Portada de la sede de la Academia Colombiana de Historia. Bogotá. Fotografía de Ernesto Monsalve.
Octubre de 2016
Por:
Aída Martínez Carreño

LAS ACADEMIAS CIENTÍFICAS EN COLOMBIA

Academia fue el término acuñado en la antigua Grecia para designar la escuela fundada por Platón en el siglo IV a.C.; además de una escuela de filosofía precristiana, se constituyó en un centro de estudio y cultura que perduró hasta el siglo VI, cuando fue cerrada por orden del emperador Justiniano.

Durante el Renacimiento, un período que culturalmente se nutre en la antigüedad clásica, se revivió el concepto de academia y en Florencia se fundaron la Academia Platónica en 1442 y la Crusca en 1582; a partir del establecimiento de la Academia Francesa en 1634, cuyo propósito inicial era dirigir el gusto literario y fortalecer la lengua y la cultura de Francia, comenzó a definirse el modelo de las academias de la era moderna, incluidas las de carácter científico, que tanto influyeron en el pensamiento europeo del siglo XVIII y en sus relaciones con el Nuevo Mundo.

Bajo inspiración de la Academia Francesa, en 1713, pleno siglo de la Ilustración, se fundó la Real Academia Española, que tenía entre sus objetivos, además del estudio y fomento de la lengua castellana, velar por la pureza y unidad del idioma; aprobada por Felipe V un año después de su fundación, entre 1726 y 1739 publicó el Diccionario de autoridades, su primera obra de gran importancia. No obstante el reconocimiento obtenido por las academias europeas, el transplante del concepto y de la institución a los países de la América española fue lento y debió esperar el clima político y las circunstancias que le resultaran favorables.

Entre los variados intentos de crear asociaciones científicas en Colombia durante el siglo XIX se pueden mencionar la asociación para estudios de medicina, farmacia, química y cirugía establecida por el virrey Juan Sámano en 1817, cuya breve vida finalizó con la independencia de la Nueva Granada en 1819. En 1826 el general Francisco de Paula Santander, vicepresidente encargado del gobierno, sancionó la ley del 18 de marzo sobre organización de la instrucción pública, uno de cuyos artículos disponía el establecimiento de la "Academia Nacional" en la capital de la República, para el fomento y difusión de las "artes, las letras, las ciencias naturales y exactas, y las de la moral y la política". Entre sus miembros fundadores figuraron personajes destacados de la vida pública de Colombia y Venezuela, circunstancia que seguramente contribuyó a su disolución, cuando se deshizo la Gran Colombia en 1830.

Ya posesionado de la presidencia, el general Santander retomó la idea y decretó la constitución de la Academia Nacional de la Nueva Granada mediante decreto ejecutivo del 15 de noviembre de 1832, en el cual se designaban sus 21 miembros iniciales; entre ellos se eligió como presidente a don José Manuel Restrepo, antiguo ministro de Bolívar. Tampoco prosperó esta institución, integrada por personas vinculadas al gobierno y al quehacer político, funcionarios frecuentemente enfrascados en las disputas ideológicas que marcan ese período, sin tiempo libre para los estudios científicos o literarios. La corporación languideció en medio del desinterés y la inasistencia de los miembros fundadores.

A estos fracasos se sumaron los de otras iniciativas, como una tercera versión de la Academia Nacional, fundada en 1856, tambien presidida por Restrepo y la Sociedad de Naturalistas Granadinos, creada por Ezequiel Uricoechea en 1859; estas experiencias demostraron que, pese a la conveniencia de un proyecto de asociación científica y a la persistente voluntad de algunos individuos, aún no estaban dadas la circunstancias para el normal desenvolvimientos de este tipo de institución, alejada del quehacer político y comprometida a fondo con el desarrollo intelectual y científico.

Escudo de la Academia Colombiana de Historia, diseñado por Ricardo Moros Urbina, 1904. Estampilla de correos conmemorativa del cincuentenario de la Academia, 1952.

 

Dentro del proceso de aproximación de España a sus antiguas colonias, que precedió al establecimiento de relaciones diplomáticas con la antigua metrópoli, surgieron las condiciones favorables para establecer en América corporaciones correspondientes de la Real Academia Española; el escritor José María Vergara y Vergara, miembro de la institución española, logró que la primera de ellas se fundara en Colombia. Así, en el año de 1871 se inició la Academia Colombiana de la Lengua, integrada por doce miembros y presidida por el mismo Vergara y Vergara, con la cual se inauguró realmente la organización académica en el país.

Siguiendo su modelo, en los años siguientes se instituyeron entidades similares que también han perdurado, entre ellas, la Sociedad de Medicina y Ciencias Naturales de Bogotá, creada en 1873 y convertida en Academia Nacional de Medicina en 1891, y la Sociedad Colombiana de Ingenieros, fundada en 1887. En 1903, cuando se celebró el centenario del establecimiento del Observatorio Astronómico de Bogotá, surgió la Sociedad Geográfica de Colombia.

La idea de crear una academia para el estudio de la historia nacional comenzó a gestarse en la década de 1870, pero al finalizar el siglo no había podido concretarse. La iniciativa, retomada por el abogado Eduardo Posada y el médico Pedro María Ibáñez se hizo realidad mediante la resolución 115 de mayo de 1902, firmada por el vicepresidente José Manuel Marroquín, por la cual se estableció la "Comisión de Historia y Antigüedades Patrias". En diciembre del mismo año pasó a ser "Academia de Historia y Antigüedades", con carácter oficial de cuerpo consultivo del gobierno y con su propio medio de difusión, el Boletín de Historia y Antigüedades, que ha circulado sin interrupción durante una centuria.

La institución se inició con 19 miembros y tuvo como primer presidente a Eduardo Posada; su gestión generó gran interés por la investigación histórica en Colombia y en poco tiempo surgieron los Centros de Historia, luego transformados en Academias Departamentales de Historia. La primera Academia Departamental se organizó en Antioquia en 1903, y el primer Centro se fundó en Tunja en 1905.

Bajo su actual nombre de Academia Colombiana de Historia, la corporación está integrada por un número variable de miembros agrupados en las siguientes categorías: honorarios, numerarios (40 individuos), correspondientes nacionales y correspondientes extranjeros. Está regida por sus propios estatutos y recibe apoyo gubernamental para su funcionamiento.

Como resultado de una centuria de investigación, valoración y difusión de la historia nacional, existen varias series bibliográficas, entre las cuales la denominada Biblioteca de Historia Nacional (155 volúmenes), la Historia Extensa de Colombia, 41 volúmenes y 15 más de Complemento; la Biblioteca Eduardo Santos, conformada por 27 volúmenes, y la serie denominada Bolsilibros con 49 títulos, que sumadas a otras series y colecciones de menor extensión totalizan una producción importante. En la sede de la corporación se prestan al público los servicios de una biblioteca especializada y un archivo histórico.

En sus inicios las academias cumplieron las funciones de estudio y difusión de los temas de su especialización, en un medio carente de suficientes aulas universitarias, donde el saber científico se concentraba en muy pocas personas. Actualmente y gracias a la elevación del nivel de los estudios universitarios y a la proliferación de instituciones de enseñanza superior, se han especializado los conocimientos; desaparecido el humanista al estilo del Renacimiento, la institución educativa y la organización académica se integran y complementan; la multiplicidad de conocimientos de sus individuos conforma el espacio propicio al debate, al intercambio y a la comprensión de los valores de la cultura nacional.