Santafé de Antioquia, Henry Price, ref. AP4327, banco de la República.
Febrero de 2020
Por:
Juan David Montoya Guzmán * Profesor Asociado, Departamento de Historia. Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín.

SANTAFÉ DE ANTIOQUIA

En el siglo XVIII, Santafé de Antioquia era una ciudad de mezclas. Una iglesia en el centro de la plaza, cuatro capillas más en los extremos (Santa Lucía, Chiquinquirá, Santa Bárbara y Jesús Nazareno) y un arrabal ubicado en las barrancas del río Tonusco componían los principales espacios de la urbe. Varias capas de ciudades se sobreponían: una indígena, una ibérica, una africana y otra mestiza se traslapaban.​

 

La ciudad y la villa: los años inestables

En 1541, el capitán Jorge Robledo y su tropa, proveniente de la ciudad de Cartago, exploraron el cañón del río Cauca y las cordilleras que lo rodean. La expedición culminó con el arribo a la provincia de Ebéjico, donde Robledo pobló el 21 de noviembre de ese mismo año la ciudad de Antioquia (en honor a Antioquía en la antigua Siria). El acta de la fundación de la nueva urbe solo se redactó el 4 de diciembre, hecho que ha llevado a varios historiadores a confundir la fecha de la fundación, pues suele pensarse que el acto y el acta son la misma cosa. Es posible que el sitio escogido por Robledo para establecer dicha población fuera un pequeño valle surcado por el río La Herradura, en el actual municipio de Abriaquí.

 

 

Al año siguiente, la incipiente urbe fue trasladada por Isidro de Tapia a la provincia de Nore, ubicada en el valle de Frontino. Por otra parte, en 1546, Robledo fundó la villa de Santafé a orillas del río Tonusco, población con la que buscaba asegurar la explotación de los ricos yacimientos auríferos del cerro de Buriticá. Sin embargo, el gobernador de Popayán, Sebastián de Belalcázar, asesinó a Robledo ese mismo año, lo que provocó el despoblamiento de los dos centros urbanos.   

 

Ciudad de Antioquia. Fachada de la casa del cabildo, 1797. Archivo Genereal de la Nación, Mapas y Planos 4,6A. 

 

 

A finales de octubre de 1546, Belalcázar nombró a Gaspar de Rodas como su teniente de gobernador y le ordenó reedificar la ciudad de Antioquia. Al finalizar ese mismo año, la ciudad ya se encontraba repoblada. En 1550, Rodas también reconstruyó la villa de Santafé. A pesar de los esfuerzos colonizadores de Rodas, la ciudad de Antioquia fue incendiada por los indios, en 1555. Sin embargo, dos años después, el capitán Gómez Hernández la restableció.

Los años siguientes en Antioquia fueron turbulentos. La ciudad fue incendiada, abandonada, trasladada y repoblada en tres ocasiones más. Los sitios elegidos fueron: Nogobá, en 1567, la Loma de la Borrachera, en 1570, y la Loma de la Fragua, en 1571. Cuatro años después, sus pocos habitantes abandonaron definitivamente la ciudad, después de que fuera atacada por los indios. Los vecinos de la desaparecida Antioquia se refugiaron en la villa de Santafé. La fusión de ambas poblaciones dio origen a la ciudad de Santafé de Antioquia, que se convertiría en capital de la gobernación de Antioquia, en 1584.

 

Detalle de un mapa en el que se aprecia la ciudad de santafé de Antioquia, 1798. Archivo Hitórico de Antioquia (Medellín), Planoteca, 7091.

 

 

La consolidación de la ciudad

Cuando el fraile Jerónimo de Escobar visitó Santafé de Antioquia en 1582, la describió como una ciudad con poco “orden y justicia” y habitada por dieciocho vecinos, que daban refugio a “mil hombres forajidos”. Los españoles explotaban con unos seiscientos esclavos negros los metales preciosos en el cerro de Buriticá y en el río Cauca, mientras vivían en zozobra por los constantes ataques de los indios que habitaban en las fronteras del Chocó. A pesar de la riqueza metalífera de la región y de la importancia que adquirió como centro administrativo colonial, Santafé de Antioquia era una población pobre y pequeña, si se la compara con otras urbes del Nuevo Reino de Granada, como Cartagena, Popayán o Santafé.

 

Catedral de la Inmaculada Concepción. FOTO YESID ABRIL LAGOS / EL TIEMPO , 2016.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Desde que se inició el siglo XVII, la ciudad parecía languidecer. Los indios, que antes eran numerosos, se habían reducido de manera dramática. Las minas de Buriticá dieron muestras de agotamiento, lo que llevó a las autoridades coloniales a organizar expediciones militares contra los indios chocoes y así tener acceso a las zonas ricas en yacimientos auríferos, donde se pensaba que estaba ubicado el “Dabaybe”, la versión chocoana de El Dorado.

 

Varias razones explican la decadencia de la ciudad de Antioquia. En primer lugar, la guerra hispano-indígena mantuvo en estado se zozobra a sus habitantes, lo que creó la imagen de un núcleo urbano nada atractivo para la inversión económica. En segundo lugar, la crisis minera en Buriticá indujo al éxodo de los mineros y sus cuadrillas de esclavos africanos hacia otras zonas, como los valles de Aburrá, Rionegro y Los Osos. Cientos de colonos emigraron desde la ciudad, lo que no solamente llevó a la ampliación de la frontera minera, sino también al surgimiento de sitios importantes como Aná (futura Medellín) y Rionegro. Por último, el cierre de los caminos (terrestre y fluvial) que comunicaban la ciudad con el golfo de Urabá provocó el aumento del costo de las mercancías importadas desde el Caribe.

 

Los desarraigados esclavos negros, los toscos conquistadores y los empobrecidos indios dieron a Santafé de Antioquia vida propia. En las casas de la ciudad había viviendas que albergaban a concubinas indias y africanas, apasionadas mestizas y españolas despreciadas. Toda una babel doméstica en la que no solo se amaba, sino que también se trabajaba y se jugaba. Mercaderes, españoles pobres y mestizos se entregaban a esas diversiones prohibidas. Por ejemplo, el jesuita Vicente Imperial, quien visitó Antioquia hacia finales de la década de 1610, la describió como una ciudad donde reinaba la “disolución y la torpeza” y sostenía que era conocida como la “casa pública de este Reino”.

 

Plaza de Santafé de Antioquia. Henry Price, 1852. Comisión Corográfica Biblioteca Nacional de Colombia. 

 

 

Sombras y luces en la ciudad

En el siglo XVIII, Santafé de Antioquia era una ciudad de mezclas. Una iglesia en el centro de la plaza, cuatro capillas más en los extremos (Santa Lucía, Chiquinquirá, Santa Bárbara y Jesús Nazareno) y un arrabal ubicado en las barrancas del río Tonusco componían los principales espacios de la urbe. Varias capas de ciudades se sobreponían: una indígena, una ibérica, una africana y otra mestiza se traslapaban. Todos los días, las cuatro ciudades se cruzaban por las calles y plazas polvorientas. Pese a los esfuerzos de las autoridades coloniales, la “plebe” seguía marcando el ritmo de vida de la urbe.

 

Juan del Corral (anónimo, s.f.) casa de la Convención de Rionegro.  FOTO DANIEL HENAO / CC 3.0 

 

Don Juan Bautista del Corral (Mompox, 1778 – Rionegro, 1814). Hijo del comerciante español don Ramón del Corral y de la momposina doña Jerónima Carriazo. Las actividades comerciales de su padre llevaron al joven Juan Bautista a establecerse en Santafé de Antioquia, donde casó con doña Josefa Arrubla Martínez y, por tanto, se emparentó con las familias más poderosas de la ciudad. A principios del siglo XIX promovió el cultivo de cacao y el estudio de la geografía. En 1813 fue elegido primer presidente-dictador del Estado de Antioquia.

 

 

Iglesia de Santa Bárbara. FOTO GAIL JOHNSON, S.F

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sin embargo, el nuevo siglo trajo varios cambios a la ciudad. Las intenciones de los borbones pretendieron reformar los espacios urbanos y controlar a la población. Los gobernadores se empecinaron en cambiar el constante “relajamiento de las costumbres” de los antioqueños. Los amancebados, los jugadores, los ociosos, las prostitutas y los niños expósitos fueron objeto de persecución por parte de los funcionarios. Para desterrar los viejos hábitos, los administradores coloniales ordenaron que se restringieran los excesos de las fiestas, se abrieran calles y fuentes públicas de agua, se construyeran acequias, cárceles, hospitales, cementerios, escuelas de primeras letras y casas de recogidas para las mujeres “libertinas”.

 

Iglesia de Jesús Nazareno. FOTO JESS KRAFT, S.F.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La vida republicana afectó fuertemente a la ciudad. En 1826, la capital de la provincia se trasladó de Antioquia a Medellín. Casi que, en compensación, Antioquia fue escogida como la sede de un nuevo obispado. La ciudad siguió siendo cabecera del cantón del mismo nombre. Y cuando el coronel Agustín Codazzi arribó a ella, a mediados del siglo XIX, anotó en su Geografía física y política de la confederación Granadina que era una pequeña población que contaba con casi veinticinco mil habitantes, dedicados a la agricultura y, en menor medida, a la minería.

 

Valle del río Herradura. En este sitio posiblemente se fundó la ciudad de Antioquia el 21 de noviembre de 1541. Actualmente, corresponde al corregimiento de la Antigua, municipio de Abriaquí. FOTO JUAN DAVID MONTOYA GUZMÁN, 2018. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En 1885, el médico Manuel Uribe Ángel afirmó en su Geografía general y compendio histórico del Estado de Antioquia que las razones de su decadencia habían sido la pérdida de la capitalidad, la plaga de la “mancha”, que había afectado los cultivos de cacao –principal motor de la economía– y la fragmentación de su jurisdicción civil y eclesiástica, pues esto había llevado a que diferentes poblaciones y curatos del otrora territorio se independizaran.

 

FOTO YESID ABRIL LAGOS / EL TIEMPO, 2016.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los casi quinientos años de vida no han sido tan “gloriosos” para Santafé de Antioquia. Los diferentes proyectos para comunicar la ciudad con el mar Caribe, explotar sus recursos minerales y servir como puente para la colonización del Chocó y Urabá se han visto constantemente interrumpidos. A pesar de ello, la ciudad cumplió un papel fundamental en la consolidación de la región, al ser el principal punto de partida para el poblamiento de otras zonas de Antioquia.

 

Puente de occidente sobre el río Cauca. Es la conexión entre los municipios de Olaya y Santafé de Antioquia. FOTO EL PARAJO LINDO, S.F. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La agricultura sigue siendo un ramo importante de la economía de la localidad. En las últimas décadas, la ciudad se destaca por su intensa actividad turística y por el desarrollo de actividades culturales, como el festival de cine.

 

 

 

 

Biografía:

 

1 En 1567, el procurador de la villa de Santafé, Pedro Ruy Díaz de Tamayo, sostuvo que la ciudad de “Santiago de Antioquia” se había despoblado hacía veinte años. Es probable que, cuando la urbe se fundó, en 1541, se halla denominado como “Santiago” en honor al apóstol patrono de España. Véase Archivo General de Indias, Sevilla (en adelante, AGI), Justicia, 503, N. 2, f. 480v.

2 AGI, Justicia, 565, N. 13, ff. 446r-v.

3 William Jaramillo Mejía, Antioquia bajo los Austrias, dos tomos, Instituto Colombiano de Cultura Hispánica, Santafé de Bogotá, 1996, t. I, pp. 142-148.

4 AGI, Santa Fe, 65, R. 1, N. 12d, f. 1r.

5 “Anua de la provincia del Nuevo Reino de Granada del año 19, 20 y 21”, en Cartas anuas de la provincia del Reino de Granada. Años 1604 a 1621, José del Rey Fajardo, S.J., y Alberto Gutiérrez, S.J. (eds.), Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá, 2015, p. 531.

6 AGI, Santa Fe, 716, N. 28, ff. 1r-65v.