22 de febrero del 2020
5 de Agosto de 2013
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Con Beethoven la leyenda se confunde con la realidad. En particular, sus biógrafos del siglo XIX hicieron lo habido y por haber para hacer de él, que efectivamente era un genio, un héroe.

Por Emilio Sanmiguel

(Casi) Todo Beethoven

Como era sordo como una tapia se comunicaba a través de cuadernos que en su inmensa mayoría fueron destruidos después de su muerte por su acucioso secretario, pues contenían el testimonio de que era un hombre de carne y hueso, con debilidades y preocupaciones cotidianas, mal patrón hasta llegar al maltrato físico de sus empleadas domésticas, amigo de los chistes flojos, temible cocinero y desaseado hasta lo intolerable.

Igual con su música. La historia oficial dice que escribió cinco conciertos para piano y orquesta; uno para el violín; el Triple para piano, violín y violonchelo, y una Fantasía que reúne coro, solistas y orquesta alrededor del piano.

Beethoven tiene más música de concierto: dos romanzas para violín y orquesta, una de 1798 y otra alrededor de 1801; un trozo de concierto para violín de 1790 y otro de 1784, en parte desaparecido y luego reconstruido por Willy Hess que también reconstruyó el Romance cantabile para piano, flauta y fagot con acompañamiento de oboes y orquesta de cuerdas de aproximadamente 1786; y la fascinante transcripción para piano del concierto para violín, que el compositor realizó por solicitud del entonces famosísimo pianista y constructor de pianos Muzio Clementi.

La mayoría de estas obras y las oficiales son el tema de esta colección de cinco compactos de Yoyo Music, que acaba de aparecer en el mercado nacional bajo el título Todos los conciertos de Beethoven.

Beethoven es un compositor tan arraigado en el afecto y la admiración de los melómanos que sin duda este álbum, que simplemente aumenta el panorama de su estética, despierta un interés inusual por la música misma y por los intérpretes de esta antología.

Porque en la nómina hay verdaderas leyendas. El primero para destacar es Artur Schnabel (1882-1951), que con la Filarmónica de Londres toca el Concierto No. 3 con Malcolm Sargent en la dirección; fue el primer pianista en llevar al disco las 32 sonatas para piano y por lo tanto, más que un gran intérprete, es una autoridad.

Segundo en la lista de luminarias: Jascha Heifetz (1925-1987) que naturalmente se le mide al Concierto en re Op. 61 para violín, considerado la gran prueba de fuego para cualquier violinista que se precie de serlo por su altísima exigencia técnica y su complejidad musical, un asunto que jamás debió intimidar a Heifetz, uno de los mejores en la historia de este instrumento.

Otra estrella, Wilhelm Backhaus (1884-1969), pionero del literalismo en música, se encarga del Concierto No. 1 en do mayor, que fue escrito después del que hoy está clasificado como el No. 2 en si bemol Op. 19, que está tocado por otro figurón, el norteamericano Leon Fleisher (1928), quien de paso encara el más profundo de los cinco oficiales: el No. 4 en sol menor op. 58.

Finalmente, el más popular de todos, el No. 5 en mi bemol Op. 73, conocido como Emperador, es para el ruso Emil Gilels.

No hay que pasar por alto que en materia de orquestas están la Filarmónica de Viena, la Orquesta de Cleveland, la de la RAI de Milán, la de la NBC y la ya mencionada Filarmónica de Londres. Por lados de los directores batutas del prestigio de sir Malcolm Sargent, George Szell, Hans Schmidt-Isserstedt y el maestro por antonomasia: Arturo Toscanini.

Algunos de los registros han sido remasterizados, es decir, trabajados, purificados y limpiados de ruidos con mucha fortuna.

Una colección para los verdaderos beethovenianos, que son legión.