22 de septiembre del 2019
 
Bogotá a comienzos del siglo XX. Libro Azul de Colombia, 1918.
Febrero de 2013
Por:
Juana Salamanca Uribe

La Gruta Simbólica una anécdota en sí misma

En el atrio de la catedral de Bogotá se cruzaron un día el señor Pardo, caracterizado por su bajísima estatura, con el poeta Clímaco Soto Borda quien, levantándose su sombrero de coco lo saludó alegremente: –Adiós Pardito…
El aludido, quien detestaba que le recordaran su pequeñez, reclamó airado y exigió que en el futuro no se usara el diminutivo para dirigirse a él. A lo que el poeta respondió:
–Ah, bueno, entonces… Pardón …
Un día al regresar de la guerra, se encontró Jorge Pombo con un parroquiano quien, para entablar conversación le dijo:
–Caramba señor Pombo yo no sabía que usted fuera hijo del poeta Rafael Pombo…
A lo cual Jorge, sin inmutarse, mirándolo con picardía y retorciéndose el mostacho le repuso: –Pues yo tampoco.

Si hay algo que pueda dibujar de cuerpo entero un movimiento como el de la Gruta Simbólica son los chispazos de sus personajes, de los que traemos a colación dos, para comenzar.

¿Cómo darle contexto a esta tertulia literaria –la más popular en la historia de nuestra capital– cuando de la Bogotá en que surgió nos separa un abismo? La distancia es apenas un siglo, pero parece un milenio.  Prácticamente nada queda de ese villorrio que, para finales del siglo XIX conservaba de la Colonia, no sólo su fi sonomía sino su estructura social y sus costumbres. Una vida cotidiana marcada por la precariedad, el  aburrimiento y la espera de las primeras señales de la modernidad. Una ciudad agobiada por los signos  inequívocos de la guerra que se libraba en distintos territorios de la nación.

Pero, a pesar del brutal aislamiento, que los bogotanos de hoy, tan conectados, juzgaríamos inconcebible, llegaban los ecos de la cultura europea. En su receta para vencer el tedio y para distraer el dolor de la  contienda, los contertulios de la Gruta Simbólica hicieron una amalgama con los elementos de esa cultura  foránea y los propios de la idiosincrasia bogotana.

Una noche, en toquede queda

Desafi ando el toque de queda una noche del año 1900 vagaba por las calles de la ciudad un grupo de poetas;  hacían escándalo cuando una patrulla quiso detenerlos. Explicaron que se dirigían a casa del médico Rafael Espinosa Guzmán para conducirlo a atender a un enfermo grave. La ronda aceptó a regañadientes la explicación y acompañó a los bohemios hasta la casa de Espinosa, quien los acogió hasta el amanecer y los salvó de pasar la noche en el cuartel. El episodio marca la iniciación de la Gruta Simbólica.

Desde entonces se formalizaron las reuniones, casi siempre en la casa de Espinosa, Conde de Chascarralia, mecenas del grupo. La rutina consistía el leer en voz alta poemas o textos en prosa –muchos de ellos improvisados– por los tertuliantes; representar comedias o sainetes; tocar y cantar bambucos o pasillos y beber grandes cantidades de licor, hasta la madrugada. Se mezclaba la poesía “seria” con piropos, chispazos,  chascarrillos y calambures. En las sesiones solemnes se concedía grado en chistografía, o el título de Noctívago número 33, parodiando las ceremonias de la masonería. Y se cultivaban el arte de la conversación, tal vez perdido para siempre y un acendrado sentido de la amistad.

Había concursos de chispazos batallas de sonetos, y campeonatos de siluetas bogotanas, como la de don  Vicente Montero –famoso inventor de extrañas cosas, como la máquina de coger culebras– quien sentenciaba: “para coger culebras, primero es preciso ir donde las haya”. Y: “para hacer un cañón, la cosa es sumamente  fácil: se coge un agujero y se forra en cobre”.

La Gruta Simbólica llegó a tener 60 miembros, entre activos, espectadores e invitados. Profesionales algunos,  funcionarios y literatos de profesión. Tampoco faltaban los lagartos.

En la casa de Espinosa Guzmán se acondicionó un salón para las sesiones, decorado con objetos usados para las representaciones: fl oretes, puñales, guantes, capas, máscaras… “Lo más terrible de todo era una largaserpiente de caucho  que sumergía su cola en un pequeño tonel, en el hueco de una ventana; erguíase en seguida a la altura de un metro o más; daba vuelta por el salón y terminaba en un extremo de él, en donde la  tal serpiente, mediante un resorte, abría sus fauces de cobre y dejaba escapar una bocanada de sin igual ron costeño, espléndido presente de don Enrique Martínez Salcedo”, según Luís María Mora, Moratín, uno de los contertulios.

Otros lugares de reunión eran bares, cantinas, restaurantes o piqueteaderos: La botella de oro, La torre de Londres, La rosa blanca, La cuna de Venus y La gata golosa, como llamaban los parroquianos a La gaité gauloise (La alegría gala). El licor consumido dependía del anfitrión o del bolsillo: cerveza La Pita, Néctar,  champaña o brandy Tres Estrellas. Pero lo cierto es que los miembros de la Gruta se bebían “hasta el agua de los floreros”.

La Gruta no fue simbólica

Apegados al romanticismo y a las formas clásicas, la gran mayoría de los miembros de la Gruta –por lo menos los más asiduos– rechazó las nuevas corrientes que, como la del simbolismo, surgían entonces. El mote de “simbólica” le fue impuesto de manera irónica luego de que Luís María Mora escribiera De la decadencia y el simbolismo, en el que arremetía contra el grupo integrado por intelectuales como Baldomero Sanín Cano, Guillermo Valencia, Ricardo Hinestrosa Daza y Víctor M. Londoño. “Era el orgulloso olimpo de los adustos predicadores de nuevos credos estéticos… Desde la cumbre gloriosa en que se habían situado veían con desdén la pobre multitud de poetas y escritores que melancólicamente aún transitaban por los viejos senderos”.

Los testimonios gráficos y escritos en los que aparecen miembros de uno y otro grupo nos permiten inferir que no pocas de estas discusiones tuvieron lugar en seno mismo de la Gruta.

Política guerra y humor agridulce

Los miembros de la tertulia eran en su mayoría, liberales y miembros del ala nacionalista del partido conservador, opuesta a los históricos en el poder. Algunos participaron en la guerra e, incluso, fueron
huéspedes del Panóptico.
Al salir de esta prisión/ de la que soy cliente viejo,/ a todos ustedes dejo/ pedazos de mi colchón (JorgePombo).  La política, la guerra y la muerte, adobadas con el condimento del humor, están presentes en la producción literaria de la Gruta. El resultado es, con frecuencia, agridulce. Se evidencia una estrategia de defensa frente a la desgracia.

Los dos bandos del godismo/ difieren en lo esencial:/ en que con igual cinismo/ vende uno NACIONAL-ISMO/ y otro el ISTMO…NACIONAL (Jorge Pombo).

Pero la muerte fue patrimonio del poeta más popular de su tiempo, el chiquinquireño Julio Flórez. Con largo y negro gabán, sombrero de ala ancha y romántica melena recorría las calles a partir del momento en que el sol se ocultaba… Sus poemas, para muchos producto de una mente enferma, son suficientemente conocidos. Tal  vez lo son menos sus paseos nocturnos al cementerio, con serenatas y declamaciones a los muertos y su costumbre de beber licor en un cráneo humano que conserconservaba en su cuartucho. Toda una leyenda se tejió alrededor del que hoy se hubiera considerado un perfecto satánico.

En su juventud, Flórez, llevado por su romanticismo escribió una Oda a Víctor Hugo, un verdadero adefesio, para muchos. Un día le dio por recitarla y recibió una silbatina descomunal.

Tras el suceso, alguien preguntó quienes habían silbado al poeta. A lo que Alfonso Caro respondió sin  parpadear: Los miserables.

Casimiro de la Barra

¿Habrá un seudónimo más preciso que éste para un cronista de las sesiones del Congreso Nacional?, como fue Clímaco Soto Borda tal vez el personaje más representativo de la Gruta Simbólica,de cuyas crónicas está llena la prensa de la época, “el escritor festivo que dio de reír a una generación”, según lo dijera Calibán.

Pero la vida de Soto Borda no fue propiamente festiva. Los excesos lo transformaron de cachaco bien vestido y reputado escritor en un despojo alcoholizado, habitante de bares y cantinas, quien entregó su alma a Dios a los 49 años, luego de tres días de juerga en un toldo instalado en el barrio de Las Cruces.Acusado del rapto de una muchacha, había escrito:

Amor: por tí me hallo preso/ como Una conocida dama invitó a Jorge Pombo a una comida campestre. Al servir la gallina, la dama distribuyó sus presas entre los invitados, dejando para ella una apetitosa pierna con pernil. A Pombo le dio una de las alas.

–Qué cosa más curiosa! Cuando como en el campo casi siempre me tocan las piernas, aseguró la anfitriona.

A lo que Jorge le respondió sin vacilar:–Es que usted da alas, mi señora.…

A un señor Peña, dueño de una juguetería,una mujerzuela le hurtó varias bombas de caucho. Sobre el episodio, Federico Martínez Rivas escribió en la prensa:
Peña que en esto te metes:/ para evitar nuevos bretes,/ como hay rateras bruscotas,/ asegura tus juguetes,/ sobre todo, tus pelotas.

...

Entró Inés hecha una sopa/ al bodegón Santafé/ y al primero con quien topa/ dice alzándose la ropa:/ –Caballero: ¿me lavé? (Edmundo Cervantes)
...

A Leonor, a quien amaba/ Murillo con ansia loca, / una pieza le tocaba,/ y ella riéndose exclamaba:/ –Gracias por lo que me toca. (de Julio Flórez cuando el músico Emilio Murillo dedicaba uno de sus pasillos).

En casa de don Jesús/ y bailando con Crispín/le dio a Rosa un patatuz/ y quedó privada al fin./ La vio el  médico Agapito/ y dijo ante la reunión:/ –yo creo que la privación/ es causa del apetito... (Miguel Peñarredonda).

La Gruta Simbólica fue ofi cialmente extinguida en diciembre de 1903, poco después del fi n de la Guerra de los Mil Días. No obstante, la prensa colombiana en los primeros 30 años del siglo XX está llena de los rastros que dejaron los contertulios de la Gruta Simbólica, testimonios vivos de una época superada y lejana.

Bibliografía

LIBROS

José Vicente Ortega Ricaurte y Antonio Ferro. La gruta simbólica y reminiscencias delingenio y la bohemia en Bogotá. Biblioteca Banco Popular nº 88. Segunda edición 1981.

Luís María Mora. Los contertulios de la Gruta Simbólica. Bogotá, editorial Minerva, 1932.

Fabio Peñarete Villamil. Así fue la Gruta Simbólica.Bogotá, tipografía Hispania, 1972.

Adolfo Leon Gómez. Secretos del Panóptico.Folletines de Suramérica Tomo 1. 1905. Imprenta de Medardo Rivas.

REVISTAS

Myriam Ríos Madrid. “Humor y Guerra” en Poiesis (Revista electrónica de Sicología social, Fundación Luís Amigó número 11, junio 2006.).

“Notas biográficas de poetas de Colombia del siglo XX”
Autores: Biblioteca Luis Ángel Arango. Textos Álvaro Miaranda
Edición original: Biblioteca Luis Ángel Arango 2006
Edición en la biblioteca virtual: Bogotá,2006.

Vicente Pérez Silva. “La bohemia de antaño en Bogotá y Medellín” en Credencial Historia 142, octubre de 2001.

–Prensa nacional 1898 a 1930. (Artículos, poemas, anécdotas tomados de diferentes periódicos y revistas).