12 de diciembre del 2018
El comercio justo está salvando la tradición del sombrero aguadeño
Fotos Andrés Torres
30 de Julio de 2018
Por:
Sebastián Serrano

Gracias al e-commerce y a una filosofía de comercio justo, un grupo de jóvenes está rescatando la tradición del sombrero tejido a mano.

El comercio justo está salvando la tradición del sombrero aguadeño

David Muñoz es publicista de profesión y sombrerero de tercera generación. Durante siete años trabajó en agencias publicitarias de Bogotá. Luego decidió volver a Aguadas (Caldas), pueblo en el que nació, para poner su experiencia al servicio de los sombreros que desde hace 150 años se fabrican allí.

 

“Para mí, Palmato más que una fábrica es una industria creativa”, explica Muñoz, su cofundador. Gracias al e-commerce y a una filosofía de comercio justo, esta empresa de sombreros aguadeños que fundó con su compañera, Natalia Agámez, y su hermano, Carlos Mario, está rescatando la tradición del sombrero tejido a mano.

 

*David Muñoz, cofundador de Palmato.

 

Los viernes y sábados, los comerciantes de paja y las tejedoras de sombreros de Aguadas tienen una cita en el parque principal del pueblo a las 7 mañana. Los comerciantes llevan atados que obtienen deshilachando las hojas secas de la palma de iraca cultivada en las regiones más cálidas del municipio. Las tejedoras compran cada atado por $10.000 y con paciencia van tejiendo los hilos hasta convertirlos en sombreros, que después venden a los comerciantes del pueblo por $25.000.

 

Pero esta dinámica comenzó a cambiar hace nueve años cuando llegó Palmato. Ahora, sus artesanas reciben la paja sin ningún costo y directamente de la empresa. Cuando el sombrero está listo para los últimos acabados, Palmato se los compra a las tejedoras por $40.000, dejándoles $25.000 más de lo se ganaban con el sistema anterior. “Eso es comercio justo: reconocer la labor del artesano con un buen precio”, dice Muñoz.

 

Según él, la tradición de tejer sombreros se extinguió en algunos pueblos vecinos, precisamente porque no era rentable. En promedio, las artesanas necesitan entre cinco y seis días para terminar un sombrero que antes de la llegada de Palmato les dejaba apenas $15.000 de ganancia.

 

“Hace cuarenta años, podía haber 5.000 artesanas en Aguadas. Hoy solo quedan 700. La única manera de mantener viva esta tradición es pagándola bien”, asegura Muñoz, quien durante el verano, la estación de mayor productividad para los sombreros, puede llegar a contratar hasta 90 trabajadoras.

 

 

 

María Dilia Osorio Giraldo teje desde que era adolescente. Su mamá le enseño a convertir un manojo de paja seca en un sombrero que puede pasar de los 100 dólares en el exterior. “Ella siempre me dijo que aprender a tejer era importante, porque así uno podía tener plata para sus cosas. Me acuerdo que en esa época yo quería unos zapatos rojos y a punta de sombreros ahorré para comprarlos sin pedirle nada a nadie”, afirma.

 

David Muñoz se define como un “neocampesino”. Luego de más de una década estudiando y trabajando en Manizales y Bogotá, regresó a su natal Aguadas y se instaló en la parte rural del municipio.

 

Aunque se queja del mal estado de la carretera que comunica a su pueblo con Manizales, asegura que las cinco horas de caminos parcialmente pavimentados que separan a los aguadeños de la capital del departamento no han impedido que Palmato ponga sus sombreros en Estados Unidos, Francia, España o India.

 

Lea aquí: De Curití a Nueva York.

 

Gracias a un trabajo dedicado en redes sociales, Palmato se mantiene en contacto regular con el mundo desde este pequeño pueblo escondido entre montañas. A través de sus páginas de Facebook, Instagram y Youtube, David y Natalia les muestran a sus clientes las hojas de la palma de iraca, los vendedores de paja que llegan todos los viernes al pueblo y los rostros de las artesanas que le dan forma a su producto.

 

Para Muñoz, esta estrategia de comunicación ha funcionado muy bien. “Al cliente, sobre todo al extranjero, le gusta saber que tiene un producto hecho a mano y conocer al maestro artesano que está detrás”, cuenta. Además de su apuesta por el e –commerce, ha establecido alianzas para tener un punto de venta en el mercado de Usaquén de Bogotá.

 

* A través de las redes sociales, David y Natalia les muestran a sus clientes las hojas de la palma de iraca.

 

Estar al tanto de todas las convocatorias para emprendedores que surgen desde el Gobierno y el sector privado también ha sido clave. Fue así como Palmato resultó elegido para participar en el reality show Shark Tank, un concurso respaldado por iNNpulsa Colombia –entidad del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo–, en el que tuvo la oportunidad de presentar sus negocios ante un panel de grandes inversionistas. De esta experiencia, Muñoz logró obtener una inversión de $120 millones.

 

Actualmente, la empresa vende alrededor de 300 sombreros al mes, la mayoría a través de su tienda virtual. Su meta inmediata es pasar los 5.000 en 2019 y aumentar su presencia en Francia y Estados Unidos. Sin embargo, más que en el destino final de los sombreros, para Palmato el éxito radica en que las artesanas de Aguadas sigan tejiendo y ganando lo justo por su trabajo.