19 de octubre del 2019
 
Septiembre de 2019
Por:
Vladimir Daza Villar* Magíster en Historia, Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá, y Doctor en Historia, Universidade Federal Juiz de Fora, Minas Gerais, Brasil. Docente, Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, Universidad de Caldas (Manizales)

MOMPOX

Durante la mayor parte del período colonial, Mompox fue central en la historia de los circuitos económicos que se activaron desde su fundación, río arriba y río abajo, pues se constituyó en un emporio comercial donde confluían diversos productos.

Calles y ventanas de Mompox

El siglo XVI fue un siglo de violencia y ruptura con las sociedades indígenas y, a su vez, de creación. De creación, puesto que en ese siglo se fundaron las principales ciudades y las instituciones hispánicas, y empezó a formarse la cultura hispánica en lo que sería el Nuevo Reino de Granada y en sus provincias de Santa Marta y de Cartagena, en el Caribe. En efecto, se fundaron Santa Marta en 1525, Riohacha en 1525, Valledupar en 1550 y Cartagena en 1533. Subiendo el río Magdalena fue fundada la villa de Santa Cruz de Mompox en 1537, Tenerife en 1543, Tamalameque en 1544 y, en esos años, Ayapel, Simití y Sincelejo. En otras palabras, se creó el orden colonial y la sociedad hispánica en el Caribe colonial que corresponde al actual territorio colombiano. Alrededor de aquellas ciudades y poblaciones y de su gran río Magdalena transcurriría gran parte de la historia del Caribe.

 

Durante la mayor parte del período colonial, Mompox fue central en la historia de los circuitos económicos que se activaron desde su fundación, río arriba y río abajo, pues se constituyó en un emporio comercial donde confluían diversos productos. Entre otros, cacao de Ocaña; ganado de todas las provincias de Santa Marta y de Cartagena; sal, maíz y arroz del Sinú; panela y cerdo de Honda; tabaco y algodón de provincias caribeñas y andinas.

Hacia el siglo XVIII, los comerciantes de Mompox mantenían un activo comercio con los puertos del río Magdalena y la depresión momposina, así como con Cartagena, Honda y Santa Fe. Por ejemplo, el cacao era negociado en Cartagena, Santa Marta y Barranquilla. Pero eran las regiones mineras de Zaragoza, Remedios, Ayapel y Simití las que más atraían a los comerciantes de Mompox a emprender negocios relacionados con el cacao, las carnes saladas y la panela, que eran productos empleados para alimentar a las cuadrillas de esclavos y a la creciente población mestiza.

 

Mapa de la provincia de Mompox, 1844. Archivo General de la Nación, Mapas y Planos 6, 80.

Las instituciones hispánicas más importantes y perdurables, como la iglesia y la Real Hacienda, tuvieron asiento en Mompox. En ese contexto, la imposición del calendario festivo y religioso hispánico condujo a borrar, en unos casos, y a reconfigurar, en otros, las memorias de las antiguas festividades prehispánicas y a crear un conjunto de emociones derivadas de las relaciones coloniales. Así pues, las fiestas del Corpus Cristi, una de las más importantes de la fe católica para el proceso de evangelización, se celebraban con solemnidad en Mompox, y en varios documentos quedaron registradas las disputas entre los principales de la villa por llevar el pendón de la Virgen durante las celebraciones. La fiesta de San Juan Bautista también se celebraba en la villa con la abundancia de comidas que proporcionaba la cría de cerdos y los productos que llegaban a través del río Magdalena. También, las corridas de toros se convirtieron en una fiesta de los primeros españoles que se asentaron en Mompox como en otras calurosas poblaciones del río Magdalena. En esas corridas, los mestizos y mulatos introducían sus propias variaciones del festejo.

Panorámica de Mompox

En Mompox estaba situada la tesorería Real, la Caja Real principal, como en verdad se llamaba, que se encargaba de cobrar a todos los comerciantes los impuestos más importantes de la época. Sin mencionar que gran parte de las poblaciones cercanas y sus tesorerías debían rendir cuentas a Mompox sobre los cobros de los impuestos establecidos por la Corona. También, a la Caja Real de Mompox llegaban las transferencias en monedas de plata de cajas reales más ricas e importantes, como la de Santa Fe y la de Lima, para atender las necesidades fiscales de las ciudades de Cartagena y de Santa Marta, e incluso llegaban caudales para financiar la guerra contra los indios guajiros, que se libró a lo largo del período colonial. De tal manera, la Caja Real de Mompox era sumamente importante para las finanzas reales. En este escenario, el control del comercio, el negocio de la ganadería y sus derivados, así como el oro que circulaba en Mompox dieron origen a un grupo social de “nobles”, tales como el marqués de Torrehoyos, los marqueses de Santa Coa y otros potentados.

Iglesia de Santa Bárbara

Los mestizos, mulatos e indígenas que movían en sus canoas y champanes las cargas de los comerciantes eran grandes conocedores del río Magdalena. Ellos sabían dónde estaban los remolinos y los bancos de arenas que se debían esquivar. Conocían los cambios climáticos producidos por lo que hoy conocemos como el Fenómeno del Niño, que podía afectar la larga navegación de Mompox a Honda. Muchos viajeros dejaron testimonios de que en esta “tierra de indios, tierra de mestizos”, como dice un verso de Totó La Momposina, esos pobladores se reunían a cantar, a jugar y a danzar.

La llegada a las costas del Nuevo Reino de Granada del general Pablo Morillo en 1815 con el Ejército Expedicionario, a aplastar la primera república y a imponer de nuevo el orden colonial, exigió apoderarse de la Caja Real de “Mo[m]pox [que] ha sido siempre el almacén g[ener]al de cuanto sube p[ar]a S[an]ta Fee y su interior como de cuanto baja en moneda y efecta preciosas p[a]ra surtir a Cartaxena y a su comercio, aguardo con impaciencia el estado o relación de cuanto v[uesa] m[erced] halla encontrado perteneciente a los gobiernos desleales, que toca precisamente y son de la propiedad del Rey V. S.”.

FOTO ÓSCAR GARCÉS / SHUTTERSTOCK

 

Para ese entonces, el comercio de Mompox se encontraba en crisis, y la tesorería del rey no era la misma de las últimas décadas del siglo XVIII. Así, la antigua villa llegó en estado de pobreza a la república. Además, las élites republicanas politizaron el calor, al que consideraron como una dificultad insuperable para construir la nación. De tal forma, las gentes de tierra caliente, sus costumbres, sus alimentos y sus cantos no escaparon de los prejuicios de las élites, que consideraban a las selvas del Magdalena como un obstáculo para la civilización que emanaba de las tierras frías, que por definición eran el modelo de la nación soñada.

Con la república surgieron otros centros del comercio en el río Magdalena, como Magangué, y en la desembocadura de esa vía fluvial surgió Barranquilla. El viejo puerto momposino, su historia y cultura fueron olvidados. Mompox era el pasado colonial y, en la república, la cultura popular no constituía ningún referente para construir la nación.

 

A pesar de que Mompox permaneció relegada durante mucho tiempo, las particularidades de la población, como su emplazamiento y arquitectura, al igual que sus tradiciones culturales, fueron redescubiertos, a través de varias rutas, desde mediados del siglo XX. Así, por ejemplo, para la instrucción pública encaminada a la formación de ciudadanos, la música popular caribeña fue de gran ayuda en la tarea de formar el sentimiento nacional, como ocurrió con el tango y la samba, que tuvieron sus propios espacios en las concepciones de la identidad nacional en Argentina y en Brasil durante las décadas de 1930 y 1940. En el mismo sentido, la música de una cantante carismática, momposina, hija de un tamborero y una cantadora, Sonia Basanta Vides, conocida como Totó La Momposina, se ha transformado en símbolo de las expresiones culturales del Caribe y en referente de la nación.

Sonia Basanta Vides, conocida como Totó La Momposina, debió huir con su familia hacia Bogotá, a causa de la violencia rural de los años cincuenta. Traía en su alma los cantos de los campesinos del río Magdalena, de los mulatos y los mestizos que se reunían con el tambor a cantar. Las canciones de Totó La Momposina son también un relato denso sobre la historia del mestizaje en el río Magdalena y en las Sabanas del Sinú. En los Sabores del porro magníficamente dice que el porro le sabe a los colores y sabores del Caribe colombiano.

“Mi porro me sabe a todo / lo bueno de mi región / me sabe a caña me sabe a toro / me sabe a piña me sabe a mango / También me sabe a viuda e`pescao / me sabe a yuca harinosa […]”. Pero Totó no fue reconocida durante muchas décadas ni por su región ni por su nación, sino que debió ser “descubierta” en Europa. Así fue como su magistral Candela Viva fue grabada en Real World Studios (Reino Unido). Totó La Momposina nos vino de Europa como lo que siempre había sido: una gran cantante de la música popular del Caribe colombiano y de su nación.

Cementerio de Mompox

Referencia Bibliográfica

Archivo General de la Nación, Archivo Anexo I, Guerra y Marina, 132, f. 179r.