19 de octubre del 2019
Fotografías | Shutterstock
17 de Agosto de 2017
Por:
María del Carmen Perrier*

Una invitación a poner en marcha el carro y disfrutar de diferentes rutas por Colombia para vivir grandes experiencias.

Colombia sobre ruedas

Creo firmemente que Colombia está de moda. El mundo entero está descubriendo una nueva faceta del país, donde la variedad de opciones entre la sabana, el desierto, el Caribe, el Pacífico y los nevados parecen infinitas. Para ayudarte a planificar, desde la REVISTA CREDENCIAL te proponemos cuatro opciones en carro para que veas todas estas maravillas.

 

Salto a la aventura desde Bogotá

 

Hay quienes consideran que, desde la capital, no hay demasiado para ver, pero esta noción no puede estar más alejada de la realidad. Este es un recorrido hecho para desestimar esta idea, donde los escenarios son tan fascinantes que hasta el carro agradecerá emprender tan encantador camino. El plan incluye tres días en Bogotá, y luego una inmersión a la zona de más aventura del país, donde se visita Villa de Leyva, San Gil, Barichara y Bucaramanga.

 

Durante los tres días de visita en la capital hay ciertos puntos de interés que no pueden dejar de visitar. El primer sitio obligado es el barrio La Candelaria, donde los majestuosos edificios y museos son testigos de una historia tan rica como asombrosa. El segundo día, madrugar para subir al cerro de Monserrate. En la cima, a 3.152 metros sobre el nivel del mar, se encuentra la basílica del Señor de Monserrate, varios restaurantes y una impresionante vista de la ciudad. Para el último día, una buena opción es visitar el Museo Nacional, el Jardín Botánico o caminar por las calles del barrio Usaquén.

Ahora, para ir hacia Bucaramanga es preciso tomar la Autopista Norte, vía Tunja. El recorrido posee unas vistas preciosas y sitios muy ricos para hacer paradas técnicas. Una curiosidad que demuestra la singularidad de este escenario es que, hace muchos años, una pareja de extranjeros suizos pasó por estos parajes y decidió abrir un restaurante, por las similitudes del paisaje con su tierra. Actualmente, para quienes frecuentan esta ruta, una parada en el Restaurante Colfrance no se discute.

 

El siguiente destino en esta ruta es el pueblo de Villa de Leyva. El encanto del sitio es inmediato, por su impresionante plaza principal, la iglesia y antiguas calles empedradas. La vida nocturna y sus paisajes, como los pozos azules o la laguna de Tota, que queda un poco más alejada pero que bien vale la pena visitar, completan la estadía puesto que son absolutamente encantadores.

 

Un poco más al norte se encuentra San Gil. Este pueblo pequeñito se ha ganado la fama de ‘aventurero’, y tanto locales como turistas realizan todo tipo de actividades, como canotaje, rapel, parapente y espeleología. Todas estas opciones se encuentran disponibles en varios puestos de operadores situados en la entrada. A 15 minutos se encuentra otra ‘princesa’ santandereana, el pueblo de Barichara, también famoso por su perfecto estado de conservación y envidiables alrededores.

 

Se regresa hacia San Gil para continuar la ruta a Bucaramanga, el destino final de este recorrido. En el camino se puede visitar el cañón del Chicamocha, un accidente geográfico que impacta por su tamaño y preciosas vistas; finalmente, se llega a la ciudad para pasar un día allí. Esta ofrece una gran cantidad de planes, como visitar varios parques y un simpático casco antiguo. Para quienes disfrutan de ‘golpes de adrenalina’, esta ruta es una opción ideal.

 

Colorido antioqueño

 

Los paisajes por esta vía son dominados por el azul y el verde, representados en plantaciones, ríos y embalses maravillosos del departamento de Antioquia que, a su vez, están enmarcados por hermosos pueblos coloniales. Este recorrido finaliza en Medellín, desde donde se toman las rutas hacia Guatapé, Santa Fe y Jardín.

 

Para entender el porqué del bullicio sobre Medellín, basta con llegar a la ciudad. Diversos puntos turísticos y una vida nocturna envidiable se fusionan para crear un ambiente ideal de diversión y cultura. En el barrio de El Poblado abunda la música y gran estilo para cumplir con lo primero, mientras que el Jardín Botánico, el centro y otras atracciones se encargan de lo segundo, todo acompañado de un clima perfecto que tienta a varios pasajeros a instalarse para siempre.

 

A dos horas de ruta, por vía en muy buen estado y con paisajes de ensueño, se encuentra la piedra del Peñol, una maravilla de la naturaleza. En la cima de este monolito de granito se encuentra un mirador hacia el embalse de Guatapé, al que se accede luego de casi 700 escalones. Este es uno de esos programas donde el esfuerzo es bien recompensado con una vista única y espectacular.

 

El pueblo que se encuentra a pocos minutos es Guatapé, un pequeño pero encantador mundo de colores, donde las casas tienen zócalos decorados con imágenes y combinaciones alegres hacia arriba. A su vez, cuenta con un lago artificial donde se realizan varias actividades para refrescarse del calor y un amplio malecón donde se pueden comprar bonitos recuerdos.

 

Otras dos posibles rutas desde Medellín son visitas a los pueblos de Santa Fe de Antioquia y Jardín. El primero es el más antiguo de la región, que atrae por sus huellas coloniales y gastronomía peculiar. Sus atracciones incluyen el puente de Occidente y la degustación de pulpa de tamarindo. El segundo se autoproclama como el pueblo más bonito de la región. Jardín es pequeño, pero por demás pintoresco, donde la basílica y las coloridas construcciones cafeteras a su alrededor lo convierten en una postal viva, ideal para disfrutar los jugos de las frutas más exóticas y deliciosas que venden con orgullo por sus calles y locales.

 

Rumbo a Cartagena, “La Fantástica”

 

Carlos Vives no pudo estar más acertado en su denominación para la ciudad de Cartagena. Este recorrido se dirige a “La Fantástica” desde Palomino, mientras bordea el mar Caribe y se disfruta de los sonidos de rumba y naturaleza del parque Tayrona, Santa Marta y Barranquilla.

 

En la costa Caribe de Colombia se funden el sentir de las ciudades, playas, historia y gastronomía. La primera evidencia se encuentra en Palomino, un pequeño pueblo con riberas hacia el río y el mar, con diferentes opciones para entretenerse. En la ribera del río, por ejemplo, se puede alquilar un neumático y descender por la corriente hasta el mar, un plan muy típico y disfrutable.

 

Muy cerca se encuentra el parque Tayrona, una joya turística del país. Desde el carro se ve cómo la vegetación cruza por sobre la carretera, de un lado al otro y, si se bajan las ventanillas, se pueden escuchar los sonidos provenientes del inmenso parque y saborear el gusto de la experiencia. Fanáticos de la naturaleza y la playa se acercan de todas partes del mundo para visitarlo, porque no hay punto en el que no sea asombroso.

 

Antes de ir es conveniente asegurarse de que esté abierto; y llegar temprano en la mañana a cualquiera de los tres puntos de acceso, dado que las entradas son limitadas con el fin de conservar correctamente el ecosistema. También es fundamental llevar ropa cómoda y agua para hidratarse, porque las caminatas suelen ser largas y el calor sofocante.

 

Desde este punto la ruta continúa hacia Santa Marta, ciudad que sorprende, entre otras cosas, por sus privilegiados atardeceres. Una opción es parquear el carro cerca del parque Simón Bolívar, y desde allí recorrer a pie el casco antiguo. Esta área es testigo de una ciudad que se encuentra en pleno estado de renovación, donde, a pesar de los cambios, por sobre todas las cosas, conserva su sabor.

 

Después de una pequeña inmersión en la ciudad más antigua de Colombia, hay que retomar la ruta en dirección Santa Marta-Ciénaga. Pareciera que en este tramo el carro flotara sobre agua, cuando se tiene, a la izquierda, a la Ciénaga Grande de Santa Marta y, a la derecha, el mar Caribe. Esta ruta es un ejemplo claro, por esta y otras razones, de por qué permitirse conocer el país en vehículo tiene un toque especial.

 

En este itinerario, el siguiente punto es la ciudad de Barranquilla. Al ingresar hay que ir en dirección al mar y parquear cerca del paseo peatonal del sector Puerta de Oro, del recientemente inaugurado malecón. Durante el descanso hay que probar el clásico “chuzo” y una comida con un sinfín de variedades, muy típica de la zona. Una opción que no falla incluye lomo, queso costeño, bollo limpio y papitas, ¡la delicia!

 

Finalmente, luego de unas 3 horas, se llega a Cartagena. Al acercarse, es posible ver inmediatamente el contraste entre lo moderno, en el barrio Bocagrande, y lo antiguo, en la ciudad amurallada. Dicho esto, en la puja, gana esta última. El aire colonial que se respira en sus calles, sus museos y, por supuesto, la muralla, son el escenario de años de una historia sin igual que es imposible no reconocer en cada rincón.

 

Tanto San Diego como Getsemaní sirven para hacer base y tener a corta distancia todos los puntos de interés, como la Torre del Reloj, el Castillo de San Felipe y la muralla. También se puede optar por ir en carro a disfrutar de las playas paradisíacas en Barú o llegar en barco a las Islas del Rosario.

 

Existe una razón por la que Cartagena es la preferida de los turistas, y es que uno siempre se despide con ganas de regresar.

 

Deleite cafetero

 

Si se es fanático del café, este recorrido es una muestra de este paraíso. Un camino que se puede hacer con el olfato y que es tan instructivo como inspirador. Así es el Eje Cafetero.

 

En los alrededores de Armenia hay excelentes opciones de hospedaje en fincas cafeteras, ya que muchas organizan recorridos por las plantaciones y asesoran muy bien sobre los mejores programas para hacer. Los infaltables deben ser el Jardín Botánico del Quindío y el mariposario, donde se pueden ver de cerca algunas de las especies más emblemáticas de Colombia y cómo se desplazan libremente por este predio de 15 hectáreas.

 

De allí hay que tomar rumbo a Salento, otro pueblo fascinante, donde se aprecia un gran contraste con aquellos del primer recorrido, puesto que conserva las estructuras típicas de fincas cafeteras. En la actualidad, el pueblo es un paraíso para ‘mochileros’ que hacen base aquí para disfrutar del resto de la región, gracias a la infraestructura turística y facilidades para movilizarse en los pintorescos Willys de todos colores.

 

Próximo a Salento se encuentra el Valle del Cocora, al que se puede acceder fácilmente en carro por un camino que parece de cuento de hadas. Después de los ríos, cascadas y montañas se encuentran varios parqueaderos y centros de atención a turistas. Generalmente, para tener las mejores vistas del valle, se sube a una de las montañas, a pie o a caballo, donde se puede ver cómo las palmeras de cera cubren la ladera para convertir este paisaje en uno de los más impresionantes de Colombia.

 

Si el entusiasmo y la energía perduran, no hay que dudar en seguir rumbo a Calarcá, Filandia o Pereira. Ninguna de estas es tan popular como Salento, pero no por eso son menos memorables. Si se ajusta el itinerario para completar este recorrido, se tendrá una visión profunda del delicioso Eje Cafetero.

 

Con esta renovada idea de la variedad enorme de rutas que existen para conocer el país, ‘pon primera’ y lánzate a descubrir la magia de Colombia. Elige una o todas, igualmente es un hecho que harás un camino para recordar toda la vida.

 

*Periodista uruguaya.

*Publicado en la edición impresa de agosto de 2017.