25 de octubre del 2020
 
Peter Most (1826-1900) Bendix Koppel Ca. 1868, fotografía, 92 x 58 mm SAm110-0013 © Leibniz-Institut für Länderkunde, Geographische Zentralbibliothek. Eustasio Barreto Figuras 35 a 46 de la relación de El Dorado [pertenecientes a la colección de Bendix Koppel] 1883, xilografía de pie sobre papel, Papel Periódico Ilustrado, Año II, Número 44 © Marta Ayerbe
Septiembre de 2020
Por :
Aura Lisette Reyes Gavilán * Antropóloga y magíster en historia de la Universidad Nacional de Colombia, doctora en estudios americanistas del Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Libre de Berlín.

LAS ANTIGÜEDADES, EL PASADO PREHISPÁNICO Y EL AMERICANISMO. ENTRE DIPLOMACIA Y MIRADAS CIENTÍFICAS

Las formas como pensamos y designamos los objetos dependen de las maneras en que concebimos el mundo. Cada pueblo y cada cultura comprende la materialidad a partir de un sistema de significados y prácticas propias. La aparición, circulación y legitimación de la denominación “objeto arqueológico”, se encuentra asociada a la emergencia de saberes especializados y prácticas con pretensión científica a finales del siglo XIX y principios del XX. Si bien el término circulaba desde tiempo atrás, no necesariamente era compartido por una amplia comunidad de interlocutores relacionada con este tipo de objetos y prácticas. Las piezas que hoy en día conocemos como arqueológicas, circularon durante el siglo XIX en redes de coleccionistas como antigüedades, monumentos y curiosidades.

Me centraré en la colección de este tipo de piezas durante la segunda mitad del siglo XIX, cuando desde Europa se tejió una comunidad de intelectuales que se denominaron americanistas. Quienes, en su intención de comprender la historia del continente desde tiempos prehispánicos, recurrieron a un conjunto diverso de fuentes como manuscritos coloniales, crónicas, estudios lingüísticos y colecciones de objetos. Asimismo, su formación se caracterizaba por ser amplia e incluir diversos campos del saber. En esta medida, el americanismo era un punto de confluencia, en donde el abordaje de las temáticas se apoyaba en un sinfín de recursos metodológicos y conceptuales.

¿Quiénes eran los americanistas? y ¿qué era el americanismo? Autoras como Sandra Rebok consideran que el americanismo, en el caso español, contó con varias fases. Una primera de carácter “naturalista” que aconteció en tiempos del contacto y la Conquista de América, en la que participaron misioneros, militares y oficiales reales. Desde el siglo XVII hasta mediados del XVIII tuvo lugar una etapa de “recopilación”, donde se retomaron los textos de los cronistas y se efectuó un tránsito del naturalismo tardío a los viajes científicos que dieron paso a la tercera fase, aquella relacionada con la emergencia de la ilustración. Finalmente, el periodo comprendido entre mediados del XIX y las primeras décadas del XX se caracterizó por el entrecruzamiento de intereses coloniales con la consolidación de la disciplina antropológica y la aparición de los congresos de americanistas.

 

Autor desconocido

Collares de oro de la colección obsequiada a Su Majestad la Reina, Lámina XIII, Antigüedades de los Quimbayas

Antes de 1899, fotografía sobre cartón, 25 x 20 cm

Ident.Nr. VIII E 1067

© Staatliche Museen zu Berlin, Ethnologisches Museum, Preußischer Kulturbesitz

 

 

Otros autores proponen que los trabajos de Alexander von Humboldt (1769-1859) y Aimé Bonpland (1773-1858) pueden considerarse como los precursores del americanismo, postura que fortalece la noción de una tradición humboldtiana que habría influido en las expediciones y estudios de los viajeros del siglo XIX, y, además, habría dado lugar a relatos de viaje situados entre la escritura literaria y la científica. Por otra parte, en las últimas décadas investigadores como Christine Laurière han dirigido su mirada a la conformación de redes y comunidades de intelectuales interesadas por los estudios americanistas, destacándose la creación de sociedades de saberes especializados y la realización de congresos internacionales. Abordaremos un poco estas últimas redes para el caso colombiano.

Botero, Pineda y Langebaek han llamado la atención respecto al auge de la guaquería y la circulación de objetos prehispánicos durante el siglo XIX, situación asociada con la proclamación de la Ley 13 de junio de 1833, sobre los hallazgos de tesoros, en donde se determinó lo siguiente:

Es un deber del congreso fomentar todos los ramos de industria, y promover del mejor modo posible el desarrollo de la riqueza nacional; [decretando que] El oro, la plata y piedras preciosas que se encuentren en las sepulturas, templos, adoratorios y guacas de los indios, y demás conocidos con el nombre de “Tesoros”, desde el día de la publicación de esta ley, corresponden íntegramente al inventor o inventores.

 

 

Autor desconocido

Cerámicas de la colección de Bendix Koppel

Antes de 1899, fotografía sobre cartón, 20 x 25 cm

Exposición Mundial de Chicago, expositor Bendix Koppel

Ident.Nr. VIII E1173

© Staatliche Museen zu Berlin, Ethnologisches Museum, Preußischer Kulturbesitz

 

 

De esta forma se impulsó la extracción de estos objetos concebidos como tesoros. Botero, Pineda y Langebaek también resaltan la producción textual de mediados de siglo, donde, partiendo de la revisión de los cronistas y el estudio de las antigüedades, se insertó el pasado prehispánico en novelas, ensayos y libros de historia. Así, en la segunda mitad del XIX ya existía un camino avanzado para cuando tuvieron lugar los congresos de americanistas. En el primero de estos eventos, realizado en Nancy en 1875, se subrayó que la antigüedad e historia del continente americano era equiparable a la de los monumentos de Egipto, Grecia y Roma. De tal manera, las piezas concebidas como antigüedades podrían referir la larga historia del continente, especialmente a las sociedades del periodo prehispánico. Entre 1875 a 1900 se celebraron doce congresos en ciudades europeas, salvo uno que se realizó en México.

El número de colombianos involucrados en los eventos no fue elevado, como tampoco lo fue el de los ciudadanos de otros países latinoamericanos. Gran parte de los participantes eran diplomáticos que se desempeñaban como cónsules en los países anfitriones o en naciones vecinas. Algunos de ellos contaban con reconocidas colecciones de antigüedades, como Bendix Koppel (1835-1919), quien participó con su esposa Clara Lindig Grosse (1848-1940) en algunos congresos (imágenes 1 y 2). Koppel llegó a Colombia para desempeñar un cargo diplomático y, junto con su primo, también realizó negocios en “el campo, la minería, la importación y exportación de mercancías y representaciones de casas comerciales extranjeras”, labores en las cuales tuvieron buena fortuna.

Koppel recomendó regalar al gobierno español la colección de orfebrería prehispánica colombiana que hizo parte de la Exposición Histórico-Americana efectuada en Madrid en 1892 (imagen 3). Esta se celebró simultáneamente al Congreso de Americanistas en Huelva, donde Ernesto Restrepo Tirado (1862-1948) presentó un estudio sobre dicha colección titulado Ensayo etnográfico y arqueológico de la provincia de los Quimbayas en el Nuevo Reino de Granada (1892). Koppel también fue uno de los interlocutores del entonces director del Museo Real de Etnografía de Berlín, Adolf Bastian (1826-1905), asesorándolo en la adquisición de piezas. Casos como el de Koppel dan cuenta de la relación existente a finales del siglo XIX entre la circulación de objetos arqueológicos y las redes comerciales, diplomáticas y políticas. Participó en varios congresos, sus colecciones se exhibieron en exposiciones universales mediante fotografías (imagen 4) y fueron objeto de estudios por parte de especialistas (imágenes 5 y 6), como el arqueólogo Max Uhle (1856-1944) en su libro Kultur und Industrie, Südamerikanische Völker (1889).

 

Max Uhle (1856-1944) / Litografía de Julius Klinkhardt (1834)

Colecciones de orfebrería, Colombia

1889, litografía, Kultur und Industrie. Südamerikanische Völker: nach den im Besitze des Museums für Völkerkunde zu Leipzig, befindlichen Sammlungen von A. Stübel, W. Reiss und B. Koppel, vol.1

b13030875

© Digital Collections from The Metropolitan Museum of Art Libraries

 

 

Por otra parte, entre quienes participaban en los congresos se encontraban intelectuales que integraban sociedades especializadas y contaban con trayectoria en los estudios americanistas. Durante el congreso se desarrollaban sesiones, eventos y, en algunas ocasiones, exposiciones de antigüedades americanas. En 1875, durante el primer congreso, se presentó la colección del bogotano Ezequiel Uricoechea (1834-1880) al lado de piezas mexicanas, peruanas, bolivianas, canadienses y de otras procedencias. El conjunto de Uricoechea contaba con ídolos de cerámica, una momia, joyas de oro, cobre y piedra, y, algunos ejemplares de su Gramática, vocabulario, catecismo y confesionario de la lengua Chibcha, según antiguos manuscritos anónimos e inéditos, aumentados i correjidos (1871). Uricoechea participó en los primeros congresos y sus colecciones no solo fueron apreciadas por el público, también fueron debatidas por los académicos.

La trayectoria de Uricoechea es un buen ejemplo para comprender el desarrollo del americanismo en Colombia durante el siglo XIX (imagen 7). Sus estudios de juventud fueron en Bogotá y Estados Unidos, siendo su preocupación original los recursos naturales y las minas. En 1852 se mudó a Europa y allí publicó sus primeros estudios sobre las antigüedades: Memoria sobre las antigüedades neo-granadinas (1854) (imagen 8) y el artículo “Les chibchas de Colombie”  (imágenes 9 y 10). A su formación en medicina y mineralogía sumó su interés por la lingüística e historia de los pueblos americanos, debido a lo cual para 1875 ya participaba de varias sociedades científicas y un año antes publicó la “Bibliografía Colombia”, proyecto en el que pretendía realizar un balance de la producción bibliográfica hispanoamericana. De allí que sus colecciones aparecieran referidas tanto en sus publicaciones como en las de otros interesados por el tema. 

 

Virginie Bovie (1821-1888)

Ezequiel Uricoechea

1871, óleo sobre tela, 63,8 x 53,8 cm

Reg. 493

© Museo Nacional / Samuel Monsalve

 

 

 

Mientras que la trayectoria de Koppel da cuenta de la relación entre la diplomacia y el coleccionismo, la de Uricoechea, ciertamente excepcional, evidencia las amplias redes intelectuales en las que participaron algunos colombianos en esta época. Otros estudios presentados por colombianos en los congresos americanistas fueron los trabajos históricos de  Soledad Acosta (1833-1913) y las investigaciones lingüísticas de José María Quijano (1836-1883) y Rafael Celedón (1833-1902). Aunque estas intervenciones no partían del estudio de colecciones de antigüedades, si tuvieron por objeto la comprensión de la complejidad de las sociedades indígenas antes y durante el periodo de contacto.

 

Ezequiel Uricoechea (1834-1880)

Tunjos Neo-granadinos

1854, Memoria sobre las antigüedades neo-granadinas

© The Library of Congress

 

 

Los americanistas de la segunda mitad del siglo XIX contribuyeron a la transformación de la valorización de los objetos prehispánicos, los cuales pasaron de ser considerados tesoros a ser estimados como antigüedades. Estos eruditos asumieron que el nuevo mundo contaba con una historia tan antigua como la del viejo, paso fundamental para la posterior legitimación de la noción de objeto arqueológico. Una vez reconocido el valor testimonial de estos objetos como registros culturales de los pueblos del pasado, comenzó a desarrollarse la práctica de su adquisición de primera mano, conocida como investigación arqueológica. Es decir, este nuevo interés fue un catalizador para las excavaciones y estudios científicos que buscaron desplazar la guaquería y sus intermediarios.

 

Ezequiel Uricoechea (1834-1880)

Peto o pectoral chibcha

1878-1880, “Les chibchas de Colombie”, Congrès international des sciences géographiques tenu à Paris du 1er au 11 août 1875 : compte-rendu des séances. Tome 1

8-G-504 (1875,1)

© BIbliothèque Nationale de France

Ezequiel Uricoechea (1834-1880)

Colgantes, amuletos, etc. de los antiguos chibchas

1878-1880, “Les chibchas de Colombie”, Congrès international des sciences géographiques tenu à Paris du 1er au 11 août 1875 : compte-rendu des séances. Tome 1

8-G-504 (1875,1)

© BIbliothèque Nationale de France

 

 

 

 

Bibliografía:

 

1 Sandra Rebok, “Americanismo, ciencia e ideología: la actividad americanista española a través de la historia”, Anales del Museo de América 4 (1996): 79-105.

2 Clara Isabel Botero, El redescubrimiento del pasado prehispánico en Colombia: viajeros, arqueólogos y coleccionistas 1820 - 1945 (Bogotá: Universidad de los Andes-ICANH, 2006).

3 Roberto Pineda Camacho, “Reliquias y antigüedades de los indios”, Journal de la Société des américanistes Vol. 83 (1997): 9-36

4 Carl Henrik Langebaek Rueda, Herederos del pasado. Tomo I: Indígenas y pensamiento criollo en Colombia y Venezuela (Colombia: Universidad de Los Andes, 2008)

5 Senado y cámara de representantes del Estado de la Nueva Granada, “Lei sobre hallazgo de tesoros”, Gaceta de la Nueva Granada 95 (21 de julio de 1833)

6 Congrès International des Américanistes, Compte-rendu de la première session, Nancy - 1875, Tome Premier (Nancy, París: G. Crépin - Leblond, Maisonneuve et Cie, 1875)

7 Enrique Martínez Ruiz, Quinta Sión: los judíos y la conformación del espacio urbano en Bogotá (Bogotá: Pontificia Universidad Javeriana, 2018), 66.

8 Eugène Boban, “Exposition d’Antiquités Américaines”, en Congrès International des Américanistes, Compte-rendu de la première session, Nancy - 1875, Tome Premier (Nancy, París: G. Crépin - Leblond, Maisonneuve et Cie, 1875), 21 - 25

9 “M. Uricoechea dépose un mémoire de M. Paul Broca sur deux séries de crânes provenant d’anciennes sépultures indiennes des environs de Bogota”. Congrès International des Américanistes, Compte-rendu de la première session, Nancy - 1875, Tome Premier (Nancy, París: G. Crépin - Leblond, Maisonneuve et Cie, 1875), 367 - 381.

10 Ezequiel Uricoechea, “Les chibchas de Colombie”, en Congrès international de sciences géographiques tenu à Paris du 1er au 11 août 1875, compte rendu des séances, Tome Premier (París: E Martinet, 1878-1880), 310 - 315.