06 de agosto del 2020
 
Al fondo Sativanorte. En la parte frontal, las ruinas de Sativaviejo.
Enero de 2020
Por:
Santiago Paredes Cisneros* Arquitecto, Universidad Nacional de Colombia, sede Manizales, Magíster en Historia y Teoría del Arte y la Arquitectura de la misma universidad, sede Bogotá, y Doctor en Historia de la Universidad de los Andes (Colombia).

SATIVAVIEJO Y SATIVANORTE (BOYACÁ)

El 18 de noviembre de 1933, una serie de avalanchas y agrietamientos, derivados de las constantes lluvias que habían caído ese año, socavaron el casco poblado de Sátiva, asentado a 2.600 metros sobre el nivel del mar. La tragedia acababa con la historia de un poblado que había existido, por lo menos, desde comienzos del siglo XVII, cuando los españoles establecieron un pueblo de indios, quizás, con los descendientes de los indígenas que habían ocupado el lugar desde antes de la invasión europea.

 

Iglesia de Sátiva Norte. FOTO GERMÁN VALLEJO, 2017. 

 

 

Un año después de la tragedia, varios pobladores se trasladaron al sitio de El Quintal, ubicado a unos cuantos kilómetros hacia el norte, en donde comenzó la construcción del asentamiento, que más tarde sería conocido como Sativanorte. Mientras tanto, otros habitantes decidieron quedarse en el poblado anterior, que pasó a llamarse Sativaviejo. A lo largo de los años, y pese a que en 1979 un sismo debilitó aún más las construcciones del pueblo, Sativaviejo no ha dejado de estar habitado. Así, en la cabecera de Sativaviejo vivían 298 personas en 2005, según el Departamento Nacional de Estadística. Pese al deterioro de las casas de Sativaviejo  y a que Sativanorte pasó a convertirse en un asentamiento estable y bastante poblado, el casco antiguo sigue siendo cabecera de uno de los municipios del Departamento de Boyacá.

 

El traslado de una parte de la población a Sativanorte, por un lado, y la permanencia de otras personas en Sativaviejo, por otro, llaman la atención sobre las distintas estrategias que las personas ponen en marcha para subsistir frente al impacto de fenómenos naturales. Mientras que para algunas personas resulta más conveniente ponerse a salvo en un nuevo lugar, para otras la decisión de reasentarse no siempre resulta lógica, pues existen prácticas y sentimientos de arraigo que convierten el traslado en una solución inconveniente.

 

En el caso de Sativaviejo, la permanencia de los habitantes responde a varias razones. Entre ellas, parte de la población de este municipio ha venido dedicándose a labores agrícolas en veredas cercanas a la cabecera, por lo cual el viejo poblado constituye un nodo alrededor del cual se han articulado esos ámbitos de producción agropecuaria. Además, el arraigo de los pobladores depende de elementos que trascienden los aspectos materiales. Por ejemplo, las fiestas populares que se celebran en enero en torno al Señor de los Milagros, una imagen a la que se le atribuyen varios prodigios, dan cuenta de la vitalidad de la que aún goza el pueblo. En síntesis, las respuestas que un mismo conjunto de pobladores da a un evento trágico pueden ser múltiples y parecer contradictorias, pero no por ello limitan las posibilidades de apropiarse de nuevos espacios o de reconfigurar los que en apariencia resultan inhabitables.

 

Bibliografía:

 

[1] El Tiempo, “Un pueblo que se resiste a morir”, 23 de diciembre de 1994,

https://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-270934

2 https://www.dane.gov.co/files/censo2005/regiones/boyaca/sativasur.pdf