18 de octubre del 2019
 
Rafael Uribe Uribe. Fotografía de Benjamin de la Calle
Noviembre de 2016
Por:
Aída Martínez Carreño

RAFAEL URIBE URIBE Y LUIS CARLOS GALÁN

El orden de una nación descansa 
sobre los hombres elegidos para sostenerla.
Napoleón Bonaparte

Entre obvios paralelos y perceptibles tangentes, los nombres de Rafael Uribe Uribe y de Luis Carlos Galán son heridas no cicatrizadas en la conciencia colombiana, que a lo largo de su historia resentirá la pérdida de dos de sus más promisorios y brillantes estadistas. Liberales ambos, encabezaron disidencias dentro de su propio partido al cual pretendieron reformar modernizando su misión, depurando sus vicios, enriqueciendo sus contenidos a tono con los cambios mundiales.

Sin insistir demasiado en las líneas paralelas de sus vidas, es indispensable recordarlas para luego resaltar las divergencias de sus caracteres y de la época en que actuó cada uno de ellos. Las tres generaciones que median entre uno y otro (1859, 1943) marcan una profunda brecha que comienza a reducirse al recordar sus orígenes de provincia y de montaña (antioqueño y santandereano), su grupo familiar de viejo arraigo, gentes blancas, trabajadoras y honestas, creyentes en la inteligencia y en la educación, tocadas por el sentimiento de patria, movidas por el deseo de servirla.

Precoces ambos en las decisiones de ir tras sus ideales, a los 17 años Uribe Uribe ya había participado en la guerra y recibido una herida en combate; Galán, alumno de bachillerato del Colegio Antonio Nariño, era a los 14 años activista del movimiento estudiantil en contra de la dictadura. Estudiantes talentosos los dos, sus títulos se equiparan: Jurisprudencia para el decimonónico, Derecho y Economía al contemporáneo. Periodistas por pasión y oficio, fueron a lo largo de su vida fundadores, redactores, directores o colaboradores de diversas publicaciones.

El repaso de los nombres de la prensa que ellos animaron ilustra la ideología, refleja las tendencias y necesidades de cada momento: El Trabajo, La Consigna, La Unión, El Republicano, El Relator, La Disciplina, El Autonomista, fueron los voceros de Uribe Uribe; Galán funda Vértice, trabaja en El Tiempo, dirige La Nueva Economía, es co-director de Nueva Frontera. Ambos apoyaron en el periodismo un trabajo de educación ciudadana y de sensibilización a los problemas nacionales, por su intermedio trataron de convocar la inteligencia hacia el cambio indispensable.

Al propio ejercicio de la política llegaron por caminos diferentes, pero impulsados por una rara conjunción de condiciones intelectuales y físicas: inteligencia, decisión, capacidad de trabajo, sensibilidad, vocación de servicio, valor y arrojo, sin desdeñar la habilidad oratoria, la apostura, el fulgor de dos personalidades disímiles, ambas singularmente atractivas.

Uribe Uribe llegó al Senado en la última década del siglo pasado, un período totalmente adverso el ejercicio democrático bajo un régimen intransigente, al cual opuso sus dotes de parlamentario y su coraje. Llegado el momento de no encontrar alternativa diferente a la guerra para defender sus ideas, desgastó en ella sus recursos, su salud y sus energías, su tranquilidad y su nombre, hasta retornar derrotado. De vuelta al Congreso se esforzó por reformar el liberalismo, pretendiendo que éste a su vez llegara a reformar el Estado, modernizándolo al impulso de la creciente onda socialista. Al comenzar el siglo soñaba Uribe Uribe con un desarrollo industrial que trajera el progreso a su agente, el obrero: "Sólo el esfuerzo colectivo, bien dirigido y honradamente manejado puede sacarnos de la postración presente para convertirnos en lo que debemos ser: un pueblo rico, grande y glorioso, el primero en Hispanoamérica", afirmaba visionario.

En el caso de Luis Carlos Galán, un raro sentido de responsabilidad y la conciencia de una misión hicieron breve su niñez y adolescencia; su juventud se disipó sin haberla gozado a plenitud entre las responsabilidades del Ministerio de Educación, asumido a los 27 años, y los apergaminados vericuetos de la diplomacia en los cuales se internó antes de los 30. Senador durante once años, debió enfrentar el poder destructor del narcotráfico, denunció la corruptela administrativa y abrió debates sobre temas vitales al país, incluidas las reformas constitucionales, los derechos humanos, la política petrolera, la paz. "Tantos problemas como los que padecemos, y tantas oportunidades como las que desperdiciamos nos obligan a cambiar... La intransigencia y el fanatismo sólo conducen al dolor y la frustración... las transformaciones no llegan milagrosamente... sin esfuerzo ningún pueblo ha logrado progresar y vivir en paz", escribía en 1989.

Ninguno de los dos concluyó su batalla; a Uribe Uribe lo asesinaron la ignorancia y la miseria que él pretendía combatir; a Luis Carlos Galán lo doblegó la violencia cobarde del narcotráfico. En el momento de su muerte, ya de regreso de sus disidencias, cada uno de ellos encarnaba una firme posibilidad del liberalismo colombiano, no sólo de llegar al poder, sino de generar los grandes cambios que la sociedad demandaba.

Si Rafael Uribe Uribe hubiera tenido tiempo para iniciarlos, ¿habría tenido cabida el terrorismo ciego que asesinó a Luis Carlos Galán?