18 de agosto del 2019
 
Febrero de 2019
Por:
ALBERTO SALDARIAGA*Arquitecto, Universidad Nacional de Colombia. Especialista en vivienda y planeamiento urbano del Centro Interamericano de Viivienda CINVA. Decano Facultad de Artes y Diseño, Universidad Jorge Tadeo Lozano, Bogotá.

LA VIVIENDA POPULAR TRADICIONAL EN LA REGIÓN CAFETERA CENTRAL

Se conoce hoy como el “eje cafetero” la región cafetera central del país que incorpora parte de los territorios de los departamentos de Antioquia, Caldas, Quindío y Risaralda con extensiones en el Valle del Cauca y el Tolima. El café ha sido el cultivo principal de esta región, al punto de haber ocupado un lugar de primera importancia en la economía colombiana durante casi un siglo. Se habla de una “cultura cafetera” en esta región, la cual posee rasgos particulares de identidad desde el habla hasta la gastronomía y, en este caso, la arquitectura popular tradicional.

 

A la izquierda: el deterioro de la fachada permite ver los materiales de construcción de esta casa en Salento,
Quindío.

 

 

Durante el siglo XIX en Colombia se acentuaron las diferencias regionales en la arquitectura y se establecieron definitivamente las herencias más duraderas acumuladas en cada región. Los nuevos fenómenos de ocupación del territorio dieron origen a nuevos tipos de vivienda campesina y otras maneras de construir. Uno de ellos, la “colonización antioqueña”, fue el proceso de poblamiento de las vertientes del río Cauca en los actuales departamentos de Antioquia, Caldas, Risaralda y Quindío iniciado al final del siglo XVIII y que se extendió hasta los comienzos del siglo XX. En la arquitectura desarrollada a lo largo de este proceso se combina una posible herencia prehispánica –la de la construcción en guadua– con la herencia hispánica acumulada en la región de Antioquia a lo largo del período colonial.

 

 

Características tipológicasde la vivienda cafetera.

 

 

El proceso colonizador se inició en el territorio antioqueño en las últimas décadas del siglo XVIII, siguió su curso en dirección sur, y se prolongó hasta los comienzos del siglo XX. El origen de este fenómeno se produjo por las reformas agrarias introducidas por el visitador Juan Antonio Mon y Velarde, en representación de la corona española, con la intención de ampliar la frontera agrícola del territorio virreinal, pero contaba ya con intentos colonizadores fragmentarios en distintos frentes. El proceso colonizador se dio en al menos cuatro grandes fases, una inicial entre 1780 y 1810 en el territorio antioqueño. En una segunda fase, que se extiende hasta 1850, se colonizaron los territorios caldenses, en la siguiente fase se colonizaron los territorios actuales de Risaralda y Quindío y se alcanzaron los territorios del Valle del Cauca y del Tolima. Según el arquitecto e historiador Carlos Martínez Jiménez, entre 1780 y 1900 se fundaron 86 cabeceras urbanas, la mitad de las cuales se fundó entre 1851 y 1900, en un período de intensa “urbanización”. De acuerdo con sus datos, Salamina se fundó en 1827, Pereira en 1828, Salento en 1842, Manizales en 1849, Jericó en 1851, Calarcá en 1886, Armenia en 1894 y Sevilla en 1924. El cultivo del café apareció tardíamente en la región y se hizo efectivo en las primeras décadas del siglo XX. Según Marco Palacios, en una primera etapa, entre 1870 y 1910, el cultivo se efectuó en grandes haciendas localizadas en los Santanderes, Cundinamarca, Tolima y Antioquia. El campesinado cafetero se formó en las primeras décadas del siglo XX, en especial en las vertientes de Antioquia y el Antiguo Caldas.     

 

Calle en Salento,
Quindío.

 

La región geográfica donde se llevó a cabo este proceso de poblamiento tuvo como escenario las vertientes oriental y occidental del río Cauca. Abarcó especialmente las tierras intermedias y parte de las tierras altas. Este territorio se caracteriza por su geografía montañosa en las que los cañones de los ríos que tributan al Cauca forman hendiduras profundas entre las montañas y enclaves de difícil acceso. El territorio estuvo densamente poblado en la era prehispánica por culturas indígenas de un alto nivel de desarrollo, entre ellas la Quimbaya, conocida por su orfebrería. El territorio aparentemente se despobló a lo largo del período colonial, lo que permitió que se considerara como un posible frente colonizador en el siglo XIX.

 

A la izquierda: eldeterioro de la fachada permite ver los materiales de construcciónde esta casa en Salento,
Quindío.

Lo que hoy se conoce sobre la arquitectura de la colonización antioqueña o la arquitectura popular tradicional de la región cafetera central o “eje cafetero” se basa en la existencia de centros poblados y viviendas campesinas dispersas que muestran rasgos de semejanza y diferenciaciones particulares entre la arquitectura urbana y la rural en las regiones pobladas del eje cafetero y también en las subregiones de cada departamento. La guadua, como material de construcción, es el denominador común de esta arquitectura popular tradicional, en particular en los departamentos de Caldas, Quindío y Risaralda, en cuyos territorios se encuentran grandes extensiones de guaduales. El repertorio tipológico de las viviendas urbanas y rurales es compartido. Las diferencias provienen de los rasgos singulares que se advierten en las estructuras de las cubiertas y en los motivos ornamentales. Hay diversidad dentro de la unidad.

Arriba: los elaborados trabajos de carpintería en las ventanas y puertas y el uso de colores contrastantes son característicos en La arquitectura de la región.

La casa rural más frecuente en la cultura de la colonización antioqueña es la del minifundio cafetero, establecido desde finales del siglo XIX en la región. Sus tipos básicos son muy sencillos: unidades lineales o en ángulo, con corredores por uno o dos costados y habitaciones alineadas y comunicadas entre sí. Los muros de estas viviendas son en bahareque de guadua y las cubiertas en teja de barro, sostenidas por estructuras de madera o de guadua. Existen interesantes diferencias tipológicas, constructivas y estéticas entre las viviendas campesinas cafeteras del departamento de Antioquia y las de Caldas, Quindío y Risaralda. Aun cuando en todas ellas se emplea la guadua como material de construcción, en las viviendas antioqueñas la estructura de las cubiertas en teja de barro se hace con maderas aserradas y la guadua se emplea como soporte de los muros de bahareque.

Elaborado trabajo de madera en el balcón de una casa en cercanías de Pereira.

El cultivo del café dio origen a diferentes tipos de estructuras para el lavado y el secado del grano. Para responder a estas necesidades se desarrolló un tipo especial de vivienda cafetera, la casa “Helda”, cuya particularidad principal es la de tener un techo corredizo en zinc que permite, al desplazarse, dejar al descubierto una plataforma de madera en la cual se dispone el grano de café para ser secado por el sol. Esa misma plataforma sirve como cielo raso de los espacios internos de la casa, funcionalmente adaptada a las necesidades de la economía familiar del café.

Calle en Jardín, Antioquia.

La casa urbana heredada de la colonización antioqueña deriva en su estructura espacial de la influencia hispánica evidenciada en su organización en torno a un patio lateral y en su construcción en el empleo de la teja de barro y se separa de esta herencia en el empleo del bahareque de guadua como material de soporte y cerramiento. Las estructuras en guadua de las viviendas rurales y urbanas de Caldas, Quindío y Risaralda son ejemplos muy interesantes de solución al problema planteado por la topografía montañosa. Las viviendas se soportan, en algunos casos, sobre enormes andamios que alcanzan hasta tres o cuatro pisos de altura. La flexibilidad de las estructuras permite una buena respuesta sísmica, al punto tal que esta cualidad ha sido considerada por algunos autores como la razón de ser de la expansión de la construcción de guadua en la región. Esta tradición arquitectónica se encuentra actualmente vigente y suscita un gran interés en los sectores profesionales del país.

 

Casa construida en guadua y madera enSalento, Quindío.

 

Una característica particular de las viviendas urbanas tradicionales en los departamentos de Antioquia, Caldas, Quindío y Risaralda es el trabajo ornamental de sus fachadas y del interior de sus recintos, en el que se destaca el trabajo de la madera en puertas, ventanas y balcones y también en calados y celosías finamente trabajados. A ello se añade el empleo de colores vivos y contrastantes que completan el cuadro de los valores estéticos de esta arquitectura. Lejos de ser uniforme, la ornamentación de las viviendas se particulariza en cada subregión e incluso en cada localidad de esta gran región cultural. En este sentido, se encuentran valiosos ejemplos, en especial, Jericó y Jardín en Antioquia; Salamina y Neira en Caldas; Guática en Risaralda; y Calarcá, Salento y Filandia en Quindío, amén de muchas otras cabeceras municipales que aún conservan parte de su arquitectura tradicional.

Las construcciones se ajustan al pronunciado declive del terreno.Casa en Salento,Quindío.

El empleo de la guadua y de la madera en la región cafetera no se limita a la construcción de viviendas. Hay ejemplos notables de estructuras en guadua y madera en las iglesias de algunas cabeceras municipales y de ciudades como las ya mencionadas anteriormente. Un valioso y exhaustivo estudio de todo este fenómeno cultural fue realizado por el arquitecto Néstor Tobón Botero, publicado en cinco grandes tomos por Villegas Editores entre 1985 y 1990 y recientemente reeditado.

Detalle de ventanas y aleros, Salento,,Quindío.

 

 

Bibliografía

 

  1. Parsons, James. La colonización antioqueña en el occidente de Colombia. Bogotá, Carlos Valencia Editores, 1979.
  2. Palacios, Marco. El café en Colombia (1850-1970). Bogotá, Editorial Presencia, 1979.
  3. Robledo, Jorge Enrique y Samper, Diego. Un siglo de bahareque en el Antiguo Caldas. Bogotá, El Áncora Editores, 1993.
  4. Tobón Botero, Néstor. La arquitectura de la colonización antioqueña, tomos I a V. Bogotá, Villegas Editores, 1985-1990.