Colección Biblioteca Nacional de Colombia.
Febrero de 2013
Por:
Natalia León Soler y Juan Camilo Rodriguez Gómez

RAFAEL POMBO Y SOCORRO QUINTERO VERSOS DE UN AMOR IMPOSIBLE

La manifestación de un sentimiento, sea en verso o en prosa, fue la forma en que muchos literatos y poetas expresaron su admiración por el bello sexo, el amor, la felicidad y la vida, como también lo hicieron por la nostalgia, el desamor y lo imposible.

Rafael Pombo (1833-1912) dedicó parte importante de su producción literaria al tema del amor frustrado. Se  trató de una de las características esenciales de su vida, la imposibilidad de lograr el amor ideal. En su obra se encuentran referencias a las mujeres que pasaron por su vida, como Luisa Armero y Manuelita Lindo.

Las pasiones políticas de los tiempos de la regeneración crearon alrededor de Pombo imágenes dispares de este poeta enamorado que hizo decenas de versos epitalámicos, es decir, dedicados a las parejas que se  casaban en el Bogotá de la época. Antonio José Restrepo, verbo liberal que se enfrentó con valor a Rafael Núñez y a los conservadores de su tiempo, describió de forma grotesca al poeta Pombo en su libro Sombras  chinescas, en escenas de pasiones diferentes a las idílicas de su poesía:

“Ello es que en la inmunda pocilga de aquel prendero Isaza, detrás del capitolio habían conocido D. Juan y D.Antonio al serenísimo D. Rafael Pombo que se acurrucaba en aquel mostrador infecto a esperar indias borrachas para requebrarlas de amores.

¡Estas son las sublimidades de la lírica clericonservadora en este valle de lágrimas!”

En su viaje a Nueva York, hacia el otoño de 1863, Pombo conoció a quien sería su amor frustrado e  imposible, la venezolana Socorro Quintero. Ella entonces tenía 23 y él pasaba de los 30 años. Vivieron por un año el más idílico amor: él le recita los más puros y sinceros versos, como su poema Soledad, escrito en ese año:

“De media noche en la imponente calma, Cuando a mi estrecho cuarto me retiro, Pienso en ti, me veo solo,  alzo un suspiro Y en él te envío el alma de mi alma”.

Debido a que no hubo esperanza de matrimonio, la pareja se vio obligada a terminar a mediados de 1864. Al parecer, la relación se reanudó a escondidas de los familiares de Socorro, quienes negaron a Pombo la entrada a su casa, e hicieron imposible que mantuvieran esa amistad; pero es el regreso de ella a Venezuela, en mayo de 1865, el que le puso final al romance. Años después, Socorro contrajo matrimonio con Francisco Lino Ruíz y Rafael Pombo, ca. 1875. Acuarela de José María Espinosa Prieto. Colección Museo Nacional de Colombia. Reg. 854García Espaillat, mientras que Pombo volvió al país a seguir con su producción literaria.

La separación produjo sentimientos de amargura y tristeza, que se manifestaron en varios versos:

“¡Más yo al ver ese cielo que veía Y oyendo aquel murmullo placentero Inmensamente triste me sentía Porque no estabas tú cerca de mí!”

Pombo hizo una compilación de poemas escritos antes de que se conocieran, y se lo obsequió bajo el título Pasión. La correspondencia de Pombo a su amada muestra el intenso amor y el dolor de la separación, como  un ejemplo más de los tantos epistolarios de pasión que se escribieron en el siglo XIX.

Fuente

Orjuela, Héctor H. (ed.). Pasión, versos de Rafael Pombo a la venezolana Socorro Quintero, Bogotá, Quebecor Impreandes, 2000.