21 de octubre del 2019
 
Junio de 2019
Por:
Alejandra Ciro Rodriguez*Historiadora de la Universidad de los Andes y Magíster en Estudios Políticos de la Universidad Nacional de Colombia.

SAN VICENTE DEL CAGUÁN

Cuando en 1819 el Ejército Libertador garantizó el éxito de la independencia en la Batalla de Boyacá, los territorios que hoy corresponden a San Vicente del Caguán, en el piedemonte amazónico, estaban habitados por comunidades nativas, tapizados de selva y débilmente articulados a la estructura de poder colonial que caía, y a la republicana que apenas empezaba. Doscientos años después, San Vicente del Caguán expresa todavía las contradicciones que han marcado la construcción del estado-nación en Colombia.

San Vicente del Caguán, puerta de entrada a la Amazonía colombiana, es un municipio del Caquetá que limita al norte con el Meta y al oriente con el Guaviare, con el Huila al nor-occidente y con los municipios de Puerto Rico al occidente y Cartagena del Chairá al sur. Por su territorio pasan dos ríos muy importantes en la colonización andina de esta región: el Caguán y el Yarí. De su territorio hace parte el Parque Nacional Natural Cordillera de los Picachos, sitio de confluencia entre la Amazonía, la Orinoquía y las alturas andinas.

El municipio es conocido en la opinión pública nacional por los fallidos diálogos de paz del Caguán entre las FARC y el gobierno de Andrés Pastrana (1998-2002). Carga entonces el estigma de haber sido zona de retaguardia guerrillera en un conflicto armado que duró cincuenta y dos años. Sin embargo, quedarse con esta imagen sería pasar de largo las complejidades que encierra un territorio como el de San Vicente y el mismo conflicto armado colombiano. Conocer las dinámicas que han atravesado la historia de San Vicente es clave para entender la Colombia actual.

Así, lo que pocos conocen sobre esta población es que es también el municipio colombiano con el mayor número de cabezas de ganado del país, 831.586 bovinos, muy por encima de las 425.264 del segundo (Paz de Ariporo en Casanare) y de las 406.837 del tercero (Montería en Córdoba.

Paralelo a esta importante economía ganadera, que creció a la sombra del dominio insurgente y del conflicto armado, también destacan hoy las altas tasas de deforestación, que se dispararon tras la desmovilización de las FARC y que ubican hoy a San Vicente como el municipio que concentra el mayor número de alertas tempranas de deforestación, (21,1% del total nacional según el IDEAM).

Río Caguán y aeropuerto de San Vicente, 2018.

La fundación

Durante el siglo XIX, la naciente república delegó el control de este territorio a las misiones evangelizadoras y a las agencias caucheras. Como lo plantean Dominguez y Gómez, San Vicente empezó como una estación en el camino entre Puerto Rico (Caquetá) y Campoalegre (Huila). Debido a la cantidad de árboles de caucho que había a sus alrededores empezó a ser explotada por la compañía de los Hermanos Perdomo, que en 1885 se ubicó en el sitio en el que actualmente se encuentra el casco urbano. San Vicente fue entonces resultado de la llamada “Fiebre del Caucho”, que generó la revolución de la industria del automóvil en Europa y Estados Unidos. El caucho era necesario para hacer las llantas que demandaba la producción en serie de vehículos para el consumo de la clase media de Londres o Nueva York. La vinculación de San Vicente a esta importante economía mundial cuestiona el carácter marginal con el que se ha buscado entender esta región. Así, más que región olvidada, habría que pensar en el tipo de articulación que ha construido el estado-nación colombiano con estos territorios.

Por contrato con el Estado, la compañía Perdomo se comprometió a abrir un camino a Campoalegre, así como a construir una casa de gobierno a cambio del permiso de explotar el caucho de las montañas entre el Yarí y el Caguán. En 1900, los comerciantes del pueblo se reunieron a hacer el trazado urbano. Entre ellos estaba Juan Vicente Quesada, que, según el historiador Felix Artunduaga, le daría su nombre al pueblo. Con la crisis de la economía cauchera a principios del siglo XX, los intereses de los empresarios de San Vicente se desplazaron exitosamente a la ganadería, que se convertiría en la principal actividad económica de la región.

La colonización andina de San Vicente del Caguán siguió aumentando a lo largo de la primera mitad del siglo XX, pero su impulso definitivo lo dio la época conocida como La Violencia, que asoló los campos andinos a mediados del siglo XX y que generó el desplazamiento de miles de colonos del centro del país hacia los territorios considerados baldíos, como San Vicente del Caguán. En un principio, la colonización fue principalmente de campesinos liberales, lo cual llevó a que San Vicente se convirtiera en el bastión liberal que todavía es hoy en día. En la década de los cincuenta, en la región de El Pato, en la cordillera, los campesinos ya se dedicaban a cultivar maíz, arveja, frijol, café y caña, que eran vendidos a la Hacienda Balsillas, desde la cual se comercializaba al resto del país. 

Escuela de la vereda Miravalle,zona rural al norte de San Vicente, 2018.

Guerra y organización campesina

En este contexto, el bombardeo del municipio tolimense de Villarica por parte del Ejército, en el marco de la arremetida contra los territorios tildados de “repúblicas independientes”,  generó el desplazamiento hacia la región de unas tres mil personas, entre hombres, mujeres y niños, liderados por el jefe comunista Mayor Richard. A partir de ahí, la relación de la población en San Vicente con el Estado fue conflictiva, al estar marcada por la guerra. Las ofensivas de la Fuerza Pública en 1964 y 1965, que dieron origen a las FARC, generaron en la región de San Vicente lo que se recuerda como la marcha de la muerte, cuando los pobladores de este territorio tuvieron que ocultarse en el monte. De esta experiencia se recuerda hoy la muerte de un número indeterminado de personas, entre mujeres y niños, que quedaron expuestos a los peligros de la selva. A propósito de esta ofensiva militar, los filósofos Simone de Beauvoir y Jean Paul Sartre escribieron el “Manifiesto en solidaridad con la República de El Pato”, en el que pidieron que “cese la agresión militar contra el movimiento agrario”, y que fue publicado en el diario El Tiempo el 23 de abril de 1965. Para 1976, los datos del censo en la región presentaban una reducción del 90% de los habitantes en el territorio.

En 1980, el desplazamiento se volvió a repetir, tras el bombardeo del aeropuerto de la vereda Las Perlas. A diferencia de lo que ocurrió en 1965, cuando la población marchó hacia el monte, dos mil campesinos empezaron una marcha de 150 kilómetros que los llevó hasta Neiva, donde duraron tres meses hacinados en el coliseo exigiendo garantías para una vida digna en la región. Durante la permanencia en el coliseo, nueve niños murieron por las condiciones de hacinamiento. A diferencia de la marcha anterior, esta fue llamada la marcha de la vida.

Tras el regreso al Pato, después de negociaciones con el gobierno, se empezó a celebrar en noviembre de 1984 el Festival del Retorno. Esta fiesta se celebra cada año desde entonces y en ella se hace homenaje a la capacidad de los pobladores de la región para construir la vida campesina en medio de la guerra entre el Estado y la insurgencia. El evento central del Festival es el Reinado Regional y Popular del Baile El Barcino, inspirado en la composición del músico huilense Jorge Villamil, quien tenía su hacienda en la región. El bambuco, que tiene reconocimiento entre la música tradicional colombiana, cuenta la historia de un novillo que durante la época de La Violencia fue llevado por “Tirofijo” hacia el Pato y Guayabero. En el coro se lee: “Arre torito bravo que tienes alma de acero, que llevas en la mirada, fulgor de torito fiero, que llevas en el hocico, el aroma del poleo […]”

Además de El Barcino, Jorge Villamil también compuso durante los sesenta El Yariceño, que actualmente es considerado el himno folclórico de San Vicente del Caguán y que expresa las aspiraciones de este municipio en convertirse durante esa década en la capital de la Comisaría del Yarí. Actualmente, alrededor del baile se realiza el festival más importante de la región, el Festival Folclórico y Baile del Yariseño, entre los meses de junio y julio de cada año.

la influencia de la colonización comunista, las mismas dinámicas de la colonización y la guerra hicieron de los campesinos del Caguán un ejemplo de organización. Desde muy temprano, en la década del cincuenta, crearon distintas formas de organización comunal que permitieron a los campesinos vivir y prosperar en un territorio que se disputaban de forma violenta el Estado colombiano y las FARC. Sindicatos agrarios, cooperativas, asociaciones de colonos, las Juntas de Acción Comunal han permitido que los campesinos hayan encontrado formas de resolver los retos en justicia, convivencia, medio ambiente, derechos humanos, educación o infraestructura. La organización campesina ha abierto caminos y construido escuelas y ha establecido manuales de convivencia que han regulado la vida en la región. La organización campesina ha posibilitado que, a pesar de la guerra, que tuvo su pico más alto con la Operación Tánatos, de retoma del Caguán tras el fin del despeje durante el gobierno de Pastrana, San Vicente del Caguán sea considerada una región próspera.

Puente peatonal en el casco poblado. Dos niñas caminan hacia el colegio antes de las 6:00 a. m., 2018.

Conclusión

Caminar por las calles del casco urbano de San Vicente del Caguán es encontrar vida y movimiento, resultado de las demandas de un sector campesino productivo. Sin embargo, la seguridad en el posacuerdo tras la desmovilización de las FARC y la deforestación son hoy retos importantes que enfrenta la región. En el fondo, la pregunta que inquieta es si la organización campesina, que ha posibilitado la vida en medio de la guerra, podrá resistir los cambios que están llegando tras los Acuerdos y podrá contener la embestida en contra del medio ambiente y la seguridad. Doscientos años después de la creación de la República, San Vicente expresa los desafíos que tiene la nación colombiana y cómo el amplio despliegue de la Fuerza Pública a lo largo de su historia demanda que nos acerquemos al problema yendo más allá de la ya trillada dicotomía entre ausencia

 

Referencia bibliográfica

  1. Censo Pecuario Nacional, ICA, 2018.
  2. [1] Camilo Domínguez y Augusto Gómez López, La economía extractiva en la Amazonia colombiana, 1850-1930, Corporación Colombiana para la Amazonia, Bogotá, 1990, p. 150.
  3. [1] Félix Artunduaga, Historia General del Caquetá, Fondo Mixto para la Promoción de la Cultura y las artes del Caquetá, Florencia, 1984, p. 79.
  4. [1] Lorena Carrillo, “‘¡Juntos, pero no revueltos!’ (O de cómo se ha concertado la regulación social en medio de la guerra). El caso de la región de El Pato. San Vicente del Caguán, Colombia, 1956-2016”. Tesis de Maestría en Ciencias Sociales, El Colegio de Michoacán, 2016