Edificaciones que alojan molinos para procesar roca y extraer el oro. FOTO HERNESTO APONTE, S.F.
Diciembre de 2019
Por:
Santiago Paredes Cisneros * Arquitecto de la Universidad Nacional de Colombia, sede Manizales, Magíster en Historia y Teoría del Arte y la Arquitectura de la misma universidad, sede Bogotá, y Doctor en Historia de la Universidad de los Andes (Colombia).

MARMATO (Caldas)

En la documentación colonial pueden encontrarse noticias sobre la riqueza aurífera de la loma de Marmato, ubicada en la vertiente oriental de la Cordillera Occidental. Junto con Supía y Quiebralomo, desde mediados del siglo XVI, Marmato era uno de los principales distritos mineros controlados por los españoles en la margen izquierda del río Cauca. Esos yacimientos habían sido explotados por indígenas desde tiempos prehispánicos. La cabecera de Marmato está a unos 1.310 metros sobre el nivel del mar. En ella habitan algo más de 1.100 personas, y en el territorio municipal viven unas 9.000, distribuidas en distintos asentamientos. En las entrañas de El Burro, la montaña en la que se asienta la cabecera, al igual que ocurre con otros cerros que la circundan, existen depósitos de oro y plata. La minería que allí se practica es sobre todo de filón, por lo cual es necesario cavar túneles. En consecuencia, el interior de las lomas está perforado y los derrumbes son frecuentes.

 

El control de las minas ha pasado por varias manos. A grandes rasgos, después de la Colonia, durante el siglo XIX, las minas de Marmato fueron cedidas a compañías inglesas, en compensación por los préstamos que Inglaterra había aportado para las guerras de independencia y para la conformación de la república. A comienzos del siglo XX, las minas fueron arrendadas en su totalidad a Alfredo Vásquez Cobo, quien compartió ese derecho con compañías extranjeras de las que era accionista, hasta 1926, cuando las minas quedaron bajo control de la nación. Desde inicios del siglo XXI, las empresas extranjeras han recobrado su influencia sobre este territorio minero. En general, los diferentes sistemas de usufructo han dejado un pequeño margen para que los marmateños exploten también los yacimientos. En cualquier caso, la minería ha sido el medio de subsistencia de la población local.

 

Panoramica de Marmato. HÉCTOR FABIO ZAMORA / EL TIEMPO, 2002

 

A partir de 2005, la sucesiva adquisición de títulos mineros por parte de compañías extranjeras ha conducido a que casi la totalidad de la montaña de Marmato y otros yacimientos cercanos queden en manos de particulares. La compañía que en la actualidad controla la mayor parte de las tierras pretende poner en marcha un proyecto de minería a cielo abierto, lo que implicaría reasentar la cabecera municipal y socavaría los vínculos que a lo largo del tiempo se han formado entre habitantes, prácticas mineras y territorio. Frente a las presiones para desalojar el pueblo, los habitantes han puesto en marcha distintas estrategias para preservar a Marmato en su lugar y se han enfrentado a los representantes de la compañía y a la Fuerza Pública. Es como si los aludes de tierra y los proyectos para demoler el pueblo y reubicarlo hubieran afianzado aún más los vínculos comunitarios y los sentimientos de arraigo de los pobladores, quienes reivindican que Marmato es uno de los pueblos más antiguos de Colombia y que sus prácticas mineras, medio de subsistencia de muchos, constituyen una tradición irremplazable. Así, las iniciativas para evitar el traslado han permitido dinamizar este poblado minero en los últimos años.