Luis Ospina Vásquez, Colección FAES, Medellín
Septiembre de 2016
Por:
Eduardo Posada Carbó

LUIS OSPINA VÁSQUEZ: MAESTRO DE LA MODERNA HISTORIA ECONÓMICA

"El maestro de la moderna historia económica de Colombia": así le llamó Jaime Jaramillo Uribe. Meses después de su muerte, en 1977, el obituario de Frank Safford en el Hispanic American Historical Review le despedía como el "más distinguido historiador económico colombiano". Estos reconocimientos a Luis Ospina Vásquez son suficientemente merecidos. Más aún, su legado a la historia moderna del país no se restringió a sus aspectos económicos.

Había nacido en Medellín (1905), en el seno de una familia vinculada tradicionalmente a la política nacional conservadora. Aunque no estuvo totalmente distanciado de su herencia política, su vocación se desarrolló en la vida académica. Sus estudios de derecho en la Universidad Nacional fueron complementados con los de administración y economía en Estados Unidos e Inglaterra. Y se dedicó a la historia.

"Industria y protección en Colombia", 1955. (dedicatoria a Germán Arciniegas)

 

Los méritos académicos de Ospina Vásquez se confunden con su libro Industria y protección en Colombia, 1810-1930 (Medellín, 1955). Este mismo año, la reseña en el Hispanic American Historical Review, escrita por James J. Parsons, elogiaba las calidades del autor, como historiador, economista y geógrafo, mientras señalaba el significado del libro como "una de las más importantes contribuciones al entendimiento económico e histórico emanada de Colombia". Con tres muevas ediciones desde su primera fecha de publicación (1974, 1979 y 1987), Industria y protección es un libro extraordinario por sus aportes originales al conocimiento de la nación, por su cuerpo documental, por sus valiosas sugerencias interpretativas, en fin, por la calidad que lo convierte en uno de los libros de historia clásicos del siglo XX en Colombia.

En su introducción, Ospina Vásquez subrayaba que los datos estadísticos seguían siendo escasos en el momento de publicarse el libro, y recordaba cómo sólo hasta 1945 se hizo el primer censo industrial del país. Su obra, en efecto, fue un pionero esfuerzo por reconstruir la historia colombiana desde una perspectiva moderna, sobre bases empíricas sólidas y verificables en una amplia variedad de fuentes contemporáneas. Como lo observó Jaramillo Uribe, Ospina Vásquez no se presentó "como el apóstol de una doctrina salvadora, ni como apologista de una ideología". El tono del libro es cauteloso frente a las grandes explicaciones. Sus conclusiones no pretenden ser definitivas. Según él, no eran "las complicadas teorías plenamente elaboradas las que en la práctica mueven y guían la política económica". Fue particularmente crítico de quienes querían explicar toda nuestra historia como una reacción anti-colonial: "La colonia ha sido siempre nuestra gran disculpa". Al analizar los vaivenes de la política económica nacional, se cuidó de atribuir toda tendencia al predominio exclusivo de las influencias teóricas que primaban en el mundo. Estas debían tenersen en cuenta, pero había que apreciar cómo se traducían entre nosotros.

Ospina escribió también otro libro que ha pasado casi desapercibido: El plan agrícola (Medellín, 1963). Aunque no fue un trabajo histórico, esta monografía contiene valiosas sugerencias sobre la evolución del sector rural colombiano. En especial, destacó allí el papel dinámico que la ganadería tuvo en el desarrollo agrícola del país, una ganadería no dominada sólo por la gran hacienda ni en contradicción permanente con la agricultura. Así mismo, criticaba la imagen -que comenzaba ya a imponerse-, de un sector agrícola históricamente estancado, y ofrecía agudas observaciones sobre la calidad de la tierra. Tal parece que estas reflexiones formaron parte de un trabajo más ambicioso sobre la historia rural colombiana, que se vio frustrado por la creciente ceguera que le atacó en los últimos años de su vida.

Más allá de su obra escrita, Ospina Vásquez contribuyó a modernizar los estudios de historia en Colombia al estimular las comunicaciones internacionales de nuestro mundo académico. Los investigadores extranjeros encontraron en Luis Ospina Vásquez un interlocutor inteligente, receptivo y generoso. Su generosidad se hizo aún más evidente al establecer en 1976 la Fundación Antioqueña para los Estudios Sociales, FAES, dotada con su biblioteca personal y una rica colección de archivos familiares, y sede de uno de los lugares más exquisitos que he conocido para la investigación histórica en Colombia. Para la nueva generación de historiadores económicos, como lo ha expresado Adolfo Meisel Roca, la obra de Ospina conserva una fresca "validez actual", por su "sólida noción de las magnitudes económicas del país", y por el significado de la herencia intelectual de quien ciertamente es un "historiador de historiadores".