José María Espinosa retratado por él mismo el 1° de agosto de 1834 en Bogotá. Colección Museo Nacional de Colombia. Reg. 1935. ©Museo Nacional de Colombia / Christian Zitzmann Betancourt
Noviembre de 2015
Por:
Credencial Historia

OBRA DESTACADA: LAS MINIATURAS DE JOSÉ MARÍA ESPINOSA PRIETO

Obras presentes en las colecciones del Museo Nacional de Colombia, Museo del Banco de la República, Museo de la Independencia – Casa del Florero.

La miniatura es una expresión artística muy importante, porque a través de ella se demuestra la habilidad técnica y expresiva del autor. En el caso de José María Espinosa Prieto (1796-1883), uno de los pintores colombianos más importantes del siglo XIX, reconocido por una abundante y calificada producción, en la que demostró su habilidad en el manejo de varias técnicas tales como los óleos que narran las batallas de Antonio Nariño en el Sur del país, y pasa por los dibujos para las litografías de los mejores retratos que hay de Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander, y concluye con una serie de miniaturas que fueron pintadas sobre finas láminas de marfil las cuales, por su tamaño reducido, se empleaban como retratos que iban a parar a los camafeos, esos estuches donde el retrato quedaba guardado para ser llevado como una joya que se porta “cerca del corazón”. Sin duda, es por esa filiación sentimental o de admiración que la miniatura del siglo XIX tiene su mayor importancia social y política.

Desde la perspectiva artística, hacer retratos pequeños ha sido una tradición propia de Occidente y se remonta a las monedas donde quedaban estampadas las efigies de los emperadores romanos. En ese sentido la numismática, y luego la filatelia, continuaron con la tradición de coleccionar y reconocer el valor artístico de monedas y sellos de correo, más allá de su simple valor facial. La miniatura como talla muy elaborada se encontró con el marfil durante el paleocristiano y el bizantino, en esas épocas los retratos de notables se hacían buscando acercarse al carácter sagrado y portátil que tienen los relicarios. Luego, en la Edad Media, muchos monjes de Scriptorium comenzaron a ilustrar los textos de la Biblia con imágenes hechas con rojo de plomo o minio, el cual era escaso, pero muy atractivo al ojo. Surgió entonces el arte de miniare, o de la economía de los pigmentos. 

Las miniaturas de José María Espinosa, y de otros pintores criollos del siglo XIX, se ubican dentro de la categoría de retratos burgueses. Allí la primera intención fue representar personajes distinguidos dentro del marco social, sin embargo este hecho tuvo un accidente técnico en 1839, el surgimiento del dispositivo fotográfico, es por eso que muchos camafeos conservaron el formato ovalado o redondeado de los cortes de marfil, produciendo retratos que no eran pintados sino hechos por medio de un cajón fotográfico. 

Según la maestra Beatriz González, para “1839, cuando Espinosa había alcanzado ya la perfección como miniaturista, el daguerrotipo llegó al país”. Esta misma investigadora indica que la producción de miniaturas de José María Espinosa llega a las cien unidades, en salas especiales del Museo Nacional de Colombia y del Museo del Banco de la República se puede disfrutar de los detalles de algunas de ellas. 

Francisco Margallo, ca. 1840. Colección Museo Nacional de Colombia. Reg. 572.

 

Un pintor delicado y preciso como José María Espinosa aplicaba acuarela, gouache y, en ocasiones, óleo, logrando plasmar los más finos detalles y gestos de sus retratados. Entre sus miniaturas sobresalen su autorretrato (1834), el del cura Francisco Margallo (c. 1840) en donde se puede captar el gesto de ternura propio de un anciano, el de la bella joven Rosita Torrijos Ricaurte (c. 1840), con su tocado de flores en la cabeza; sin embargo, es el de Florentino González (c. 1845) el que mejor capta la luz, allí Espinosa usa el claro-oscuro, ese que inventó Caravaggio, para ubicar al personaje a contraluz, pudiendo “sacarle brillos” a sus ojos, pero además haciendo énfasis en el satín de su ropa. En esta última obra, Espinosa es sencillamente magistral, pues con una técnica muy antigua advierte la llegada de la modernidad a través del uso de la iluminación lateral.  

Florentino González, ca. 1845. Colección Museo Nacional de Colombia. Reg. 576. Fotografías Christian Zitzmann Betancourt