Mano. Escultura en bronce de Fernando Botero Angulo, ca. 1975. Colección Museo de Antioquia. Reg. 1604
Mayo de 2016
Por:
Credencial Historia

OBRA DESTACADA: ESCULTURAS DE FERNANDO BOTERO

La Fuerte Presencia de su Obra en el Espacio Público Mundial

El Artista

Resulta impactante y premonitoria una fotografía del maestro Fernando Botero Angulo (1932) hecha por Hernán Díaz hacia 1960. Es interesante porque en ella el joven Botero mira a la cámara, mientras golpea la mesa sobre la cual se apoya. La imagen es muy significativa, pues parece advertir el fuerte remezón que tendría el mundo del arte con su presencia como pintor y escultor

La obra de este artista resulta notable por el impacto internacional que ha tenido. El rotundo éxito del que goza hoy, refleja la dedicación estudiando a profundidad los procesos técnicos, la historia de las formas artísticas, la vida de los artistas y sus prácticas, para hacer de su trabajo un proceso creativo, donde todo está muy pensado y controlado.

Fernando Botero es un lector asiduo, un estudiante incansable, que logró hacer del arte una pasión constante y cotidiana, situación que lo llevó a convertirse en coleccionista y mentor de proyectos culturales tan ambiciosos como las colecciones que donó al Banco de la República en Bogotá, al Museo de Antioquia y a la ciudad de Medellín. Nacido en esta ciudad, bajo el signo de Aries, Fernando Botero es el artista colombiano de mayor reconocimiento mundial. Su carácter y persistencia lo han llevado a desarrollar una carrera coherente con su forma de vida, proceso en el que han sido muy importantes las experiencias vividas en ciudades como Bogotá, Madrid, París y Pietrasanta, en Italia, donde reside y tiene el taller para la elaboración de esculturas monumentales de bronce.

 

 

Cabeza. Escultura en mármol de Siena, obra de Fernando Botero Angulo, 1981. Colección Museo de Antioquia. Reg. 1595

 

 

Oficio

Los escultores y pintores son personas que trabajan de manera constante. Para ellos es muy importante contar con un taller adecuado, pues la vida del artista se da alrededor del lugar donde tiene su taller. Es al lado de este espacio ritual que se acomoda la cama del principiante, luego llega el comedor del experto y, si la hubiere, de su familia. Los artistas contemporáneos son, muchas veces, esos nuevos monásticos o eremitas que van detrás de una obsesión: descubrir el código que rige su propia creación, todo esto lo sabe muy bien Fernando Botero, pues lo ha vivido de manera intensa. 

 

 

Rapto de Europa”, 1992. Bronce Fotografías Adrien P. Bernard. Cortesía de la exposición Botero en China

 

Las Esculturas

El repertorio de esculturas en bronce que ha concebido el artista es amplio; sin embargo, hay algunos temas que podemos identificar a la hora de pensar una iconografía. Por una parte, están las referencias al cuerpo humano, siendo importantes los torsos femenino y masculino, así como las grandes manos; figuras que parecen advertir el libro Génesis en la historia del artista. Se trata de cuerpos sin cabeza, sin piernas y sin brazos. Son cuerpos incompletos, perfectos para producir el anhelo de verlos completos. Otra categoría la constituye el grupo de las figuras humanas que posan “divinas”, haciendo poses sugerentes, allí encontramos a las mujeres recostadas en actitudes eróticas, como “Eva”, “Mujer con serpiente”, “Mujer con manzana”, “Mujer montada a caballo”, “Venus durmiendo” y “Leda y el cisne”, esta última la mejor composición de todas sus obras.

Luego de haber creado a la mujer, Dios procedió a darle un compañero que le sirviera, brindándole placer. Esa parece ser la parábola que nos presenta el artista, pues encontramos obras donde la vida en pareja es fundamental. A ese grupo pertenecen “Hombre y mujer” o “Los amantes”, magnífico binomio donde la figura femenina se ubica en el centro de un sistema planetario donde lo masculino gravita alrededor. Algunos de esos cuerpos satélites los encontramos en “Madre e hijo”, “Hombre con bastón” y “Hombre a caballo”, siendo esta última, la única escultura que hay en las calles de Bogotá.

Por último, nos encontramos con un bestiario que está constituido por animales que son signos obligados en la trayectoria del artista. Por fortuna existen: “Gato”,  “Toro”, “Caballo” y hasta un “Perro con cojín”, entre las aves: “Paloma”, “Gallo” y varios pájaros, uno de ellos dinamitado en Medellín. De manera inteligente, el artista se negó a reemplazarla por una obra nueva, la pieza mutilada permanece en la Plaza de San Antonio como símbolo de que el arte puede vencer a la violencia por la vía de la existencia. Ese día cuando explotó la bomba y destruyó la escultura, los violentos ignoraban que varias décadas atrás, Fernando Botero había levantado la mano, frente a Hernán Díaz, y había golpeado con fuerza el universo, haciendo que la materia se organizara de una manera especial, ahuyentando con arte todos los miedos presentes y futuros. Es esa energía especial, la que contienen sus obras, el elemento mágico que buscan los transeúntes de las grandes metrópolis del mundo, donde sus obras han sido exhibidas en el espacio público de muchos países, lugares donde las obras pueden ser sentidas con las manos. Razón tenía el artista pamplonés Alberto Camacho Serrano cuando dijo: “La escultura es un arte para tocar y disfrutar tocando”.

 

 

 " Mujer Recostada", 2003. bronce.  Fotografías Adrien P. Bernard. Cortesía de la exposición Botero en China

 

Las Formas

Mucho se ha especulado sobre las “formas gordas” que produce Fernando Botero. Sobre su redondez es posible decir que hay placer visual cuando las percibimos, ya sea dentro de un espacio confinado o cuando están “libres”, en espacios grandes, como parques o avenidas. En las esculturas de Botero las formas parecen obedecer a una regla formal principal que consiste en el reblandecimiento del borde. En la pintura la gradación tonal con colores pastel es también una forma de reblandecimiento. Este aspecto ha encontrado variaciones y énfasis en los primeros años del siglo XXI. De todas maneras, esa constante formal se ha constituido en leit-motiv de la obra, una forma de sfumato contemporáneo.

 

En primer plano “Mujer sentada”, 2000, bronce. Al fondo “Mujer con cigarrillos”, 1987, bronce. Fotografía Adrien P. Bernard. Cortesía de la exposición Botero en China.

 

La obra del maestro Fernando Botero es generosa en todo sentido, de eso da cuenta su abundancia, refinamiento y anhelo por estar a la vista de un público cada vez mayor. Colombia es grande gracias a aquellas personas que la enaltecen con obras bien hechas; pero pequeña cuando la tacañería de algunos se impone como forma de mantener un Estado fallido, donde predomina la violencia, la guerra y la corrupción. Fernando Botero le ha mostrado al mundo otra Colombia, quizá la misma, pero vista con el ojo de una persona honesta y comprometida con su trabajo.

R.R.V.