18 de octubre del 2019
Planeta. 277 páginas. 2012
6 de Noviembre de 2012
Por:

En este libro de historias cortas, Mendoza lleva a los lectores a los mundos del amor y la muerte.

En entrevista Mario Mendoza

 

¿Qué lo llevó a escribir un libro como La importancia de morir a tiempo?
El deseo de aprehender la época, su desmesura, su locura, su capacidad de transgredir lo real.

¿Usted cómo define el libro?
Hay tres fuerzas que atraviesan este libro y que fueron las claves de su escritura: el cuerpo, el amor y la muerte. Los dos momentos más importantes de la máquina corporal son el amor y la muerte, y no tenemos una educación sobre ninguno de los dos.

¿Para usted, cuál es la importancia de morir a tiempo?
No aferrarse, no apegarse a algo que ya no tiene sentido. Aprender a morir es aprender a renacer.

¿Cómo hizo para tener acceso a historias tan increíbles alrededor de la muerte?
Siempre voy tomando notas de aquello que me llama la atención. Llevaba un buen tiempo reuniendo el material. Cuando me senté a organizarlo me di cuenta de que había una estructura, una especie de organización inconsciente. Y empecé a escribir el libro y fluyó muy bien desde las primeras páginas.

¿Por qué escribir sobre la muerte?
Porque nadie nos enseña a despedirnos de aquellos que amamos cuando mueren, y tampoco nos enseñan a despedirnos de una vida que algún día tendremos que abandonar.

De las historias plasmadas en el libro, ¿cuál lo impacta?
La de los dos sacerdotes colombianos que pagaron para que los asesinaran. Hay una alta dosis de poesía, de fraternidad y de erotismo en ella.

¿Cuál fue la más difícil de escribir?
Esta misma. Porque estamos acostumbrados a mezclar moralidad con espiritualidad. Un moralista no necesariamente es una persona espiritual. Se trataba de dos seres inmorales y profundamente espirituales. Era difícil hallar ese tono.

Para usted ¿qué es la muerte?
Tránsito, metamorfosis, cambio, desapego.

¿Cree que su libro logra tumbar el tabú que se tiene sobre la muerte?
No, ese tabú continuará. Pero al menos es sano que empecemos a hablar sobre el asunto, a escribir, a pensar, a reír también.

¿Ha sentido que alguna vez ha muerto?
Muchas veces. He tenido que morir y he tenido que reinventarme en varias ocasiones. De eso se trata este libro: de aprender a desprenderse de sí mismo.

Además de la muerte corporal, física, ¿qué otras muertes existen? 
Morimos a ciertas ideas, a ciertos vicios, a ciertos amores, a ciertas amistades. No hay nada más aburrido que ser siempre el mismo. Morir nos garantiza la renovación.

¿Usted a qué ha muerto?
Morí el día que murió mi padre en 2003. He muerto cada vez que una relación sentimental termina. Muero cuando mueren mis personajes. Muero un poco cada día.

Después de escribir el libro, ¿cree usted en el más allá y en la reencarnación?
La idea de la metempsicosis o de la transmigración de las almas me parece tan estética que no me importa si es cierta. Un artista no busca la verdad, sino la belleza.

¿Qué libro le gustaría que le recitaran al oído al momento de su muerte?
El sueño de las escalinatas, de Jorge Zalamea, leído por él mismo.

Ricardo Silva Romero
Érase una vez en Colombia
Alfaguara. 412 páginas. 2012

Un libro que son dos novelas. El título general de Érase una vez en Colombia cobija, por un lado, a El Espantapájaros y, por el otro, a Comedia romántica. Cuando a Silva le preguntaron por qué se había decidido por este novedoso formato respondió: “Porque la segunda responde a la primera. Porque son la buena y la mala noticia. Porque la una es el pero de la otra…”. Y sí que es cierto. Un consejo: lea primero El Espantapájaros y conmuévase con esa historia que lo hará pensar en las noticias de nuestro pasado reciente; se trata de una novela de masacres, de búsqueda de un asesino, de la vida en un pueblito en la mitad de la nada en el que llueve violencia. “Se escondieron detrás de los animales como si no fuéramos capaces de pasarles por encima a punta de bala. Gritaron ‘¡no me mate!, ¡no me mate!’, escondidos entre las vacas muertas de miedo, con ese timbre con el que gritan los hombres que uno ajusticia”. Así suena el relato de El Espantapájaros. Cuando llegue al final, siga el consejo que le da el narrador a todos los lectores ―“Pasen la página con la sensación de que después delaguacero sigue el mundo”― y entre en Comedia romántica¸ una deliciosa conversación entre una pareja, que parece eterna: es como si pasaran los años y los años y ellos siguieran hablando. Póngale cuidado a los atisbos que hay en ese diálogo a la trama de El Espantapájaros, la novela contraria: muy bien logrados. Y déjese llevar por dos sentimientos: la alegría de todo lo vivido y la melancolía por lo que ya se fue. Comedia romántica es una de esas novelas que les enredan el alma a los lectores.