20 de agosto del 2017
Archivo Particular
18 de Abril de 2017
Por:
Carolina Sanín

Un documental y una serie sobre uno de los juicios más controvertidos de la justicia estadounidense.

O. J. en T.V.

Parece como si Estados Unidos estuviera diciéndose que debe recordar a O. J. Simpson y volver a leer su carácter, su crimen, su juicio y los antecedentes y ramificaciones de su historia como componentes de un trauma nacional. El motivo para tal imperativo probablemente tenga que ver con que el juicio televisado de Simpson fue el precursor de la telerrealidad (reality T.V.), que ha entrado a moldear la política y el destino nacional con la llegada de la estrella de reality show Donald Trump a la presidencia del país, precedida por el show televisivo de domesticidad perfecta que el presidente Obama emitió durante ocho años desde la Casa Blanca. ¿O será ‒como ha aventurado algún crítico cultural‒ que el inconsciente colectivo de los estadounidenses trata de encontrar en la revisión del personaje de Simpson una crítica que quisiera expresar con respecto a Barack Obama, debido a que los dos fueron, de maneras muy distintas, “negros con vida de blancos” que explotaron la lucha racial? También es posible que los estadounidenses estén insistiendo en recordarse, en esta época de extrema misoginia, cómo el asesino de una mujer fue absuelto, y cómo las violencias contra la mujer siguen estando en el último renglón de las preocupaciones sociales.

Recientemente ha habido dos productos conspicuos sobre el caso de O. J. Simpson: The People vs. O. J. Simpson, primera temporada de la serie de FX American Crime Story, y el documental de ESPN en cinco partes O. J.: Made in America, producido en formato cinematográfico y ganador del Oscar a Mejor Documental en 2017. El primero es un drama en diez episodios sobre el juicio contra Simpson. La excelente Sarah Paulson en el papel de la fiscal Marcia Clark promete mucho pero se queda corta con la monotonía de sus gestos de frustración y sus repetitivas líneas quejosas. Cuba Gooding es un O. J. pataletudo, cuyo cinismo es poco profundo y menos creíble. En el papel del abogado Robert Shapiro, John Travolta tiene una presencia impresionante, pero carece de parlamentos. Quizás el único personaje que ofrece alguna sorpresa y algún matiz es el de Robert Kardashian, interpretado por David Schwimmer, y el único con algún misterio es el del parsimonioso abogado de la Fiscalía Christopher Darden, interpretado por Sterling K. Brown. Apresuradamente escrita, la serie parece el complemento dramatizado a un documental. En su narrativa descuidada cae en el fatal recurso de que unos personajes les expliquen a otros la trama en la que se ven envueltos. Es soporífera y, si uno ya conoce el caso, casi insoportable. Extraña que ni siquiera hayan sabido sacar partido de la famosa escena en la que Simpson se prueba, en el juicio, el guante hallado en la escena del crimen. Quizás las mejores secuencias de la serie son aquellas que muestran al jurado que estuvo cautivo durante ocho meses en un hotel, como en un reality show anexo al que tenía lugar en el juzgado.

O. J.: Made in America, dirigido por Ezra Edelman, es un documental emocionante e ilustrativo. Con responsabilidad y clarividencia analiza el caso desde diversas perspectivas y momentos. Estudia minuciosamente la conjunción de estrellato y turbulencia racial que proporcionaron un contexto al juicio. Es impresionante la abstinencia del director, que no aparece ni ofrece conclusiones, y que en cambio propone lecturas sin fin. La música es impecable. La edición de la persecución de Simpson a través de las autopistas de Los Ángeles es un ejemplo de perfección en el ritmo. 

 

*Publicado en la edición impresa de abril de 2017.