21 de octubre del 2019
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17 de Noviembre de 2017
Por:
Ana Catalina Baldrich

Las decisiones de Donald Trump sobre cambio climático pueden llevar a Estados Unidos a ceder su trono global. El país más contaminante del mundo está listo para asumir el papel. ¿Lo conseguirá?

China y su camino al liderato

El mismo día que el mundo vio al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunciar desde el Jardín de las Rosas de la Casa Blanca su decisión de salir del Acuerdo de París ─firmado por 195 países el año pasado─ por considerar, entre otras, que el compromiso pone en desventaja a su país, destruye puestos de trabajo y destroza su economía, las cámaras captaron las declaraciones del primer ministro de China, Li Keqiang, en las que aseguró que su país respetaría los acuerdos en la lucha contra el cambio climático: “Nuestras palabras tienen peso y nuestras acciones deben tener éxito”.

Las palabras del Primer Ministro se sumaron a los análisis de varios expertos alrededor del mundo, quienes no dudaron en afirmar que la decisión estadounidense abonaba el camino para que el país más contaminante del mundo asumiera el liderazgo, y no solo en la lucha contra el cambio climático. En declaraciones al diario británico The Independent, el investigador principal del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, Richard Gowan, manifestó que Trump había creado una oportunidad asombrosa para que China se afirmara en el sistema de las Naciones Unidas.

En el mismo sentido se pronunció Nick Bisley, profesor de relaciones internacionales en la Universidad de La Trobe, en Melbourne, quien en declaraciones recogidas por la agencia Bloomberg dijo: “Usted puede apostar su último dólar a que China va a presentarse como un líder pionero”.

Según datos de la misma agencia, desde hace cinco años, China se convirtió en el mayor inversionista en energías limpias del mundo. Solo el año pasado gastó 88.000 millones de dólares en energía eólica y solar, un tercio de la inversión de las energías renovables en todo el mundo.

Aunque David Tyfield, investigador en innovación y sociología ambiental de la Universidad de Lancaster, del Reino Unido, dice que el plan de Beijing es precisamente liderar la lucha contra el cambio climático, advierte que conseguirlo dependerá de varios procesos.

En su opinión, es necesario tener en cuenta dos cuestiones fundamentales sobre lo que significa realmente ser líder en el cambio climático: “Por un lado, podría significar un país que es tratado por el resto del mundo como un líder en el cambio climático. En cuyo caso se trataría de una cuestión que se centra principalmente en la política exterior y la reputación, y dependerá en gran medida de los esfuerzos diplomáticos, incluidos los relativos a la innovación ecológica y a la política de inversión. En este sentido, esperaría que China haga todo lo posible para asegurar esta buena voluntad a nivel internacional y aumentar sus credenciales ecológicas. La firma del compromiso reformulado del Acuerdo de París con la UE es un ejemplo perfecto de ello. Por otro lado, sin embargo, existe la cuestión de si China puede convertirse o no en un verdadero líder en la lucha contra el cambio climático, tanto en términos de mitigación y adaptación, como en términos de crecimiento de la economía y la sociedad de bajo carbono”.

En entrevista con REVISTA CREDENCIAL, Tyfield aseguró que, en este caso, el panorama se complica por las contradicciones que atraviesa China en sus políticas cotidianas. “Consideremos, por ejemplo, que China es el país líder en producción e instalación de cantidades absolutas de energía renovable, pero sigue siendo el país líder en el uso de carbón”. Sin embargo, añadió que pese a sus problemas actuales con la emisión de gases efecto invernadero, es posible que China sea exitosa en la tarea de captar la atención internacional por  sus esfuerzos por mitigar el cambio climático.

De la lista negra al camino verde

Información recopilada en Datos.com registra que en 2015 China emitió 10’641.789 kilotoneladas  de CO2, ubicándose en el primer lugar de los países más contaminantes, por delante de Estados Unidos (5’172.338 kilotoneladas ) y la India (2’454.968 kilotoneladas); entonces, ¿cómo logrará cumplir su compromiso de reducir sus emisiones de efecto invernadero en un 20% para el año 2030?

Para David Tyfield es de tontos subestimar la capacidad de los chinos para efectuar cambios rápidos. “Basta con mirar el increíble crecimiento de las energías renovables (viento, energía solar fotovoltaica, energía solar térmica) a la fecha”, aunque reconoce que el desafío más grande para el gigante asiático será el de reorganizar a su sociedad en torno a la adopción creciente de tecnologías verdes, tanto en el lado de la producción como del consumo. “Aunque esto puede implicar turbulencia ─advierte el experto─ no es una razón para apostar en contra.

Como una analogía, en la década de los treinta la Gran Depresión posiblemente golpeó con mayor fuerza en Estados Unidos que en otros lugares. Sin embargo, precisamente por eso, surgió a mediados de la década de los cuarenta como la incuestionable potencia económica industrial y política del mundo. Del mismo modo, es posible que no podamos imaginar cómo esta China puede cumplir con las obligaciones de este acuerdo, ¡pero esta China está cambiando y rápidamente!”

Y es que la tarea se está haciendo. Además de las inversiones en energías renovables, China también adelanta trabajos en generación hidroeléctrica; cuenta con el mayor programa de energía nuclear en el mundo; desarrolla proyectos masivos de forestación y reforestación, y capacita a los agricultores sobre las consecuencias del uso excesivo de fertilizante nitrogenado, que libera cantidades masivas de óxido de nitrógeno. Todo esto sin dejar a un lado sus tareas en la actualización de la industria del carbón y la exploración de gas natural.

Contrario a los argumentos esgrimidos por Trump, sobre los altos costos monetarios de cumplir con el Acuerdo de París, China está viendo la oportunidad de superar a Estados Unidos, tanto en términos de influencia global como de liderazgo de alta tecnología, centrándose en las oportunidades de inversión verde. “El enfoque chino de la inversión es también completamente diferente al de Trump y de las finanzas de Estados Unidos. Ya que busca un retorno a largo plazo tanto para el país como para sus sectores industriales y no solamente una ganancia máxima a corto plazo para sus accionistas. Así que la cuestión del dinero se calcula de manera completamente diferente”, dice Tyfield.

Una civilización ecológica

En los últimos años, el gobierno chino ha impulsado la consigna de “civilización ecológica”, un lema de alto nivel que se ha traducido en políticas concretas, como –según el experto de la Universidad de Lancaster─ la creación de zonas de conservación natural.

Una política de Estado definida, inversión y proyectos tangibles dejaría sin fundamentos los temores suscitados una vez se supo que Trump se alejaría del acuerdo climático: que China siguiera los pasos del coloso del norte. “Hay muy pocas posibilidades ─opina Tyfield─ de que China también decida abandonar el Acuerdo de París o las medidas relacionadas con la reducción de las emisiones. En primer lugar, tenemos que ver que la política ambiental de China está impulsada por temas clave, como la seguridad energética y la contaminación ─no específicamente por la política climática─ así como por el beneficio adicional de su creciente posición global. Estas cuestiones apuntan a la continuación ininterrumpida de su compromiso de limpiar su mezcla energética e incrementar la cantidad de energías renovables”.

Así las cosas, es muy posible que China aproveche el panorama actual y aumente su campaña global de relaciones públicas, para destacar la diferencia entre su responsabilidad global y la irresponsabilidad de Estados Unidos, y conseguir no solo liderar la lucha contra el cambio climático sino otros campos de la política internacional, ya que, según el experto, esa es una ambición nada descabellada.

Para David Tyfield hay un punto clave que medirá cada vez más el éxito en la lucha contra los retos del cambio climático: la economía digital. “Muchos de los desafíos ambientales complejos comenzarán a ser efectivamente cambiados cuando los datos y la tecnología digital los conviertan en oportunidades rentables. Las empresas chinas ya son masivas en este espacio a nivel nacional y son innovadoras altamente adeptas y flexibles. La dominación de este sitio emergente de la innovación haría mucho más que permitir el liderazgo global de China en abordar ediciones ambientales complejas, podría afectar a toda la gama de cambios sociales, económicos y tecnológicos, probablemente incluyendo las finanzas y los asuntos militares, fundamentalmente”.

 

*Publicado en la edición impresa de julio de 2017.