiente en la historia de un club que es el mejor de la historia. La gracia de “Zizou”, quien desde su llegada ha alzado cinco trofeos, ha sido gestionar con  habilidad una plantilla con al menos 18 titulares. En su camino a la perfección, priorizó para su onceno titular a otros jugadores por encima de James. Y armó un equipazo que le respondió en rendimiento y en laureles. Para el castellonense Felipe Pérez, de 42 años e hincha del Real Madrid, el error de James fue pensar que iba a ser el número uno desde el primer día hasta el último. “Ese fue el hándicap negativo de James”, expresa este profesor de historia.

Por otra parte, en la posición de enganche o media punta, que es la de James, se gestó una competencia feroz en el último año. Lucas Vázquez, español surgido de la cantera, Isco y Ascencio, otros dos locales, e incluso el croata Luka Modrić y el galo Karim Benzema, fueron utilizados por el entrenador en ese puesto. En repetidas ocasiones la posición elegida para ubicar a James fue la banda, en donde su rendimiento no suele ser el óptimo. Debido a la pérdida de relevancia, fue perdiendo valor en el mercado. Hasta su traspaso al Bayern, según un informe del Observatorio del Fútbol (CIES), el mediocampista colombiano costaba unos 44.2 millones de euros. Eso dificultó su salida del Real. El equipo alemán, si nos atenemos a la información de Marca, lo adquirió por 60.  Quizás por eso el presidente del Real, Florentino Pérez, advirtió, en el programa radial español El primer palo: “Los jugadores del Madrid no se van cuando quieren ellos, cuando quieren sus papás o cuando quieren sus agentes. Nosotros tenemos que hacer coincidir los intereses de los jugadores pero sobre todo hacer prevalecer los intereses del club”.

Sueño cumplido

Pero más allá de que él hubiera querido jugar más, y de que los colombianos hubieran querido que jugara más, la historia que James quiso gestar en el Madrid ya está construida. Hace tres años James llegó al Madrid a abrirse codo en una plantilla en la que no cabía. Y aun así, marcó 36 goles y otorgó 39 asistencias, que contribuyeron a ganar con su equipo una Liga de España, dos supercopas de Europa, dos mundiales de clubes y dos Champions League.

En un equipo de estrellas, su situación se tuvo que remitir a las decisiones del entrenador, decisiones que, a la luz de los resultados, fueron inobjetables. El exjugador Pedja Mijatovic lo analiza así: “Quizá él mismo tenía la expectativa de jugar más, pero en el fútbol moderno y en esta clase de equipos hay una competencia muy fuerte en la que ha pagado el precio”, dice el balcánico. El montenegrino, exdirector deportivo madridista, agrega: “Ha aprovechado las oportunidades que le ha dado Zidane este año. En los partidos en los que mucha gente pensaba que podría estar flojo o sin ánimo, demostró ser un jugador capaz de superar cualquier problema y marcar la diferencia”. Herraez, en cambio, lo ve diferente: “Pienso que ha sido un sueño incompleto. Y en el medio, una relación rota entre entrenador y jugador. En el Madrid, si no consigues hacer las cosas bien o si no encajas en el engranaje, estás en un problema”, dice. Y sí, el problema de James era una inmerecida paradoja: que no lo dejaban ir, pero tampoco se podía quedar. Ancelotti, entrenador del Bayern Múnich, enhorabuena, lo ha salvado de las aguas. 

 

 

El fantasma de la 10

James Rodríguez fue el heredero de una camiseta pesada en el Real Madrid. Antes de él, la ‘10’ la usaron jugadores de la talla del alemán Mezut Özil, los holandeses Wesley Sneijder y Clarece Seedord, el brasileño Robinho, el nacionalizado francés Lassana Diarra, el portugués Luis Figo, el danés Michael Laudrup, Luis Enrique –el último español en vestirla–, y el húngaro Ferenc Puskás. Desde la salida de Figo al Inter de Milán en 2005, este número parece estar ensombrecido por un maleficio. Robinho, Sneijder, Diarra y Özil pasaron con más pena que gloria.

 

*Este artículo, aparecido en la edición 368 de julio de 2017 en la edición impresa con el título El laberinto del 10, ha sido modificado de acuerdo a las últimas noticias sobre el jugador colombiano: el traspaso de James al Bayern de Múnich.