18 de agosto del 2019
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9 de Diciembre de 2013
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¿Qué pueden hacer los premios Nobel de Economía por el mundo? Mecanismos para organizar la donación de órganos, vaticinios, análisis sobre la legalización de la marihuana, e incluso, graves problemas financieros son algunos de los aportes.

Por Alejandro Méndez Martínez

Del dicho al hecho

El Palacio de Conciertos de Estocolmo, la alfombra azul, la N bordada en el centro del escenario, los vestidos de gala, la familia real sueca, pocos periodistas. Ahí, en diciembre, casi anónimos, Eugene F. Fama, Lars Peter Hansen y Robert J. Shiller, los tres ganadores del Premio Nobel de Economía 2013, serán los protagonistas. 

Los Nobel de Literatura, Medicina y Paz se roban la atención de los medios masivos en el mundo, la noticia de los galardonados en estas categorías es esperada con por el público que se siente tocado por las obras de esos científicos, escritores y políticos. En contraste, el de Economía no parece despertar la misma expectación. “El Nobel de Economía es el hijo ‘bastardo’ (…). Peor aún, después de la terrible crisis en la que se vio inmerso el mundo desde el 2008 y que ha significado enorme desempleo en muchos países y una gran pérdida de bienestar”, afirma Alejandro Villalópez, doctor en Economía, investigador y profesor en México. 

Diferente a otras ciencias, en la economía se tienen en cuenta para los premios Nobel solo trabajos que tengan entre 15 y 25 años de desarrollo y pruebas a partir de las contribuciones originales, esto, “porque se considera importante esperar las críticas y las subsiguientes pruebas de la relevancia de las contribuciones, que para el caso de las ciencias sociales, toma más tiempo que en las llamadas ciencias exactas”, explica el economista Julián David Monroy D'eroz, de la Universidad del Valle, experto en mercados financieros y profesor en esa institución.

Para los expertos es claro que los estudios base que reciben los galardones Nobel están estrechamente ligados con la realidad económica de los países (por lo menos los más poderosos) y sus mercados. Sin embargo, para el ciudadano promedio no está claro dónde están los aportes y por qué, aunque ganen premios, los resultados de estos no parecen prever, minimizar, aliviar y menos acabar con problemas tan importantes como el desempleo, la quiebra de países enteros, el déficit en educación, la ineficiencia de los sistemas de salud, los programas de jubilación insostenibles o la pertinaz pobreza.

En este contexto, los analistas destacan que los galardonados de 2013 han dado herramientas valiosas al mundo. Fama demostró que el precio de las acciones era muy difícil de predecir en el corto plazo, así como establecer el precio correcto de los productos financieros. Shiller, con base en tales conclusiones, logró ir más allá y establecer que los precios de los productos a largo plazo son más fáciles de predecir ya que excluyen las volatilidades del corto plazo y, como resultado, era más fácil generar beneficios en contra de los precios de mercado. Estos análisis se extendieron a otros productos financieros, como los bonos y otros tipos de deuda. Por su lado, Hansen ha desarrollado métodos estadísticos para encontrar relaciones precisas entre los sectores financiero y real de una economía. 

Ahora, lo interesante de esto es que si bien los aportes de estos científicos han servido para mejorar los rendimientos de quienes invierten, personas, gobiernos o corporaciones, su conocimiento no parece ser tan bien valorado por estos jugadores cuando se trata de un llamado a parar mientras rebullen su olla de monedas: Shiller, con base en sus estudios, publicó en 2000 un libro sobre la burbuja en la bolsa de valores titulado Exuberancia irracional, donde presagiaba la crisis financiera global. La obra fue reeditada en 2005. Ahí planteó que el mercado inmobiliario en Estados Unidos estaba peligrosamente sobrevaluado, un análisis poco popular en aquel momento. 

Ángeles y demonios

Al hacer una revisión rápida de otros premios Nobel de Economía, se encuentra que los ganadores de 2012, Alvin Roth y Lloyd Shapley, son los principales impulsores de la teoría del emparejamiento (matching theory), un trabajo de investigación que dio como resultado un algoritmo y un desarrollo práctico muy útil para diferentes mercados. Por ejemplo, ha sido muy exitoso en el mercado de los jóvenes médicos recién egresados que cada año aplican a los hospitales para su internado en Estados Unido. Roth les resolvió su caótico proceso a mediados de los años noventa con muy buenos resultados. También, está funcionando para ubicar a los alumnos en las escuelas públicas de ciudades como Nueva York y Boston. Y también ha permitido establecer un interesante mecanismo en el caso de la donación de órganos. Que sus aportes sean apropiados en nuevas áreas y países para solucionar problemas parece ser más un asunto de índole política y de voluntad gubernamental que de la probable solidez de sus trabajos. Aquí en Colombia, por ejemplo, vendría bien que alguien se percatara de que existe ya una solución para asignar las plazas rurales a los médicos recién egresados. 

Luego de una par de muestras de estos ‘ángeles’ Nobel, es imposible que en la vida real no irrumpan ‘demonios’, sin que se les acuse por eso de falta de probidad. Y así fue en 1998, cuando varios académicos destacados en finanzas y matemáticas, entre los que se encontraban los premios Nobel de Economía Robert Merton y Myron Scholes (premiados en 1997 por su contribución a la comprensión del riesgo financiero), montaron un Hedge Fund, el Long Term Capital Management (más conocido como LTCM) y empezaron a trabajar y a producir dinero para firmas como Salomon Brothers, UBS, Goldman Sachs, Lehman Brothers, JP Morgan. Sus esfuerzos comerciales dieron frutos rápidamente y su modelo se extendió por el mundo. Entonces comenzaron a surgir bolsas de opciones en las grandes plazas bursátiles mundiales: Tokio, Londres, Sídney, Toronto y París. “El problema fue que se empezaron a inundar las economías mundiales con productos financieros totalmente etéreos, sin referentes intrínsecos, como las opciones sobre tipos de interés u opciones sobre índices bursátiles (…). Este modo de operación dio cabida a grandes ataques especulativos a los mercados financieros y a desestabilizar rápidamente las economías mundiales como fue el caso del crash de 1987, el efecto tequila de 1994, la crisis asiática de 1997 y, al final del dominó, la crisis rusa de 1998, que determinó el colapso de LTCM, pues en ese mercado tenía casi todo su capital”, describe Monroy D'eroz. 

Los más ‘famosos’

Cómo no, en esta margen de la ciencia también los hay con muchas horas en prensa. Uno de ellos, Milton Friedman (1976), un nobel clave en la transformación de políticas macroeconómicas globales, con un sesgo neoliberal, que dejó además aportes conceptuales en temas tan actuales como la legalización de la marihuana. Según Friedman, su prohibición es inmoral, ya que causa violencia e impide que la gente use su cuerpo libremente. 

Uno de este siglo, Joseph Stiglitz (2001), ha ganado reconocimiento por su lucha contra el neoliberalismo pleno, dando elementos científicos que respaldan la necesidad de intervención medida pero efectiva de los Estados en las dinámicas de mercado (teorema de Greenwald-Stiglitz). Fue pionero en advertir que el PIB no puede ser la única medida de desarrollo de una nación: “Los instrumentos tradicionales de medición del PIB no toman en cuenta la degradación del medioambiente ni la desaparición de los recursos naturales, (…) sólo compensan a los gobiernos que aumentan la producción material, pero si se mejora la calidad de vida, eso no aparece como un aumento de consumo material, entonces no se amplía el PIB y el gobierno es criticado. (…) A la inversa, un crecimiento del PIB puede disimular una degradación violenta del bienestar de la población”. 

Finalmente, Paul Krugman (2008), es visto como autor determinante de la nueva teoría del comercio por sus trabajos en las décadas de los setenta y los ochenta. Su cercanía al periodismo y a los medios masivos le ha servido para ganar adeptos cercanos y detractores belicosos. Sus aportes son diversos, pero entre los destacados está advertir, sin eco, sobre la actual crisis económica en Estados Unidos: en 2003, afirmó sobre las políticas del expresidente G.W. Bush que “el enorme déficit fiscal, la disminución de impuestos, el aumento del gasto público y la guerra de Iraq son insostenibles y generarán una gran crisis”, en su libro The Great Unravelling. En la actualidad, desde sus estudios ha venido recomendando a Estados Unidos y a la Unión Europea que detengan las políticas de austeridad, pues profundizan y no corrigen los problemas estructurales que alimentan la actual crisis de sus economías.