18 de octubre del 2019
Fotografía | Christian Saumeth
2 de Julio de 2019
Por:
Catalina Uribe Tarazona

Este paisa de 25 años conquistó a los colombianos en 2007 gracias a su participación en el reality Factor XS. Hoy, combina su faceta de cantante con la de compositor y productor.

En video | "No hay prisión más grande que la identidad" Camilo Echeverry

  •  ¿Qué ha pasado con el Camilo “de las palmitas”, que bailaba flamenco y afinaba según el tono de una tecla del celular?

¡No me preguntaban acerca de eso desde hace tántos años…! El otro día me dijeron que habían sentido un aire flamenco en la canción No te vayas. El gusto por ese género nació en mi vida de una manera natural y sin raíz, porque no tengo ninguna raíz flamenca. Solo me motiva y me llama la atención. ¿Qué ha pasado con él? Ha mutado. Pero en esencia sigue siendo lo mismo.

 

  • El Factor XS lo hizo popular en Colombia, pero su carrera como músico se consolidó por fuera. ¿Qué significó para usted irse del país?

Salir me ayudó a saber cómo valerme por el peso de mis propias ideas. En Colombia, te gustara o no te gustara, sabías quién era Camilo: el niño que aparecía en televisión. Afuera, nadie tenía ni idea quién era yo, no había un impacto mediático como el que me dio el reality y eso permitió que me escucharan desde cero, sin influencia de nada. Pero es muy bonito volver al país y darte cuenta de que las personas que te apoyaban en ese momento siguen ahí. 

 

  • ¿Qué siente hoy cuando escucha sus canciones de años atrás, como Enamorado de ti, Culpable y Regalame tu corazón?

¡Wow! Si me lo hubieras preguntado hace tres años, me habría dado un poquito de pudor y vergüenza. Diría: "bueno, no sé, fue un proceso". Ahora lo veo con orgullo. Es más, de vez en cuando las pongo y me las gozo. Cuando escucho a ese Camilito chiquito siento que es como si fuera un hermanito menor, lo veo con ternura. Son canciones preciosas que, si las fuera a tocar hoy, las cantaría y tocaría de otra manera, pero con una felicidad tremenda. 

 

  • Cantante, compositor y productor. ¿Cómo conviven esas facetas? 

Mi carrera como compositor es una ‘prima’ lejana de mi carrera artística que nació de manera natural e independiente. Siempre soñé con meterme al estudio y que mis composiciones fueran grabadas por alguien más. Es más difícil valerse por sí mismo como compositor que como artista porque, a veces, como artista: “cría fama y échate a dormir”. Pero como compositor, el día que escribas mal, ‘chao’ total. Como productor sigo explorando, todavía tengo mucho por estudiar y por hacer, pero me apasiona muchísimo. Ahora, mi labor artística tuvo un renacer y es ahora ‘hija’ de ese par de facetas de compositor y productor.

 

  • La Boca, En guerra y No te vayas. Háblenos de estas tres canciones, lanzadas recientemente.

No te vayas es una canción que amo y que se está valiendo por sí solita, de manera orgánica y preciosa. Hace unos días la cantamos en Medellín y en Bogotá, y esa ‘vaina’ reventó. No me lo esperaba tan rápido. La Boca es la continuación de Desconocidos que, como esa última, la hicimos junto a Mau y Ricky,

con mucho amor. Y En guerra, por su parte, la tengo en mi corazón ‘colgadita’ como en un ganchito. Es un sonido más parecido a lo que yo estaba haciendo antes, y en esta, junto con Sebastián Yatra, abordamos un tema que no es fácil de tocar (el bullying), pero que Dios nos puso la semillita para poder hacerlo de una manera que se percibe sin esfuerzo y natural. Más que una canción es un proyecto, un despertar.

 

  • Ha compuesto para artistas como Juanes, Ricardo Montaner y Bomba Estéreo, entre otros. ¿Qué diferencia hay entre ese trabajo y componer su propia obra?

Es más difícil escribir para mí. No porque mis canciones sean mejores, sino porque me juzgo más de lo que juzgo a los demás. Es más fácil hablar de alguien más que hablar de uno mismo. Cuando la idea es para mí, la paso por 38 mil tamices y filtros. En cambio, cuando es para otra persona, me libero más 

y el parto duele menos. Es muy diferente, pero sin duda disfruto más escribir para mí. 

 

  •  A su comunidad le llama 'La Tribu' ¿por qué decidió bautizarla así?

Ni sé. Alguna vez, hablándole a mi gente, les dije: "hola tribu", y les gustó. Es un nombre que implica una relación horizontal. Esa idea de que yo estoy arriba y ellos están abajo no existe en mi vida, ni quiero que exista jamás. Yo quiero ver a la gente que está conmigo de manera horizontal, mirándonos de frente, no de abajo hacia arriba. En la tribu dejo de hablar de "yo acá y ustedes mirándome" y empiezo a hablar de "nosotros". 

 

  • Cuéntenos de la familia Montaner, con la que usted tiene una relación profesional y personal. ¿Qué significan ellos para usted?

Compartir con ellos el oficio ha sido precioso, pero el ‘néctar’ verdadero de esta relación es la relación en sí misma. Disfruto a Mau, antes que como artista, como el ser humano tan tremendo que es. Ricky es un tipo que enseña lo sano y lo precioso que es ser ambicioso en la vida. Es visionario, organizado y disciplinado. Montaner es como un papá y un gran padrino, organizador y estratega. Evaluna es como una muñequita de cristal perfecta, que lo único que hace es iluminar por donde camina. Su mamá, Marlene, es como una brújula que le da el norte a todo. Haber estado alrededor de ellos en este renacer de mi vida ha sido un apoyo precioso, que no lograré agradecer completamente. 

 

  • En sus redes habló de la importancia de mutar, morir, volver a nacer y reinventarse. ¿A qué se refiere con eso?

La prisión más grande es la que uno mismo se hace y la que uno permite que las personas alrededor le hagan. Por ejemplo, no hay prisión más grande que la identidad. Esta última tiene que ser una riqueza, no una jaula. La gente cree que te conoce. Piensan que tú eres esto, que te dedicas a aquello, que hablas de tal manera y opinas así. Entonces uno empieza a volverse preso de esas ideas y no es capaz de decir “¿saben qué? yo no quiero ser más eso”. Uno tiene que preguntarse: ¿qué es eso que yo sé que tengo que hacer y que, si no hago, voy a sentir por dentro que me muero? Esa pregunta hay que hacérsela a diario. Si uno tiene claro cuál es esa respuesta y no actúa, va a cargar con un cadáver al hombro por el resto de la vida. Uno tiene que ser capaz de agarrar ese cadáver, enterrarlo y que nazca una persona nueva. Eso pasó conmigo y ha pasado varias veces en mi vida. ◆

 

 

 

*Publicado en la edición impresa de junio de 2019.