La Gruta Simbolica
Agosto de 2016
Por:
Juana Salamanca Uribe

LA GRUTA SIMBÓLICA: UNA ANÉCDOTA EN SÍ MISMA

En el atrio de la catedral de Bogotá se cruzaron un día el señor Pardo, caracterizado por su bajísima estatura, con el poeta Clímaco Soto Borda quien, levantándose su sombrero de coco lo saludó alegremente:

-Adiós Pardito...
El aludido, quien detestaba que le recordaran su pequeñez, reclamó airado y exigió que en el futuro no se usara el diminutivo para dirigirse a él. A lo que el poeta respondió:

-Ah, bueno, entonces.... Pardón
....
Un día al regresar de la guerra, se encontró Jorge Pombo con un parroquiano quien, para entablar conversación de dijo:

-Caramba señor Pombo yo no sabía que usted fuera hijo del poeta Rafael Pombo... 
A lo cual Jorge, sin inmutarse, mirándolo con picardía y retorciéndose el mostacho le repuso:

–Pues yo tampoco.

Si hay algo que pueda dibujar de cuerpo entero un movimiento como el de la Gruta Simbólica son los chispazos de sus personajes, de los que traemos a colación dos, para comenzar.

¿Cómo darle contexto a esta tertulia literaria –la más popular en la historia de nuestra capital– cuando de la Bogotá en que surgió nos separa un abismo? La distancia es apenas un siglo, pero parece un milenio. Prácticamente nada queda de ese villorrio que, para finales del siglo XIX conservaba de la Colonia, no sólo su fisonomía sino su estructura social y sus costumbres. Una vida cotidiana marcada por la precariedad, el aburrimiento y la espera de las primeras señales de la modernidad. Una ciudad agobiada por los signos inequívocos de la guerra que se libraba en distintos territorios de la nación.

Pero, a pesar del brutal aislamiento, que los bogotanos de hoy, tan conectados, juzgaríamos inconcebible, llegaban los ecos de la cultura europea. En su receta para vencer el tedio y para distraer el dolor de la contienda, los contertulios de la Gruta Simbólica hicieron una amalgama con los elementos de esa cultura foránea y los propios de la idiosincrasia bogotana.

Una noche, en toque de queda

Desafiando el toque de queda una noche del año 1900 vagaba por las calles de la ciudad un grupo de poetas; hacían escándalo cuando una patrulla quiso detenerlos. Explicaron que se dirigían a casa del médico Rafael Espinosa Guzmán para conducirlo a atender a un enfermo grave. La ronda aceptó a regañadientes la explicación y acompañó a los bohemios hasta la casa de Espinosa, quien los acogió hasta el amanecer y los salvó de pasar la noche en el cuartel. El episodio marca la iniciación de la Gruta Simbólica.

Desde entonces se formalizaron las reuniones, casi siempre en la casa de Espinosa, Conde de Chascarralia, mecenas del grupo. La rutina consistía el leer en voz alta poemas o textos en prosa –muchos de ellos improvisados– por los tertuliantes; representar comedias o sainetes; tocar y cantar bambucos o pasillos y beber grandes cantidades de licor, hasta la madrugada. Se mezclaba la poesía “seria” con piropos, chispazos, chascarrillos y calambures. En las sesiones solemnes se concedía grado en chistografía, o el título de Noctívago número 33, parodiando las ceremonias de la masonería. Y se cultivaban el arte de la conversación, tal vez perdido para siempre y un acendrado sentido de la amistad.

Había concursos de chispazos, batallas de sonetos, y campeonatos de siluetas bogotanas, como la de don Vicente Montero –famoso inventor de extrañas cosas, como la máquina de coger culebras– quien sentenciaba: “para coger culebras, primero es preciso ir donde las haya”. Y: “para hacer un cañón, la cosa es sumamente fácil: se coge un agujero y se forra en cobre”.

La Gruta Simbólica llegó a tener 60 miembros, entre activos, espectadores e invitados. Profesionales algunos, funcionarios y literatos de profesión. Tampoco faltaban los lagartos.

A la izquierda Bogotá a comienzos del siglo XX. Libro Azul de Colombia, 1918. A la derecha La gaité gauloise, La gata golosa

 

En la casa de Espinosa Guzmán se acondicionó un salón para las sesiones, decorado con objetos usados para las representaciones: floretes, puñales, guantes, capas, máscaras... “Lo más terrible de todo era una larga serpiente de caucho que sumergía su cola en un pequeño tonel, en el hueco de una ventana; erguíase en seguida a la altura de un metro o más; daba vuelta por el salón y terminaba en un extremo de él, en donde la tal serpiente, mediante un resorte, abría sus fauces de cobre y dejaba escapar una bocanada de sin igual ron costeño, espléndido presente de don Enrique Martínez Salcedo”, según Luís María Mora, Moratín, uno de los contertulios.

Otros lugares de reunión eran bares, cantinas, restaurantes o piqueteaderos: La botella de oro, La torre de Londres, La rosa blanca, La cuna de Venus y La gata golosa, como llamaban los parroquianos a La gaité gauloise (La alegría gala). El licor consumido dependía del anfitrión o del bolsillo: cerveza La Pita, Néctar, champaña o brandy Tres Estrellas. Pero lo cierto es que los miembros de la Gruta se bebían “hasta el agua de los floreros”.

La Gruta no fue simbólica

Apegados al romanticismo y a las formas clásicas, la gran mayoría de los miembros de la Gruta –por lo menos los más asiduos– rechazó las nuevas corrientes que, como la del simbolismo, surgían entonces. El mote de “simbólica” le fue impuesto de manera irónica luego de que Luís María Mora escribiera De la decadencia y el simbolismo, en el que arremetía contra el grupo integrado por intelectuales como Baldomero Sanín Cano, Guillermo Valencia, Ricardo Hinestrosa Daza y Víctor M. Londoño. “Era el orgulloso olimpo de los adustos predicadores de nuevos credos estéticos... Desde la cumbre gloriosa en que se habían situado veían con desdén la pobre multitud de poetas y escritores que melancólicamente aún transitaban por los viejos senderos”.

Los testimonios gráficos y escritos en los que aparecen miembros de uno y otro grupo nos permiten inferir que no pocas de estas discusiones tuvieron lugar en seno mismo de la Gruta.

Política guerra y humor agridulce

Los miembros de la tertulia eran en su mayoría, liberales y miembros del ala nacionalista del partido conservador, opuesta a los históricos en el poder. Algunos participaron en la guerra e, incluso, fueron huéspedes del Panóptico.

Al salir de esta prisión/ de la que soy cliente viejo,/ a todos ustedes dejo/ pedazos de mi colchón (Jorge Pombo).

La política, la guerra y la muerte, adobadas con el condimento del humor, están presentes en la producción literaria de la Gruta. El resultado es, con frecuencia, agridulce. Se evidencia una estrategia de defensa frente a la desgracia.

Los dos bandos del godismo/ difieren en lo esencial:/ en que con igual cinismo/ vende uno NACIONAL-ISMO/ y otro el ISTMO...NACIONAL (Jorge Pombo).

Pero la muerte fue patrimonio del poeta más popular de su tiempo, el chiquinquireño Julio Flórez. Con largo y negro gabán, sombrero de ala ancha y romántica melena recorría las calles a partir del momento en que el sol se ocultaba... Sus poemas, para muchos producto de una mente enferma, son suficientemente conocidos. Tal vez lo son menos sus paseos nocturnos al cementerio, con serenatas y declamaciones a los muertos y su costumbre de beber licor en un cráneo humano que conservaba en su cuartucho. Toda una leyenda se tejió alrededor del que hoy se hubiera considerado un perfecto satánico.

En su juventud, Flórez, llevado por su romanticismo escribió una Oda a Víctor Hugo, un verdadero adefesio, para muchos. Un día le dio por recitarla y recibió una silbatina descomunal.
Tras el suceso, alguien preguntó quienes habían silbado al poeta. A lo que Alfonso Caro respondió sin parpadear: Los miserables.

Casimiro de la Barra

¿Habrá un seudónimo más preciso que éste para un cronista de las sesiones del Congreso Nacional?, como fue Clímaco Soto Borda tal vez el personaje más representativo de la Gruta Simbólica, de cuyas crónicas está llena la prensa de la época, “el escritor festivo que dio de reír a una generación”, según lo dijera Calibán.

Pero la vida de Soto Borda no fue propiamente festiva. Los excesos lo transformaron de cachaco bien vestido y reputado escritor en un despojo alcoholizado, habitante de bares y cantinas, quien entregó su alma a Dios a los 49 años, luego de tres días de juerga en un toldo instalado en el barrio de Las Cruces. Acusado del rapto de una muchacha, había escrito:
Amor: por tí me hallo preso/ como un caco en la central;/ fue un pecado original/ que dio principio en un beso/ Ruede la bola: el proceso/ seguirá hasta lo infinito/ pero no, no estoy contrito/ porque alegre en este coso/ tan solo pienso en lo hermoso/ que es el cuerpo del delito.

De antología es el remate contundente, del más puro sabor bogotano, que Soto Borda dio a una discusión con su amigo, el trascendental Julio Flórez:
-Soto Borda: Tu no puedes hablar de Musset porque no lo conoces y eres un ignorante en poesía francesa!
Flórez (soberbio y altanero, con ojos encolerizados): Es posible que yo no conozca a Musset como tú lo conoces. Pero yo soy Julio Flórez. Y aunque tú te colocaras en los hombros las alas de todo lo que vuela en el mundo, no podrías llegar a la cima que yo piso!
Soto Borda (mira a Flórez y se encoge de hombros): Bueno, ala.

A la izquierda Clímaco Soto Borda. A la derecha Jorge Pombo Ayerbe

 

Miembros de la Gruta Simbólica

Daniel Arias Argáez, Antonio Borda, Ignacio Borda, Santiago Cantillo O’Leary, Alfonso Caro, Carlos Castello, Edmundo Cervantes, Julio de Francisco, Eduardo Echeverría, Pedro Ignacio Escobar, Julio Flórez, Gustavo Gaitán, Luis Galán Gómez, Rudesindo Gómez, Alfredo Gómez Jaime, Max Grillo, Joaquín M. Güel, Vicente Largacha, Víctor M. Londoño, Manuel María Mallarino, Arturo Manrique, Federico Martínez Rivas, Víctor Martínez Rivas, Enrique Martínez Salcedo, Roberto Mc. Douall, Rafael Merizalde, Roberto Merizalde, Rubén Mogollón Carrizosa, Josué Mora, Luís María Mora, Carlos Murillo, Emilio Murillo, Luís María Ortega, Pablo Ortega, Miguel A. Peñarredonda, José M. Pérez Sarmiento, Guillermo Posada, Ignacio Posse Amaya, Arturo Quijano, Antonio Quijano Torres, Juan C. Ramírez (el Toto), Francisco Restrepo Gómez, Federico Rivas Frade, Martín A. Rueda, David Salgado Gómez, Alberto Sánchez (Doctor Mirabel), Gonzalo Santamaría, Ricardo Sarmiento (Delio Seravile), Clímaco Soto Borda, Carlos Tamayo, Luís María Terán, Carlos Tirado Macías, Ricardo Tirado Macías, Alberto Tovar, Diego Uribe, Francisco Valencia, Roberto Vargas Tamayo, Alejandro Vega, Samuel Velázquez, Carlos Villafañe, Aquilino Villegas, Manuel Castello, Carlos Ordóñez Santamaría, Ramón Argáez y Jesún María Osorio.

*Se dice que la gruta tuvo más de 70 miembros, algunos más permanentes y asiduos. Esta lista aparece en Los contertulios de la Gruta Simbólica, de Luis María Mora.

El delicioso doble sentido

Terminemos este perfil de la Gruta Simbólica como empezamos. Van algunos ejemplos de relatos y rimas, en los que se advierte la habilidad para el delicioso doble sentido.

Una conocida dama invitó a Jorge Pombo a una comida campestre. Al servir la gallina, la dama distribuyó sus presas entre los invitados, dejando para ella una apetitosa pierna con pernil. A Pombo le dio una de las alas.
–Qué cosa más curiosa! Cuando como en el campo casi siempre me tocan las piernas, aseguró la anfitriona
A lo que Jorge le respondió sin vacilar:
–Es que usted da alas, mi señora. 
....
A un señor Peña, dueño de una juguetería, una mujerzuela le hurtó varias bombas de caucho. Sobre el episodio, Federico Martínez Rivas escribió en la prensa:
Peña que en esto te metes:/ para evitar nuevos bretes,/ como hay rateras bruscotas,/ asegura tus juguetes,/ sobre todo, tus pelotas.
.....
Entró Inés hecha una sopa/ al bodegón Santafé/ y al primero con quien topa/ dice alzándose la ropa:/ –Caballero: ¿me lavé? (Edmundo Cervantes)

......
A Leonor, a quien amaba/ Murillo con ansia loca, / una pieza le tocaba,/ y ella riéndose exclamaba:/ –Gracias por lo que me toca. (de Julio Flórez cuando el músico Emilio Murillo dedicaba uno de sus pasillos). 
En casa de don Jesús/ y bailando con Crispín/le dio a Rosa un patatuz/ y quedó privada al fin./ La vio el médico Agapito/ y dijo ante la reunión:/ –yo creo que la privación/ es causa del apetito... (Miguel Peñarredonda). 
......
La gruta simbólica fue oficialmente extinguida en diciembre de 1903, poco después del fin de la Guerra de los Mil Días. No obstante, la prensa colombiana en los primeros 30 años del siglo XX está llena de los rastros que dejaron los contertulios de la Gruta Simbólica, testimonios vivos de una época superada y lejana.

A la izquierda Rafael Espinosa Guzmán. A la derecha Caricatura de Julio Flórez.

 

Más chispazos y juegos de palabras

Poema de Carlos Villafañe a Jorge Pombo tras su muerte (parte)

Ya traspasan tus plantas fugitivas 
este valle de lágrimas de penas;
que tengas muy buen viento y brisas buenas,
y que no nos olvides... y que escribas

Yo que del mundo en el vaivén incierto
a la vida falaz solo me arraigo
te digo en las orillas del Mar Muerto:
“Adios poeta! Por allá te caigo!”

Diálogo luego de salir de un piqueteadero

Tamayo: Y Dios Quiera que este ágape no me vaya a dejar tan pelado, como dejó Posse la costilla de marrano.

Posse: ¡Estaba deliciosa!
Tamayo: ¡Que conste que es la primera vez que te oigo hablar bien de la costilla!
Posse: ¡Sería una marranada no hacerlo!

Rimas de política y guerra
El Gobierno a un tunante de repente 
elevó a general de división;
mas murmura la gente
que sería más justo y más corriente
hacerlo general de sustracción. 
(Jorge Pombo)
.....
Para un héroe liberal
el Puente de Peralonso
es puente tan natural
como el puente de Icononzo
(Poema para Uribe Uribe de Clímaco Soto Borda, luego de la toma del puente de Peralonso)
......
Si tus labios llega a ver 
algún godo, en sus antojos
Sin duda, bella mujer,
al momento va a querer 
vivir unido a los rojos...
(Jorge Pombo)

A la izquierda Carta de Clímaco Soto Borda para Jorge Pombo en celebración de su cumpleaños. A la derecha Cafe.

 

Bibliografía

Libros 

-Ortega Ricaurte José Vicente y Ferro Antonio. La gruta simbólica y reminiscencias del ingenio y la bohemia en Bogotá. Biblioteca Banco Popular nº 88. Segunda edición 1981.
-Mora, Luís María. Los contertulios de la Gruta Simbólica. Bogotá, editorial Minerva, 1932. 
-Peñarete Villamil, Fabio. Así fue la Gruta Simbólica. Bogotá, tipografía Hispania, 1972.
-Leon Gómez, Adolfo. Secretos del Panóptico. Folletines de Suramérica Tomo 1. 1905. Imprenta de Medardo Rivas. 
Revistas
-Ríos Madrid, Myriam. “Humor y Guerra” en Poiesis (Revista electrónica de Sicología social, Fundación Luís Amigó número 11, junio 2006.).
-“Notas biográficas de poetas de Colombia del siglo XX” 
Autores: Biblioteca Luis Ángel Arango. Textos Álvaro Miaranda
Edición original: Biblioteca Luis Ángel Arango 2006
Edición en la biblioteca virtual: Bogotá, 2006.
-Pérez Silva Vicente. “La bohemia de antaño en Bogotá y Medellín” en Credencial Historia 142, octubre de 2001. 
-Prensa nacional 1898 a 1930. (Artículos, poemas, anécdotas tomados de diferentes periódicos y revistas).