16 de septiembre del 2019
Fotografías: Roberto Africano
18 de Enero de 2013
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El país está lleno de escuelas de fútbol. ¿Realmente allí están preparando a los nuevos ‘cracks’? Pablo de Narváez, un experto en la materia, presenta los resultados de su investigación al respecto.

Por Pablo de Narváez 

Escuelas de fútbol. No sólo patear balones

El país está lleno de escuelas de fútbol. ¿Realmente allí están preparando a los nuevos ‘cracks’? Pablo de Narváez, un experto en la materia, presenta los resultados de su investigación al respecto.

Cerca de 18.000 niños y jóvenes en la capital del país están inscritos en escuelas de fútbol. Según el Instituto Distrital de Recreación y Deporte, en Bogotá funcionan 260 escuelas, 30 de ellas públicas y 230 particulares, avaladas por el IDRD. También hay decenas de escuelas barriales, sin registrar.

Evidentemente, el objetivo de popularizar la práctica del fútbol se está cumpliendo. Pero, ¿y el de formar integralmente a los ‘pelados’? Para Rafael Baracaldo, preparador físico, actualmente el punto de vista económico prima sobre el formativo.

¿‘Copialina’?

Las escuelas reciben alumnos entre 5 y 17 años. Para los más chiquitos el enfoque debe ser el desarrollo de todas las formas básicas de movimiento: saltar, correr, lanzar, rodar, trepar, empujar. A partir de los 12 años, en cambio, se debe trabajar en las capacidades físicas: fuerza, resistencia, velocidad, flexibilidad.

Pero la gran mayoría de escuelas está copiando la organización federativa del fútbol de adultos. Los escenarios y la implementación deben ser acordes con la edad y la estatura de los niños que las usan, al igual que los tiempos de juego, que deben estar a su medida. Hoy los niños de cinco años juegan con balones número 5, los mismos que usan los profesionales, un desequilibrio en las cargas.

Las escuelas más rescatables son las de los clubes profesionales, que son privadas: La Equidad, Academia Compensar, Millonarios y Santa Fe.

Esta última es un ejemplo gracias a su programa ‘Forjando Talentos’, un proyecto de carácter formativo y deportivo que pretende desarrollar a los niños y jóvenes en sus cualidades motrices, sus habilidades técnico-deportivas y sus capacidades humanas. Una labor que ha dado sus frutos: tres jugadores de fama, Juan Manuel Leyton, Héctor Urrego y Héctor Salgado, transitaron todo el proceso desde los 12 años.

Para Daniel Carrillo, coordinador de divisiones menores y asistente de gerencia deportiva de Santa Fe, “nuestro programa, además de fomentar hábitos de vida saludable, fortalece en los niños y adolescentes valores esenciales para su vida, como la disciplina, el juego limpio, el respeto, la voluntad y el deseo de cualquier ser humano: el de la superación. Un proyecto que va más allá de lo netamente deportivo, buscando en los chicos un desarrollo integral con bases sólidas dentro del marco de la formación deportiva y social”.

Jaime Rueda, padre de Juan Felipe, de ocho años, dice: “Mi hijo está en la escuela de Fair Play, me gusta que vaya y juegue sin compromiso de resultados, pero con toda las responsabilidad y la constancia”. Sin embargo, muchos otros padres desean ver resultados instantáneos y ejercen una presión desproporcionada. Para Valentín Clavijo, licenciado en Educación Física con especialización en Ciencias de la Educación, “el deporte debe ser un complemento para el niño; ¡imagínese si le exigiéramos tanto en el colegio como en sus clases vocacionales!”.

Algo más que muchachos reunidos

Las escuelas están enmarcadas dentro del Programa de Escuelas deportivas que creó Coldeportes en 1991. El artículo 52 de la Constitución, en el párrafo 4 dice: “El Estado fomentará estas actividades e inspeccionará, vigilará y controlará las organizaciones deportivas cuya estructura y propiedad deberán ser democráticas”.

Sin embargo, en lo que parece una contravía de la norma, el IDRD, mediante la Resolución No. 299 de julio 14 de 2009, establece los requisitos, procedimientos y reglamentos para otorgar, supervisar, suspender y cancelar el aval deportivo a las escuelas deportivas en Bogotá y autoriza también los avales a las escuelas deportivas unipersonales. “Un ente público no puede dictar una norma contraria a la Constitución, lo cual atenta contra todo el sistema”, dice Alfonso Vargas, dirigente deportivo.

Según Ángela Valero, sicóloga especializada en deporte, la esencia de las escuelas radica en su carácter lúdico: “Esa debe ser una prioridad sobre las demás, diferenciando los verbos ganar y competir, al igual que la detección y el seguimiento de talentos”. Salvo el programa Reservas Deportivas de Bogotá, creado en mayo de 2011, “las escuelas institucionales no han podido funcionar porque no hay continuidad”, comenta Valentín Clavijo, licenciado en Educación Física con especialización en ciencias de la educación. El desfase de un año en la ejecución del presupuesto nacional destinado al deporte, hace que se reinicien los procesos cada año, lo cual tira al traste la planificación y los procesos de aprendizaje de los niños y adolescentes.

Reunir muchachos no es sinónimo de calidad educativa. La formación del ser humano es un proyecto a largo plazo, formar futbolistas también. Hoy, según muchos, más que un lugar de aprendizaje, las escuelas de fútbol parecen guarderías que sirven para ‘desencartar’ a los papás los fines de semana. La función de la escuela es fomentar en el niño valores como la responsabilidad, la disciplina, el trabajo en equipo y la solidaridad. Además, en la medida en que las escuelas sigan siendo privadas, el acceso seguirá restringido a la población menos favorecida. De donde, históricamente, han salido los grandes ‘cracks’.