Montañas, Acuarela de Débora Arango, 1940. 97 x 127 cm. Museo de Arte Moderno de Medellin. (Autorretrato, 1940)
Septiembre de 2016
Por:
Santiago Londoño Vélez, Investigador, autor de libros y artículos sobre historia del arte

MONTAÑAS: DÉBORA ARANGO

Pintada a la acuarela sobre cuatro pliegos de papel pegados, Montañas (1940) es una obra que ejemplifica bien la ruptura introducida en la representación de la figura femenina en el arte colombiano por parte de la pintora antioqueña Débora Arango (Medellín 1907). La obra hace parte de un período en el cual la artista adoptó lo que denominó la "expresión pagana", caracterizada por un naturalismo anatómico de los cuerpos femeninos desnudos, que aparecen ubicados en escenarios interiores o en paisajes.

Esta pintura, en la que se aprecia a una mujer desnuda acostada al aire libre sobre una tela blanca, mientras al fondo surge una cadena montañosa, estuvo incluida en la exposición que la artista presentó en el Teatro Colón de Bogotá en octubre de 1940, auspiciada por el ministro de Educación Jorge Eliécer Gaitán. A raíz de la misma, Arango fue acusada por Laureano Gómez de ser una joven "sin gusto artístico, que demuestra no poseer siquiera nociones elementales de dibujo y que desconoce la técnica de la acuarela", y de ser la autora de unos "esperpentos artísticos", todo lo cual prolongó la polémica que un año antes había despertado su obra en Medellín. Entonces, había participado en un concurso local con nuevas pinturas, dos de las cuales eran los desnudos Cantarina de la Rosa y La amiga, que suscitaron un escándalo sin antecedentes en el arte colombiano, espoleado por un sector de la prensa conservadora, por las Damas de la Liga de la Decencia y por las jerarquías eclesiásticas.

En Montaña, la pintora acude a la tradicional metáfora que relaciona el cuerpo femenino con la tierra, tanto en términos simbólicos (fertilidad, madre, Antioquia) como formales (anatomía-geografía). Pero en lugar de una mujer idealizada, el espectador encuentra la verdad de un cuerpo cierto, que contradice el "decoro" adoptado hasta entonces para pintar mujeres desnudas. Tal propósito antiacadémico se evidencia en un error anatómico que fue severamente criticado en su momento: el brazo derecho no sale del hombro sino de la cabeza. A primera vista el lapsus pasa desapercibido porque la figura yacente, aunque desproporcionada, posee gran armonía y se integra con facilidad al fondo. "Hago paisajes y desnudos --declaró la artista a la prensa bogotana-- porque en el paisaje y el desnudo está la naturaleza palpitante y escueta, y créame que encuentro mayor arte en estos cuadros sinceros que en los amanerados y desfigurados por los prejuicios de las gentes".