22 de septiembre del 2019
 
Danzantes de Males en Córdoba, Nariño (2013). Foto Carlos Benavides
Septiembre de 2017
Por:
*Marcos González Pérez*Doctor y magister en historia y en cine Antropológico Documental

MODERNIDAD Y TRADICIÓN FESTIVA EN COLOMBIA

La fiesta se manifiesta de acuerdo con las condiciones sociales en que se desenvuelve. De esta manera las permanencias, cambios, mutaciones o rupturas que experimenta son estados propios que tienen una relación con lo social, visto en todos sus aspectos: económicos, políticos o culturales. Estas variaciones se fundamentan porque la fiesta “solo se comprende inserta en la sociedad que la produce”. 

Este texto aborda este fenómeno y cierra la serie sobre La Fiesta, publicada en doce números de la revista Credencial Historia. Teniendo en cuenta la importancia de la relación tradición-modernidad, lo festivo abre un campo de observación propio de estos avatares y genera diversas reflexiones fundamentadas en los aspectos sociales de la realidad colombiana. 

Tradición y costumbre

En Colombia son conocidos varios ceremoniales que realizaban las comunidades indígenas, similares casi todos en sus objetos de celebración. Sin embargo, eran notorias ciertas variaciones propias de acuerdo con su cultura. Fue así, que la llegada de los españoles en el siglo XVI estableció la creación de otros calendarios, fiestas religiosas, estatales y las llamadas carnestolendas. 

Los ceremoniales indígenas, dado su origen primario, son actos de tradición dado que mantienen una estructura que poco se modifica. Los que llegaron con la presencia española se pueden situar en el mismo rango, puesto que son transferidos como un calco de lo escenificado en esas tierras. A medida que se van consolidando en una sociedad diferente de la primitiva, se van convirtiendo en referentes de celebración con sus respectivas adecuaciones. Además, la trasmisión oral de las actividades organizadas en un acto ceremonial de –generación en generación– eran, y siguen siendo, otra forma de mantener tradiciones. 

Es necesario precisar, siguiendo a Eric Hobsbawm, que la tradición se distingue de la costumbre. Aquella no varía, sus actos se repiten, mientras que en las costumbres se pueden presentar innovaciones y cambios. Así, una fiesta transmitida por la ‘costumbre’ puede ser reinventada, lo cual trae como resultado una serie de modificaciones que interfieren en su legado.         

En efecto, este análisis dará cuenta de las principales manifestaciones festivas surgidas en Colombia. En ellas se interfiere una tradición, se crean nuevos tiempos, otros referentes, novedosas formas de celebración y algunas pueden ser consideradas ejemplos de una especie de modernidad. Todo esto, en el sentido de que introducen elementos nuevos para sus escenificaciones. Es por esto, que las expresiones festivas han logrado crear rupturas con las tradiciones en estos campos y han enriquecido el calendario de fastos en el país con una historia y se reseñan a partir del momento en que se escenifican. 

Danza del Paloteo, Ciénaga, Atlántico (2013).  Foto Carlos Benavides

 

Las Permanencias

La lectura sobre los actos ceremoniales de las comunidades indígenas en Colombia, narradas por los cronistas, al ser comparadas con los relatos actuales de estos actos, permiten observar algunos rasgos de permanencias de los objetos celebrados y pocas variaciones con la forma de realización. Se mencionan ceremoniales como el destete de los niños; la pelazón o corte de cabello en los rituales del paso de niña a adolescente; las uniones matrimoniales; la construcción de las casas; los funerales; los ritos de fertilidad; el ritual denominado Iebzasqua o ‘hacer lugar’, como actividad para consagrar lugares especiales; ofrendas para los santuarios y la tierra; danzas ancestrales; las celebraciones durante el periodo de las construcciones y las ceremonias relacionadas con las siembras y la recolección de las cosechas.

 Con el arribo de los conquistadores españoles, se implementaron las fiestas religiosas y estatales para honrar la monarquía y la institución religiosa. Estos fueron acontecimientos que tendrían una incidencia directa en el sistema festivo de los aborígenes. 

Semana Santa y otros Festejos

Una de las primeras rupturas de la fiesta en Colombia se presentó con la celebración española en estos territorios de una Semana Santa en 1538, realizada en Chía, una zona muisca. A medida que avanzaban en los dominios de los indígenas se fueron asentando y construyeron un nuevo tipo de sociedad acompañada de un calendario de otros fastos. Fue progresivamente copado con la construcción de los templos consagrados a santos y vírgenes como lugares de culto para construir otra memoria. 

Carnestolendas

Es un festejo traído desde España por los conquistadores en el siglo XVI y sobre el cual hay evidencias de su celebración en Riohacha, Santa Marta y en Santafé. Se realizaba tres días antes del inicio de la cuaresma con actividades de diversión que rompieron las costumbres de hacer la fiesta. 

Carnavales

Una ruptura importante se presentó con la celebración de carnavales en Cartagena y Santa Marta en los siglos XVII y XVIII cuyas actividades culturales centrales, especialmente las danzas, se asentaron en Barranquilla a partir del siglo XIX. Si bien los carnavales en esta zona del Caribe colombiano tomaron aspectos de los celebrados en España desde el siglo XVII como los disfraces y los bailes callejeros, lo que le daba la característica central era la conjunción con otras manifestaciones culturales. En este escenario surgió públicamente un actor festivo, ya no un espectador como era su rol en las fiestas oficiales, tanto religiosas como monárquicas. 

Las fechas de programación no presentaron variaciones (vísperas del inicio de la cuaresma), pero los desfiles de disfraces, de gentes empolvadas o con máscaras, al lado de danzas que permitían ver el entrecruzamiento de rasgos culturales africanos, indígenas y españoles que se imponían en las celebraciones de la región Caribe. Así pues, se presentaron verdaderos cambios en la fiesta con la introducción de las mojigangas –desfilar sin orden– y después con las comparsas, las carrozas y las cuadrillas. 

Fiestas Patrióticas, Nacionales, Republicanas Y Civiles 

En la segunda y tercera década del siglo XIX, se dio cuenta de una serie de mutaciones y de rupturas respecto de las fiestas de tradición española. Todo esto como producto de las celebraciones originadas por los triunfos militares de los ejércitos patriotas sobre las fuerzas realistas asentadas en algunos territorios. Dichos triunfos originaron la conformación de naciones y repúblicas, marco en el que se inauguraron otro tipo de festejos que se comenzaron a registrar en los calendarios festivos. 

Con la derrota militar de los ejércitos realistas en Boyacá (7 de agosto de 1819) y en Carabobo (24 de junio de 1821) se inició la constitución de la República. El 17 de diciembre de 1819 se promulgó en la ciudad de Santo Tomás de Angostura la Ley Fundamental que reunía la provincia de Venezuela y la de Nueva Granada bajo un solo título: República de Colombia.

Del mismo modo, se decretó que fuera solemnemente proclamada en los pueblos y en los ejércitos con fiestas y regocijos públicos. Este aniversario fue considerado como de regeneración política y se celebraría eternamente con una Fiesta Nacional en que, parodiando los honores de Olimpia, se premiarían “las virtudes y las luces”.

Es con este antecedente fundador que el 12 de julio de 1821 en la villa del Rosario de Cúcuta se promulgó la Ley Fundamental de la Unión de los Pueblos de Colombia, mediante la cual se determinó que la Nueva Granada y Venezuela se unían “en un solo cuerpo de nación”. La nueva nación fue considerada irrevocablemente libre e independiente de la monarquía española y de cualquier otra potencia o dominación extranjera. De ahí, se aprobó el articulado que aseguró la realización ‘perpetua’ de una Fiesta Nacional que se programaría durante los días 25, 26 y 27 de diciembre. 

Por otra parte, en los calendarios festivos apareció por primera vez el título de ciudadano. A partir de este concepto, se introdujeron dos referencias festivas: la del 20 de julio, como ‘el aniversario de Nuestra Libertad’, y la del 7 de agosto, como el aniversario de la ‘gloriosa batalla de Boyacá’, cuya celebración en Santafé inauguró una era de ruptura con los fastos tradicionales.  

De esta manera, se instauró en estos territorios una nueva tipología de fiestas: patrióticas, nacionales, republicanas y cívicas que se entrecruzaron con los conceptos de El Triunfo, La Victoria y El Héroe, entre otros. Estos fenómenos surgieron una vez los ejércitos patriotas vencieron en sendas batallas a los ejércitos realistas en las llamadas guerras de independencia. 

A mediados del siglo XIX, durante los gobiernos liberales de los Radicales, los festejos del 20 de julio y del 7 de agosto tuvieron su máximo esplendor. Luego, entre los años 1873 y 1878 se oficializaron respectivamente como fiestas de la nación. Muchas de estas celebraciones originaron otro tipo de fasto muy ligado a fiestas estatales: los centenarios, bicentenarios y los días de conmemoración de la fundación de ciudades.  

Fiesta en honor al Señor de la Misericordia, Olaya Herrera, Nariño (2013).  Foto Carlos Benavides

 

Primero De Mayo 

En 1914 se realizó la primera celebración en Colombia de la Fiesta del Trabajo, Fiesta Obrera o Fiesta del Primero de Mayo, una novedosa ruptura de otras tradiciones festivas. El programa de ese año en Bogotá comprendía un desfile desde la Plaza de Nariño (San Victorino) hasta la plaza principal del barrio La Perseverancia. Este último habitado por artesanos y trabajadores de las fábricas de cerveza, entre otros. Posteriormente, el desfile tuvo una parada -en homenaje a los próceres- en el Parque de la Independencia. Este evento contó con la participación de niñas y niños de las escuelas, bandas de música, obreros de otros barrios de la ciudad, delegaciones de sociedades y corporaciones obreras de auxilio mutuo. 

Fiesta del estudiante

En los años 20 y 30 del siglo XX se escenificaron unos carnavales liderados por los estudiantes de la Universidad Nacional de Colombia. Allí participaron alumnos de las universidades Libre y Externado, y de varios colegios de Bogotá. Estos festejos dieron origen a la creación de la fiesta del estudiante que fue fijada para cada 21 de septiembre. Esta fecha se determinó en correspondencia con las orientaciones emanadas de un movimiento estudiantil que tenía sus raíces en Córdoba, Argentina.

Otro de los precedentes de esta fiesta estudiantil tiene que ver con las informaciones que trajo en 1918 el estudiante mexicano Carlos Pellicer. Este suceso se produjo cuando arribó a Bogotá como representante de la federación de estudiantes de su país con la delegación consular de México. En ese momento de la historia estableció amistad con varios líderes estudiantiles, entre otros, con Germán Arciniegas, fundador de revistas y líder estudiantil. Ellos se comprometieron a desarrollar labores para crear una organización estudiantil similar a la de México y a impulsar la creación del Día del Estudiante en Colombia.

A partir de 1921 las actividades de estas fiestas no solo se hacían en Bogotá sino en varias ciudades de Colombia como Cali, Medellín, Pasto y Tunja, entre otras. También se realizaban en varias ciudades de América. Estos festejos finalizaron en Colombia en 1934. Un tiempo después, en los años 50 del siglo XX, resurgió un festejo-memoria estudiantil en conmemoración por la masacre contra los estudiantes el 8 y 9 de junio de 1954 en Bogotá. Durante ese momento se conmemoró la muerte de otro estudiante en 1928. Era una especie de fiesta-protesta de carácter universitario a nivel nacional.

Ferias

Estos eventos tienen antecedentes históricos importantes. Desde finales del siglo XIX fueron propiciados por iniciativa de Higinio Cualla Caicedo, alcalde de Bogotá para el periodo de 1884 a 1900, al crear una feria en la ciudad. Este tipo de exhibiciones tenían como característica esencial el intercambio de productos agrícolas y ganaderos. Esto como parte de una iniciativa de progreso y desarrollo a través de la comercialización, fenómenos que hacían parte de “los intereses manufactureros, agrícolas e industriales” de algunos sectores de la clase dirigente. Vale la pena mencionar que actividades similares con el nombre de exposiciones se venían realizando desde mediados de este siglo. 

Danza ritual Yonna. Festival de la cultura Wayuú, Guajira. Foto Shutterstock

 

En la programación central se incluían fuegos artificiales, cohetes, música, retretas, conciertos, funciones de teatro, bazares, globos, baile de disfraces en la víspera del carnaval, carreras de caballos, iluminación general, paseo de bandas militares, fiestas de toros, transporte público de carruajes y reducción en las tarifas del tranvía.

En 1907, durante la administración del presidente Rafael Reyes, se llevó a cabo una nueva feria en los alrededores del Parque de San Diego. En este evento hicieron presencia algunas de las industrias del momento como la Cervecería Bavaria, la compañía de chocolates Chaves y Equitativa, empresas que adornaron el fasto con la construcción de una serie de pabellones. 

Luego, a mediados del siglo XX, resurgieron las llamadas ferias como espacios de intercambio comercial, las cuales se referenciaron como eventos. Muchas de estas se relacionaron desde sus inicios con las fechas de festejos religiosos y se publicitaban como ferias de productos agrícolas, ganaderas y de fiestas de la virgen o de algún santo o santa. 

Igualmente, se fueron acompañando de forma progresiva con actos culturales y puestas en escena de los rasgos de identificación de cada región, como cabalgatas y muestras gastronómicas. Con el pasar de los años se introdujeron actividades de diversión hasta ser definidas con el nombre de ferias y fiestas. Las más conocidas son:

La Feria de Cali que inició en 1958. En su época más reciente se ha transformado a tal punto que la programación actual le dedica un día al Carnaval de Cali y otro al desfile de las escuelas de salsa conocido como El Salsódromo; la Feria de las Flores en Medellín (1957) que celebra los valores culturales de la región antioqueña y ha logrado posicionar internacionalmente el desfile de los silleteros provenientes del corregimiento de Santa Helena. Y, por último, la Feria de Manizales (1952) que combina los legados españoles de la tauromaquia, las manolas con el tango y el café como producto símbolo de la región y de la Nación.

Parada militar del 20 de julio, Pasto, Nariño (1938).  Reproducción Carlos Benavides

 

 Festivales

Este tipo de eventos aparecen en el país ligados a los recitales y a las muestras del folclor regional en donde se pueden apreciar expresiones culturales enmarcadas en tradiciones, ritmos y costumbres. Los festivales surgieron en los años 60 del siglo XX y pueden clasificarse en folclóricos y musicales. Hoy son conocidos a nivel nacional el Festival Folclórico de Ibagué; el Festival Folclórico de Neiva; el Festival Vallenato en Valledupar y en San Juan del Cesar; el Festival del Joropo en el Meta; los festivales amazónicos en Caquetá; el Festival de Música Andina y del Pacífico en el Valle del Cauca; los de Guabina y Tiple en Santander; las bandas musicales en Boyacá; el Luna Verde en San Andrés, Islas, y el del Cangrejo en Providencia; Son de Negro en Atlántico; Cultura Wayuu y el Dividivi en La Guajira; Cangrejo Azul, Bullerengue y el del Porro en Córdoba; Gaitas y el de la Algarroba en Sucre y Tambores en Bolívar. 

De manera análoga, cabe destacar que en Bogotá se creó por iniciativa y gestión de la actriz Fanny Mickey el Festival Iberoamericano de Teatro (1988), convertido gradualmente en una fiesta moderna de referencia continental. Se realiza en las mismas fechas de la Semana Santa (marzo, abril). Sin embargo, durante sus inicios se presentaron resistencias por parte de fanáticos religiosos, grupos de teatro que se consideraban excluidos en sus programaciones y por quienes calificaban este evento como una reunión para las élites por el alto costo de las entradas. Con base en esos rechazos, sus funciones empezaron a cubrir varias zonas periféricas de la ciudad como parques y espacios libres gratuitos. Recientemente fue seleccionado como parte del Patrimonio Cultural de la Nación colombiana. 

Carlos Zapata, ganador categoría monumental, en la Feria de las Flores de Medellín, Antioquia (2014). Foto  Carlos Benavides

 

En 1994, la Secretaría de Cultura y Turismo de Bogotá creó Rock al Parque. Un evento que tomó la misma ruta para convertirse en una fiesta moderna con un sujeto celebrante cada año durante tres días de octubre. Sin embargo, la fecha exacta de su realización ha cambiado, pues como ejemplo está el 2017, año en que se celebró el 1, 2 y 3 de julio. Es una fiesta de jóvenes que se citan de todas partes del país y el extranjero para festejar el rock. 

El Halloween

Desde las últimas décadas del siglo XX este evento, tomado de costumbres de celebración norteamericana, pero de origen celta, se ha convertido en un día referencial tanto para niñas, niños y adultos. Este festejo se celebra la noche del 31 de octubre y se ha transformado en una especie de fiesta que no tiene convocante, pero que es asumida por la población en todo el país. Se transmite a través de los colegios con modelos norteamericanos. La sociedad la ha convertido de forma progresiva hasta ser conocida como la noche dulce, la noche de los niños, noche de brujas, el día del disfraz, el día de la familia, la noche zombie y hoy ha desbordado su fecha de celebración hasta tomar todo el mes de octubre. Su cambio es notable. 

Festival de Tambores y Expresiones Culturales, San Basilio de Palenque, Bolívar (2008). Festival Nacional de Gaitas 'Francisco Llirene', Ovejas, Sucre (2012).  Fotos Gina Ruz

 

Este acontecimiento inició para unos pocos, pero progresivamente fue asumido hasta convertirse en una de las fechas más celebradas en el territorio nacional. Es considerada una fecha de celebración familiar y pese a las dificultades del uso de la calle en las ciudades es el acto festivo en el cual se ocupa el espacio público sin mayores dificultades.  

Para llegar a estas cumbres tuvo que pasar por la condena de la iglesia que la consideraba un acto pagano o por la crítica de sectores sociales que la denominaban una invasión cultural norteamericana. No obstante, lo que se impuso en realidad fue el disfraz como elemento de festejo y hoy no hay entidad, individuo, grupo o familia que no tenga entre sus calendarios la celebración cada noche del 31 de octubre. Se festeja en el club o en la oficina, sobre todo en la calle, cuyo espacio es desbordado festivamente en cualquier rincón de la Nación. Parece que dejó de ser una fiesta urbana y ha traspasado la frontera hacia zonas rurales. 

Nuevos Festejos

En lo transcurrido de este siglo XXI en Colombia los principales objetos de celebración dan cuenta de los siguientes conceptos: la reinvención de la fiesta; la vida; el cuerpo; la memoria histórica y de luchadores por derechos; la paz social; el sosiego; el perdón; la resistencia de los pueblos indígenas; los derechos humanos; los derechos de minorías étnicas y poblacionales; la protección y salvaguarda de los animales; la reconciliación; la reparación simbólica; la inclusión; la solidaridad; la sanación; la defensa de los cerros y los bosques; la libre expresión; la defensa y protección de animales; la convivencia y la no violencia en favor de niñas, niños, jóvenes y mujeres. Además, se ponen en escena temas contra el secuestro, las violaciones, el desplazamiento forzoso, la discriminación racial y las desapariciones forzadas. 

Conmemoración con comparsas en el cumpleaños número 479 de Bogotá (2017). Foto Archivos De Intercultura

 

Los sujetos celebrantes que convocan estos actos buscan visibilizar a través de lo festivo variados imaginarios sociales, entre los cuales se destacan:

a) Iniciativas reivindicativas de derechos de personas, grupos o minorías. 

b) Acontecimientos que se originan como conmemoraciones de sucesos que buscan fijar fechas de recuerdo con el fin de perpetuar actos de unidad para una familia, una comunidad o para la sociedad en general. Es una escenificación del recuerdo frente al olvido como consecuencia de sucesos violentos. 

c) Ceremoniales donde individuos, grupos o funcionarios en representación del Estado les piden perdón a los familiares de las víctimas de la violencia generada por el conflicto armado (situación que todavía persiste en la Nación). En ocasiones se han presentado disculpas públicas a toda una comunidad.

d) Días referenciales denominados días internacionales o mundiales aprobados por organismos internacionales y cuya celebración se exige a los países miembros de esas organizaciones.

e) Las marchas-protesta han emergido como un espacio donde los elementos festivos crean un ambiente de aceptación social. 

f) Se han intentado reinventar un buen número de festivos de tradición, algunos de los cuales no se han consolidado. Entre otras razones se encuentran las propuestas emanadas desde poderes centrales como una alcaldía o una dirección administrativa universitaria, pero sin la participación de la comunidad. El ejemplo más reciente es el intento de reinvención del Carnaval Universitario en la Universidad Nacional de Colombia. 

g) Recientemente se han puesto en debate algunas actividades propias de la fiesta como las corralejas en la zona Caribe. En la actualidad persiste la controversia en el tema de las corridas de toros o las riñas de gallos, en su relación con tradiciones heredadas. En estos debates han surgido grupos en defensa de la protección de los animales. Temas complejos y pertinentes que enfrentan tradiciones con aspectos de modernidad, que entrecruzan reflexiones sobre la violencia. 

Danza de gitanas en Bogotá (2004).  Foto Carlos Lema

 

Sujeto Celebrante 

Uno de los aspectos relevantes y que vislumbra la aparición de nuevos sujetos celebrantes se relaciona con un conflicto armado que ha dejado, por lo menos en los últimos 50 años, víctimas de todas estas violencias. En esta maraña social se ha legislado con base en acuerdos con los responsables de estos flagelos y los gobiernos centrales han logrado varios pactos para cesar estas actividades. Esto ha producido una serie de acciones que, sin proponérselo, han permitido inventar o reinventar algunas manifestaciones festivas o celebraciones. 

Día Nacional de los Derechos Humanos, el cuerpo como escenario, Bogotá (2008). Foto Carlos Lema. Marcha LGBTI en Bogotá (2007).  Foto Carlos Lema

 

De esta prolongada situación ha surgido en el siglo XXI un sujeto social que propende con sus acciones públicas la búsqueda de verdad, de justicia, de reparación, entre otras la simbólica y la no repetición de hechos de violencia en su contra. También han aparecido sujetos sociales provenientes de los grupos armados (autodefensas, paramilitares, guerrilleros), quienes han negociado acuerdos con el Estado colombiano para hacer parte de la vida política del país. Así, las víctimas del horror han producido a través de cantos y músicas relatos de sucesos violentos que han padecido mientras los victimarios socializan músicas en búsqueda de perdón. Un grupo de sectores emergentes han activado sus manifestaciones por medio de una estrategia que pretende escenificar sus peticiones y la búsqueda de los derechos a través de actos festivos. 

Día de la No Violencia contra la Mujer, Bogotá (2015). Foto Archivos De Intercultura

 

Desde la puesta en escena de las nuevas formas de actos festivos, se han focalizado y visibilizado como sujetos celebrantes: grupos étnicos como los raizales, los gitanos o Pueblo Rom, los indígenas, los afrocolombianos o afrodescendientes y grupos poblacionales como la comunidad LGBTI, campesinos o grupos sociales como la comunidad cannábica, grupos de mujeres, familiares de desaparecidos o grupos estudiantiles. 

Cada uno de estos sectores ya tiene definido su día de festejo: 

• El 1 de agosto para los raizales (pueblo de raíz en San Andrés, Providencia y Santa Catalina).

• El 9 de agosto como Día Internacional de los Pueblos Indígenas.

• El 9 de abril para el pueblo gitano.

• El 21 de mayo para los afrodescendientes.

• El 30 de junio para los LGBTI.

• El 2 de junio como Día del Campesino.

• El primer sábado de mayo para el Carnaval Cannábico.

• El 21 de febrero como Día de la Salvaguarda de las Lenguas Nativas.

• El 25 de noviembre como Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer.

• El 9 de septiembre como Día Nacional de los Derechos Humanos. 

Nuevas formas de celebración

Para escenificar los actos mencionados se han originado diversas maneras de hacerlo o se han resignificado lugares y espacios, así como se han transformado las formas de expresión de lo festivo, entre otras, con la marcha, el plantón y el performance. Se aprecian actos como los encuentros de víctimas con victimarios, el ceremonial de entrega de restos óseos, los días de conmemoración, la instalación de monumentos o de símbolos y las acciones de artistas en memoria de las víctimas. 

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Homenaje a las víctimas de la violencia / Artista Doris Salcedo / Plaza de Bolívar, Bogotá (2016). Foto Carlos Lema

 

Es evidente, como lo plantea Isambert, que la fiesta oscila entre dos polos: lo ceremonial y lo placentero, es decir tiene un carácter mixto. En este sentido, por ejemplo, en las pompas funerarias hay una parte recreativa en su ceremonial, visible en sus escenografías, músicas o vestuarios, entre otros elementos puestos en escena durante estos fastos. 

Es interesante observar como el cuerpo se ha constituido en un ‘mural’ para visibilizar aspectos sociales y ha acrecentado el campo de los estudios académicos teniendo como eje funciones sociales. También han surgido producciones musicales de varios sectores y muchos cantos se han resignificado. Así, de acuerdo con las particularidades de la celebración, ciertos grupos sociales han reinventado o posicionado algunas músicas como referentes de sus celebraciones o de su anhelo por lograr reconocimiento social. Hay que mencionar que han surgido públicamente cantos y días de celebración de otros grupos como los paramilitares o los guerrilleros que con el tiempo harán parte de las huellas para entender la Nación. 

Día Nacional de la Afrocolombianidad, Bogotá (2016). Foto Archivos De Intercultura

 

En consecuencia, de todo el conjunto que se ha expuesto se desprende una constatación contundente: se evidencia el nacimiento de una nueva Colombia, cuya construcción se ha acelerado en este siglo con el posicionamiento de la comunidad por encima de la sociedad en general como característica más notoria y, por esta razón, los nuevos festejos son la mejor fuente para observar estas transformaciones sociales.

Referencias

1 Ariño Villarroya, Antonio. La Ciudad Ritual. Barcelona: Anthropos, 1992. p. 17.

2 Ver: ‘Origen del carnaval’. En: revista Credencial Historia. No. 325, enero de 2017.

3 Hobsbawm, Eric. La invención de la tradición. Barcelona: Crítica, 1983. p. 8.

4 Ver: González Pérez, Marcos. Ceremoniales, fiestas y nación. Bogotá: Intercultura, 2012.

5 Ver: González Pérez, Marcos. Carnestolendas y carnavales en Santafé y Bogotá. Bogotá: Intercultura, 2005.

6 Ver González Pérez, Marcos. Origen de los carnavales en Colombia. En: revista Credencial Historia, No. 325, enero de 2017.

7 Artículo 14 de la Ley Fundamental de la República de Colombia. En: Archivo General de la

Nación, Sección República, Fondo Congreso.

8 Artículo 1 de la Ley Fundamental de la República en 1821. En: Pombo, M. A., y Guerra, J. J. Tomo III. p. 50.

9 Almanaque calculado por el ciudadano Benedicto Domínguez del Castillo para la Nueva Granada. (1820). En: Biblioteca Nacional de Colombia, Sección de Manuscritos.

10 Ver: González Pérez, Marcos. Ceremoniales, fiestas y nación. Bogotá: Intercultura, 2012.

11 ‘Fiesta del Trabajo’. En: El Republicano, 2 de mayo de 1914. Bogotá: Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de Colombia.

12 Ver: González Pérez, Marcos. Carnestolendas y carnavales en Santafé y Bogotá. Bogotá: Intercultura, 2005.

13 Carlos Pellicer Cámara arribó a Bogotá el 25 de diciembre de 1918 junto a Gersayn Ugarte, delegado como ministro de México en Colombia. En: Díaz Jaramillo, José Abelardo. Yo vine a crearlo todo: Carlos Pellicer y la Asociación de Estudiantes de Bogotá 1918-1920. Memoria y Sociedad, 2015. p. 170-184.

14 ‘Ferias’. En: La Nación. 14 de enero de 1887.

15 Ver: revista Credencial Historia. No. 331, julio de 2017.

16 Ver: revista Credencial Historia. No. 334, septiembre de 2017.

17 Isambert, André François. Le Sens du Sacré. París: Minuit, 1982. p. 155-156.