19 de octubre del 2019
 
Representación del asesinato del archiduque Francisco Fernando y su esposa Sofía Chotek por Gavrilo Princip. Dibujo de Achille Beltrame. Publicado en La Domenica del Corriere, 5 de julio de 1914.
Julio de 2014
Por:
Gabriel Iriarte Núñez Editor y analista internacional

SARAJEVO ¿CAUSA O PRETEXTO?

 

“Si alguna vez hay otra guerra en Europa, será resultado de alguna maldita estupidez en los Balcanes”. Otto von Bismarck

Tarjeta postal en memoria del archiduque Francisco Fernando de Austria y su esposa, la condesa Sofía Chotek, con motivo de su muerte el 28 de junio de 1914, en Sarajevo.

 

Cuando el archiduque Francisco Fernando, sobrino del emperador Francisco José y heredero al trono del imperio austro-húngaro, y su esposa morganática, la condesa Sofía Chotek, recibieron en Sarajevo sendos disparos mortales poco antes de las 11 de la mañana del 28 de junio de 1914, nadie se imaginó que 38 días después el mundo iba a verse envuelto en la primera contienda de carácter mundial, que cambiaría para siempre el mapa de buena parte del globo y sería la causa de muchas tragedias a lo largo del siglo XX.

Salida del ayuntamiento de Sarajevo, ‘cinco minutos antes del atentado’, dice la foto. Colección Biblioteca Nacional de Austria Österreichische Nationalbibliothek.

 

El lugar y la fecha para que se diera el magnicidio no podían ser más propicios. Sarajevo era la capital de la provincia de Bosnia-Herzegovina, anexada de manera arbitraria en 1908–1909 por Austria-Hungría y con una importante población de origen serbio (cerca del 45%) que ansiaba la unión de este territorio a la Serbia independiente. Por otra parte, el 28 de junio era el 525 aniversario de la batalla de Kosovo, en la que los turcos infligieron una contundente derrota al ejército serbio y también durante la cual cayó muerto el sultán de los otomanos. Desde entonces era una fecha que simbolizaba la resistencia del pueblo serbio. El hecho, además de que el archiduque hubiera visitado la ciudad con el objeto de supervisar unas maniobras militares del ejército austríaco, no hizo sino alentar a los nacionalistas para cometer el acto criminal. Gavrilo Princip, un tísico de diecinueve años y autor de los disparos contra la pareja real, así como sus cómplices, pertenecían a una organización radical­ — Joven Bosnia — que recibía apoyo logístico y orientación ideológica de la llamada Mano Negra (también conocida como “Unidad o Muerte”), un grupo clandestino encabezado por Dragutin Dimitrijević, alias Apis, jefe de inteligencia militar de Belgrado, y que propugnaba el establecimiento, por medios violentos, de una Gran Serbia que debía incluir todos aquellos territorios balcánicos habitados por serbios, entre ellos Bosnia. Los terroristas fueron entrenados y armados por la Mano Negra, y sus militantes lograron que pasaran la frontera y llegaran sin problemas a Sarajevo para cometer el atentado.

Dragutin Dimitrijevic, “Apis”, jefe del grupo clandestino Mano Negra que entrenó a los terroristas que perpetuaron el atentado en Sarajevo. s.f. Wikipedia Commons.

 

Bulgaria proclama su independencia y Austria se queda con Bosnia-Herzegovina. Le Petit Journal, 18 de octubre de 1908.

 

Belgrado, Viena, Berlín

En principio podría parecer extraño que la víctima escogida hubiera sido Francisco Fernando, ya que este era partidario de una política de moderación hacia los eslavos del sur encaminada, más que a la confrontación, a una especie de acomodo de tipo federal con este pueblo, claro está, en el marco del multiétnico imperio austro-húngaro. Pero precisamente, para evitar que en el futuro dicha táctica pudiera tener éxito, fue que los ultranacionalistas optaron por liquidar al futuro emperador. 

Primeras páginas del periódico Das Interessante Batt, dedicado al archiduque Francisco Fernando y su familia. Viena, 2 de julio de 1914. Colección Periódicos y Revistas Histórico Austriacos - Österreichische Nationalbibliothek.

 

Sin embargo, el gobierno serbio del primer ministro Nikola Pasic no deseaba un conflicto armado con Viena, pues su país apenas estaba recuperándose de las dos guerras balcánicas como resultado de las cuales Serbia se había convertido en la principal potencia eslava y una seria amenaza para Austria-Hungría en la región. Las autoridades de Belgrado tuvieron noticias de que algo iba a suceder en Sarajevo, pero no pudieron (o no consideraron conveniente) dar un aviso claro a Viena en tal sentido. Lo cierto es que buena parte de los militares y los servicios de inteligencia serbios estaban fuera de control desde cuando, en 1903, los sectores más radicales de estos habían asesinado al rey Alejandro I e instaurado una monarquía y un régimen más afines a Rusia y más opuestos a Austria-Hungría. Desde entonces, los funcionarios de Belgrado (voluntariamente o por temor a los militares) hacían la vista gorda ante las maquinaciones de la Mano Negra y toleraban organizaciones anti austríacas como Narodna Odbrana y una prensa hostil a Viena. Por ello no sorprende que el gobierno serbio no condenara el atentado de Sarajevo, a pesar de que no había sido planeado por él y a sabiendas de las consecuencias que, de todas maneras, podría acarrearle.

Primeras páginas del periódico Das Interessante Blatt, dedicado al archiduque Francisco Fernando y su Familia. Viena, 2 de julio de 1914. Colección Periódicos y Revistas Histórico Austriacos - Österreichische Nationalbibliothek.

Noticia sobre la muerte de los herederos de Austria en el periódico Illustrirtes Wiener Extrablatt, Viena, 29 de junio de 1914. Colección Periódicos y Revistas Histórico Austriacos - Österreichische Nationalbibliothek.

 

Por su parte, el gobierno de Viena, con el canciller Leopold Berchtold y el jefe del estado mayor Franz Conrad a la cabeza, habían decidido, mucho antes del asesinato del archiduque, que la única manera de garantizar la sobrevivencia del imperio consistía en hacer desaparecer a Serbia, mediante una guerra fulminante, como protagonista de la escena política de los Balcanes. Sarajevo no le dio, pues, la razón a Viena sino la excusa perfecta para atacar a Belgrado1. Así, “con la frívola belicosidad de los imperios seniles decidió utilizar la ocasión para absorber Serbia tal como lo había hecho en 1909 con Bosnia-Herzegovina”2. No se trataba de castigar a Serbia sino de liquidarla. Empero, para poder actuar, los austriacos necesitaban previamente una condición fundamental: asegurarse el respaldo de Alemania para bloquear cualquier movimiento de Rusia. Durante la crisis bosnia de 1909, Rusia, tradicional aliada y mentora de los pueblos eslavos de los Balcanes, no había actuado para impedir la acción austro-húngara debido a que aún no se reponía de su humillante derrota ante Japón en 1905 y su maquinaria bélica apenas empezaba a ponerse de nuevo en movimiento. Pero en 1914 la situación sería distinta. Esta vez San Petersburgo no iba a permanecer con los brazos cruzados.

Anuncio de la visita de Francisco Fernando a Sarajevo, escrito en lengua croata, 23 de junio de 1914. Colección Biblioteca Nacional de Austria -Österreichische Nationalbibliothek.

Para Alemania el problema no era Serbia, no eran los Balcanes. Desde cuando derrotó a Francia y alcanzó su unidad nacional, en 1871, se había propuesto como objetivo fundamental de su política exterior “conseguir un lugar bajo el cielo”, un puesto entre las grandes potencias europeas a pesar de ser un recién llegado al exclusivo club de los grandes. Si bien esta meta de su Weltpolitik estuvo a punto de ser alcanzada durante los años de Bismarck, la errática diplomacia del káiser Guillermo ii llevó a que Alemania solo tuviera como aliado al ya decrépito imperio austro-húngaro y se viera enfrentada, en poco tiempo, a la Triple Entente conformada por Rusia, Francia e Inglaterra. Esta situación dio lugar a que en los medios castrenses y políticos de Alemania surgiera una sensación de cerco y de la inevitabilidad de una guerra contra sus dos principales adversarios, Rusia y Francia. A lo anterior contribuyeron decisivamente el fortalecimiento francés, la veloz recuperación militar de los rusos, la imposibilidad de competir con los ingleses en la carrera naval y las derrotas diplomáticas que significaron para Berlín las dos crisis de Marruecos en 1905 y 1911.

El archiduque Francisco Fernando y su esposa Sofía Chotek en su coche en Sarajevo, 28 de junio de 1914. Colección Biblioteca Nacional de Austria -Österreichische Nationalbibliothek.

Recorrido por las calles de Sarajevo minutos antes del atentado.

 

Imperio Austro-húngaro en 1914.

 

En 1914 las crisis, la carrera armamentista y la fobia de Berlín por el cerco habían cobrado una intensidad que se reforzaba mutuamente. (…) Rusia y Francia se habían rearmado lo suficiente para proceder con más audacia, mientras que Alemania y el imperio austro-húngaro veían cómo el equilibrio se decantaba cada vez más en contra suya3.
Prueba de cuán serios eran los temores alemanes, pero también sus ambiciones, es que cuando el archiduque fue asesinado en Sarajevo, el alto mando germano ya contaba hacía años con un plan de ataque relámpago a Francia, conocido como el Plan Schlieffen. De acuerdo con Helmuth von Moltke, jefe del estado mayor alemán, y los demás líderes de las fuerzas armadas, entre más tiempo pasara antes de la confrontación con Francia y Rusia las posibilidades de un triunfo alemán disminuirían proporcionalmente. Era necesaria una guerra preventiva para la cual, sin embargo, era preciso que surgiera una ocasión propicia, un pretexto… y pronto.

Llegada del príncipe heredero Francisco Fernando y la condesa Sofía Chotek a Sarajevo, recibidos por el gobernador de la provincia de Bosnia- Herzegovina, el general Oskar Potiorek en la estación del tren, junio de 1914. Colección Biblioteca Nacional de Austria -Österreichische Nationalbibliothek.

 

Momento en que el Gavrilo Princip es detenido.

 

La detención del asesino. Grabado y noticia sobre el asesinato de los herederos de Austria, publicado en Die Neue Zeitung, Viena, 30 de junio de 1914. Colección Periódicos y Revistas Histórico Austriacos - Österreichische Nationalbibliothek.

 

Leopold Graf Berchtold, 1915.

 

Puente Latino sobre el río Miljacka en Sarajevo. Colección Library of Congress, Washington.

La calma chicha

A finales de junio las capitales europeas se preparaban para las vacaciones de verano. Los funcionarios estatales y hasta varios monarcas hacían su equipaje con la creencia de que el episodio de Sarajevo no pasaría de ser un incidente relativamente aislado, una tragedia, claro está, pero algo remota. No obstante, lo que pocos sabían era que pronto comenzarían a darse los primeros pasos que provocarían la confrontación.
l 5 de julio una delegación austríaca, liderada por el conde Alexander Hoyos, jefe de gabinete del canciller Berchtold, viajó en secreto a Berlín con el propósito de manifestarle al káiser las intenciones de Viena. Ese mismo día, Guillermo expresó a los austriacos el apoyo irrestricto de Alemania a un ataque contra los serbios, aun en el caso de que Rusia decidiera intervenir a favor de aquellos. Fue lo que se llamaría luego el “cheque en blanco”. Eso sí, los alemanes urgieron a Viena para que procediera rápidamente contra Belgrado con el fin de que su acción tomara por sorpresa a los gobiernos europeos y pudiera presentar de esta manera un fait accompli. Lo que los estrategas germanos pretendían era localizar el conflicto, limitarlo a un asunto bilateral entre el imperio austro-húngaro y Serbia de modo que pudiera presentarse al mundo como una acción punitiva por la supuesta complicidad del reino balcánico en el crimen de Sarajevo. El káiser llegó inclusive a sugerir “parar en Belgrado”, o sea, que los ejércitos austriacos se limitaran a tomar la capital serbia e impusieran unas condiciones políticas y militares aceptables para el imperio. Finalmente, esta no era su guerra. Alemania tenía otros planes en mente y para ello requería que los ejércitos austro-húngaros estuvieran pronto disponibles para otros menesteres.

Anuncio de la muerte de los herederos de Austria en los periódicos Il Secolo y el Excelsior, 29 de junio de 1914.

 

Anuncio de la muerte de los herederos de Austria en The Washington Times del 28 de junio de 1914, edición de la tarde.

 

Una vez conseguido el amparo incondicional de Berlín, Viena tuvo las manos libres para poner en práctica su plan. Pocos días después de Sarajevo, el gobierno austriaco empezó a elaborar el texto de un ultimátum a Belgrado cuyos términos eran tan drásticos que resultaría imposible aceptarlos por parte de cualquier nación soberana. [Ver recuadro con extracto del documento.] Así creía poder justificar una acción bélica contra Belgrado. A pesar de la oposición inicial del premier de Hungría, Esteban Tisza, quien temía un enfrentamiento con Rusia, el gobierno imperial tuvo listo el ultimátum a mediados de julio con la aprobación del emperador Francisco José. No obstante, en ese momento el presidente y el primer ministro de Francia preparaban una visita oficial a San Petersburgo, razón por la cual el canciller austríaco decidió aplazar la presentación del documento hasta tanto los dignatarios galos no hubieran abandonado la capital rusa, pues no era conveniente poner a Serbia contra la pared estando reunidos dos miembros de la Entente, uno de los cuales, Rusia, había advertido a Viena que no permanecería indiferente ante una agresión contra Serbia. Para San Petersburgo Serbia era importante no solo para mantener el equilibrio de poder en los Balcanes y su propio prestigio como potencia, sino también porque en caso de un conflicto con Austria, aquella distraería una parte del ejército austríaco, como en efecto iba a suceder. Entre tanto, Berlín hacía creer a toda Europa que ignoraba cuáles eran las intenciones de Viena respecto a Serbia.

Funeral en el Palacio de Hofburg en Viena, 3 de julio de 1914. Colección Biblioteca Nacional de Austria -Österreichische Nationalbibliothek.

 

Estalla la crisis

El emperador Francisco José I.

 

El 23 de julio fue entregado oficialmente el ultimátum al gobierno de Belgrado, con un perentorio plazo de 48 horas para responderlo. Cuando se divulgó su contenido, el secretario de exteriores británico sentenció: “Cualquier país que acepte condiciones como estas dejaría de contarse entre las naciones independientes”4. Desde el atentado de Sarajevo hasta este día las tensiones no habían escalado a un nivel preocupante. Mas ahora, con el ultimátum, la crisis había estallado súbitamente. Los primeros en reaccionar fueron los rusos, quienes el 25 decretaron un “período preparatorio para la guerra”, un paso previo a la movilización de sus ejércitos. El gobierno serbio decidió aceptar la casi totalidad de la conminación austro-húngara, pero se negó a permitir que autoridades austríacas llevaran a cabo en su territorio la investigación sobre el crimen. Por supuesto, Viena rechazó la posición serbia. Ese mismo día, poco antes de dar su respuesta, Serbia ordenó la movilización, al tiempo que Viena anunciaba la ruptura de relaciones con Belgrado. El 28 declaraba la guerra a su vecino balcánico y bombardeaba su capital.

El alto mando alemán inspecciona un frente de guerra.

 

Por su parte, Guillermo II creyó que, ante la aceptación casi completa de Serbia al ultimátum, una guerra total no valía la pena y que, en consecuencia, los austriacos deberían “parar en Belgrado” y someter a su adversario5. Sin embargo, ya era tarde: el 30 de julio Rusia ordenó, sin consultar con su aliado francés, la movilización de sus fuerzas armadas, lo cual para Alemania significaba prácticamente la guerra y el motivo ideal para atacar. Según los planes del alto mando germano, sus ejércitos invadirían primero a Francia, la derrotarían en unas pocas semanas y luego descargarían todo su poderío contra Rusia para romper definitivamente el real o supuesto cerco de estas dos potencias. El canciller Bethmann-Hollweg, resumió así la posición de su gobierno: “Si la guerra debe estallar, mejor que sea ahora y no dentro de dos o tres años cuando la Entente sea más fuerte”6. En otras palabras, mejor una guerra preventiva ahora, en condiciones de superioridad relativa y con una excusa clara (la movilización rusa), que una guerra, años más tarde, enfrentando una posible inferioridad militar. Se había impuesto la teoría que venía sosteniendo el estado mayor del ejército desde comienzos del siglo y que el jefe de estado mayor alemán, Moltke, resumió así: “En mi opinión, la guerra es inevitable y entre más pronto comience tanto mejor”7. Con Rusia en pie de lucha y los ejércitos austríacos marchando sobre Serbia, solo quedaba un interrogante: qué harían Alemania e Inglaterra a continuación. En los siguientes cinco días todo estaría definido.

La víspera de la guerra

Hacia la medianoche del 31 de julio Berlín envió a San Petersburgo un perentorio ultimátum para que suspendiese la movilización en el término de doce horas. Al día siguiente, dio a conocer una advertencia a París en el sentido de que Francia debía permanecer neutral en caso de que estallara una confrontación ruso-germana. Ante el silencio que guardó Rusia frente al requerimiento alemán, por un lado, y las amenazas a Francia si no guardaba la neutralidad, el 1° de agosto Alemania decretó la movilización general y declaró la guerra a Rusia, al tiempo que Francia ponía en movimiento su ejército. Estaba claro que París no abandonaría a sus aliados del Este y que, por el contrario, los necesitaba ahora más que nunca para defenderse del peligro germano. (Cabe anotar que Francia no había estado cruzada de brazos, pues era el principal proveedor de armamento de Serbia y financiaba la construcción de líneas férreas estratégicas de Rusia en sus regiones fronterizas con el imperio alemán.) De inmediato, las tropas alemanas invadieron el neutral Luxemburgo con el fin de apoderarse de los nudos ferroviarios de ese país, parte importante del plan de ataque contra Francia.
A estas alturas solo faltaba saber qué haría Inglaterra, el mayor imperio del mundo y la única gran potencia de la Triple Entente que no estaba amenazada de manera directa por Alemania. Berlín, aunque trató por medios diplomáticos que aquella permaneciera al margen del conflicto, estaba decidido a seguir adelante con su proyecto bélico aun si Londres optaba por hacer respetar la neutralidad de Bélgica y socorrer a los franceses. Londres ya había advertido que no permitiría que Francia fuera arrollada de nuevo por Alemania y además hizo saber al káiser que protegería la neutralidad belga, la cual estaba comprometida desde hacía casi un siglo. Para Gran Bretaña resultaba esencial que ningún poder dominante en Europa, y aún más, hostil, tomara posesión de los puertos belgas u holandeses o de la costa septentrional de Francia puesto que ello pondría en peligro su acceso al Canal de la Mancha, una ruta vital para la sobrevivencia misma de los ingleses. En el fondo, lo anterior respondía a la ya tradicional política británica de impedir que una potencia continental dominara Europa y lograra aislar la isla. Así, cuando el 2 de agosto Alemania puso en evidencia sus intenciones al presentar un ultimátum a Bélgica para que dejara pasar por su territorio los ejércitos que invadirían a Francia y Bruselas se negó a aceptarlo, Inglaterra empezó a prepararse para lo que ya era un desenlace inevitable.

Gente en frente de la catedral de Berlín, celebra la declaración de guerra. Colección Library of Congress, Washington.

 

El 3 de agosto Alemania declaró la guerra a Francia y, al día siguiente, ante la invasión germana a Bélgica, Inglaterra, la única potencia que discutió en su Parlamento la declaración de hostilidades8, finalmente hizo lo propio con Alemania. Había comenzado la Gran Guerra, la Guerra Europea o, como se conocería después, la Primera Guerra Mundial. Lo curioso de la situación es que para el 4 de agosto Alemania estaba en guerra con Rusia, Francia, Inglaterra, Bélgica y Luxemburgo, mientras que Austria-Hungría, la potencia que primero había iniciado las hostilidades en suelo europeo, solo estaba en guerra con Serbia. Alemania confiaba en infligir una rápida derrota a Francia, tal como había sucedido en la contienda franco-prusiana de 1870, para luego vérselas con los rusos en el Este.

Un choque inevitable

Se ha dicho que la Primera Guerra Mundial estalló por un hecho accidental o aislado como fue el magnicidio de Sarajevo; que los acontecimientos desbordaron a los gobernantes; que fue posible por una serie de errores cometidos por los políticos, y que se habría evitado si se hubiera recurrido a la diplomacia, tal como se había hecho en los últimos cien años, desde la derrota de Napoleón y el Congreso de Viena. En este lapso los conflictos, que los hubo y muchos, habían estado limitados geográficamente, fueron de corta duración y solucionados por las vías diplomáticas. 

En 1914 todos los mecanismos de balance entre las potencias (el viejo “concierto europeo”) dejaron de funcionar. Algunos afirman que fue precisamente el sistema de alianzas lo que provocó el desencadenamiento de la conflagración. Si bien es cierto que finalmente la guerra se libró entre dos bandos delimitados por tales pactos estratégicos, vale anotar que tanto la Entente como la Triple Alianza eran arreglos con objetivos en esencia defensivos. La clave de ambas consistía en que si uno de los signatarios era agredido por un tercero, los demás socios intervendrían para ayudarlo. Y en más de una ocasión sirvieron incluso para impedir que los acontecimientos se salieran de cauce. Por ejemplo, durante las dos crisis de Marruecos (1905 y 1911) Rusia no brindó su apoyo a Francia, mientras que esta última tampoco lo hizo con Rusia a raíz de la crisis de Bosnia (1908–1909). En estas tres situaciones ninguna de las dos potencias había sido atacada y se trató más bien de conflictos localizados que para nada afectaban la seguridad de los aliados del caso. Si como resultado de las alianzas todos sus miembros hubiesen tenido que intervenir, sin duda la guerra general habría comenzado antes de 1914. Asimismo, Alemania instó a su aliado austro-húngaro a actuar con cautela en las dos contiendas balcánicas de 1912 y 1913, como también en la crisis con Serbia en torno a Albania en 1912. Y, lo más revelador, Inglaterra no declaró la guerra a Alemania por sus aliados Francia o Rusia, sino por Bélgica, un pequeño estado neutral ajeno a cualquier tipo de alianzas.
La Primera Guerra Mundial no fue, entonces, ni consecuencia de las alianzas europeas, ni del atentado de Sarajevo, ni de fallas cometidas por los estadistas de tal o cual país. Sarajevo sirvió de excusa, de motivo aparente para llevar a cabo decisiones políticas y militares que ya se habían tomado años atrás tanto en Viena como en Berlín. De lo que se trataba era de definir, de una vez por todas, cuál sería la potencia dominante de Europa. La lucha por la supremacía en el viejo continente, que no se planteaba de manera abierta desde la derrota de Napoleón, fue lo que llevó a la catástrofe.

Se llegó a un punto en el que ninguno de los actores principales involucrados en este drama podía ceder a menos que renunciara a su estatus de gran potencia. Austria-Hungría necesitaba aplastar a Serbia, líder de los eslavos del sur, para consolidarse en los Balcanes y recuperar su maltrecho prestigio; Alemania se creía obligada a derrotar a sus dos grandes rivales Rusia y Francia que, según ella, la mantenían cercada y en permanente peligro; Rusia, después de su bochornosa derrota de 1905 ante Japón y la humillación que implicó para ella la crisis de Bosnia de 1908, no podía abandonar una vez más a sus hermanos eslavos de los Balcanes; Inglaterra no podía permitir que al frente de sus costas del Canal se estableciera un poder hostil que amenazara su existencia como imperio; Francia, aunque no provocó de manera directa la guerra, albergaba la esperanza de vengarse de Alemania por la derrota de 1871, y Serbia, empeñada en combatir a Austria-Hungría por todos los medios, contribuyó a encender la chispa que más de uno estaba esperando para prender el incendio.
 

Archiduque Francisco Fernando de Austria 

(Graz, 1836 – Sarajevo, 1914) 

Dos sucesos condujeron a que el archiduque Francisco Fernando se convirtiera en heredero del trono imperial austro-húngaro: primero, el suicidio de Rodolfo, hijo del emperador Francisco José, heredero natural; y, luego, la muerte de Carlos Luis, hermano del monarca y padre del archiduque Francisco Fernando. Su vida se desarrolló en medio de tensiones políticas: al tiempo que el imperio austro-húngaro luchaba para conservar bajo su órbita a los países balcánicos, dentro de estos operaban fuerzas nacionalistas. Serbia, uno de aquellos países, también se esforzaba por dominar la escena en los Balcanes. A pesar de que el archiduque defendía un modelo federal dentro del cual las minorías eslavas tendrían cierta autonomía — contra la visión centralista del emperador ­— resultó siendo el blanco de la acción terrorista en Sarajevo. El archiduque y su esposa Sofía Chotek — cuyos pergaminos no bastaron para que la Corte aprobara su unión —  fueron asesinados.  

 

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                   

Gavrilo Prinzip

(Oblaj 25 de julio de 1894 – Theresienstadt 28 de abril 1918)

Autor de los disparos de pistola que les causaron la muerte al archiduque Francisco Fernando y a su esposa. Nacido en una familia bosnia de origen serbio, hizo parte del movimiento Joven Bosnia, influenciado por la sociedad terrorista secreta conocida como “Mano Negra”, cuyo objetivo era acabar con el poder austro-húngaro en los Balcanes. El grupo, integrado por Prinzip y sus compañeros Gravez y Cabrinovich, falló en un primer intento cuando la granada lanzada al carro de los archiduques explotó a cierta distancia del blanco. Más adelante, la pareja fue alcanzada por las balas del terrorista, que intentó suicidarse sin éxito. Prinzip fue condenado a veinte años de prisión, pero murió en 1918. Para los pueblos balcánicos, que más adelante formaron Yugoeslavia, fue considerado un héroe.  

 

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                        

Los emperadores primos

Tres de los jefes de Estado que irían a la guerra en 1914 –el káiser Guillermo II de Alemania, el zar de Rusia Nicolás II y el rey de Inglaterra Jorge V– estaban unidos por cercanos vínculos de parentesco consanguíneo y político. 

La madre de Nicolás II, la princesa Dagmar de Dinamarca, era hermana de Alejandra de Dinamarca, esposa de Eduardo VII de Inglaterra y madre de Jorge V. En consecuencia, Nicolás y Jorge eran primos carnales.

La madre de Guillermo II, Victoria, y el padre de Jorge V, Eduardo VII, eran hermanos, hijos de la reina Victoria. Por consiguiente, los monarcas de Inglaterra y Alemania eran también primos carnales.

Por su parte, Nicolás II era sobrino carnal de Alejandra de Dinamarca, quien estaba casada con Eduardo VII, hermano a su turno de Victoria, la madre de Guillermo II. A este parentesco político entre el zar y el káiser se añade el hecho de que Carlota de Prusia, hermana de Guillermo I y tía abuela de Guillermo II, fue esposa del zar Nicolás I, bisabuelo de Nicolás II.

Por eso en algunos momentos se ha denominado la contienda del 14 como la “Guerra de los primos

 

Magnicidios

Antes del atentado contra el archiduque Francisco Fernando, en junio de 1914, habían sucedido numerosos magnicidios en todo el mundo. El asesinato de gobernantes y altos funcionarios estatales se había tornado en algo de frecuente ocurrencia antes del estallido de la Primera Guerra Mundial. He aquí los casos más relevantes.

Marie François Sadi Carnot, presidente de Francia

24 de junio de 1894: el presidente de Francia, Marie François Sadi Carnot, acuchillado por un anarquista italiano.

Nasereddín Sah Kayar, monarca de Persia

1º. de mayo de 1896: el monarca de Persia, Nasereddín Sah Kayar, asesinado por un clérigo.

8 de agosto de 1897: el presidente del consejo de ministros de España, Antonio Cánovas del Castillo, asesinado por un anarquista italiano.

Sissi, emperatriz de Austria.

10 de septiembre de 1898: la emperatriz de Austria, Isabel Amalia Eugenia, duquesa de Baviera, más conocida como Sissi, asesinada por otro anarquista italiano.

29 de julio de 1900: el rey de Italia, Humberto I de Saboya, baleado por un anarquista.

William McKinley, presidente de Estados Unidos

6 de septiembre de 1901: el vigésimo quinto presidente de Estados Unidos, William McKinley, asesinado por un anarquista de origen polaco (falleció el 14 de septiembre).

Rey Alejandro I de Serbia

11 de junio de 1903: el rey Alejandro I de Serbia y su esposa la reina Draga Masin, acribillados por militares golpistas. Junto con ellos perecieron el primer ministro, el ministro de guerra y dos hermanos de la reina.

13 de junio de 1905: el primer ministro de Grecia, Theodoros Deligiannis, muerto por un tahúr profesional.

11 de marzo de 1907: el primer ministro de Bulgaria, Dimitar Petkov, asesinado por un trabajador en paro.

Rey de Portugal, Carlos I

1º. de febrero de 1908: el rey de Portugal, Carlos I, y su heredero, el príncipe Luis Felipe, baleados por opositores políticos.

14 de septiembre de 1911: el primer ministro de Rusia, Piotr Stolypin, muerto a manos de un militante radical (falleció cuatro días después).

12 de noviembre de 1912: el presidente del consejo de ministros de España, José Canalejas, cae víctima de un anarquista.

Francisco I. Madero, presidente de México

22 de febrero de 1913: el presidente y vicepresidente de México, Francisco I. Madero y José María Pino Suárez, son asesinados durante el golpe militar del general Victoriano Huerta.

18 de marzo de 1913: el rey de Grecia, Jorge I, asesinado por un oscuro personaje. Nunca se supo quiénes fueron los autores intelectuales del magnicidio.

 

Ultimátum austro-húngaro a Serbia

Apartes del texto entregado por Viena a Belgrado el 23 de julio de 1914. El gobierno serbio debía comprometerse a:

1) suprimir toda publicación que excite al odio y al desprecio a la corona [austro-húngara];

2) disolver inmediatamente la sociedad llamada “Narodna Odbrana” y confiscar todos sus medios de propaganda […] y proceder de la misma forma contra otras sociedades en Serbia dedicadas a hacer propaganda contra la monarquía austro-húngara; 

3) eliminar sin demora de la instrucción pública en Serbia [...] todo lo que sirva o pueda servir a fomentar la propaganda contra Austria-Hungría; 

4) separar del servicio militar y de la administración a todos los oficiales y funcionarios culpables de la propaganda contra la monarquía austro-húngara, de los cuales el gobierno imperial y real se reserva comunicar los nombres y los hechos al gobierno real; 

5) aceptar la colaboración en Serbia de los órganos del gobierno imperial y real en la supresión del movimiento subversivo dirigido contra la integridad territorial de la monarquía; 

6) abrir un proceso judicial contra los participantes en el complot del 28 de junio que se encuentran en territorio serbio. Los órganos delegados por el gobierno imperial y real tomarán parte en las investigaciones correspondientes; 

7) proceder con urgencia al arresto del comandante Voislav Tankositch y de Milan Ciganovitch, empleados del Estado serbio, comprometidos, según los resultados de la instrucción, en los sucesos de Sarajevo; 

8) impedir la participación de las autoridades serbias en el tráfico ilegal de armas y de explosivos a través de la frontera; 

9) dar al gobierno imperial y real explicaciones sobre las injustificables declaraciones de altos funcionarios serbios que no han vacilado, después del atentado del 28 de junio, en expresarse de una manera hostil hacia la monarquía austro-húngara […] 

10) notificar, sin demora, al gobierno imperial y real acerca de la ejecución de las medidas comprendidas en los puntos precedentes.

(Viena exigía la respuesta del gobierno serbio a más tardar 48 horas después de entregado el ultimátum, o sea, el sábado 25 de julio de 1914 a las cinco horas de la tarde).

 

Referencias

1. Fromkin, David. Europe´s Last Summer. Who Started the Great War in 1914, New York, Vintage Books, 2005, p. 154.
2. Tuchman, Barbara W. The Guns of August, New york, Bantam Books, 1976, edición Kindle, posición 1524
3. Stevenson, David. 1914-1918. Historia de la Primera Guerra Mundial, Barcelona, Debate, 2014, p. 74.
4. Fromkin, Ob. cit., p. 188
5. Ferguson, Niall. The Pity of War 1914-1918, New York, Basic Books, 1999, edición Kindle, posición 3863.
6. Ferguson, 1999, posición 3767.
7. Koch, H.W. (editor). The origins of the first world war. Great Power rivalry and German War Aims, LONDON, MacMillan, 1972, p. 65.
8. Hastings, Max. Catastrophe 1914; Europe Goes to War, New York, Alfred A. Knopf, 2013, Edición Kindle, posición 2352.