28 de noviembre del 2020
 
Antonio Faccini (ca. 1840-1897) La Colección Filandia 1890, fotografía, Catalogue de la Colection “Filandia” © Academia Colombiana de Historia
Octubre de 2020
Por :
Sven Schuster * Profesor titular del Programa de Historia, Escuela de Ciencias Humanas, Universidad del Rosario (Bogotá)

LOS VIAJES DEL TESORO QUIMBAYA

En 1920, el gobierno colombiano prohibió la exportación no autorizada de objetos arqueológicos. Antes de esta fecha, su venta en el mercado internacional era común. Sin embargo, la situación cambió cuando en 1918 estos objetos empezaron a considerarse parte de la historia patria. A pesar de que la lista de artefactos precolombinos que salieron del país de manera legal e ilegal es amplia, el caso del Tesoro Quimbaya fue el más destacado.

 

El Tesoro fue encontrado en una finca cerca del pueblo de Filandia, el cual por entonces pertenecía al departamento del Cauca y actualmente al Quindío. Este conjunto de más de cuatrocientas piezas de cerámica, oro y tumbaga, es considerado el más importante hallazgo arqueológico realizado en Colombia. Después de que un grupo de guaqueros locales extrajeron los objetos de dos tumbas, la mayor parte de estos terminó en Bogotá, donde fueron catalogados por el comerciante italiano Carlo Vedovelli. Tanto la exposición de los objetos en la capital como la elaboración del inventario tenían como fin su comercialización en el mercado internacional (imágenes 1 y 2). Sin embargo, antes de que se pudiera efectuar la venta del conjunto –bautizado como Tesoro Quimbaya– intervino el presidente de la república, Carlos Holguín (1832-1894). Este decidió comprar el Tesoro con el objetivo de exhibirlo en la Exposición Histórico-Americana de Madrid, la cual se realizaría entre noviembre de 1892 y febrero de 1893 con motivo de la conmemoración de los cuatrocientos años del descubrimiento de América. Holguín quería que, una vez clausurada la exposición, el Tesoro fuera obsequiado al gobierno de España como agradecimiento por el fallo de 1891 a favor de Colombia en un litigio fronterizo con Venezuela. Por lo tanto, el 4 de mayo de 1893, ya bajo el gobierno de Rafael Núñez (1825-1894), las 121 piezas más llamativas de la preciada colección fueron entregadas a la reina regente de España, María Cristina de Habsburgo (1858-1929).

 

Antonio Faccini (ca. 1840-1897)

La Colección Filandia

1890, fotografía, Catalogue de la Colection “Filandia”

© Academia Colombiana de Historia

 

Autor desconocido

Piezas del Tesoro Quimbaya

1893, fotograbado, Eduard Seler, “Die Quimbaya und ihre Nachbarn”, Globus. Illustrierte Zeitschrift für Länder- und Völkerkunde 64, Número 15

© Sven Schuster

Ilustraron un artículo del famoso americanista alemán Eduard Seler (1849-1922) sobre el Tesoro Quimbaya, basado en los estudios de Ernesto Restrepo Tirado.

 

 

Aunque muchos detalles de las negociaciones que resultaron en el obsequio de los artefactos pertenecientes a la cultura quimbaya clásica (500 a. C. a 600 d. C.) aún no han sido esclarecidos, el hecho en sí es ampliamente conocido. Hoy en día –en el contexto de una creciente conciencia sobre el valor patrimonial del legado material prehispánico– este es motivo de indignación para muchos colombianos. Sin embargo, habitualmente se desconoce que la historia del Tesoro no terminó con su traslado a la capital española. Como veremos a continuación, parte del conjunto original fue exhibida en la Exposición Italoamericana de Génova, en 1892, y en la Exposición Universal de Chicago, en 1893, también celebradas para conmemorar el descubrimiento del Nuevo Mundo.

Además del gesto diplomático con España, la donación del Tesoro Quimbaya tuvo como propósito promocionar a Colombia en el exterior. De hecho, con ocasión del IV Centenario, Colombia privilegió la presentación de objetos prehispánicos sobre la exposición de minerales, productos agrícolas y manufacturas. ¿Cómo puede explicarse este énfasis en lo precolombino? ¿Acaso no se buscaba presentar los recursos naturales y el potencial económico del país ante los ojos del mundo? Aunque a primera vista puede parecer una contradicción, la exhibición de objetos prehispánicos en exposiciones internacionales se ajustaba a la pretensión de mostrarse como una nación moderna.

Autor desconocido

Sección colombiana en la Exposición Universal de 1889

1890, grabado, Luis Bravo, América y España en la Exposición Universal de París de 1889

© Sven Schuster

 

 

Con ocasión de la apertura del pabellón colombiano en Chicago, Carlos Martínez Silva (1847-1903) –quien presidía la delegación nacional– opinó que “sería mejor no intentar una exhibición de todos los recursos de Colombia, y los comisionados se conformaron con mostrar colecciones de antigüedades, que podrán echar nueva luz a las razas prehistóricas del Nuevo Mundo, tema que ahora está recibiendo gran atención”. Detrás de la decisión de exponer objetos prehispánicos estaba el supuesto de que se trataba de una de las pocas áreas en las que eruditos colombianos, como Ernesto Restrepo Tirado (1862-1948) y Soledad Acosta de Samper (1833-1913), podían demostrar sus conocimientos. No es de extrañar que ambos participaran en el Congreso de Americanistas de Huelva, evento paralelo a la Exposición Histórico-Americana de Madrid.  

 

Autor desconocido

Instalación Colombia

Ca. 1892, Fotografía, Exposición Histórico Americana de Madrid 1892

© Biblioteca Nacional de España

 

 

Aunque en Colombia predominaba la corriente del hispanismo conservador, los encargados de la organización de las exposiciones concluyeron que los campos de la arqueología y la antropología eran los más idóneos para escenificar los avances científicos del país. En este contexto, los estudios de figuras como Liborio Zerda (1833-1919) y Ernesto Restrepo no solo fueron discutidos en el marco de las exposiciones, sino que también fueron reconocidos y citados por algunos de los académicos internacionales más renombrados de la época (imagen 3). Los expositores supieron aprovechar los objetos precolombinos para desplegar la imagen de un país donde las ciencias estaban floreciendo. Sin embargo, en Colombia dichas disciplinas aún no se habían profesionalizado ni institucionalizado. Aparte de esto, el enfoque en las colecciones precolombinas por parte de Colombia también se explica por la naturaleza de los eventos mismos. Los organizadores de la exposición de Madrid habían decidido que los países participantes debían concentrarse en la presentación de sus culturas precolombinas. Esto con el fin de visualizar el estado civilizatorio de las culturas prehispánicas antes y después de la llegada de los españoles. Si bien se buscaba la apreciación de los pueblos originarios y su pasado, no se cuestionaba la superioridad de la madre patria, supuesto origen de la verdadera civilización. Aunque algunos países latinoamericanos participaron desde muy temprano con muestras precolombinas en las exposiciones universales del siglo XIX, donde incluso construyeron pabellones en forma de “templos” aztecas o incas, Colombia se acercó tardíamente a esta corriente.

 

                                                                                                                                            

Julio Racines (1848-1913)

Piezas del Tesoro Quimbaya

1892, fotografías, Antichità Colombiane degli Aborigeni. Esposizione Italo Americana di Genova, vol. 2, láminas XVIII, XVII y V

Biblioteca Civica Berio, Génova

© Sven Schuster

Julio Racines (1848-1913)

Piezas del Tesoro Quimbaya

1892, fotografías, Antichità Colombiane degli Aborigeni. Esposizione Italo Americana di Genova, vol. 2, láminas XVIII, XVII y V

Biblioteca Civica Berio, Génova

© Sven Schuster

 

 

El éxito que otros estados latinoamericanos tuvieron con la exposición de objetos precolombinos en ferias internacionales inspiró a Colombia. Así, en la Exposición Universal de París en 1889 –en la cual la muestra nacional ocupó una esquina del pabellón uruguayo– se expuso por primera vez el pasado prehispánico como parte integral del país. Los objetos de oro y cerámica, provenientes de Antioquia y Panamá, estuvieron acompañados de estudios científicos y algunas fotografías. Además, se expuso un álbum de acuarelas sobre las estatuas provenientes del sitio arqueológico de San Agustín (imagen 4).

 

Julio Racines (1848-1913)

Piezas del Tesoro Quimbaya

1892, fotografías, Antichità Colombiane degli Aborigeni. Esposizione Italo Americana di Genova, vol. 2, láminas XVIII, XVII y V

Biblioteca Civica Berio, Génova

© Sven Schuster

 

Autor desconocido

Pabellón colombiano en la Exposición Universal de Chicago

1893, fotograbado, Chicago Tribune, Glimpses of the World’s Fair

© Sven Schuster

 

Tres años después, en la exposición de Madrid, toda la atención se centró en las 121 piezas del Tesoro Quimbaya. Estas fueron colocadas en una vitrina hexagonal en el centro de la sección colombiana (imagen 5). Como evidencia la prensa de la época, la exhibición de aquellos objetos no solo servía para presentar el alto nivel de los estudios nacionales sobre las antigüedades prehispánicas, esta también proyectó a Colombia como un país rico en metales preciosos. La distribución de los objetos precolombinos en Madrid evidencia que los organizadores de la exposición querían enfocar la atención de los visitantes en el Tesoro Quimbaya, cuyas piezas eran descritas como “ejemplares que deslumbran al profano y encantan al arqueólogo”. De esta forma, la espectacularidad del Tesoro se explotó en términos de belleza y pericia técnica. Dicha apreciación se correspondía con las teorías evolucionistas del siglo XIX, las cuales determinaban el grado de civilización a partir de la calidad y el perfeccionamiento de los artefactos. Algunas piezas del Tesoro Quimbaya también viajaron a Génova donde, sin embargo, no alcanzaron a llegar a tiempo. Aunque existe una breve descripción de la muestra colombiana en este evento, es poco probable que produjese un gran impacto, dado que llegaron en noviembre de 1892, poco antes del cierre de la exposición (imágenes 6 a 8).

 

Autor desconocido

“Orfebrería de los Chibchas”

Ca. 1893, fotografía

BLAA, Sala de libros raros y manuscritos

© Sven Schuster

Esta era una de las piezas de la Colección Restrepo, conjunto adquirido por el Museo Colombino de Chicago.

 

Gaston Lelarge (1861-1934)

Proyecto para pabellón colombiano en la Exposición Universal de 1900

1899, fotograbado, Revista Ilustrada, Número 16/17

© Sven Schuster

Este proyecto fue el ganador del concurso para el diseño del pabellón nacional. Sin embargo, nunca fue realizado, dado que Colombia no participó en dicha exposición. El diseño de la fachada muestra claramente la influencia “indigenista” de la época.

 

 

Finalmente, en mayo de 1893, viajaron a Chicago las piezas restantes del Tesoro, principalmente objetos de cerámica, piedra y pequeñas estatuillas de oro y tumbaga. A diferencia de las ferias de Madrid y Génova, la de Chicago fue una verdadera exposición universal que contó con más de 28 millones de visitantes. Aunque los anfitriones norteamericanos demandaron un enfoque en productos manufacturados, maquinaria y recursos naturales, la muestra colombiana en Chicago continuó siendo predominantemente prehispánica. Así, el primer piso del pabellón nacional de Colombia estuvo enteramente dedicado a la exposición de antigüedades precolombinas (imagen 9). Allí se presentaron algunas de las más de 1300 piezas de la llamada Colección Restrepo (imagen 10), organizada por Ernesto y Vicente Restrepo (1837-1899). Esta colección, vendida al Museo Colombino de Chicago después del cierre de la exposición, contenía ejemplares de orfebrería, cerámica y piedra pertenecientes a los coleccionistas Carlos Uribe, Nicolás Casas, Leocadio María Arango (1831-1918), algunos miembros de la Comisión de la Exposición e, incluso, al Museo Nacional de Colombia. Debido a la abundancia de objetos prehispánicos, especialmente de las culturas muisca y quimbaya, las menciones hechas por la prensa norteamericana del pabellón colombiano referían casi exclusivamente este aspecto. Aún así, el cálculo de los organizadores funcionó y la presentación colombiana tuvo una buena recepción. Otros países latinoamericanos, que apostaron por muestras más convencionales de materias primas y productos manufacturados, no lograron destacarse y pasaron desapercibidos.

 

Pabellón colombiano de la Exposición Iberoamericana de Sevilla (1929)

© Sven Schuster

Autor desconocido

Sala del Tesoro de los Quimbayas

1929, fotografía,

Archivo Municipal de Sevilla

© Sven Schuster

En esta sala del Pabellón colombiano, de inspiración prehispánica, se expusieron las piezas del Tesoro. 

 

 

Después de las experiencias exitosas de Madrid y Chicago, Colombia mostró interés en participar en otras exposiciones internacionales, como la de París en 1900 (imagen 11). Sin embargo, debido a problemas económicos, la Guerra de los Mil Días (1899-1902) y la pérdida de Panamá (1903), la siguiente participación en una gran feria internacional solo ocurrió hasta 1929. En la Exposición Iberoamericana de Sevilla, el Tesoro Quimbaya estuvo nuevamente en el centro de la muestra colombiana, ahora como préstamo del gobierno español. En Sevilla, Colombia se presentó por primera vez con un pabellón indigenista, edificio cuya fachada había sido diseñada por el artista Rómulo Rozo (1899-1964) (imágenes 12 a 14). A diferencia del trato distante dado a las culturas indígenas durante siglo XIX, cuando su pasado no fue considerado parte de la historia patria, el indigenismo de la década de 1920 promovía la integración del pasado prehispánico en el imaginario nacional, al menos simbólicamente. Sin embargo, la revalorización de este pasado y su estudio sistemático, a partir de la segunda década del siglo XX, fueron tardíos incluso en el contexto latinoamericano. Para entonces, objetos arqueológicos únicos e irreemplazables, como el Tesoro Quimbaya, habían sido regalados o vendidos a instituciones extranjeras.

 

 

Bibliografía:

 

1  Ana Verde Casanova, “Biografía del Tesoro Quimbaya”, en El Tesoro Quimbaya, editado por Alicia Perea, Ana Verde Casanova y Andrés Gutiérrez Usillos (Madrid: Ministerio de Educación, Cultura y Deporte/CSIC, 2016), 16.

2  Verde, "Biografía", 23-24.

3  Verde, "Biografía", 49.

4  “Columbia’s Day of Rejoicing”, Daily Inter Ocean, 21 de julio de 1893.

5   Sven Schuster y Laura Alejandra Buenaventura Gómez, “Imaginando la ‘tercera civilización de América’: Colombia en las exposiciones del IV Centenario (1892-1893)”, Historia Crítica 75 (2020): 32-33.

6   Schuster y Buenaventura, "Imaginando", 35.

7  Carmen Cecilia Muñoz, ¿Cómo representar los orígenes de una nación civilizada? Colombia en la Exposición Histórico-Americana de Madrid, 1892 (Cali: Universidad del Valle, 2012), 132-133.

8  Sven Schuster, “The World’s Fairs as Spaces of Global Knowledge: Latin American Archaeology and Anthropology in the Age of Exhibitions”, Journal of Global History 13, n.o 1 (2018): 69-93.

9  Clara Isabel Botero, El redescubrimiento del pasado prehispánico de Colombia: viajeros, arqueólogos y coleccionistas, 1820-1945 (Bogotá: ICANH/Universidad de los Andes, 2006), 125-126.

10 “Colombia en la Exposición Histórico-Americana”, El Correo Nacional, 3 de abril de 1893.

11  Gustavo Chiesi, L’Esposizione italo-americana a volo d’uccello (Milán y Buenos Aires: A. Demarchi, 1893), 273.

12   Christian Padilla (ed.). 1929: El Pabellón de Colombia en la Exposición Iberoamericana de Sevilla (Bogotá: La Bachué, 2014).