13 de noviembre del 2019
 
Septiembre de 2019
Por:
Sebastián Gómez*Historiador, Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín. Doctor en Estudios Latinoamericanos, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Profesor Asociado, Departamento de Historia, Universidad de Antioquia.

TOLU

Geografía histórica y pasado remoto

Entre los siglos XVI y XVIII, los cartógrafos europeos solían saber dónde ubicar a Santiago de Tolú. Los contornos de los mapas y portulanos antiguos contenían ese rótulo nominal bisílabo, casi siempre acompañado de una pequeña convención que indicaba su naturaleza como villa española y asentamiento de cristianos. “Tolú” o, en ocasiones, “Telu”, fue la denominación empleada por Jan Jansson, Willem Janzsoon Bleau, Nicolas Sanson o Pieter Mortier, prestigiosos cartógrafos del siglo XVII, para identificar con cierta exactitud esta fundación en la jurisdicción político-administrativa del baluarte portuario más rico y poderoso del Caribe continental: Cartagena de Indias.

Nicolas Sanson, Terre ferme ou sont les governations ou gouvernemens de Terre ferme,Cartegene, Ste. Marthe, Rio de la Hache [Detalle], 39 x 53 cm [París,1656]. Cortesía: The John Carter Brown Library (Brown University)

Antes de erigirse como villa, el territorio y la jurisdicción actual del municipio fueron habitados de manera intermitente por sociedades nativas de las cuales se saben muy pocos detalles sobre organización social y cultura. Según fray Pedro Simón, un historiador español del siglo XVII, los habitantes de la costa de Tolú atribuían su propio origen a Mechión y Maneca, dos entidades míticas, hombre y mujer respectivamente, de quienes descendían todos los nativos del lugar. En la región comprendida por el Caribe colombiano y el oriente panameño, las sociedades originarias se asemejaban en cuanto a actividades rituales, cacería, pesca marítima y fluvial, recolección, agricultura, alfarería, minería, fundición de metales, cestería y comercio. El cazabe, por ejemplo, una panificación derivada de la yuca, fue uno de sus alimentos predilectos. Desde varios siglos anteriores a la dominación española, Tolú fue un cacicazgo reconocido que hizo parte de redes comerciales vinculadas a la cuenca del río Sinú, espacio que se extendía hacia otras zonas interiores y allende el Golfo de Urabá.

 

Thomas Jefferys, A new chart of the West Indian islands including southern North America, México, Central America, and northern South America [Detalle], 48 x 58 cm [Londres, 1771]. Cortesía: The John Carter Brown Library (Brown University)

 

“Sangre del golfo, puerto del Morrosquillo”

La Villa de Santiago de Tolú, llamada así originalmente hacia 1535, fue una significativa población del litoral Caribe. A pocos años de su fundación fue trasladada desde su sitio original —hoy municipio de Toluviejo— hacia las orillas del golfo de Morrosquillo. La villa se erigió como el único bastión costero entre las ciudades de Cartagena y Nombre de Dios que contó con algunas posibilidades defensivas. Su desarrollo, ligado a las dinámicas marítimas del Caribe, favoreció el arribo de embarcaciones provenientes de Cartagena y de pequeños puertos del istmo de Panamá. Estuvo conectada a destinos interiores mediante rutas que surcaban la inmensidad sabanera y que alcanzaban la villa de San Benito Abad y el sistema de ciénagas articuladas en torno a la villa de Santa Cruz de Mompox, en el río Magdalena.

Tales posibilidades geográficas, sumadas a la notable densidad y amplitud de ocupación de la población nativa, favorecieron interacciones sociales entre sus pobladores indígenas, europeos y africanos. Desde la década de 1540 se estimaba que en la jurisdicción de Tolú vivían alrededor de 10.000 indígenas, algunos de ellos sometidos al sistema de encomienda. A finales de esa misma década residían en la villa 35 vecinos, y ya se hablaba de que en su periferia estaban asentadas algunas comunidades cimarronas, compuestas, por lo general, por antiguos esclavos fugitivos. Sin embargo, a finales del siglo XVI, no se contaba con más de 800 indígenas, mientras que la población de origen africano había aumentado considerablemente. Por ello, el intenso mestizaje fue un elemento decisivo, además de distintivo, para la configuración de las cualidades sociales, étnicas y culturales de quienes habitaron Tolú y su región circundante desde los siglos coloniales hasta la actualidad.

 

Ciénaga La Caimanera en Tolú

 

Los lazos que Tolú y sus habitantes establecieron a lo largo de la dominación española no se limitaban únicamente al hecho de ser un enclave costero al servicio de los contrapuntos con las demás provincias del Nuevo Reino de Granada. La ubicación frente al mar Caribe facilitó que la pequeña villa también se desarrollara de cara al mundo Atlántico y sus vibrantes dinámicas comerciales, lo cual hizo de Tolú un destino reconocido para negociantes europeos de orígenes diversos e intereses multifacéticos, tales como corsarios, piratas y contrabandistas. Fray Gregorio de Robles, un observador español, apuntó a finales del siglo XVII que, dada la cercanía de la villa a la desembocadura del río Sinú, era necesario defenderla de las ya comunes incursiones de contrabandistas enemigos del imperio español.

 Al ser un punto geoestratégico por su cercanía a Cartagena, Tolú fue una alternativa nada despreciable como puerto y centro de transacciones ilegales para neogranadinos y forasteros, aunque no tuvo un desarrollo urbano ni portuario comparable al de otros asentamientos del litoral. Por ejemplo, en 1709, don José de Mendoza, un vecino de la lejana villa de Medellín (provincia de Antioquia) había aprovechado los beneficios de Tolú en virtud del comercio ilícito comprándoles a negreros franceses 80 esclavos africanos, de los cuales 33, avaluados en 9.638 pesos, eran de origen ilegal. Todos ellos fueron vendidos en Mompox, Remedios, Cancán y Medellín, muestra de los jugosos negocios que se fraguaban desde la jurisdicción toludeña.

 

Fuente: Lawrence & Martin’s TolúRock and Rye.

 

Diez años después, un militar cartagenero aseguraba que Tolú, “fundada en cuatro chozas de paja”, vivía del intercambio con los extranjeros, especialmente por la gran cantidad de textiles europeos que se comerciaban casi inmediatamente en los mercados interiores de la provincia de Cartagena, todo ello gracias al consentimiento de algunas autoridades civiles que contrataban con ingleses procedentes de Jamaica, u holandeses —varios de ellos comerciantes judíos— venidos de Curazao. Aunque la corrupción oficial era evidente en asuntos como este, en su búsqueda incesante por combatir el contrabando y las pérdidas fiscales, las mismas autoridades de Cartagena atribuían la prosperidad del comercio ilegal únicamente a los extranjeros y sus negocios con “los indios bravos del río Sinú”.

Tolú y el comercio ilegal ya eran un dueto suficientemente conocido. Todo el golfo de Morrosquillo y la bahía de Cispatá fueron hitos presentes en derroteros náuticos, atlas y diccionarios, textos estudiados y traducidos a discreción por geógrafos, pilotos y comerciantes europeos y estadounidenses durante la segunda mitad del siglo XVIII.

 

Anverso y reverso de pieza publicitaria sobre una bebida medicinal hecha a base de bálsamo de Tolú [Chicago, ca.1870-1900] Cortesía: The Library Company of Philadelphia

 

Del Bálsamo al Turismo

En su Geographia Histórica (1752) el jesuita Pedro Murillo Velarde ya había ayudado a difundir que Tolú, además de ser “tierra sana, y de muchas labranzas, y frutas de España”, producía “el mejor bálsamo de las Indias que sirve para olor, curar heridas y hacer crisma”, aspecto que el célebre Alexander von Humboldt también advertiría en sus expediciones científicas por la Tierra Firme décadas después. Esta resina vegetal se comercializó ampliamente a lo largo del siglo XIX y llegó a posicionarse muy bien en las boticas europeas y americanas, gracias a sus bondades medicinales. En The American Herbal or Materia Medica (1801), famoso manual del doctor Samuel Stearns, se planteaba que el Balsam Tolutanum servía como estimulante, expectorante y antiespasmódico. Además, era ideal en el tratamiento de la tuberculosis, por ser más suave que sus homólogos de Copaiva y del Perú. Curiosamente se sabe muy poco del declive comercial del “Bálsamo de Tolú”, quizás porque otros resultados científicos obtenidos en laboratorios opacaron sus virtudes curativas a finales del siglo XIX, momento en el cual Santiago de Tolú, al menos por su nombre, ya no figuraba en ciertos panoramas internacionales.

Embarcaciones para el transporte de turistas ancladas en Tolú

la antigua villa hizo parte del Estado Soberano de Bolívar, entidad perteneciente  a los Estados Unidos de Colombia, hasta que se erigió como uno de los municipios más prestantes del actual departamento de Sucre, debido a su posición geoestratégica en el Caribe, su estrecha relación con los oleoductos y demás elementos propios de las explotaciones petroleras, sin dejar de lado los desarrollos agropecuarios, especialmente los relativos al mercado internacional de la carne, que también han sido renglones significativos en la economía del municipio y de la región. A finales del siglo XX, Tolú se constituyó en un destino turístico por sus playas, paisajes pintorescos y naturaleza en general, elementos que han permitido a sus habitantes la diversificación de sus economías de acuerdo con los empleos requeridos para este tipo de actividades. No obstante, todavía queda mucho por hacer y, en este sentido, no son pocos los desafíos que el estado debe asumir para que este amable municipio del Caribe colombiano ocupe, como en el pasado, una posición relevante, pero sobre todo digna, de cara al siglo XXI.  

Playas de Tolú

Referencia bibliografica

  1. Fray Pedro Simón, Noticias Historiales de las Conquistas de Tierra Firme en las Indias Occidentales. Partes Segunda y Tercera, Casa Editorial de Medardo Rivas, Bogotá, 1892, p. 366.
  2. Juan & Judith Villamarin, “Chiefdoms: The Prevalence and Persistence of ‘Señoríos Naturales’. 1400 to European Conquest”, en The Cambridge History of the Native Peoples of the Americas, Vol. III, Part 2. South America, Frank Salomon & Stuart B. Schwartz, eds., Cambridge University
  3. Archivo Histórico de Antioquia, Esclavos 28, Doc. 911, f. 315v.