25 de noviembre del 2017
Cortesía Planeta | Alan David Gómez
8 de Septiembre de 2017
Por:
Redacción Credencial

El escritor antioqueño, ganador el año pasado del concurso de cuento La Cueva con Beber para contarla, presentó un nuevo libro de cuentos de humor: La vida me vive amargando la vida.

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“Yo no soy humorista, escribo cuentos y ya”: David Betancourt

Después de ganar en 2014 los concursos de cuento de la Universidad Industrial de Santander y Jorge Gaitán Durán con el libro Ataques de risa, el escritor antioqueño David Betancourt se convirtió en un referente de la nueva literatura colombiana. El año pasado, su cuento Beber para contarla ganó el V Premio Nacional de Cuento La Cueva. Ahora, David, nacido en 1982, publica su sexto libro de cuentos.

 

¿Por qué se decantó por el humor como ingrediente principal de sus cuentos?

Mis primeros cuentos no tenían nada que ver con el humor. Eran serios a más no poder y muy trascendentales y muy solemnes y muy trágicos, como la mayoría de la literatura colombiana. Antes mi tema más recurrente era la violencia, que por razones obvias es sobre lo que más se escribe en Colombia. En un libro, y no te miento, llegué a matar quince personajes de ‘tacada’ sin ningún remordimiento. Y un día, hace como cuatro años, en la primera hoja de un cuento que abandoné maté a un montón de gente inventada (veinte en total) así como así, sabiendo que yo no soy así, y entonces eso tan grave me hizo recapacitar. Me interesé por otro tipo de personajes, raros, cómicos, patéticos, perdedores, locos, inverosímiles, y son ellos, no yo, los que hacen reír a los lectores. A la humanidad, y sobre todo a los colombianos, nos encanta y nos causa gracia ver a gente perdiendo, fracasando, y en eso se especializaron mis personajes, que son sacados de la pura realidad. 

 

¿Cree que la combinación de sus profesiones, periodismo y filología, le ha dado alguna ventaja para la sátira y el sarcasmo en las situaciones dramáticas de sus narraciones?

Nunca he ejercido el periodismo ni la filología. Estudié esas dos carreras para poder tener tiempo para leer y escribir, que tampoco dan plata. Lo de la sátira y el sarcasmo que decís es pura herencia de mi papá, una cosa más bien genética, algo que va más por el lado de la imprudencia, de decir lo primero que se le ocurre al cerebro, algo muy mío que nada tiene que ver con lo que estudié en la universidad. 

 

 

¿Hasta dónde puede llegar un humorista para no convertirse en un burlón maltratador, como sucede en esos programas de televisión en los que hacen humor ‘montándosela’ a la gente?

En primer lugar, yo no soy humorista. Escribo cuentos y ya. Algunos de esos cuentos que escribo son cómicos porque me gusta escribir cosas muy cercanas a la realidad, y la realidad y la gente de la realidad son chistosas porque sí, porque así son, y, son cómicos también, porque a la gente le causa gracia verse en otro, leerse en un libro, encontrarse en un personaje. En cuanto hasta dónde puede llegar un humorista para no convertirse en un burlón maltratador, te respondo como escritor, no como humorista porque no soy eso. Un escritor puede elegir el personaje que quiera, el narrador que quiera, y ese personaje y ese narrador pueden decir lo que quieran y eso no compromete en nada al escritor. El que insulta, el que se burla, el que maltrata, el que mata, el que reza es el personaje o el narrador que el escritor escogió y se inventó y ellos no lo comprometen a él, al escritor. La literatura mía intenta retratar la realidad, y en la realidad hay gente muy mala y muy burlona y muy irrespetuosa y muy maltratadora y muy asesina y muy moralista… independientemente de que yo sea un alma de Dios.  

 

En varios de los cuentos de La vida me vive amargando la vida, en los que narra las experiencias de un hombre cuarentón a quien le dicen “Chiquito”, hay alusiones a las mujeres que retratan un machismo contra el que la sociedad actual está luchando, como por ejemplo el comparar a una mujer pasada de peso con un TransMilenio lleno, o deducir que a los enanos les gusta ser enanos porque tienen una posición privilegiada para analizar tangas. ¿Cuál es la razón para incluir estas alusiones en sus relatos?

Estos dos ejemplos no retratan ningún machismo. Ninguno. Son hipérboles, exageraciones que abundan en el libro también refiriéndose, y mucho más todavía, a los hombres. No se puede caer en el extremo de decir que son machistas comentarios como estos. Este tipo de alusiones son pura creatividad del lenguaje, pura imaginación, pura gracia, pura calle y en ningún momento están atacando nada. Yo escribo literatura, ficción, y esa ficción mía es producto de la realidad, y en la realidad y en las voces de estos personajes caben las alusiones que decís, les quedan ‘al pelo’ las comparaciones, el lenguaje, lo que dicen, son muy pertinentes, son muy de la personalidad de esa gente que me inventé. Si uno juzga la literatura por lo que dice o hace un personaje, si uno se indigna en la vida real por lo que dice un enano de mi imaginación, tendría entonces que juzgar también e indignarse y escandalizarse con los asesinatos que se cometen en los libros y en el cine y en el teatro y en la mente de uno y con las violaciones y todas esas cosas horribles que pasan todo el tiempo en la imaginación, en las cosas no reales. Habría que meter a la cárcel a todos los escritores, aunque sea en la imaginación. En estos tiempos se está perdiendo el sentido del humor y se miran las palabras con lupa a ver si eso espontáneo que se dice se puede tildar de machista o racista o esas cosas. 

 

¿Es humor todo lo que hace reír?

No siempre. A veces con el humor pasa todo lo contrario. Alguien se indigna o llora con un comentario que a otro hace reír. El humor es relativo, depende de cada persona, de su inteligencia, de lo cultural, de lo social, de lo histórico, de lo económico… Yo me puedo enojar porque alguien dice que ser enano es muy bueno porque se le facilita ver tangas y vos reírte de eso e imaginarte a un enano en esas. El humor es muy subjetivo. 

 

¿Por qué cree que son tan escasos los exponentes de literatura de humor?

Para escribir con humor se necesita cierta personalidad. Cierta gracia. Cierta torpeza. Una inteligencia distinta. El escritor de humor vive siempre corriendo riesgos en cada frase y a casi nadie le gusta correr riesgos. 

 

Las situaciones del protagonista de sus cuentos son insólitas, absurdas. ¿Cuántas de estas hacen parte de su historia?

Los personajes de mis cuentos son pura gente inventada de la vida real, que a veces se quiere parecer a mí más de la cuenta, pero ahí sí me pongo serio y no la dejo. Que sean ficción ellos que para eso están y a mí que me dejen tranquilo porque, si no, si se empiezan a parecer mucho a mí, les hago lo que les hacía a los personajes de mis primeros cuentos. Ellos saben que yo soy capaz. 

 

 

 

*Publicado en la edición impresa de agosto de 2017.