12 de diciembre del 2019
 
Puente de guaduas sobre el río de la Plata, frente a la ciudad, provincia de Neiva Manuel María Paz, 1857 Comisión Corográfica Biblioteca Nacional de Colombia
Noviembre de 2019
Por:
Santiago Paredes Cisneros* Arquitecto de la Universidad Nacional de Colombia, sede Manizales, Magíster en Historia y Teoría del Arte y la Arquitectura de la misma universidad, sede Bogotá, y Doctor en Historia de la Universidad de los Andes (Colombia).

LA PLATA

Su ubicación en un cruce de caminos convirtió a la población en una base estratégica para la Campaña del Sur, que fue la avanzada independentista que entre 1813 y 1814 confrontó a los ejércitos de la Corona, en la parte meridional del territorio que hoy es Colombia, con el objetivo de arrebatar Popayán y Pasto de manos realistas y avanzar hacia Quito.

 

El territorio en el que, a mediados del siglo XVI, las huestes castellanas fundaron La Plata, estaba ocupado por indios que los europeos llamaron yalcones. Según algunos estudios arqueológicos efectuados en el valle del río La Plata, la formación sobre la cual se asienta el poblado, allí residieron sociedades que, desde inicios del primer milenio de nuestra era, conformaron poblaciones regidas por caciques, las cuales creaban asentamientos alrededor de centros funerarios. Esas sociedades prehispánicas, cuya existencia transcurrió de forma paralela a las culturas de San Agustín y Tierradentro, dejaron, entre otros testimonios, elaboradas estatuas de piedra. Se desconoce la relación que las sociedades prehispánicas del valle de La Plata tenían con los indígenas que se encontraron con los españoles, lo cual no limita la posibilidad de que los yalcones, hábiles alfareros y practicantes de complejos rituales funerarios, hayan estado relacionados con las sociedades más antiguas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Como tantos otros poblados coloniales, la ciudad fue destruida y refundada en varias ocasiones. La villa fue establecida en el valle del río La Plata en 1551 como San Bartolomé de Cambis, nombre con el que se conocía al río La Plata. Su fundador fue Sebastián Quintero, vecino de Popayán, teniente de Sebastián de Belalcázar. En 1552, debido a las vetas de plata encontradas en un cerro próximo al emplazamiento inicial dentro del mismo valle, Quintero decidió trasladar la población y refundarla, junto a ese yacimiento, con el nombre de San Sebastián de La Plata. De acuerdo con el padre Justo Ramón, el nombre de San Sebastián pudo haber sido una referencia al santo que murió asaetado, como una forma de conjurar los ataques de los indios, quienes usaban flechas y lanzas.

 

Las refundaciones se debieron también a otras razones. Así, en La Plata surgió el levantamiento de Álvaro de Oyón en contra de la Corona. En 1553, Oyón se opuso a las Leyes Nuevas, promulgadas en 1544, a través de las cuales la Corona pretendía regular la encomienda, institución mediante la cual los españoles se beneficiaban del tributo y del trabajo de los indígenas. Oyón, quien estaba avecindado en La Plata, destruyó el poblado, así como Timaná y Neiva, antes de avanzar sobre Popayán, ciudad en la que fue capturado y ejecutado con la mayor parte de su hueste. Después de ese levantamiento, el asentamiento fue reconstruido, aparentemente en el mismo lugar, por Bartolomé Ruiz, en 1544. Fue destruido otra vez en 1577, por un ataque de los indios pijaos (probablemente aliados con paeces, andaquíes y yalcones). Por último, la población fue refundada en 1651 por Diego de Ospina, en el lugar en el que se asienta hoy.

 

Es difícil establecer el momento en el que la villa, denominación con la que está asociada La Plata en buena parte de la documentación del siglo XVI, pasó a recibir el título de ciudad. Al parecer, el poblado comenzó a ser llamado “ciudad” a finales de la década de 1580, por lo que esa nueva categoría, así como los privilegios que venían asociados con ella, pudo haber estado aparejada con alguna de las refundaciones.

Estatua prehispánica procedente del sitio de Moscopán, llevada a Popayán por Henri Lehmann a inicios de la década de 1940 Museo de Historia Natural, Universidad del Cauca, Popayán. FOTO CRISTÓBAL GNECCO, 2019

 

 

 

A lo largo del período colonial, La Plata controló un amplio territorio jurisdiccional, que cubría el valle en el que estaba asentada la población y que podría delimitarse por lo que hoy se conoce como la Serranía de Yarumal y el río Páez al norte, la serranía de los Coconucos al occidente y la Serranía de las Minas al suroriente. Junto con las primeras fundaciones de la villa de Timaná (1538) y la ciudad de Neiva (1539), que corrieron una suerte similar en cuanto a destrucciones y traslados, la fundación de La Plata hizo parte de la avanzada militar sobre el territorio del Alto Magdalena que efectuaron algunas huestes enviadas desde de Popayán, para afianzar territorios en los que la incidencia de la Corona aún era tenue.

La jurisdicción de La Plata, al igual que el resto del Alto Magdalena, fue objeto de una compleja administración durante el período colonial, cuyos rasgos generales merecen ser descritos. A comienzos del siglo XVII, distintas ofensivas militares fueron enviadas desde las ciudades de la Gobernación de Popayán y del Nuevo Reino de Granada, con el fin de doblegar a los indios paeces y pijaos, que aún combatían contra los españoles. Una vez derrotados los indios, las autoridades del Nuevo Reino crearon la Gobernación de Neiva en 1612, territorio que abarcó la mayor parte del Alto Magdalena y quedó dentro de la órbita jurisdiccional de la Audiencia de Santa Fe para los asuntos civiles. Como resultado, la incidencia de Popayán sobre la vertiente oriental de la Cordillera Central, si bien no desapareció, quedó debilitada. Solamente Tierradentro, que hace parte de la cuenca del Alto Magdalena, siguió estando dentro de la Gobernación de Popayán, aunque las huestes procedentes de esa jurisdicción no habían logrado fundar un poblado de españoles en ese macizo montañoso. Aún así, el Alto Magdalena quedó incorporado al Obispado de Popayán, como lo había estado desde mediados del siglo XVI. En ese escenario, los pobladores del territorio provincial de La Plata estuvieron en contacto permanente con autoridades procedentes de Popayán y Santa Fe, lo cual generó múltiples conflictos.

Tejedoras de sombreros de jipijapa, provincia de Neiva Manuel María la Paz, 1857 Comisión Corograáfica Biblioteca Nacional de Colombia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los turbulentos inicios del poblado condujeron a su rápido estancamiento. En esas condiciones, durante la segunda mitad del siglo XVI, la cantidad de habitantes españoles en La Plata fue reducida y la explotación de las minas, inconstante. Así, en 1560, en el poblado residían 24 vecinos encomenderos, cantidad relativamente baja si se la compara con la de otras jurisdicciones. Además, la explotación de las minas fue irregular, pues se hacía sin los materiales ni las técnicas adecuados. Como consecuencia, las minas fueron abandonadas en 1585. Desde luego, fue un territorio de gran riqueza mineral, pero los yacimientos no fueron explotados de manera sistemática bajo la administración colonial. En síntesis, la producción minera de La Plata resultó ser muy distinta al porvenir que los españoles habían vislumbrado en el siglo XVI. En ese sentido, son llamativas las leyendas acerca de la riqueza de esa ciudad. Por ejemplo, fray Juan de Santa Gertrudis, quien estuvo en La Plata en 1756, comentó sobre el nombre del poblado que “tomó esta denominación de la mucha riqueza que tuvo antiguamente, en donde cuenta aquella gente que la iglesia estaba tan alhajada de alhajas de plata, que hasta la campana mayor de la parroquia era de plata”. Muchas otras apreciaciones recogen ideas similares sobre una riqueza que parece haber sido más ilusoria que real.

 

El poblado continuó su existencia, en gran parte, gracias a que era un importante cruce de caminos. Cerca de La Plata pasan varios de los caminos que servían para remontar la Cordillera Central, como el de Iznos y otros que cruzan los páramos de Las Delicias y de Moras. Además, el camino de Guanacas pasaba por La Plata y permitía el tránsito entre Quito, Popayán y Santa Fe. Por lo tanto, la ciudad se consolidó, desde comienzos del siglo XVII, como lugar de alojamiento para pasajeros y mercaderes. En el mismo sentido, a mediados del siglo XVIII, el comercio en La Plata se fundamentaba en el alquiler de mulas y en el transporte. Debe tenerse en cuenta que algunos vecinos de la ciudad tenían estancias dedicadas al cultivo de caña de azúcar, así como a la ganadería, cuya producción se llevaba hasta Quito y Santa Fe. Por entonces, en el poblado vivían unos 2.000 españoles, además de indios y mestizos.

 

FOTO ARMANDO KANELA 2012 / CC3.0

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Su ubicación en un cruce de caminos también convirtió a la población en una base estratégica para la Campaña del Sur, que fue la avanzada independentista que entre 1813 y 1814 confrontó a los ejércitos de la Corona, en la parte meridional del territorio que hoy es Colombia, con el objetivo de arrebatar Popayán y Pasto de manos realistas y avanzar hacia Quito. Las tropas al mando de Antonio Nariño, procedentes de Santa Fe, tenían en La Plata el cuartel general de las provincias de la Nueva Granada. Allí se refugiaron antes de combatir y vencer en la Batalla del Alto Palacé en 1813, enfrentamiento que obligó a Juan Sámano a abandonar Popayán. La Plata también fue escenario de una de las derrotas de los ejércitos independentistas. En efecto, en 1816, cuando los españoles entraron a retomar el territorio neogranadino, Carlos Tolrá venció al contingente patriótico que estaba en el lugar. El hecho de que después de esos acontecimientos hubiera seguido siendo disputada por los dos bandos hasta la Independencia da cuenta de la importancia de la ubicación de la ciudad.

 

Monumento a las fiestas de San Pedro / Álvaro Zarama, 2008. FOTO RONALD HURTADO, 2014.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Además de su importancia en la Colonia y en la transición a la república, La Plata se destaca en la actualidad por otras razones. Por ejemplo, el Festival Folclórico y Sampedrino, que desde 1958 se celebra anualmente a finales del mes de junio, es reconocido por acoger un amplio despliegue de baile y música. En la misma vía, la fabricación de sombreros de diferentes fibras vegetales, tradición que se remonta, por lo menos, al período colonial, es una de las actividades artesanales más célebres. Asimismo, el turismo ambiental es otro de los atractivos que han permitido al municipio darse a conocer en épocas recientes. Por último, los vestigios de la cultura prehispánica, como los que se encuentran en los sitios de Aguabonita y Moscopán, representan un importante foco de atención. El recuerdo de esas sociedades antiguas, que apenas están comenzando a ser exploradas, es uno de los principales referentes culturales de los plateños de hoy.

 

Templo de San Sebastián y parque central de la Plata. 

 

 

 

     

 

      Biografia:

  • Justo Ramón, “Las tres Platas”, Boletín de la Sociedad Geográfica de Colombia 21, n.º 77-78 (1963), p. 6.
  • Lucas Fernández de Piedrahita, Historia general de las conquistas del Nuevo Reyno de Granada, Imprenta de Juan Baptista Verdussen, Amberes, 1688, t. 1, pp. 516-518.
  • Carlos Ramón Repizo Cabrera, “San Sebastián de La Plata”, Boletín de la Sociedad Geográfica de Colombia 34, n.º 114 (1979), p. 2.
  • Bernardo Tovar Zambrano, “Conquista española y resistencia indígena. Las provincias de Timaná, Neiva y La Plata durante el siglo XVI”, Bernardo Tovar Zambrano, Guillermo González Otálora y Gabriel Castro Rouillé (eds.), Historia general del Huila [1995], 6 vols., Gobernación del Departamento del Huila / Academia Huilense de Historia / Fondo de Autores Huilenses, Neiva, 2005, t. 1, p. 283 y 286-287.
  • Juan de Santa Gertrudis [fray], Maravillas de la Naturaleza [1756-1767], Biblioteca de la Presidencia de Colombia, Bogotá, 1956, t. 1, 117.
  • Juan de Santa Gertrudis [fray], Maravillas de la Naturaleza, pp. 118-119.