20 de agosto del 2019
13 de Agosto de 2019
Por:
Catalina Uribe Tarazona

Altos estándares de calidad de vida, reducción de impactos al medio ambiente y condiciones aptas para el crecimiento económico. Evalúe si la ciudad en la que usted vive tiene estas características.

¿Qué es una ciudad sostenible?

LAS CIUDADES ocupan el 2% de la superficie terrestre, pero emiten 70% de los gases de efecto invernadero, causantes del cambio climático. El afán de los seres humanos por satisfacer sus necesidades al estar amparados por una cultura masiva de consumo, ha disparado –por encima de lo considerado responsable– la producción y consumo de energías no renovables en las urbes, así como la generación de residuos nocivos para los ecosistemas –como el plástico, pero no únicamente– y la deforestación, entre otros fenómenos. No es de extrañarse, entonces, que sean cada vez más evidentes las heridas del planeta: la contaminación de cuencas hídricas, la desaparición de los bosques que capturan el carbono y la disminución del aire limpio, entre otras.

 

Y es que lo ‘masivo’ es, en últimas, lo que ocurre en nuestra individualidad, replicado millones de veces. Según Paula A. Rodríguez, especialista en impactos sectoriales del World Wide Fund for Nature (WWF), No se trata de que dejemos de hacer nuestras compras cotidianas o que abandonemos nuestras actividades, sino, más bien, de velar porque todo aquello ocurra con más conciencia y con el menor impacto posible”. ¿Cómo trasladar esa conciencia al concepto de ciudad? Nicolás Oviedo, máster en Desarrollo Económico Local del London School of Economics and Political Science, afirma que, teniendo en cuenta que el transporte y la generación de energía son algunas de las principales actividades que liberan mayor cantidad de carbono, se debe iniciar por cambios pequeños pero significativos en esos dos frentes, y en el universo familiar. “Por ejemplo, reemplazar sus bombillos de tungsteno por bombillos LED, lo cual –dice– no solo generaría un ahorro a largo plazo en las cuentas de luz, sino que pondría una menor presión en el sistema de generación eléctrica de la ciudad”. Asimismo, dice, que se debe reflexionar sobre los patrones de movilidad: “se trata de tener presente cuándo podemos optar por caminar, movernos en bicicleta, o tomar el transporte público en lugar de movilizarnos en un vehículo particular que tiende a generar contaminación y congestión”, sostiene.

 

Más allá de la escala individual, las autoridades encargadas tienen una inmensa responsabilidad a este respecto, pues las emisiones de CO2, ocasionadas por el transporte, están, casi siempre, dentro de las más representativas. En Colombia, por ejemplo, el transporte ocupa el cuarto lugar dentro de los sectores que más contribuyen a la generación de emisiones, y aporta el 12% del total. Algunas de las iniciativas de transporte masivo sostenible más destacadas en el mundo son: el Metro de Londres, las autopistas de Los Ángeles, el sistema Mass Transit Railway (MTR) de Hong Kong, los transbordadores de Sídney, el sistema de bicicletas de Ámsterdam y el Metro de Nueva York.

 

Rodríguez también enumera los aspectos en los cuales, según su criterio, tiene lugar la sostenibilidad urbana: primero, el conocimiento de los ecosistemas que abastecen a la ciudad y su conservación. Segundo, la priorización de los servicios que se consumen a diario. Tercero, el uso adecuado del agua –Ciudad del Cabo, São Paulo, Pekín, El Cairo, Yakarta, Moscú, Estambul, Ciudad de México, Londres, Tokio y Miami han sufrido, o están en riesgo de sufrir, crisis de abastecimiento hídrico–. Y, por último, el uso del suelo mixto, es decir que, en un mismo sector, coexistan terrenos dedicados a la vivienda y al comercio para que los desplazamientos de los habitantes no sean largos y, con ello, se reduzcan las emisiones. “Por lo general, las ciudades donde hay zonas que son exclusivamente residenciales y otras que son comerciales y de oficinas tienden a ser poco sostenibles –dice Rodríguez–. No solo en la generación de emisiones con respecto al transporte, sino también en la calidad de vida de las personas que viven allí”.

 

Según datos históricos, Colombia ocupa el puesto 34 entre 184 países monitoreados en emisiones de gases. En 1990, el país registró 216,29 millones de toneladas de gas carbono (CO2), mientras que en 2014 –el dato más actualizado hasta el momento– esta cifra se elevó a 236,7 millones de toneladas. Expertos han afirmado que, en caso de no tomarse las medidas necesarias, estas se podrían aumentar en 50% para el 2030. Una vez conocida esta alarma, Colombia –junto con otros 195 países– tomó la decisión de hacer parte del Acuerdo de París, un pacto de reducción de emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI), con especial énfasis en objetivos de mitigación y adaptación a los efectos del Calentamiento Global. Este compromiso, al que se llegó en 2015 durante la XXI Conferencia sobre Cambio Climático y que fue firmado voluntariamente por cada país, responsabiliza a los signatarios a reducir sus emisiones –20% de estas en el caso colombiano– para contribuir a que la temperatura global no aumente en 1,5 °C de aquí al 2030.

 

  • Caso de éxito

En 2014, Montería fue seleccionada por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Financiera de Desarrollo Territorial (Findeter) para ser parte del proyecto Ciudades Sostenibles. Asimismo, en 2014, fue seleccionada por el World Wide Fund for Nature (WWF) como la ciudad ganadora del Desafío de ciudades a nivel nacional y, en 2016, ganó este mismo título por tercera vez consecutiva.

 

A lo largo de los últimos 15 años, Montería ha desarrollado numerosas iniciativas que apuntan a aumentar la sostenibilidad urbana. La recuperación de la ronda del río Sinú –recurso natural que la rodea– fue quizá uno de sus mayores retos y aciertos. Actualmente, a orillas de este afluente hay una ciclorruta de aproximadamente 11 km de largo, cubierta totalmente por árboles que le otorgan sombrío. Esto permite a los monterianos y visitantes desplazarse de manera cómoda en recorridos largos sin sufrir el inclemente calor de la región. Otra de sus iniciativas más destacadas son los famosos planchones, que van por el río Sinú y sirven como transporte público sin necesidad de usar combustible fósil. Estos últimos no solo desplazan personas sino otros elementos, como bicicletas y son usados, en su mayoría, por los niños de la ciudad para desplazarse hacia los colegios y escuelas. Con estas iniciativas, que hicieron a la capital de Córdoba merecedora de las distinciones mencionadas, las autoridades de la región pretenden reducir sus emisiones en un 20% para 2019, comparadas con las de 2009.

 

Otras ciudades que se han unido a la preocupación por mantener a salvo el medio ambiente, y le están apuntando a llevarse el mérito a la sostenibilidad en Colombia son: Cali, Ibagué y Puerto Nariño. ◆

 

*Publicado en la edición impresa de junio de 2019.