18 de agosto del 2019
11 de Febrero de 2014
Por:
Laura Samper Blanco

Asumió el cargo el 1º de enero, su familia es considerada una verdadera ‘modern family’ y en su mente está hacer de ‘la gran manzana’ un lugar justo y equitativo. 

Bill de Blasio: El poder progresista en Nueva York

Cuando el primer día de este año se escuchó en el corazón de Nueva York, una de las ciudades más emblemáticas de Estados Unidos, al nuevo alcalde dirigirse a sus conciudadanos en español, nadie se sorprendió: “De parte de Chirlane, Chiara y Dante y yo (Bill de Blasio) les extiendo las gracias a ustedes, mis hermanas y hermanos neoyorquinos, por acompañarnos en este día tan especial, gracias”, fueron sus palabras.

 

Y es que el nuevo gobernante mostró desde siempre que él, pese a tener lo que puede considerarse la “típica estampa” del cowboy estadounidense, no se rige por los moldes ni los parámetros.

 

Desde su nombre, el primer alcalde demócrata de ‘la gran manzana’ en 20 años (el último había sido David Dinkins, quien entregó su cargo en 1993), ha demostrado que no le teme a los cambios y por eso es considerado un verdadero progresista, que llegó a la ciudad para iniciar una nueva era.

 

Hijo de María de Blasio, quien era descendiente de inmigrantes italianos, y Warren Wilhelm, un veterano de la Segunda Guerra Mundial, el flamante alcalde de Nueva York fue bautizado como Warren Wilhelm Jr.; sin embargo, en 1983 decidió cambiar su nombre.

De Blasio, quien nació en Manhattan y fue criado en Massachusetts, ha explicado en varias ocasiones que, tras el divorcio de sus padres, se crió con su madre y su familia, por lo que ese año cambió su nombre al de Warren de Blasio-Wilhelm, un nombre que mantuvo hasta 2002 cuando decidió usar la forma cariñosa como lo llamaban sus amigos y familiares junto con el apellido de su madre. Desde entonces él es Bill de Blasio.

 

Este neoyorquino de 52 años, que hizo una licenciatura en la Universidad de Nueva York y realizó un posgrado en Relaciones Internacionales, centrado en estudios latinoamericanos, en la Universidad de Columbia, tiene una larga trayectoria al servicio de la comunidad, según la biografía difundida por su equipo durante la campaña electoral. Desde muy joven demostró su inclinación de servicio al trabajar en la junta escolar, en la administración de Dinkins, luego en la oficina regional del Departamento de Vivienda de Nueva York durante la Administración de Bill Clinton, en su labor durante la campaña al Senado de Hillary Clinton, como concejal y, posteriormente, como defensor del Pueblo.

 

Sus labores han estado sazonadas con lo que sus detractores consideran ciertos aires de izquierdista, por lo que algunos de ellos lo han tachado, en ocasiones, de comunista; una calificación que fue avivada durante la campaña a la Alcaldía cuando los medios de comunicación difundieron su apoyo en el pasado a los sandinistas en Nicaragua, durante un viaje que realizó al país centroamericano en 1988 cuando tenía 26 años.

 

Sobre este asunto, De Blasio se defendió en declaraciones a la revista The New Yorker al afirmar que, en su momento, lo motivó “la política exterior de Estados Unidos, la cual consideraba iba en la dirección equivocada al intervenir en los asuntos de otro país de forma incorrecta”. Otro asunto que le siguen facturando sus opositores es que, saltándose todas las normas, decidió pasar su ‘luna de miel’ en Cuba.

 

Y es que De Blasio cuenta con una “cómplice” de vida, Chirlane McCray, una mujer afroamericana que es escritora, poeta y activista, y que desde el colegio luchó, a través de sus escritos, contra el racismo, el matoneo y la discriminación, que además ha trabajado en política, edición periodística y salud pública, y ha demostrado no temerle al qué dirán, a tal punto que en 1979 publicó un ensayo en la revista Essence que tituló “Soy lesbiana”.

 

Al respecto, la primera dama neoyorquina manifestó recientemente: “En la década de los setenta me identificaba como una lesbiana y escribí sobre eso. En 1991 conocí al amor de mi vida y me casé con él”.

 

De dicho matrimonio nacieron dos hijos, Chiara y Dante, quienes completan un retrato familiar que motivó al expresidente de Estados Unidos Bill Clinton a asegurar que: De Blasio “representa con su familia el futuro de nuestra ciudad y de nuestro país. Son una auténtica familia moderna”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Algunos analistas consideran que el triunfo del demócrata se debe, en parte, a la mezcla racial de su familia sumada al programa de Gobierno que presentó y que se basa fundamentalmente en conseguir “una ciudad con más igualdad económica y social”. De hecho, ha propuesto aumentarles los impuestos a los más ricos para financiar programas de educación, y en su discurso de posesión afirmó: “Los grandes sueños no son un lujo reservado para unos pocos privilegiados”.

 

Este es el nuevo alcalde de la capital del mundo, un hombre que además de haber dejado claro desde su campaña que en su radar están las minorías, incluida la comunidad hispana, asegura que él y su equipo están llamados a “poner fin a las desigualdades sociales y económicas que amenazan con deshacer” a la ciudad que ama. «

 

*Publicado en la edición impresa de Revista Credencial.