22 de septiembre del 2019
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19 de Junio de 2018
Por:
Catalina Barrera

Las energías renovables no convencionales son uno de los principales agentes para combatir el cambio climático. ¿Qué tan viable es que Colombia migre totalmente hacia ellas?

Energías renovables, un desafío para Colombia

El 2 de marzo de 1992 el país apagó las luces. Esa misma noche los colombianos caminaron a oscuras, cambiaron la hora en el reloj y reemplazaron sus lámparas por velas y linternas. El apagón del 92, que le costó 2,8 puntos del PIB y casi 18 meses de racionamiento al país, creó un antes y un después en el mapa energético de Colombia.

 

De esos días de racionamiento ya solo queda el recuerdo. Desde entonces, las medidas que se han tomado en los gobiernos que sucedieron al de César Gaviria han sido enfáticas en la regulación de la generación de energía de manera eficiente y confiable. Pero esa confiabilidad se ha visto sujeta al uso de energías convencionales o no renovables, como el gas, el petróleo y el carbón. Que cualquier colombiano encienda la luz de su casa en cualquier momento y que a las 7:00 p.m., la hora que más demanda energía en Colombia, las luces iluminen las ciudades y los pueblos, ha dependido en gran medida del equilibrio en la generación de energía proveniente de varias fuentes.

 

Y aunque el uso de estos elementos parece sonar cruel con el medio ambiente, Colombia es uno de los pocos países que puede hacer gala de su baja emisión de carbono. La generación de energía a partir de las fuentes hidroeléctricas le ha permitido contribuir únicamente con el 0,46% del total de emisiones en el mundo.

 

Por definición, las hidroeléctricas hacen parte de las energías renovables. Sin embargo, Angélica Ospina, profesora de cátedra del Departamento de Ingeniería Civil y Ambiental de la Universidad de los Andes, plantea una discusión al respecto. Ella asegura que “en definitiva no son fuentes no convencionales de energía, energías alternativas o energías limpias porque hay muchos impactos asociados a una hidroeléctrica. Hacer grandes embalses en donde se cambia el cauce de los ríos genera un impacto grande en la disponibilidad de agua para las comunidades, en la vida acuática y en la vida terrestre alrededor de las cuencas”.

 

Por eso, la mirada hacia las energías renovables ha estado enfocada en las denominadas energías renovables no convencionales. Es decir, solar fotovoltaica, eólica o biomasa, por nombrar algunas.

 

Según Germán Arce, ministro de Minas y Energía, el país es uno de los más propensos al cambio climático, y por eso los fenómenos del ‘niño’ y de la ‘niña’ en los últimos años han ocurrido por periodos más prolongados. Justo en épocas en que la sequía producida por el fenómeno del ‘niño’ reduce la capacidad de los embalses, el país ha tenido que equilibrar la generación de energía a través de la quema de carbón, el uso del gas natural o del petróleo; es decir, recurrir a la generación de energía a través de fuentes convencionales, en este caso, a partir de centrales termoeléctricas que aumentan de manera significativa las emisiones de carbono.

 

Y aunque la generación de energía hidráulica en el país alcanza niveles de hasta el 70%, el fenómeno del ‘niño’ ocurrido entre septiembre de 2015 y marzo de 2016 aumentó hasta en un 50% la producción de energía térmica.

 

Pero la ecuación ideal, para expertos como Santiago Ortega, director de Energeia, la estrategia de energía renovable de la Universidad de Ingeniería de Antioquia tendría que ser sacar a las térmicas de la fórmula y reemplazarlas con energía solar o eólica, por ejemplo.

 

 

Comprometidos hasta el ‘cuello’

Con la participación de Colombia en el Acuerdo de París, que fue adoptado durante la Cumbre Mundial de Cambio Climático (COP21) en 2015, el país se comprometió a bajar sus emisiones de carbono en un 20% para el año 2030. Y con la entrada en vigencia de la Ley 1715 de 2014, el país ha impulsado el uso de las energías renovables, con estímulos como la eliminación del IVA a equipos o maquinaria que se use para la producción y utilización de energía a partir de las fuentes no convencionales.

 

Según Arce, “las tecnologías que más han bajado de costo son las solares. En los últimos dos años ha habido caídas de entre 60 y 70% de esos costos. La tecnología eólica, puedo no ser muy preciso, debe haber caído entre un 30 y un 40%, pero la solar acaba de colapsar”.

 

Ana María Murillo, presidenta de la Asociación Colombiana de Energías Renovables, explica que “esta ley ha abierto la entrada de otros actores al mercado energético. El concepto de autogeneración a pequeña y gran escala ha dinamizado las energías renovables –en especial la solar fotovoltaica– de manera sorprendente. Se han instalado en el país más de 30 megavatios en cubiertas de usuarios comerciales, industriales y residenciales. Las empresas de energía, que trabajan por no perder su liderazgo en el sector, están planteando modelos de negociación con sus clientes, a la vez que importantes proyectos de generación”.

 

Sin embargo, el papel está muy lejos de la realidad. Aunque a partir de esa ley y gracias a que los avances tecnológicos han permitido que los costos disminuyan, creer que en un futuro vamos a depender únicamente de energías renovables parece más un cuento de ficción que un plan promisorio. El problema radica en la demanda de energía que es imposible suplir con otras fuentes generadoras.

 

El profesor Ortega señala que, mientras que con las hidroeléctricas se puede guardar energía, con los paneles solares o las turbinas de aire esto no es posible. En las hidroeléctricas el agua es constante, pero no hay una manera de almacenar sol o corrientes de aire si es que solo se está dependiendo de tales recursos. Si un día hace sol habrá luz, pero si una nube se interpone o si llega la noche, la casa quedará a oscuras.

 

Aunque los expertos coinciden en que una de las energías renovables no convencionales más viable para Colombia es la energía solar, ese imaginario de convertir los techos de las casas en paneles solares no lograría, de manera confiable, por lo menos por ahora, proveer energía constantemente. Según Ortega, “tenemos mucho potencial solar pero la energía solar también tiene un problema y es que ocupa mucho espacio. Eso significa empezar a competir con la tierra y demás”.

 

¿Y la energía eólica?

Por otro lado, la energía eólica representa muchas más barreras. “Para que esta tenga sentido hay que tener esos grandes parques de cientos de turbinas grandísimas que no pueden ponerse en cualquier parte, en cualquier casa o en cualquier techo”, agrega. Además, una de las regiones con mayor potencial para su generación es La Guajira. Sin embargo, esta región es muy lejana y para que la ecuación funcione no solamente se tiene que considerar la generación sino el transporte, es decir, una línea de transmisión con la capacidad de sacar todo lo que allí se genera.

 

El profesor Ortega añade que el único parque eólico que había en La Guajira, y que pertenecía a EPM, significaba más o menos 20 megavatios, algo que para él es una porción mínima. “Ese parque estaba conectado a la línea del puerto de carbón, por eso podía funcionar. Pero para sacar los 1.000 megavatios (que equivale a 1 gigavatio) que se pueden producir allá –y que es más o menos el 8 o 10% de la energía de Colombia–, se necesitaría una línea de transmisión nueva. Una línea de transmisión que se anunció hace un par de meses, que conecta una estación que queda en la alta Guajira con el centro del país en el Cesar”, afirma.

 

Ortega se refiere a la adjudicación que la Unidad de Planeación Minero Energética (UPME) le dio al Grupo Energía Bogotá (GEB), el Proyecto Subestación Colectora Cuestecitas. Con este proyecto se espera promover el uso de energías renovables no convencionales para un sector con grandes perspectivas de expansión con el uso

de tecnologías más limpias.

 

Aunque la solar, como opción principal, y la eólica, con proyectos como el mencionado, son las principales fuentes en consideración, la ley también incluye a la biomasa como una opción. Colombia tiene potencial con este tipo de energías pero no hay aprovechamientos grandes. Los cultivos azucareros con los residuos de bagazo de caña se han empezado a usar, pero no a gran escala. “Aquí en Colombia hay potencial de energía geotérmica pero es muy pequeño. Hay un par de procesos geotérmicos identificados pero solamente significan 200 megavatios. Ituango ­–la hidroeléctrica más grande del país– produce 2.400 megavatios, entonces esa producción inicial es más o menos la décima parte de Ituango y eso es muy poco”, dice Ortega.

 

Casos se han visto

Aunque migrar hacia las energías renovables no convencionales sea la única manera de lograr objetivos como reducir a cero las emisiones, la demanda seguirá siendo más fuerte que la oferta. Sin embargo, algunos ya están dando el primer paso. Ejemplos de grandes compañías como Nacional de Chocolates, en Medellín, que puso 2 megavatios de energía solar (el 15% de energía que ellos consumen) o los techos de Almacenes Éxito, que han puesto paneles solares para producir más o menos el 20% de la energía que consumen, lo demuestran.

 

Pero suplir en un 100% la demanda de energía de los hogares o de grandes empresas como estas, necesitaría una infraestructura a mayor escala. Una que siga considerando la generación de energía hidráulica pero que en lugar de energías térmicas tenga como segunda alternativa las renovables no convencionales. Una en la que la quema de carbón o el uso de gas natural se reemplacen con las corrientes de aire o los rayos solares.

 

*Publicado en la edición impresa de mayo de 2018.