12 de diciembre del 2018
 
José Celestino Mutis. Óleo de Pablo Antonio García del Campo, ca. 1805. Colección Museo Nacional de Colombia. Reg. 546.
Enero de 2016
Por:
José Antonio Amaya, Doctor en historia, Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales, París. Coordinador del programa de pregrado en historia y profesor, Universidad Nacional de Colombia. Asistente de investigación: Julián Leonardo Rendón Acosta

LA OBRA GRÁFICA DE LA EXPEDICIÓN BOTÁNICA DEL NUEVO REINO DE GRANADA (1783-1816)

Passiflora laurifolia. Lámina de la Expedición Botánica (1783-1816).

 

A su arribo a América Hispana en 1760, José Celestino Mutis (1732-1808) introdujo las teorías de Linneo, primer lenguaje universal para describir y clasificar la naturaleza. Imposibilitado para fundar en Madrid un gabinete de historia natural (1763 y 1764), el joven médico continuó la Historia natural de América que había comenzado por iniciativa propia. Integraban sus primeras colecciones los ejemplares de herbario y las descripciones de plantas que juzgaba nuevas botánicamente. El santafereño Pablo Antonio García del Campo (1744-1814), pintor de la corte virreinal, el primero en aprender de Mutis a representar científicamente la naturaleza, ejecutó su obra gráfica (láminas y óleos) entre 1770 y 1776. En sus envíos a Suecia, Mutis incluyó 23 dibujos (44 x 27,5 cm c/u) de García del Campo, que a Linneo le parecieron “magníficos”, y que fueron publicados en Londres por Sir James Edward Smith (1759-1828) en sus muy celebrados Plantarum icones (1789-1791). 

Barnadesia spinosa. Dibujo de Manuel José Xironza. Lámina de la Expedición Botánica (1783-1816).

 

Con las colecciones de Mutis se conformó el núcleo del gabinete de la Expedición Botánica creada en 1783. Con este motivo, Mutis determinó editar su obra en Santafé, dejándole a Madrid el cuidado de imprimirla, grabarla e iluminarla. El logro de este desafío le asignaba a América la responsabilidad científica y artística, y suponía la posibilidad de consultar herbarios de comparación, que la Expedición nunca tuvo, a diferencia de París, Londres o Viena, y bibliografía especializada, que sí logró acopiar y con éxito notable, movilizando redes y recursos personales de Mutis, cuya biblioteca puede equipararse en ciencias naturales con las mejores de su tiempo. Ahora se trataba de pintar todas las plantas del virreinato, desde la “hierba más humilde” hasta el “árbol más majestuoso”. Se adoptó el formato atlántico para los dibujos (54,5 x 38 cm), que resultó ser el definitivo, y se introdujo el color. La nueva etapa se inauguró con dos pintores; en 1791 la Expedición tenía 13, y en 1805 30. Ningún centro botánico del mundo ha contado con una plantilla de artistas tan numerosa y cualificada en los talleres más reputados de Santafé, Cartagena, Quito y Popayán. 

Malvastrum. Lámina de la Expedición Botánica (1783-1816).

 

Los pintores eran oriundos del Nuevo Reino (el peninsular Sebastián Méndez dibujó ocho láminas). Algunos precisaban sus raíces adornando sus firmas con el atributo americanus pinxit (pintor americano). Vivieron a cuerpo de rey hasta la muerte de Mutis. Se les pagaba por jornada trabajada, siendo el cuarto de hora la unidad de medida. La disciplina reinante en el Taller de Pintura permitió aprovechar al máximo la luz solar (10 horas diarias aprox.), minimizando los efectos de la chicha, el juego y otras situaciones de la vida afectiva, esperables en poblaciones masculinas en edad reproductiva. Los salarios de estos “aristócratas” entre los artesanos no les permitían grandes ahorros, aunque tampoco los disuadían de prestar sus servicios a la Expedición. “Cada lámina me cuesta mil suspiros” dijo Mutis alguna vez.

Aprovechando saberes americanos sobre vegetales y minerales locales, se logró estabilizar una gama cromática de trece fórmulas por lo menos, consignadas en el manuscrito Experimentos prácticos para la miniatura. Nuevas composiciones de los colores para la imitación del reino vegetal inventado en la Real Expedición Botánica (extraviado) de la autoría de Salvador Rizo (1762-1816), maestro del Taller de Pintura. Los azules y violáceos, por ejemplo, se obtuvieron del añil, el árnica, el espino pujón y otras plantas del reino; los verdes de la chilca. Las tinturas se mezclaban con aceites, gomas, amoniaco, vinagres de Castilla destilados, agua regia y disolventes para ennoblecer los colores y asegurar los matices. Francisco Javier Matís (1774-1851), miniaturista consumado, se especializó en las anatomías florales y de frutos, aspectos cruciales en la metodología linneana, fundada en el análisis de los órganos sexuales.

Las láminas, dibujadas sobre papel de algodón y lino importado de Europa, suelen presentar áreas al temple, a la acuarela y al miniado. Se pintaron a partir de modelos recién cortados procedentes de distintos pisos térmicos, con el criterio de representar profusamente los ciclos estacionales. Una lámina de la expedición debía contener en principio más y mejor información morfológica que una planta específica en un momento determinado de su desarrollo periódico. Esta familiaridad con el manto vegetal de la nación era tenido en alta estima por los neogranadinos ilustrados que señalaban las limitaciones de los itinerarios relámpago de exploradores extranjeros.

Hacia 1798 el sabio Mutis parecía determinado a publicar su obra en Santafé: para entonces se hallaba a la espera de una imprenta y acariciaba la idea de convertir en grabadores algunos de sus pintores, lo que desafortunadamente no logró. La propia España carecía de los recursos artísticos, técnicos y pecuniarios necesarios para publicar la Flora de Bogotá, respetando su formato y colorido originales. Hay que decir que ha pasado inadvertida la última voluntad de Mutis de conservar en Santafé la obra de la Expedición Botánica, “como eterno testimonio de las liberalidades del rey”.

El Real Jardín Botánico (Madrid) conserva desde 1817, 5607 láminas de la Flora de Bogotá, que pueden agruparse de la siguiente manera:

 

• Anónimas, 3961

• Firmadas, 1646

• Acuarelas, temple y miniatura, 3086

• Negras, 1139

• Sepias, 1352

• Lápiz, 30

• En formato menor, en su mayor parte anatomías o detalles de las plantas dibujadas en las anteriores, 1101

Abate Antonio José de Cavanilles. Óleo de Salvador Rizo, 1801. Colección Museo Nacional de Colombia. Reg. 549. Wigandia

 

Estas láminas representan unas 2696 especies y 26 variedades, procedentes del centro de Colombia: cerca de un 6% de la flora nacional y un 10-20% de la del planeta. Los 17000 pliegos del herbario asociado lo ubican entre los más grandes de su tiempo (el de Linneo en Upsala contaba con unos 10000 ejemplares); 707 descripciones y 118 observaciones contribuyen al valor científico de la colección. No se conoce en la historia un esfuerzo científico y artístico de esta envergadura.

Francisco José de Caldas. Litografía de José María Espinosa Prieto, ca. 1836. Colección Museo Nacional de Colombia. Reg. 1997.

 

La obra gráfica de la Expedición se revela espléndidamente sin agotarse en la Flora de Bogotá. Hay que saber que los pintores de aquel centro emprendieron la ilustración de dos obras inconclusas como la de Mutis: la Geografía de las plantas del virreinato de Santafé (trazos topográficos y vistas de los cortes de los Andes) de Francisco José de Caldas (1768-1816), y a la Fauna cundinamarquesa (mariposas, conchas, pájaros, etc.) de Jorge Tadeo Lozano (1771-1816). Además, con el gabinete de la Expedición llegaron a Madrid en 1817, 44 cuadros al óleo salidos del pincel del pintor quiteño Antonio Barrionuevo (extraviados hoy por hoy), 37 de ellos representando pájaros, mamíferos y serpientes, y los siete restantes cuadros de castas, con los tipos humanos del Nuevo Reino (españoles, criollos, indios, mestizos, negros, mulatos, etc.).

En 1760 Mutis inauguró un proceso de autonomía científica en el Virreinato de Nueva Granada. Convirtió la zona de sus investigaciones en territorio de saberes, educando naturalistas criollos y pintores de estratos modestos, que laboraron con independencia de España metropolitana. Su aproximación a la naturaleza y a las gentes de este país le revelaron posibilidades inéditas. La Real Expedición incitó a los criollos a apreciar y explorar su territorio, siendo las láminas el aspecto más impactante de este discurso. En la apropiación del pensamiento científico ilustrado y de las artes asociadas puede identificarse uno de los fermentos de la Independencia nacional. 

Espeletia sp. Lámina de la Expedición Botánica (1783-1816).

 

Las láminas de la Flora de Bogotá se han publicado, desde 1954 clasificadas conforme a la sistemática actual en la monumental Flora de la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada, bajo los auspicios de los gobiernos de Colombia y España. Hasta la fecha han visto la luz 36 volúmenes de 50 previstos originalmente. También pueden consultarse en la red: Proyecto de digitalización de los dibujos de la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada (1783-1816), dirigida por José Celestino Mutis: www.rjb.csic.es/icones/mutis. Real Jardín Botánico-CSIC.

Bibliografía

Amaya, José Antonio. “Ciencia, arte e independencia”, en Láminas de José Celestino Mutis, vol. 1, Madrid: Testimonio, 2012.

Amaya, José Antonio. Mutisiana mínima. Selección de 26 láminas de la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada, Madrid: Turner, 1986.

Amaya, José Antonio. Mutis, apóstol de Linneo. Historia de la Botánica en el virreinato de la Nueva Granada, 1760-1783, 2 t., Bogotá: Instituto Colombiano de Antropología e Historia, 2005.

González, Beatriz y José Antonio Amaya. “Pintores, aprendices y alumnos de la expedición Botánica, diccionario”, Credencial Historia, No. 74, 1996. 

Nieto Olarte, Mauricio. Remedios para el imperio. Historia Natural, la apropiación del Nuevo Mundo, Bogotá: Universidad de los Andes, 2006.

Nieto Olarte, Mauricio. La obra cartográfica de Francisco José de Caldas, Bogotá: Universidad de los Andes, 2006. Presenta además contribuciones de los profesores Santiago Díaz Piedrahíta y Jorge Arias de Greiff.