28 de noviembre del 2020
Fotografía | Javier Larrotta
18 de Abril de 2020
Por:
Diego Montoya Chica

No ha sido, unicamente, la arquera de la Selección Nacional de Mayores Femenina. Tampoco se puede decir que sea, apenas, la hija de un arquero legendario. Ante todo, esta joven de 24 años es una de las caras más visibles de la lucha por el fútbol femenino en Colombia. 

"El fútbol sí puede cambiar el mundo": Vanessa Córdoba

CUANTO MÁS se aproximaba el bus al estadio de La Serena, al noroeste de Santiago, Vanessa sentía que el temblor de su cuerpo empeoraba. Lograba camuflar su ansiedad ante sus compañeras de equipo –muchas con mayor experiencia que ella en la cancha–, pero ni el sudor de sus manos ni la tensión en su estómago mentían. ¿Y cómo no entenderla? nadie en el mundo está tan sereno a punto de salir a un estadio –los estadios de fútbol, esas catedrales de nuestro tiempo– a debutar con la Selección Colombia. Nada menos que en la última fecha fifa antes de la Copa América, el torneo clave del continente. ¡Y contra las chilenas, que eran locales! Además, ¿qué arquero no sabe que su responsabilidad en el campo es, tal vez, la más individual de todas, y que los goles en contra caen, en algún grado, sobre su nombre? Para rematar, no la calmaba el hecho de ser hija de una de las leyendas más amadas por la afición del fútbol colombiano: Óscar Córdoba, quien enalteció la tricolor en dos mundiales como guardameta. En el de Francia no le metieron un solo gol y fue catalogado como el mejor portero en dos Copas Libertadores, así como en una Copa América. Vamos: un hito. Y uno provechoso para Vanessa, claro que sí, pues de él absorbió aprendizajes desde cuando, allá en la Buenos Aires del 2000, lo acompañaba a los entrenamientos de madrugada siendo una niña. Sobre todo, de él recibió el amor de un buen padre y mentor. Pero es imposible negarlo: el apellido resultaba un poco comprometedor.
 
“¡Quería salir corriendo!”, recuerda Vanessa con una sonrisa. Y no sonríe solo porque la prueba de ese 4 de abril de 2018 haya sido superada – ese día en Chile no le metieron un solo gol–. Más bien, sonríe porque mira su propio pasado con ternura: entiende ya que los nervios de ese día eran el menor de los desafíos que se había echado encima en el momento en que se decidió por los guantes y los guayos. La caleña tiene tres frentes de lucha permanente. El primero es el estricta - mente deportivo: con sus 24 años y 1,75 metros de estatura, es arquera de la Selección Colombia Femenina de Mayores, juega para el club La Equidad y lo ha hecho en el Inter de Milán, el Fundación Albacete, el bogotano Santa Fe y un par de clubes universitarios. El segundo frente es el del activismo deportivo: junto con un puña - do de compañeras aguerridas, ha incidido para que exista una liga femenina “estable y digna” en Colombia. Y el tercer frente es el más trascen - dental: el del género. El de la reivindicación de la mujer, ya no en el fútbol, sino en todas las esferas sociales, a través del fútbol.
 
El recuerdo más viejo que Vanessa tiene en relación con este deporte no es el de cualquier afi - cionado: es de la final de la Copa Libertadores en el año 2000, disputada en la Bombonera entre el Palmeiras y el Boca Juniors. La cosa se fue a pena - les y su padre atajó un cobro que le dio la copa a su equipo. “Se desató un caos. La gente estaba col - gada de las rejas. Nunca lo olvidaré”, dice Vanessa, entonces de unos cinco años. Lo veía todo desde cerca al arco paterno. “El problema no es tener privilegios, sino saber qué se hace con ellos”.
 
 
 
  • La liga profesional femenina ha estado amenazada por dos años consecutivos. En 2019, la Dimayor casi la cancela justo cuando aparecían denuncias: una por precariedad y otra, muy grave, por abuso sexual. Pero argumentaron que el fútbol femenino no produce dinero porque no es tan popular. ¿Qué opina del argumento económico que, de hecho, repitieron a principios de este 2020?
Eso es un mito porque tú no vas a algo que no sabes que existe. Y ese es, justamente, el círculo vicioso al que me he referido en varios escena - rios: si tú no inviertes en mercadeo, la gente no se entera y si la gente no se entera no va a asistir. Alguien tiene que entrar a romper ese ciclo: sea los clubes invirtiendo más en mercadeo o los me - dios dándole más exposición al fútbol femenino, de manera que las marcas se sientan atraídas. De a poquitos se está dando, y no solamente gracias a nuestra lucha y a las denuncias realizadas, sino también a los éxitos de las jugadoras: el Huila ganó la Libertadores en 2018 y tuvo una buena ex - posición –eso sí, nunca como la que les dan a los hombres– y la Selección Colombia femenina ganó el Oro en los Panamericanos de Lima. Claro que sí: a veces damos pérdidas. Pero es que nosotras no tenemos siquiera el tema de los pases de venta de jugadores. Recientemente, Linda Caicedo salió del América para el Deportivo Cali, y el América no recibió un solo peso. Parte del problema ha sido que, pese a la buena voluntad de todo el mun - do, no se ve una estrategia clara, un plan a largo plazo por parte de las autoridades deportivas. No pelearíamos tanto si nos dicen: “muchachas, no hay plata, entonces la liga va a ser de un mes, pero para el próximo año ya estamos trabajando para que sea de cuatro, y el año siguiente, de seis”.
 
 
  • ¿Cuánto cuesta una liga digna? 
Los números de la Dimayor y la Federación dicen que para tener una liga de seis a siete meses con todos los ‘juguetes’ –como la que solicitábamos– son necesarios entre 10.000 y 15.000 millones de pesos. Dentro de ese presupuesto ellos están incluyendo los sueldos de las jugadoras porque quieren atraer a los clubes, y eso es valioso. Pero estos son, en realidad, responsabilidad de cada club. Y yo identifico un punto delicado: calcularon veinte equipos –confirmaron 18 para la liga 2020, que empieza en abril– y me parece bien que tengan esa intención. Pero en este momento tenemos que pensar calidad sobre cantidad. Una de las ligas más grandes a nivel mundial es la española, la Iberdrola, y tiene 16 equipos. La de Estados Unidos tiene nueve y es un nivel élite. Nosotros tendríamos que ‘darnos la pela’ ahorita y dar un buen espectáculo con un número discreto de equipos con un alto nivel para que, dentro de cuatro años, no sean ocho, ni diez, ni doce, sino que sean 16. 
 
  • Sus redes sociales son claves en su trabajo de incidencia. Tiene casi 28 mil seguidores en Instagram y en Twitter más de 14 mil. ¿Cómo evalúa estas plataformas?
Es un poder como todos los poderes y toca tener mucho cuidado con él. Me di cuenta de eso cuan - do critiqué la decisión de que fuera la exreina Paulina Vega, y no una jugadora, quien en unas fotos promoviera la nueva camiseta de nuestra Selección. Cuando hice el comentario en Twitter e Instagram, eran las once de la noche y me acosté a dormir. Al otro día, ¡el celular se me bloqueó con la cantidad de notificaciones! Pero es una herra - mienta útil. Se dice que las redes son malas, que nos alejan de la realidad. No lo creo. La crítica no debe ser a la red social sino a nuestro comporta - miento con ella. Mira el caso de Nicole Regnier, que con sus redes le aportó mucho al fútbol feme - nino en Colombia.
 
 
  • Esto nos abre el tema del fútbol en relación con el género. Ha dicho que el rol de una mujer en el fútbol va más allá del meramente deportivo. ¿Cómo así?
El poder del fútbol es gigante. Antes, yo no tenía idea de qué era machismo ni feminismo. Estando en el colegio, publiqué un trino: “ver a un hombre borracho es feo, pero ver a una mujer borracha es peor”. Y mi hermana, que vivía en Estados Unidos, me llamó a regañarme: no seas machista, dijo. Me puse a buscar y abrir los ojos fue tenaz. Esa es una de esas cosas que cuanto más las aprendes, más las ves. Poco a poco y gracias a autoras como Vanessa Rosales –y su libro Mujeres vestidas– aprendí que, en el fútbol, tenemos un poder más allá de los goles que metemos o tapamos. Y ese poder está inscrito en aquello que decimos y en cómo nos presentamos. Nuestro rol en esta generación es cambiar los vicios sexistas que hay, y para que eso ocurra hay que tener en mente un dicho: “me encanta incomodarte”. Sí, toca incomodar, para ponernos a pensar. De otra manera, no cambia - rá en los clubes eso de: “Ustedes no se pueden cruzar con el equipo masculino”. ¿Cómo así? “Es que las estamos cuidando”. ¿De qué? “Ay, ustedes saben cómo son los futbolistas… ”. No: lo que me estás diciendo es que son unos animales que no se pueden controlar. Eso tiene que cambiar dentro y fuera del deporte.
Te cuento otra anécdota. Alguna vez fui a un pueblo cerca de Yopal a acompañar a una empresa. Se iba a jugar un torneo mixto y los dos capitanes eran la madre y el padre de un niño, ya separados. Empezó el partido y la mujer le hizo una ‘jugadota’ al papá, que era arquero, y le terminó metiendo el gol ¡La celebración en el coliseo fue como en la final de la Copa Libertadores!, quizás porque todos sabían que ella estaba reivindicando algo importante. ¿Ves? El fútbol es todo menos lo que ocurre en un estadio, es una radiografía de la sociedad. Es una herramienta para cambiar el mundo.
 
  • Los vicios de los roles impuestos de género están también en el deporte. Dijo que otra de las imposiciones del machismo es que los niños nacen con un balón entre los pies, pero las niñas únicamente lo toman, si acaso, a los doce…
Es que es muy cierto. Pero se lo comenté a Manuela Carmena, la exalcaldesa de Madrid, con quien estuve en un evento en el bid. Y me dijo: “Pero ¿sabes cuál es el real problema? Que está bien que tú también tengas un balón, ¡pero dale una muñeca al niño! Ellos solo han tenido el balón, hay que darles también lo otro”. Y tenía razón. Eso generaría mayor empatía entre géneros.
 
  • Y como la cultura redunda en la economía, cuando se comparan los sueldos de los jugadores con los de las jugadoras, la diferencia raya en el absurdo…
El tema salarial es complejo. Es comprensible que, por ahora, no podamos ganar lo mismo que los hombres, porque el retorno de inversión de nosotras no es monetario en estos momentos. Yo no puedo compararme con un Leandro Castellanos, de Santa Fe, por ejemplo, que quizás vende diez camisetas, y yo, una. Sin embargo, lo que hay de fondo es una cuestión de oportunidades: que nos den la oportunidad de llenar un estadio, de vender camisetas. Pero con una liga de dos meses no nos la están dando. Y esto no lo vamos a cambiar en una sentada: a Estados Unidos le tomó casi quince años.
 
  • ¿Qué mujeres han sido sus modelos para seguir, dentro y fuera del deporte?
  En el fútbol, Hope Solo e, inevitablemente Megan Rapinoe, que es ejemplo perfecto de que no solamente somos futbolistas. De hecho, me alegra que eso se lo haya dicho en la cara a muchos referentes masculinos. Pero tal vez el más importante es Serena Williams, entre otras cosas, por el tema del cuerpo. Yo he sufrido mucho por mi aspecto físico, pues me han dicho que soy gorda, que soy débil, que soy ágil pero no suficiente… Williams era negra y además no era flaca, como otras tenistas, en un deporte con unos cánones muy fuertes. Y mira lo que logró, adueñándose de lo que tenía sin importarle lo que la gente dijera. Ahora, por fuera del deporte, mi madre. Ella dejó toda una vida cuando se fue con mi papá. Eran muy jóvenes cuando tuvieron a mi hermana mayor: tenían 19 años. Así que cuando me encuentro en situaciones difíciles digo: esto lo sobrevivo con esa valentía que es hereditaria, la saqué del lado femenino de la familia.
 
  • Ha dicho que aquellas viejas peleas que tenía con el hecho de que su identidad siempre fuera ligada a la de su padre fueron reemplazadas por una aceptación amorosa y que ese hecho tiene ventajas. ¿Cómo maneja esa presión?
La presión va más allá de que todos esperen que lo hagas bien, o de por qué no sacas el balón como tu papá. Porque ya no es tanto la presión con la gente. Es más la de sentirme en deuda con el fútbol, que le ha dado a mi familia muchas cosas y a mí también. No te voy a negar que es algo que me ha trasnochado y que, a veces, le quita mérito al disfrute de hacer las cosas bien: en vez de disfrutarlo, pienso: “es lo mínimo”. Pero poder ver mi trabajo como una retribución me ha permitido verlo en una forma más positiva.
 
  • Y ahora que está en la cancha, ¿qué es lo que más admira de él?, uno se pregunta por la fortaleza sicológica de los arqueros, que tienen tanta responsabilidad.
El primer obstáculo que uno enfrenta como arquero es aceptar los goles. A veces se llega al entrenamiento pensando que nadie te va a hacer uno solo y es lo primero que pasa. Das lo mejor de ti, pero los aceptas si ocurren para que no te carcoman la cabeza toda la noche. Sí, la responsabilidad de un arquero es inmensa, pero se debe disfrutar. Es como la frase del que dice: “el feminismo no se sufre, se disfruta”. Pues bien, la responsabilidad del arco no se sufre, se disfruta. Él me ha ayudado mucho con eso. En sus palabras, “el arquero se hace con goles”. Y otra cosa que me ha dicho: “Vane, va a haber alguien que va a hacer mejores atajadas que tú, que va a romper los récords que tú rompiste, pero el legado que tú puedes dejar va a marcar a muchas generaciones, así que muy ‘bacano’ que lo puedas hacer”. ❰
 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
*Artículo publicado en la edición impresa de marzo de 2020.