17 de septiembre del 2019
 
Monumento a José Ignacio Barberi, fundador del Hospital de la Misericordia para niños desamparados, 1926
Septiembre de 2016
Por:
Ximena Pachón y Cecilia Muñoz

LA PROTECCIÓN A LA NIÑEZ: PRIORIDAD DE LAS OBRAS SOCIALES EN EL SIGLO XX

Ante la pobreza, la orfandad y el desamparo de la niñez bogotana a comienzos de siglo, las autoridades, los médicos y las damas caritativas lograron crear toda una red de instituciones para atender a los niños desde su nacimiento hasta la capacitación en algún oficio.

Hacia 1920, el doctor Agustín Nieto Caballero hizo un inventario de los recursos institucionales que le permitían a la sociedad atender a la niñez desvalida. Algunas de ellas eran la Gota de Leche para atender a los recién nacidos, el Hospicio donde se atiende a los niños expósitos, las escuelas de San Vicente, las del Círculo de Obreros y las escuelas públicas donde se educa a los niños pobres. Los Restaurantes y las Cajas escolares suplen las necesidades de alimentación y ropa a los niños menos favorecidos. En el Hospital de la Misericordia y en el Dispensario Luis Montoya se atienden los niños enfermos que carecen de recursos. En los asilos de San Antonio y San José se capacita a los niños en labores agrícolas y en el Lorenzo Cuéllar se les da refugio y alimentación. En la Casa de la Preservación, en la Protectora de Niñas, en el Sindicato de la Aguja, en la Asociación de Caridad, en la Unión Benéfica de Chapinero, en el Asilo de las Aguas, en la Colonia de Santa Teresa, se capacita a las niñas huérfanas y abandonadas en labores domésticas y se les ofrece refugio y alimento.

Monseñor Emilio de Brigard Ortiz con un grupo de voluntarias de la Casa de la Madre y el Niño

 

En el Oratorio Festivo se llevan a cabo actividades de recreación para los niños pobres. En el Patronato de Presos se cuida a los hijos de los reclusos. El Club Noel, las Cajas Escolares, la Asociación del Niño Jesús y los Roperos de la Doctrina reparten ropa y juguetes para los niños pobres. Las damas del Círculo de Obreros se ocupan de la atención de las familias en los arrabales de la ciudad. El dormitorio del doctor Emilio Valenzuela da refugio a los niños callejeros y la Casa de la Señorita Fonseca recibe niñas huérfanas que requieren de un techo para dormir. El Taller de Artes y Oficios atendía menores hijos de obreros y capacitaba a la futura clase trabajadora. La Obra del Niño Jesús recogía a los niños que dormían en la calle y en los zaguanes de las casas. La Casa de Menores de Paiba reeducaba en talleres de capacitación a los pequeños niños delincuentes. La mayoría de los asilos eran atendidos porcomunidades religiosas y en algunos de ellos se les educaba bajo sistemas de organización militar: eran cuarteles habitados por pequeños soldados equipados con fusiles de madera y sable de latón.

Con el fortalecimiento y la diversificación del Estado y con la aparición de un sistema tributario que le permitió adquirir fondos propios, comenzaron a desarrollarse programas especiales para atender las necesidades de salud, educación, bienestar y protección a la infancia. Se destinaron auxilios para asegurar cupos y apoyar instituciones como la Casa de la Madre y el Niño, el Amparo de Niños, Hogares Club Michín, El Redentor, la Casa de la Treinta, las Granjas del Padre Luna y múltiples refugios, sala-cunas y jardines infantiles que fueron surgiendo con el correr de los años. Se creó el programa de vivienda del Instituto de Crédito Territorial para atender las necesidades de techo de las familias más pobres y se organizó el Instituto de Seguros Sociales para amparar a las familias de los obreros y de los empleados.

El padre J. Iván Cadavid G., creador de la granja autosuficiente, con un grupo de niños de sus Hogares Juveniles Campesinos

 

A mediados del siglo, las señoras de los presidentes de la República y de los alcaldes iniciaron desde su posición de primeras damas la creación de nuevos centros de atención a la infancia. El Hospital Infantil fue creado por Lorencita Villegas de Santos, Sendas estuvo a cargo de la hija del general Rojas Pinilla y se constituyó en la primera entidad nacional a cargo de la niñez. Estas mujeres notables no sólo intervinieron en la creación de las instituciones, sino que se convirtieron en presidentes de las juntas directivas encargadas de la administración de las nuevas instituciones.

Agustín Nieto Caballero, promotor de las Cajas Escolares de Bogotá, entrega 200 vestidos a un grupo escolar de San Victorino, en julio de 1920

 

La aparición de la clase obrera y de las organizaciones sindicales, con orientación política, el surgimiento de una conciencia de clase obrera, con énfasis en acciones de grupo orientadas a modificar las reglamentaciones laborales de las empresas particulares y estatales contribuyeron a la modificación de la atención a la niñez. Aparecieron los subsidios familiares, los subsidios escolares, los jardines infantiles de empresa. Los programas de atención a la niñez surgieron como un derecho propio de los trabajadores.

Finalmente, Bienestar Social del Distrito, las Defensorías de Menores, los Hogares Comunitarios, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar y el Plan Nacional de Atención a la Infancia representaron la consolidación de un interés estatal por atender todas las necesidades de prevención, protección y rehabilitación infantil.

María Michelsen de López en el Amparo de Niños Abandonados, 1936

 

A las puertas del siglo XXI, la quiebra de las instituciones financieras y el empobrecimiento fiscal del Estado repercutieron directamente sobre el sector de atención a la infancia en manos de particulares. Es de temerse que muchas de las instituciones se vean obligadas a cerrar sus puertas por carecer de recursos para cubrir sus necesidades. Aquellas que sobrevivan a la crisis tendrán que apelar a la responsabilidad ciudadana, concepto laico actual que remplazó al de caridad religiosa de principios de siglo.