Mueble de mala educación. Retrato de Miguel Antonio Caro. Bolígrafo sobre pupitre de madera, obra de Humberto Junca Casas, 2014. Colección del artista, Bogotá.
Agosto de 2016
Por:
Credencial Historia

OBRA DESTACADA: MUEBLES DE MALA EDUCACIÓN (2012-2014) DE HUMBERTO JUNCA CASAS

Dibujos en bolígrafo sobre madera de pupitres escolares usados. Colección del artista 

Los pupitres del artista bogotano Humberto Junca Casas son palimpsestos. En ellos proliferan los indicios de múltiples generaciones de jóvenes rebeldes que han pasado por las aulas de instituciones educativas donde el tedio es evidente, y se traduce en la elaboración de dibujos casi-automáticos, como aquellos que cita E. H. Gombrich en su texto: “Los placeres del aburrimiento, cuatro siglos de garabatos”. Este historiador del arte nos recuerda las palabras de Leonardo Da Vinci, cuando en su Tratado de la pintura dijo: “Al dibujar, el artista debería evitar un acabado cuidadoso para no dificultar el flujo de su imaginación”.  

Mueble de mala educación. Retratos de Miguel Antonio Caro y Juan Manuel Santos Calderón. Bolígrafo sobre pupitres de madera, obras de Humberto Junca Casas, 2014. Colección del artista, Bogotá.

 

Es en el fino arte de garabatear con bolígrafo barato que Junca se ha vuelto experto, cualidad que ha combinado con la inteligencia conceptual para mantener la crítica a lo institucional, haciendo uso del dibujo como forma de resistencia social. La serie de 9 pupitres con retratos de “notables” de la administración pública del sector de la educación colombiana incluye nombres de los tan mal recordados Miguel Antonio Caro, Miguel Ángel Builes, Antanas Mockus y María Cecilia Vélez, toda una pléyade de estrellas oscuras que más que bien le hicieron un profundo mal al sistema educativo colombiano, en cuanto que sus medidas, muchas soterradas, atentaron contra las libertades civiles, fomentaron la doctrina, marginaron al diferente y acallaron mediáticamente la voz de los estudiantes.  

“Qué mala educación hemos recibido los colombianos” es un lema que invita a pensar la obra desde una perspectiva conceptual, donde las palabras tienen un gran significado, en cuanto que resumen la verdad que ronda al imaginario popular. Esa es la verdad del pueblo, es el trasfondo de la condición educativa en el país, el talón de Aquiles de los proyectos sociales de infinidad de gobiernos, regentados también por gente “maleducada”. 

Es así como el resultado de muchas políticas educativas termina lanzando a los jóvenes al mundo agreste de la calle, lugar de donde además proceden muchos de los elementos lingüísticos que gobiernan esta obra. Andar rodando por la vida, Like a Rolling Stone, es el destino que muchos estudiantes juiciosos y con talento encuentran en las escuelas colombianas. Ser malo, ser calavera o malandro es el camino que tiene un buen porcentaje de nuestra juventud. Humberto Junca sabe eso de primera mano, y lo capitaliza para producir una serie de obras, donde el lenguaje plástico recurre a elementos que proceden de la cultura popular del mundo adolescente de los 80 y 90 en Colombia. Su primera gran obra fue “El mal vestido” (1999), donde utilizó la tipografía de los nombres de las bandas de Heavy-metal para proponer una impronta textil que se colgaba en una pared y que generaba amedrentamiento visual. 

Humberto Junca Casas es un artista bogotano nacido el 5 de septiembre de 1968. Su obra no es ajena a esa generación de jóvenes que a los 10 años jugaban en la calle del barrio 7 de agosto en Bogotá, momento en el que se iniciaba todo un proceso que lo llevaría a descubrir el mundo sonoro agolpado bajo las casetas donde se vendían los discos de música rock en la Avenida 19 de Bogotá. Adentrarse en la salvaje vida urbana de la ciudad ha sido una labor “antropológica” que el artista ha asumido sin caer en la aburrida propuesta etnográfica, esa de la que habla Hal Foster, uno de los teóricos más citados, pero menos comprendidos en el mundo del arte.

Humberto Junca es un artista plástico egresado de la Universidad Nacional de Colombia. La importancia de su obra radica en haber logrado capturar los signos del lenguaje popular para re-ensamblarlos en obras cuyas formas y recursos expresivos son consecuentes con el ámbito original, en este caso el mundo de los estudiantes. Ese mundo lo conoce bien, en cuanto que ha sido estudiante por muchos años, y lo capitaliza ahora como profesor, muy apreciado, de la Universidad de los Andes y de la Universidad Jorge Tadeo Lozano. Junca es una persona tranquila, afable y generosa, durante sus épocas de estudiante en la Universidad Nacional le “dio de comer al oído”, como dice él, a muchos de sus compañeros, pues era de sus discos que se grababa y regrababa la música que muchos escuchaban en casetes de dióxido de cromo. Esa condición lo llevó a ganarse un merecido lugar en la programación de la radio universitaria, al obtener en 1992 un espacio de difusión de alternativas sonoras en la Emisora de la Universidad Nacional de Colombia, franja que todavía se conoce como “La hora de la resistencia” (98.5 F.M.) y que comparte con otros colegas y amigos melómanos. 

Mueble de mala educación. Bolígrafo sobre pupitre de madera, obra de Humberto Junca Casas, 2014. Colección del artista, Bogotá.

 

Multiplicar y difundir información ha sido una preocupación que el artista ha tenido hace más de 20 años, esa dialéctica entre el original y la copia lo ha llevado a ser el curador de una exposición de portadas de discos pintadas por artistas, exposición que involucra los afectos, pero además que genera un vínculo con facetas de la estética vinculada al arte Pop. Pintar uno mismo la portada de su disco favorito es un proyecto que habla bien de la manera como en la obra de Junca lo arqueológico no se debe solo a la nostalgia, sino que motiva formas de pensamiento profundo, muy reflexivo, y que no deja de lado el componente estético.

Las series de pupitres son obras con las cuales Humberto Junca ha tenido reconocimiento internacional. Una escala previa de 9 tablas con tipografía de bandas de heavy-metal noruego incluía imágenes superpuestas, tales como una escena de la toma del Palacio de Justicia, una masacre, el 9 de abril o el retrato del presidente Belisario Betancur Cuartas. De nuevo, esos palimpsestos invitan a que el espectador saque sus propias conclusiones. En tiempos de posconflicto, el pueblo colombiano y sus gobernantes deben aprender a ser más educados, estudiar más es la tarea de toda la Nación.