Platos decorados con diseños geométricos los cuales tienen gran simetría. Cerámica. Cultura Nariño, período prehispánico. Colección Museo Arqueológico, Casa del Marqués de San Jorge. Regs. N-01757 y N-01787
Septiembre de 2015
Por:
Credencial Historia

OBRA DESTACADA: LOS DISEÑOS GRÁFICOS DE LA CERÁMICA TUZA CA. 1250-1500 D.C

Piezas del Museo Arqueológico Casa del Marqués  de San Jorge y del Museo del Oro en Bogotá

Los indígenas tuza vivieron hace unos quinientos o seiscientos años en la región de los Pastos, hoy departamento de Nariño, sur de Colombia; de sus manos emergió un tipo de cerámica cuyo diseño gráfico es sobresaliente. Este pueblo ocupó una zona de confluencia geográfica donde predominaba lo andino, combinado con elementos de las selvas del Putumayo y del litoral pacífico. La región tuza corresponde hoy a las zonas ubicadas entre los municipios de Ipiales (Colombia) y Otavalo (Ecuador), lugares que están flanqueados, a su vez, por los volcanes Cumbal y Cayambe. El río Mayo, en el Patía, definía el límite al norte del territorio que los grupos indígenas ocuparon antes de la llegada de los conquistadores españoles, mientras que hacia el sur la barrera natural la constituía el valle del río Chota. Algunos autores indican que Tuza (1250-1500 d.C.) es un estadio maduro de su ancestro el Capulí (850-1250 d.C.), el cual, a su vez, estaba emparentado con el pueblo Piartal (750-1500 d.C.), mucho más antiguo. Esta fue una sociedad organizada en ayllus o núcleos familiares que le rendían tributo y obediencia a un cacique, quien a su vez practicaba un culto especial al Sol de los pastos. La presencia constante de esta grafía en la cerámica tuza, un signo en el que de un cuadrado se desprenden radialmente ocho puntas, y además los constantes dibujos escalonados, permiten develar vínculos de vecindad con el Tawantinsuyu o mundo inca dividido en cuatro puntos cardinales. El mismo Sol de los pastos está presente, como petroglifo y a manera de Intihuatana, en la piedra de “los machines” o monos en el Municipio de Cumbal o como figura central que se puede ver desde una vista aérea de la plaza de Nariño en la ciudad de San Juan de Pasto. El profesor Víctor Samuel Albis de la Universidad Nacional de Colombia ha hecho un juicioso análisis matemático de dicha grafía, encontrando que los indígenas precolombinos utilizaban la proporción áurea (  2), y otras formas complejas de distribución y composición espacial.

Los diseños gráficos de los antiguos indígenas tuza sobresalen por la fina composición lograda sobre las piezas cerámicas que los alojan. Se trata de figuras positivas y negativas realizadas con pigmentos minerales, estas últimas hechas enmascarando con engobes la superficie donde luego se pintaba la pieza completa, dejando como resultado espacios a donde no llegaban los pigmentos. Parafraseando al antropólogo Ronald J. Duncan, los tuza fueron mejores pintores que ceramistas. Sus dibujos combinan lo geométrico y abstracto con lo figurativo, constituyendo “sistemas de diseño conceptuales”, donde “los signos constituyen un lenguaje específico, con sentido narrativo, pero donde los patrones de signos y los patrones numéricos indican una fijación de conceptos”. Tales diseños aparecen fundamentalmente en dos tipos de objetos: las ocarinas y los platos. 

Ocarinas

Las ocarinas son instrumentos musicales hechos de arcilla cocida, la mayoría de ellas evocan la forma de las grandes caracolas, con presencia de uno o dos agujeros para modificar las tonalidades sonoras. En dichas piezas se mezclan los procesos estéticos con los rituales, pues la concha es propiamente el elemento calcáreo que incrementa el efecto narcótico de la coca. En esa medida, los caracoles blancos y de colores son macerados para producir un polvillo que se combina dentro del calabazo con coca para producir el mambe. La ocarina es la sofisticación de los instrumentos aerófonos de las comunidades indígenas, cuya presencia data ancestralmente desde la elaboración de las quenas o zampoñas, instrumentos hechos con cañas de diferentes longitudes. Sobre algunas de las ocarinas aparecen signos gráficos alusivos a montañas, elementos zigzagueantes que evocan el transcurso de los ríos cruzando los valles andinos. En muchas de ellas aparecen espirales, que evocan la importancia del agua para la vida o que parecen marcar el rastro de un camino ya recorrido o por recorrer, e incluso hay formas de ganchos que evocan la cola de los monos en la selva. 

De manera reciente, el músico colombiano Luis Fernando Franco Duque, nacido en 1961, ha incursionado en la composición de obras de música contemporánea en las que retoma la tradición de las ocarinas como elemento ancestral. El resultado de sus obras es magnífico, sus obras evocan las atmósferas de donde procede la inspiración sonora ancestral. En las ocarinas se funden tres artes, por una parte la creación sonora, por otra, la elaboración del instrumento como objeto de uso y, finalmente, la pintura de signos gráficos sobre superficies finamente pulimentadas.

Platos

Plato decorado con diseños en pintura positiva en negro con rojo sobre fondo crema, formando cuatro segmentos triangulares con bandas paralelas en rojo y negro que se alteran con siluetas antropomorfas. Cada uno de los personajes se encuentra de pie y sostiene una red en la mano, quizá representando pescadores, que parecen llevar en la cabeza tocados posiblemente de plumas. Intercalan con bandas positivas. Éste tipo de plato es característico en lo tuza. En el exterior presenta engobe rojo. Cerámica cultura Nariño, período prehispánico. Colección Museo Arqueológico, Casa del Marqués de San Jorge. Reg. N-08164

 

Los tuza dividieron el mundo en cuatro partes, tal cosmogonía está presente en los platos de cerámica, allí podemos observar cómo los campos gráficos se encuentran pareados y opuestos por los vértices. Así, en uno de ellos, una figura humana se repite o refleja en un mundo alterno, mientras que al lado, a un campo rayado le sucede lo mismo. Estas zonas de líneas entrecruzadas adquieren, en ocasiones, aspecto de canastos, objetos que hablan de la urdimbre como principio generador del cosmos.  Algunos platos muestran figuras cuadradas y rectangulares escalonadas, semejantes a las grafías que representan a las terrazas de cultivo de incas y arhuacos. Otros platos, también divididos en cuatro cuartos, representan figuras de montañas nevadas, se trata de las cumbres volcánicas tan características de la topografía andina del sur del país. Existen también platos donde la figura se ubica en el centro, sucede así con imágenes magníficas como el cóndor, o el chamán que aparece tantas veces como icono, forma que en algunas ocasiones está rodeada del Sol de los pastos, astro que puede estar solo en el centro del plato o repetido varias veces, pero simplificado como sucesión de puntos, indicando una trayectoria en la periferia del disco, esto sucede también en discos de oro hechos en la misma región. Existen platos antiguos negros, con figuras divididas también en cuatros secciones, pero con dibujos más simples, en ese sentido son comunes las representaciones de arañas, venados, hormigas, mariposas e incluso felinos. Dentro de los platos con figura central sobresalen aquellos que, de manera radial, construyen figuras que, en algunas piezas, parecen la representación de pupilas humanas dilatadas, a manera de curioso destello solar. Tales formas sugieren una dimensión desconocida por el hombre occidental, en eso radica su mayor importancia artística y patrimonial.

Discos rotatorios. Altiplano nariñense, Nariño tardío. 600 d.C. - 1700 d.C. Colección Museo del Oro, Banco de la República. Regs. O21220 y O21222. 
Nariguera. Altiplano nariñense, Nariño tardío. 600 d.C. - 1700 d.C. Colección Museo del Oro, Banco de la República. Reg. O20099.
Fotografía: Clark Rodríguez