25 de febrero del 2021
 
Exposición I Wanna Be With You [Quiero estar contigo], Museo de Arte Moderno de Bogotá (mambo) 2021 © Marta Ayerbe Posada
Febrero de 2021
Por :
Valentina Gutiérrez Turbay*

Matrices y derivas Coleccionismo de arte en el siglo XXI

Veo en la pantalla de mi computador una plantilla en la que debo describir a un coleccionista de arte. La plantilla nos la facilitó la consultora de comunicaciones Lever, empresa que en el primer semestre del 2020 nos acompañó a los galeristas colombianos en la construcción de una red de coleccionistas que nos apoyaría para sobrevivir la pandemia. Cristobal, el consultor que lideraba la reunión, intentaba animarnos a escribir algo, cualquier cosa. Creo que pensaba que nos daba vergüenza comenzar, pero en realidad nos paralizamos porque nunca nos habíamos hecho estas preguntas: ¿qué servicios le puedo ofrecer al coleccionista? ¿qué necesita? ¿qué le da alegría? ¿qué le duele?  

 

Exposición I Wanna Be With You [Quiero estar
contigo], Museo de Arte Moderno de Bogotá (mambo)

2021
© Marta Ayerbe Posada

 

 

Mientras una de mis colegas llenaba el silencio con una respuesta incómoda y difusa, fui a Google y creí encontrar mi salvación en un artículo titulado ¿Quién compra arte en Colombia? Mi optimismo desapareció cuando leí la caracterización: “ahora quienes compran arte llevan puestos Converse, lo hacen sin intermediarios y se desviven por lo popular y lo urbano que plasman en las redes sociales a través de fotos compartidas una y otra vez”. La leí en voz alta y el silencio fue desplazado por una risa estruendosa. Ninguno conocía a alguien que entrara en esa descripción. El ambiente se relajó y pudimos avanzar de una manera que se distanciaba del objetivo inicial, cada uno comenzó a describir a un coleccionista particular. A esos si los conocíamos, pero su especificidad dificultó continuar con la sesión. Me quedé con un aprendizaje, cada coleccionista es un mundo y no hay molde ni camisa de fuerza que pueda reunirlos.

 

Lo que se ha escrito sobre coleccionistas de arte tiende a caer en dos categorías: perfiles generales, llenos de ideas comunes y de caracterizaciones colombianizadas a partir de lo que se dice de los compradores en Estados Unidos y el Reino Unido, o perfiles personales, que nos muestran el universo de un coleccionista particular. Desconfío mucho del primer tipo, el cual construye una imagen más cercana a la caricatura y reduce al coleccionista a un ser que compra, acumula y alardea. Esta simplificación deja de lado dos elementos esenciales. El coleccionista es interpelado por una obra antes de adquirirla y la acumulación y exhibición tienen más que ver con pensar y construir conocimiento que con la simple vanagloria. En estas caracterizaciones, la distancia que tiene el periodista no le da objetividad sino falta de elementos, repite un discurso anti-coleccionista que se construye incluso dentro de las escuelas de arte y le dificulta leer las dinámicas reales. Al respecto del segundo tipo, recomiendo los perfiles que hace el coleccionista Dani Levinas para El País de España y en el mundo angloparlante, los de Georgina Adam para el Financial Times y los publicados por Larry’s List.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Exposición I Wanna Be With You [Quiero estar
contigo], Museo de Arte Moderno de Bogotá (mambo)

2020
© Proyecto Bachué
Braco Dimitrijević (1948)
This Could Be a Place of Historical Importance
1972, placa de mármol con letras doradas
© Marta Ayerbe Posada
Esta obra pertenece a la colección 2 Fuentes.

 

 

 

 

 

Este artículo es en primera persona porque mi mirada no pretende ser objetiva. Nací rodeada de arte y crecí a la par que el Proyecto Bachué, colección de mis padres José Darío Gutiérrez y Vicky Turbay. A través de ellos pude conocer a muchos coleccionistas y entender su pasión y compromiso con el arte. Escucharlos hablar sobre sus adquisiciones y proyectos me motivó a abrir mi galería, Espacio El Dorado. Si bien la relación entre nosotros cambió cuando pasé a ser galerista, siempre han sido generosos con su conocimiento sobre arte, sus redes, opiniones y experiencias. Su apoyo a mi proyecto se ha manifestado más de esta manera que con compras directas.

 

En lugar de hacer una caracterización o recorrido histórico por el coleccionismo de arte reciente, creo que es más productivo pensar la manera en que orgánicamente se ha construido una red de coleccionistas dentro del sistema del arte contemporáneo. Si bien cada colección responde a las sensibilidades de su propietario, estas dan cuenta de los intercambios con sus pares y de las relaciones que cada quien sostiene con los demás actores del mercado. Esta red se hace palpable en la exposición I Wanna Be With You [Quiero estar contigo] curada por Eugenio Viola en el Museo de Arte Moderno de Bogotá (MAMBO), la cual desbanca una creencia: que el coleccionismo en Colombia es provinciano y menorf.

 

Cuando Viola propuso hacer una exposición que diera cuenta de temas coyunturales como contacto, interacción, comunicación, proximidad, intercambio, colaboración, distanciamiento social y separación -conformada en su totalidad por obras pertenecientes a las colecciones más representativas de nuestro país- fue desafiado con la pregunta ¿Habrá obras de suficiente nivel en nuestro medio para lograrlo? Viola confiaba en que sí sería posible. Esta seguridad se la daba su conocimiento de un puñado de colecciones locales y que esta metodología de colaborar con coleccionistas privados es algo que ha hecho durante toda su carrera, empezando en el Museo Madre de su natal Nápoles. Viola ve las colecciones “como una matriz de la idea moderna del Museo para presentar diferentes narrativas y acercamientos al arte contemporáneo” y por lo mismo le parece natural la relación entre los coleccionistas y los museos. Esta exposición es la primera de su tipo en Colombia. Si bien el Museo de Arte del Banco de la República ha recibido exposiciones provenientes de colecciones privadas, como El ojo del coleccionista de la Colección Maraloto o Autorretrato disfrazado de artista de Proyecto Bachué, esta no es una práctica recurrente porque se considera que “valoriza” un acervo privado.

 

El resultado es una exposición de talla mundial, que hace una lectura interesante con un toque político del momento actual con obras de trece colecciones colombianas. Viola se define como un curador feminista y gay, así que en el proyecto hay un reconocimiento a esta postura y un marcado interés por los cuerpos. Es interesante como en el universo de cada coleccionista encuentra piezas que se potencian en relación con las otras. En la selección de obras la procedencia geográfica de los artistas no fue determinante, pero es sugestivo percibir las relaciones planteadas entre artistas históricos y emergentes de Europa del Este, América Latina y, por supuesto, las grandes capitales del arte. También conviven distintas trayectorias. No solamente eligió grandes artistas consolidados como Marina Abramovic (n. 1946), en la selección también aparecen Luz Adriana Vera (n. 1992) y Francisca Jiménez (n. 1993), videoartistas menores de treinta años. Viola encuentra que hay algunos macrotemas que vinculan las obras: el cuerpo, la política y los nuevos medios. En nuestra entrevista, el curador destacó que “Incluso en las [colecciones] más jóvenes encontré obras difíciles, no decorativas y en nuevos medios. Esto es muy inusual, en la mayoría de las colecciones vi arte colombiano de los últimos 40-45 años representado en todos los medios, incluyendo video”.

 

Eduardo Salazar apoyó a Viola desde el inicio. Por su juventud y entusiasmo, Salazar ha personificado la idea de nuevo coleccionista en foros de distintas ferias. Si bien participa de estas invitaciones, en nuestra entrevista mostró que no deja de hacerle ruido el título, pues para él “Ni el objetivo es ser coleccionista, ni uno decide ser coleccionista y empieza a comprar. Uno compra porque necesita arte, porque se monta en este viaje”. Salazar es de los coleccionistas que más entienden la importancia de consolidar un sistema artístico fuerte, debido a lo cual, cuando comenzó la pandemia se preocupó por el futuro de las galerías locales. Como en su empresa también había mucha incertidumbre, Salazar no realizó una gran compra para mantener a las galerías, en cambio, propuso un sistema de membresías y comodatos para coleccionistas. A esta iniciativa se sumaron casi todas las galerías locales, siendo en esta construcción que realizamos el ejercicio para definir el público objetivo evocado al comienzo del texto. Esto reactivó la Asociación de Galerías colombianas (AGAC), lo cual resultó en el proyecto Archipiélago. Para Eduardo, prestar las obras para la exhibición pública es sólo uno de los deberes del coleccionista, él destaca que en nuestro sistema artístico los roles fronterizados no funcionan. Por eso él no solo adquiere, sino que construye oportunidades y dinamiza la escena. Sobre el diálogo con otras colecciones en el MAMBO, Salazar dijo que “¡Se notó la falta de años y de ceros en la billetera!”

 

Este comentario da cuenta de una realidad, no es necesario tener muchos ceros en el banco para poder hacer una buena colección de arte. Esto se constata en otra de las colecciones exhibidas en la exposición, la 2 Fuentes de la pareja bogotana Jorge Fuentes y Sandra Hernández Fuentes. La pregunta que guía su colección es ¿qué dicen las obras de arte sobre nuestra sociedad? Cada obra que compran pasa por un proceso muy exhaustivo de conversaciones, ya que buscan obras que dialoguen con las que ya poseen. Verlas expuestas en el MAMBO les mostró que esta conversación puede darse con otras colecciones. This Could be a Place of Historical Importance (1972) de Braco Dimitrijevic (n. 1948) -que además de estar en la 2 Fuentes hace parte de la colección de la Tate, Londres- abre la exposición y marca el tono del recorrido (imagen 9). Para ellos este es un proyecto de vida y el paso de las obras por sus muros es temporal. Añoran poder donar su acervo a una institución pública.

 

“Cuando visité la exposición en el MAMBO me llamó la atención que muchas de las obras habían estado en alguna edición de ARTBO” dice María Paz Gaviria, directora de la feria que ha sido un escenario importante para la creación de esta red de coleccionistas y su inserción en el circuito internacional. Al ser una feria en la que se unen contenidos no comerciales -como Artecámara, Referentes, Articularte y el Foro- con una sección comercial fuertemente curada, ARTBO ha promovido un tipo de coleccionismo, estudiado y con una mirada internacional, el cual permite que en Colombia existan obras de gran calidad. Si bien no es posible identificar quién se convierte en coleccionista gracias a ARTBO, el que obras presentadas en la feria resurjan en esta exposición traza un vínculo muy claro. A la feria además de los coleccionistas también acuden muchos compradores ocasionales y, si bien encuentra valor en ambos procesos, para Gaviria “El coleccionismo es una postura, una acción consciente, empática, colaborativa y constructiva”.

 

Aunque existen muchas formas de vincularse con el campo de las artes visuales, es claro que el hacerlo como coleccionista tiene una intención que trasciende la construcción de un posicionamiento social. La experiencia de vivir con arte moviliza a estas personas a ir más allá de la adquisición y a comprometerse con el sistema de arte local. Desde sus empresas los coleccionistas patrocinan premios y adquieren obras importantes para proponer diálogos en sus oficinas y locales comerciales, promueven la investigación de la historia del arte en el país, sostienen espacios independientes de exhibición, promueven la educación artística en sus ámbitos de trabajo y buscan activamente cómo posicionar mejor el arte colombiano en el ámbito internacional. Es difícil creer que todo este trabajo se haga solamente para alardear. Eduardo Salazar lo plantea de la siguiente manera: “Hay una responsabilidad cívica en buscar que la riqueza venga acompañada de cultura”.   

 

Coleccionar no puede ser un capricho, esta actividad implica responsabilidades. Entender a los coleccionistas como actores pensantes y que generan valor será fundamental para la reconfiguración que atravesará nuestra escena después de esta pandemia. Urge entender que el arte no es una cadena en la que el coleccionista compra de manera acrítica lo que el genio del artista ha producido, sino que es un sistema en el que los actores se retroalimentan. Por supuesto que los coleccionistas mezquinos retratados en las películas existen, hay quienes no pagan las obras y consideran que el honor de hacer parte de su colección debería ser suficiente. Pero prefiero enfocarme en las colecciones que construyen valor para sí mismas y la comunidad y que lo hacen con un horizonte ético y generoso.

 

Querido lector, si llegó hasta aquí le hago una invitación. La próxima vez que conozca a un coleccionista de arte no le pregunte ¿Cuántas obras tiene? ¿Cuál es la más cara? Pregúntele por lo que lo mueve, por lo que el arte le dice de nuestro mundo y por cómo desde su colección está fortaleciendo a nuestro país. Esas son las perspectivas sobre arte que vale la pena tener.

 

 

* Magíster (c) en el Centro de Estudios Culturales Latinoamericanos (CECLA) de la Universidad de Chile. Directora de Espacio El Dorado, Bogotá.

 

 

Bibliografía:

[1] Juan Andrés Valencia Cáceres, “¿Quién compra arte en Colombia?”, El País, febrero 16, 2014. Disponible en: https://www.elpais.com.co/entretenimiento/cultura/quien-compra-arte-en-colombia.html