Iglesia de San Francisco de Cali
Diciembre de 2017
Por:
Credencial Historia

UN ARQUITECTO, UNA OBRA

Marcelino Pérez de Arroyo y Valencia  y la iglesia de San Francisco de Cali

El padre Marcelino Pérez de Arroyo nació en Popayán en 1764 y falleció en la misma ciudad en 1833. Realizó sus estudios en el Colegio del Rosario de Santa Fe. Además de su sólida formación teológica, se destacó como arquitecto y matemático. Su obra más reconocida es la iglesia de San Francisco de Cali, en la que trabajó como miembro de la comunidad franciscana de esa ciudad. Además de este proyecto, trabajó en el altar mayor del templo de Santo Domingo de Popayán, proyectó varias casas en la misma ciudad, algunas de las cuales aún existen e hizo una propuesta para la catedral, la que no se construyó. A pesar de lo reducido de su obra, o al menos de lo que se conoce de ella, Pérez de Arroyo es considerado, junto con Petrés como uno de los arquitectos neoclásicos de mayor reconocimiento en el período colonial. 

La iglesia de San Francisco proyectada por Pérez de Arroyo hace parte de un  conjunto de edificaciones que incluyen la antigua iglesia de San Francisco con su famosa “torre mudéjar”, la nueva iglesia y el convento. La primera iglesia se terminó en 1773 y se atribuye al constructor Pedro Pablo Umbas. La traza inicial de la segunda iglesia se atribuye a Fray Pedro Herrera y las modificaciones a Pérez de Arroyo a quien se debe el diseño de la fachada y el tratamiento del espacio interior. Las dos iglesias conforman todo el frente de la manzana que mira hacia la Plaza de San Francisco y, dada su construcción en ladrillo a la vista, forman un conjunto urbanísticamente armónico y coherente. 

La iglesia nueva tiene una planta rectangular cuyo espacio interior se encuentra dividido longitudinalmente en tres naves y perpendicularmente en un crucero con cúpula frente al altar mayor. El carácter neoclásico de su arquitectura se evidencia particularmente en la composición de la fachada de San Francisco, sobre la cual se lee: “Es esa una fachada excelente, una magnífica muestra de la manera adecuada de utilizar el ladrillo. Su diseño está concebido en dos cuerpos, separados por un entablamento dórico y una franja superior, en la cual se acusan los movimientos de los planos de la fachada. El cuerpo inferior ostenta tres calles, las cuales se corresponden con las naves interiores. Las portadas están enmarcadas en piedra, lo cual crea un agradable contraste con el ladrillo.”

Referencias

1 Téllez Castañeda, Germán. 1997. Monumentos Nacionales de Colombia. Época Colonial. Bogotá, Ministerio de Cultura, p.144

2 Arbeláez Camacho, Carlos y Sebastian López, Santiago, 1967. Historia Extensa de Colombia, volumen XX, Tomo 4. La arquitectura colonial. Bogotá, Ediciones Lerner, p. 443