19 de octubre del 2019
 
“Le chin-chin”. Grabado realizado a partir del croquis del autor. Tomado de Promenade, Autour du monde, 1871, de M. Le Baron de Hübner.
Septiembre de 2014
Por:
César Augusto Ayala Diago Ph.D y magíster en historia, Universidad Estatal de Moscú M.V. Lomonosov. Profesor e investigador, Departamento de Historia, Universidad Nacional de Colombia

LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL EN ORIENTE

Se conoce con el nombre de El despertar de Asia al período vivido por ese continente en los años previos a la Primera Guerra Mundial. Se trató del proceso por el cual las élites intelectuales asiáticas empezaron a tomar conciencia de la urgencia de independizarse de sus metrópolis. El despertar de Asia es el resultado también de un proceso de ilustración y de intercomunicación y de transferencias entre los intelectuales orientales y los occidentales. Conocer la cultura europea fue importante para la intelectualidad asiática. Las relaciones e intercomunicaciones entre oriente y occidente fueron siempre dinámicas, no obstante, la expoliación a la que eran sometidas las colonias. Los intelectuales se emulaban recíprocamente. Ambas partes destacaban valores mutuos. Una idea nacida en la cultura europea podía ayudar a los objetivos de liberación de los orientales, y los occidentales avanzaban en su pensamiento gracias a su capacidad de reconocer en Asia los valores de sus filosofías milenarias.

Mapa político de Asia en 1914 publicado por Rand McNally. Los europeos se habían dividido la geografía asiática así: el imperialismo británico dominaba en la península indostánica: India, Paquistán y Birmania. Tenía también dominios en Malasia e Indonesia. Los franceses eran los dueños de Indochina. Los Estados Unidos de América se habían apoderado de Filipinas en 1898. Alemania había establecido su base militar en el
puerto de Tsingtao, China.

El concepto de desobediencia civil había nacido en Estados Unidos y había pasado por Rusia hasta llegar a la India, por ejemplo. La interrelación (acercamientos y choques, amores y odios) entre esos dos mundos: el de los colonialistas y el de los colonizados produjo un intelectual que ataviado con la misma cultura del colonizador logró redescubrir y enriquecer la suya propia; y fortalecido con las dos asumió la lectura del proceso histórico y definió su papel como líder del Movimiento de Liberación Nacional. El conocimiento que tenían de Europa los intelectuales orientales, les permitió también conocer la desigualdad, la expoliación y sus métodos para librarse de ella. Encuentros y desencuentros con Europa les inspiró pensar y organizar mejor el destino de sus propios países.

Era el momento en que el nacionalismo identificaba tanto a occidentales como a orientales. Con trompetas se anunciaba la guerra. La naturaleza del nacionalismo oriental, sin embargo, era distinta a la del occidental. Mientras en Europa se trataba de un chovinismo, en Asia tenía aires de una estrategia para conseguir la aplazada unidad de los países y con ella su independencia. Si los estados europeos necesitaban el nacionalismo chovinista para salir del estrecho saco del Estado nación, los asiáticos se aferraban a él para introducirse y sostenerse como estados nacionales. Por ello, para Indonesia,

La división política de India bajo el imperio británico. Mapa de 1909.

 

India o China eran múltiples las tareas que tenía que realizar el nacionalismo: establecer una lengua común, unir regiones, religiones, culturas para desembocar en la creación del Estado nacional independiente. Solo que los tiempos que corrían no daban para que las cosas ocurrieran como en los tempranos años del capitalismo europeo. Ahora, la guerra mundial en configuración podía convertirse en Asia en guerras de liberación nacional, y en los más avanzados en revolución socialista.
El nacionalismo, o mejor, la toma de conciencia sobre la necesidad de la independencia, les sirvió a los orientales para alistarse en su conquista. La Primera Guerra Mundial no sorprendió a Asia de brazos cruzados. Desde finales del siglo xix y sobre todo después de la revolución rusa de 1905 un alud de movimientos políticos, de asociaciones secretas y de partidos se precipita inconteniblemente sobre los países en los cuales el capitalismo nacional había entrado en competencia plena con el de las metrópolis. En todas las regiones asiáticas la Gran Guerra tendrá el acompañamiento de grandes movimientos de resistencia. En Indonesia, por ejemplo, la religión cumpliría cabalmente su papel de religar. Entre 1905 y 1912 se crearon el Sarekat Islam (Unión del Islam) y el Partido Indio (Indonesio) que se convirtieron en las organizaciones nacionales más importantes del país. Eran la expresión de los sectores del comercio y de la industria nacionales, y contra ellos el colonialismo holandés emprendió su liquidación.
Se creó el Congreso Nacional en la India, Unidad y Progreso en Turquía, la Unión de Defensa del Estado y la Sociedad del Renacimiento de la China, etc. Una ola de protestas escalonadas se produjo en Asia: Irán 1905–1911, Turquía 1908–1909, China 1911–1913, India 1904–1907. Y se cuentan también logros locales en favor de la construcción de los estados nacionales asiáticos. En China se derrocó el despotismo de la dinastía manchú y se proclamó la República en 1911; en Irán se estableció un régimen monárquico-constitucional, en Turquía se reinstauró la Constitución de 1876. En la India el poder británico se vio obligado a reformas en favor de las burguesías locales; y se presentó la emergencia y radicalización de organizaciones políticas incluso socialistas.
Y eran los imperios amos y señores de la inconmensurable Asia. Los europeos se habían dividido su geografía así: el imperialismo británico dominaba en la península indostánica: India, Paquistán y Birmania. Tenía también dominios en Malasia e Indonesia. Los franceses eran los dueños de Indochina. Los Estados Unidos de América se habían apoderado de Filipinas en 1898. Alemania había establecido su base militar en el puerto de Tsingtao, China. El desenlace de la Primera Guerra Mundial en el extenso y anhelado territorio de Asia se presagiaba dramático y sangriento. Se trataba de una inmensidad, casi infinita: el Frente Oriental y en él otros frentes hasta llegar al océano Pacífico. El frente oriental próximo estaba localizado entre Europa central y Europa oriental. Su beligerancia correspondía al significado estratégico que tenía Prusia oriental para los imperios ruso y alemán. Allí los ejércitos rusos contaban con los reputados generales Paul von Rennenkampf y Alexander Samsonov. A su vez los alemanes contaban con Maximilian von Prittwitz y Hermann von François. Los parcos resultados de los comandantes alemanes en Prusia oriental catapultaron a Paul von Hinderburg.
 

Fotografía aérea de la ciudad de Hohenstein-Tannenberg, hoy Olsztyn en Polonia, después de los bombardeos. Colección Library of Congress, Washington, D. C.

 

La Primera Guerra Mundial había comenzado el 28 de julio. Dos días después los rusos movilizaron sus ejércitos, y el primero de agosto Alemania declaró la guerra a Rusia. Entre las múltiples batallas, unas más decisivas que otras, es importante destacar algunas en el orden cronológico de la guerra. Las de Stalluponen (Lituania actual), Gumbinnen (Gusev actual, Rusia), y la de Tannenberg (hoy Olsztyn, Polonia), por el dominio de Prusia oriental. No obstante que la estrategia militar alemana apuntaba a dominar primero occidente (Plan Schlieffen), los alemanes se vieron obligados a frenar las pretensiones de Rusia sobre Prusia oriental iniciándose así la guerra con oriente. La batalla de Stalluponen tuvo lugar durante los días 17 y 23 de agosto de 1914, la segunda, la de Gumbinnen transcurrió el 20 de agosto y fue vista como parte de la anterior; y la tercera sucedió entre el 26 y el 30 de agosto. Prácticamente un mes después de iniciada la guerra. La medición de fuerzas favoreció en la primera batalla a Alemania. En la segunda el ejército ruso obligó a los alemanes a replegarse, pero en la tercera, en la de Tannenberg, tomó la delantera Alemania. Fue esta la primera gran derrota de los ejércitos rusos en la Primera Guerra Mundial. Su desenlace mostró que Rusia no estaba preparada para la guerra. Si bien contaba con recursos humanos muy numerosos, la infraestructura, sobre todo la vial (férrea), no le permitiría competir con los ejércitos alemanes.

Oficiales rusos capturados en la región de los lagos Masurianos. Fotografía Bain News Service, ca. 1915. Colección Library of Congress, Washington, D. C.

 

Vino luego la batalla de los Lagos Masurianos (actual Polonia), entre el 9 y el 14 de septiembre, cuyo resultado fue la expulsión definitiva del imperio ruso de los territorios que los alemanes consideraban suyos. Empero, mientras los rusos eran derrotados aquí, consiguieron derrotar al imperio austro-húngaro en la batalla de Galitzia (entre Polonia y Ucrania) en septiembre, lo mismo había acontecido en la batalla de Lemberg, en la actual Leópolis, en Ucrania.

Prisioneros rusos tártaros, Kirgises, es decir, de Kirguistán. Fotografía Bain News Service, ca. 1914-1915. Colección Library of Congress, Washington, D. C.

 

Cañones rusos capturados durante la segunda batalla de los lagos Masurianos, en Prusia Oriental. Fotografía Bain News Service. Colección Library of Congress, Washington, D. C.

 

El imperio otomano, aliado de Alemania y Austria, había entrado a la guerra en octubre. Dura fue la confrontación entre los imperios ruso y otomano. En noviembre de 1914 las tropas turcas avanzaron sobre Irán con el propósito de establecer bases contra Rusia. Se destaca aquí la batalla de Sarikamis en los comienzos de enero de 1915, la más importante desencadenada en el Cáucaso durante la Gran Guerra. Aquí el zarismo le propinó contundentes derrotas a los turcos que acusaron a los armenios de ayudar a los rusos. Por esta razón el 24 de abril de 1915 el ejército turco atacó a la Armenia rusa. Los rusos consiguieron someter las fuerzas turcas que en su desbandada asesinaron a más de 500.000 armenios dando origen al genocidio armenio, el primero de la época contemporánea, anterior al holocausto judío de la Segunda Guerra Mundial. Hubo fuertes enfrentamientos en Irak, donde los ingleses fueron derrotados hasta que en la primavera de 1917 consiguieron tomarse Bagdad. Las confrontaciones por el estrecho de los Dardanelos se prolongaron hasta el 30 de octubre de 1918.

Batalla de Tsingtao, litografía japonesa de 1914. Dice la leyenda: “Ilustración de la guerra siberiana. El ejercito japonés ataca al ejército germano-austriaco cerca de Usri, Siberia”.

 

El conflicto tomó rápidamente un perfil mundial. Se desencadenaba sin pausa. El 23 de agosto Japón le declaró la guerra a Alemania. En esa dirección tuvo lugar la batalla de Tsingtao, en la actual China. La batalla se desencadenó entre el 13 de septiembre y el 7 de noviembre de 1914 dando como resultado la victoria de los aliados con Japón a la cabeza. La puja por este puerto militar, centro de las operaciones de la marina alemana en el Pacífico, fue la batalla más significativa en el frente del extremo oriente de la Primera Guerra Mundial. Significativa porque los aliados sentían seriamente amenazados sus intereses en esa región. Es eso lo que explica el acercamiento de los aliados con Japón y, finalmente, su adhesión. Pero ante todo marcó esta batalla la consagración de Japón como nuevo país imperialista. En enero de 1915, en calidad de ultimátum, Japón conminó a China a cumplir 21 exigencias que tenían como fin la conversión de China en semi colonia suya. Según el texto de las exigencias se legitimaban y ampliaban las conquistas japonesas en la anterior batalla contra las posesiones alemanas. Se ampliaba la esfera de influencia japonesa en Manchuria, en el oriente de Mongolia. El gobierno japonés se reservaba el derecho de colonización, el nombramiento de asesores financieros para sus inversiones; se prohibía a China otorgar concesiones a potencias extranjeras distintas a Japón. El gobierno chino quedaba sometido políticamente a los designios del nuevo dueño. El 9 de mayo, cuando el gobierno chino de Yuán Shi Kai aceptó cumplir las exigencias japonesas, se conoce como el “día de la vergüenza nacional”. Tras la trascendental batalla de Tsingtao, Alemania perdió su influencia directa en Asia y Japón se convirtió en la principal potencia en el continente asiático.

Yuan Shi Kai, presidente de China, 1915. Colección Library of Congress, Washington, D. C.

 

Finalmente: la mayor participación del oriente colonizado en la Primera Guerra Mundial tuvo que ver con el papel de las colonias como fuerzas de retaguardia no solo en recursos humanos sino también con la aportación de materias primas y productos de manufacturas para los frentes de combate. El imperialismo británico, por ejemplo, utilizó para sus fines la economía material y humana de la India. Miles de indios participaron al lado de Inglaterra en las batallas del cercano oriente, y sus recursos productivos fueron puestos al servicio de los intereses del Reino Unido en la guerra. Parecida fue la situación con otras colonias. Durante los años de la conflagración empeoró la situación económica de los países colonizados. Los campesinos padecieron la incautación de sus cosechas y de sus animales. Hubo un considerable aumento de impuestos que elevaron el costo de la vida, se extendieron las enfermedades y creció la pobreza. El nivel de vida de los trabajadores de las ciudades se vino abajo. Pero el mayor impuesto lo pagó Asia con su propia sangre. De los 10 millones de pobladores de Egipto, los ingleses movilizaron un millón y medio de hombres, muchos de ellos campesinos que llegaban del campo a la ciudad a buscar productos eran cazados y perseguidos para convertirlos en carne de cañón. Miles de campesinos chinos murieron al servicio de los aliados después de que el país le declaró la guerra a Alemania en 1917.

Defensores de Tsing Tau. Soldados alemanes, probablemente en el asedio de la ciudad puerto controlada por alemanes y atacada por fuerzas británicas y japonesas. Fotografía Bain News Service, ca. 1914. Colección Library of Congress, Washington, D. C.

 

Proceso dialéctico por demás, pues gracias a la guerra se desarrollaron las industrias nacionales de Asia y prosperaron los sectores de las burguesías locales. Es decir, avanzó la consolidación de los capitalismos nacionales. La industria textil de la India cubrió los frentes británicos de vestuario, lo mismo que la industria metalúrgica fue direccionada hacia la fabricación de material de guerra. La reorientación de la economía de las colonias, que jalonó el desarrollo del capitalismo, implicó un crecimiento del proletariado y a la vez una toma de conciencia sobre la necesidad de liberarse de los yugos coloniales.
El capitalismo desarrollado por el colonialismo había creado nuevas condiciones, y el proceso que advertía tal parto se vislumbraba dramático. Ahora, más que nunca, los idearios a favor del capitalismo se confundían con los idearios del socialismo. La estructura social de los países asiáticos exigía otras invenciones y el líder de este proceso emergería desde lógicas distintas a las del líder europeo. El aparato de dominación de las metrópolis se había sofisticado, el movimiento de liberación y sus líderes tendrían que llevar a cabo una lucha en dos frentes: uno interno, contra los sectores sociales aliados de las metrópolis, y el propiamente externo que les obligó a veces a alianzas estratégicas.
Grande fue la influencia de Rusia en oriente. No solo el imperio ruso mandaba y desmandaba. El auge revolucionario ruso desde la revolución de 1905 influía también sobre los países de toda la geografía asiática. Era como decir que simultáneamente con las batallas que los países imperialistas desarrollaban en sus frentes externos se desencadenaban confrontaciones internas. La más grande de ellas tuvo lugar en la capital del frente oriental: Rusia. Entre febrero y marzo de 1917 cambiaron drásticamente las cosas en el interior de Rusia. Una revolución democrático-burguesa había triunfado. El zarismo se vino a pique. El gobierno provisional, en cabeza de Kerenski, continuó la guerra pensando que ella podría garantizar la gobernabilidad del nuevo establecimiento ruso. La denominada Ofensiva Kerenski en el frente austro-húngaro en la zona de Bukovina (Galitzia), entre los Cárpatos y el río Bug no produjo los resultados esperados, pues los soldados estaban a la expectativa del proceso revolucionario que culminó con el triunfo de la revolución de octubre, cuyo primer paso fue el retiro de Rusia de la guerra. Las revoluciones de 1917, la de febrero y la de octubre, después forzaron no solo la culminación de la guerra sino también la radicalización del movimiento descolonizador de Asia que no paró hasta conseguir su victoria mucho después de la Segunda Guerra Mundial.