19 de octubre del 2017
Foto | Mauricio Gómez
16 de Mayo de 2017
Por:
Ana Catalina Baldrich

La reciente emergencia invernal vuelve a poner en la mira la deforestación en el país. ¿Qué tanto estamos cuidando los bosques?

La ‘bobadita’ de deforestar

En septiembre del año 2000 la Cumbre de Naciones Unidas estableció ocho objetivos de desarrollo para el nuevo milenio. El séptimo busca garantizar la sostenibilidad del medio ambiente. Para lograrlo, una de las metas es reducir la pérdida de recursos teniendo en cuenta la proporción de superficie cubierta de bosques en todo el mundo. Sin embargo, según la FAO, la oficina de la ONU para la alimentación y la agricultura, cada año se pierden 5,2 millones de hectáreas de bosques –el equivalente a un campo de fútbol por segundo– en todo el planeta.

Y Colombia está aportando lo suyo. Los datos del Ideam registran que en 2015 se deforestaron 124.035 hectáreas, el 46% (57.000 millones de hectáreas) en nuestra Amazonia. De hecho, solamente los municipios de Cartagena del Chairá, San Vicente del Caguán, San José del Guaviare, La Macarena, Puerto Guzmán, Puerto Leguízamo, Cumaribo, Solano, El Retorno y Calamar representan el 37% de la deforestación del país. Para la entidad, el Meta, que perdió 15.369 hectáreas, y el Guaviare, que deforestó 9.634, son particularmente preocupantes, por haber registrado un incremento de 11,9% y 39,7%, respectivamente, frente el año pasado.

Pasto, el gran invasor de la Amazonia

La cuenca amazónica cubre ocho países. Brasil abarca el 60%. Colombia apenas el 7%. Pero ese porcentaje es importantísimo, porque constituye la parte alta. “Esto tiene un enorme significado. Al tener Andes, planicie y salida o entrada a la Orinoquia, es una región de convergencia –dice Luz Marina Mantilla, directora general del Instituto de Investigación Científica que actúa en la Amazonia (Sinchi)–. Brasil tiene planicie amazónica. En cambio, las zonas de alta biodiversidad (llamadas hotspot) están precisamente en estos piedemontes amazónicos que posee Colombia. Allí surge la biodiversidad”.

A diferencia del Ideam, que registra la tasa de deforestación, el Sinchi, desde el 2002 estudia el cambio de cobertura del suelo, que mide la magnitud de la transformación de los bosques naturales amazónicos. “Hemos afectado, por diferentes acciones, más del 10,6% del total de la Amazonia en Colombia”, afirma Mantilla.

Los datos del instituto de investigación señalan que entre el 2014 y 2016 se perdieron 1.785,8 kilómetros cuadrados, a una tasa de 892,9 km2 al año. En el mismo periodo, la frontera agropecuaria aumentó un 28%, debido principalmente a la praderización para ganadería extensiva, la infraestructura, la minería ilegal y el aumento de los cultivos ilícitos.

“Se están tumbando los bosques para sembrarles pastos a la ganadería. Entonces no estamos haciendo un uso de suelo de forma óptima para una zona tan importante como la Amazonia”.

La colonización, por su parte, se mete a la selva y ocasiona heridas que aumentan por las decisiones de política pública: “hay que decirlo, en Colombia se debe aprender que las políticas públicas tienen que tener un soporte y una documentación. La información ambiental debe estar en el primer orden para la elaboración de un Plan de Ordenamiento Territorial”.

Y es que la Amazonia, por vocación, no es una zona de recepción de población. Su función sobrepasa las fronteras del país: regula el clima y el agua dulce del planeta. De ahí que la deforestación sea especialmente sensible. “El bosque húmedo tropical es para eso, para regular las lluvias. Por eso es que no hemos entendido el papel de la Amazonia. Esos 7 millones de kilómetros cuadrados que se llaman Amazonia y que están distribuidos en 8 países son hoy la bomba de agua del planeta”.

 

Árboles, esponjas que equilibran

Natalia Norden y Mauricio Aguilar, investigadores del Instituto Humboldt, dicen que los árboles y las plantas en general son los productores primarios del ecosistema. “Las plantas son las responsable de convertir la materia inorgánica en materia orgánica, que es la principal fuente de alimento para todos los consumidores de la cadena alimentaria”. Agregan que uno de sus servicios ecosistémicos más importantes es la regulación del CO2 atmosférico, lo que contribuye a mitigar el cambio climático.

Esto, sin contar con que los bosques son fundamentales en la regulación del ciclo del agua. “Los bosques suelen ser esponjas que retienen miles de toneladas de agua. Mediante sus raíces, los árboles absorben el agua subterránea, que es luego almacenada en los tejidos, principalmente en las hojas. Estudios en curso del Instituto Alexander von Humboldt muestran que una hoja almacena, en promedio, el 63% de su peso en agua, mientras que un fragmento de rama almacena, en promedio, el 26% de su peso en agua”.

Si bien dichas funciones son importantes tanto en los ecosistemas secos como en los húmedos, en las cabeceras y cuencas de los ríos –señalan los expertos– es esencial preservar los bosques porque estabilizan el suelo. Esta estabilización impide la erosión y reduce la probabilidad de deslizamiento.

“El intricado tejido de raíces –que le provee agua, nutrientes y soporte a los árboles– sujeta el suelo, lo que evita la desagregación y el arrastre de sedimentos por los caudales de los ríos, o por las escorrentías que se forman luego de fuertes lluvias”, aclaran.

Ante tragedias como las de Mocoa, la directora del Sinchi, Luz Marina Mallarino, señala que, como seres humanos, debemos entendernos como individuos integrantes de la naturaleza equilibrada. “Si no está el árbol, el suelo se satura. Lo que se suma a las condiciones geológicas, ya que, según los grados de las pendientes, el suelo se puede desprender. Y si hay poblaciones en lugares en los que no deberían estar, se presentan las tragedias. Es un cúmulo de decisiones equivocadas”.

Llamas que abonan coca

En noviembre de 2016, el periodista Mauricio Gómez estaba preparando un especial de sus crónicas para el Noticiero CM& sobre petróleo cuando se topó con una humareda. Mientras viajaba en un helicóptero entre Orito y Puerto Asís, en el departamento de Putumayo, vio decenas de columnas de humo que emanaban de la selva. Había a dos kilómetros, a cinco, a diez, a treinta. Llegó a contar 50. “Parecían, guardadas la proporciones, la columnas de humo que se vieron en Kuwait cuando Sadam Hussein quemó los campos petroleros. Eso fue más espectacular por ser petróleo, pero tuve esa referencia en la mente”, recuerda. Cuando les preguntó a sus compañeros de vuelo sobre lo que estaba viendo, estos le explicaron que cada columna era la señal de la quema de árboles sacrificados en la preparación de la tierra para el cultivo de coca. La escena se repetía todos los días.

A su regreso a Bogotá, el periodista mostró en el programa lo que había encontrado y recibió una llamada del ministro de Medio Ambiente, Luis Gilberto Murillo. “Me dijo que él quería ir a ver lo que yo había encontrado. El Ministro sostiene que la deforestación en el país está disminuyendo, lo cual a mí se me hace una absoluta contradicción con lo que uno ve”, asegura Mauricio. En el viaje con Murillo no vieron humo, pero sí cómo las zonas cercanas a Puerto Asís, Orito y Mocoa estaban tapizadas de coca.

Más allá de las cifras oficiales proporcionadas por el Ideam, el Ministro de Medio Ambiente considera que el país va muy bien en el objetivo de reducir la deforestación. “La tendencia en general es a la disminución. Desde 2010, cuando la tasa estuvo en 282.000 hectáreas al año, hemos disminuido a las 124.000 de 2015”.

Murillo reconoce que en las tragedias de Manizales y Mocoa la deforestación y la extracción ilícita de minerales hicieron lo suyo. “No fue el factor definitivo, pero sí, los árboles amarran. La mejor estrategia frente a todos estos temas es tener nuestro ecosistema en buen estado. Tanto en Manizales como en Mocoa lo que hemos notado es que la frontera agrícola se nos ha subido mucho a donde no tiene que estar, en la cuenca alta de los ríos. Esas zonas deberíamos tenerlas como de protección, ese es un tema al que tenemos que responder con ejercicio de autoridad”.

El Ideam reportó que para el 2015 los departamentos con mayor deforestación eran Caquetá, con 23.812 ha; Antioquia, con 15.888 ha; Meta, con 15.369 ha, y Guaviare, con 9.634 ha. Estos departamentos acumulan el 52% de la deforestación del país. Según el ministro Murillo, en Caquetá y Guaviare la principal causa de la deforestación es la ampliación de la frontera agropecuaria; en el Meta, una combinación de frontera agropecuaria con cultivos ilícitos, y en Antioquia la extracción ilícita de minerales.

“Controlar la actividad ganadera no es tan fácil, porque muchas de las actividades que se presentan allí se dan también de manera ilegal. Por ejemplo, en algunas zonas de Parques Naturales en el Meta vemos que hay áreas que se están utilizando para ganadería. Se han identificado las zonas y a los responsables también, pero lo que le dicen a uno es: ‘¿qué hago con 30.000 o 50.000 cabezas de ganado? ¿Quién me las recibe?’. Los organismos de Policía Judicial no lo pueden hacer porque no pueden confiscar ese bien y administrarlo”, cuenta Murillo.

En su opinión, esto hace parte de los desafíos que tiene el país por los efectos de la implementación de los acuerdos de paz. “Ya estamos viendo temas distintos, sobre todo de cómo protegemos activos ambientales, cómo controlamos estas redes criminales que inciden en lo ambiental. El país no ha generado las debidas capacidades para aplicar la ley”.

 

 

Burbujas de protección

Luego de viajar con el periodista Mauricio Gómez, el Ministro de Ambiente se dio cuenta de que el eje Puerto Asís-Mocoa está altamente deforestado. “Lo que sí me llamó la atención del viaje fue el sentido de urgencia de generar acciones de control ambiental policivo para evitar que esto siguiera creciendo”.

Así, el 13 de diciembre de 2016 nació la primera Burbuja del Medio Ambiente. Una burbuja es algo así como un bloque de búsqueda que persigue a los criminales que atentan contra el medio ambiente. “Las burbujas se usaban para el control de narcotráfico. Hoy eso se está moviendo para desmantelar redes criminales de delitos ambientales”, narra el Ministro. Los grupos ya son siete y en estos participan Fuerza Pública, Fiscalía, Procuraduría y autoridades ambientales, apoyados en tiempo real por las alertas que el Ideam proporciona sobre deforestación.

Pese a los reportes de disminución y a los avances en la creación de nuevas estrategias para defender los recursos ambientales en el país, Murillo reconoce que para el reporte que entregará próximamente el Ideam sobre el 2016, sospecha un aumento en la deforestación: “Con la certeza de los acuerdos de paz se generó un proceso mediante el cual redes criminales empezaron a invertir dinero para especular con la tierra, sobre todo en Meta, Guaviare y Caquetá, y pagaron por la deforestación. La misma gente que ha especulado con extracción ilícita de minerales, con ganadería, con tierra en esa zona. Eso nos puede generar un aumento de la deforestación, que esperamos perseguir con las burbujas”.

 

*Publicado en la edición impresa de mayo de 2017.